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  • Conoce las tradicionales costumbres venezolanas para Fin de Año

    Celebrar en familia la entrada del nuevo año y despedir el que ya pasó viene acompañado de rituales y costumbres muy particulares en Venezuela. Foto: Imagen de Dmitry Rodionov en Pixabay La Navidad en Venezuela es mucho más que una fecha en el calendario, es una época mágica llena de recuerdos, risas y tradiciones navideñas que nos unen. Desde la gastronomía, la música, los rituales y las costumbres familiares y cómo es el proceso para recibir el nuevo año. Cada familia tiene una tradición diferente, generalmente estas van acorde a la región de la que sean, por ejemplo: en Oriente realizan hallacas con pescado, mientras que en la región Andina le colocan garbanzos y la tradicional con cochino, pollo, carne, aceitunas, pasas, aliños y tocineta. Muchos se reúnen el día de la llegada del Niño Jesús desde muy temprano para la elaboración del plato típico navideño que está conformado por pernil, ensalada de gallina, pan de jamón y hallacas, para luego realizar su conocida "cena navideña"; también se acostumbra compartir dulce de lechosa, torta negra, pan de frutas y panetton. En cuanto a la fe, la feligresía acude a la iglesia durante el día para dar gracias por todo lo que han recibido durante el año. En algunas parroquias aún existe la celebración de "La misa de gallo" Algunos acostumbrar armar el árbol de navidad y el pesebre en compañía de los niños que con ansías esperar que el Niño Jesús les traiga regalos. Como la alegría es predominante de esta festividad, en casas, comercios y vehículos se escuchan gaitas, aguinaldos y parrandas tradicionales del asueto. Las gaitas son canciones navideñas que tienen su origen en el estado Zulia, se cantan con instrumentos como el tambor, la charrasca y la furruca. Se escuchan en todas partes durante la época decembrina y desde inicios de noviembre. Finalmente en la noche, la familia luce su mejor atuendo y se reúne para esperar la llegada del Niño Jesús, realizan una cena y comparten regalos, otros llevan a dormir a los más pequeños para que la mañana del 25 de diciembre descubran los regalos que les dejó el Niño Jesús.  Encendido de luces y fuegos artificiales. Se realiza en diferentes ciudades del país durante el mes de diciembre. Esta actividad consiste en iluminar con miles de bombillos de colores las calles, plazas, parques y edificios emblemáticos, creando un ambiente festivo y alegre. Es un evento que suele ir acompañado de música, fuegos artificiales y espectáculos culturales, miles de personas salen a las calles y plazas para disfrutar del espectáculo de luces y colores que ilumina el cielo nocturno. Amigo secreto  Consiste en que cada persona le regala algo a otra persona que le ha tocado por sorteo, sin que esta lo sepa. El día de la entrega, se hace una fiesta donde todos los participantes llevan sus regalos envueltos y los ponen debajo de un árbol o en una mesa. Luego, se van nombrando uno a uno y cada quien recibe su regalo con sorpresa y alegría. Tradiciones de fin de año Limpieza Para dar la bienvenida al año nuevo es tradicional realizar una exhaustiva limpieza del hogar, deshaciéndose de todo aquello que ya no tenga utilidad. Ropa interior de colores Con el propósito de atraer la prosperidad y la fortuna, se elige llevar prendas íntimas de tonalidad amarilla o dorada; para el amor, el rojo se convierte en la elección ideal, mientras que el verde se asocia con el fortalecimiento de la salud. Dinero en los bolsillos Según la creencia popular, para asegurar la presencia constante de dinero, es recomendable recibir el nuevo año con algún monto en la mano derecha o en el bolsillo correspondiente. Correr con maletas En busca de aventuras y viajes, una costumbre consiste en tomar una maleta considerable después de brindar por el año nuevo y dar una vuelta a la manzana de la vivienda. 12 campanadas, 12 uvas y 12 deseos Consiste en comer una uva por cada campanada que suena al llegar la medianoche del 31 de diciembre, mientras se pide un deseo por cada una. Se dice que esta costumbre trae buena suerte y prosperidad para el año nuevo. Quema del año viejo En algunos estados como Lara, Táchira, Mérida y Zulia, se lleva a cabo la Quema del Año Viejo, un rito que implica la incineración de un muñeco simbolizando el año que concluye, marcando así el comienzo de nuevas oportunidades y prosperidad. Estreno de la ropa Se trata de comprar o hacer un conjunto nuevo de ropa para usarlo el 24 de diciembre y otro para el 31 de diciembre. Se dice que esta costumbre trae buena suerte y prosperidad para el año nuevo. Muchas personas aprovechan las ofertas y los aguinaldos para adquirir sus prendas, mientras que otras prefieren confeccionarlas con sus propias manos. Comer Lentejas Aún en algunos hogares se acostumbra con el tradicional plato navideño, el plato de lentejas que simboliza la permanencia de aundancia en el hogar y de quienes lo integran Llegada de LosReyes Magos Se celebra el 6 de enero. Los niños escriben cartas a los reyes pidiendo sus regalos y los dejan en sus zapatos la noche anterior. Al día siguiente, se levantan temprano para encontrar sus obsequios junto al pesebre o el árbol de navidad. También se acostumbra a comer la rosca de reyes, que es un pan dulce con frutas confitadas. Con información de globovision.com

  • ¿Ya hiciste las promesas para el nuevo año?

    Aunque sean creencias de alguna manera son propósitos y compromisos con la vida o con uno mismo, prometer de alguna u otra manera ¡funciona! Todo comienzo es una promesa   Cada vez que un año termina y otro comienza, miles de millones de personas en todo el planeta hacen promesas, y casi todas —de manera explícita o implícita— están ligadas a una misma aspiración como es la búsqueda de la felicidad . Ocurre más allá de la cultura, la religión o la edad. Hombres y mujeres, jóvenes y mayores, creyentes y no creyentes, repiten el mismo gesto ancestral. El rito comienza al detenerse, mirar hacia atrás y proyectarse hacia adelante con un compromiso renovado. Algunas promesas se formulan en voz alta, otras en silencio, se invoca a Dios, al Universo o a los ancestros, y algunos se dirigen únicamente a la propia conciencia. Pero todas comparten una intención profunda: vivir mejor, sufrir menos, encontrar equilibrio, sentido y felicidad en el nuevo tiempo que comienza. No es casual que este ritual colectivo coincida, en algunas tradiciones, con el solsticio de invierno , ese momento simbólico en el que la noche alcanza su punto máximo y la luz empieza lentamente a regresar. El ser humano, consciente o no, lee en ese ciclo natural una metáfora poderosa: es el momento en que en la oscuridad más larga, la luz renace. Prometer también al inicio de un nuevo año es, en el fondo, un acto de esperanza orientado a la felicidad, una manera de alinearse con un ciclo que comienza, y de afirmar que el futuro, aun incierto, puede ser habitado con propósito, voluntad y significado.   Prometer para existir   Hacer las promesas no nos garantiza los resultados propuestos externos ni que modifiquemos mágicamente la realidad, sino que operan como organizadores internos de la experiencia humana, lo cual generalmente hace que se cumplan. Ya provengan de la fe religiosa , de una convicción consciente o de un propósito estrictamente personal, las promesas sí activan mecanismos psicológicos muy concretos   porque focalizan la atención, reducen la dispersión emocional, ordenan las prioridades de cada quién, y dotan de coherencia narrativa a nuestra vida. Sabemos que el cerebro humano necesita marcos o modelos de sentido  para sostener el esfuerzo y tolerar la incertidumbre, por lo que prometer es precisamente construir ese marco. Establecer objetivos claros incrementa la persistencia, el foco atencional y la autorregulación . La persona que promete no solo se proyecta hacia el futuro, sino que se compromete con una versión posible de sí misma , y ese compromiso incrementa la persistencia, la resiliencia y la capacidad de atravesar el dolor sin desmoronarse. Por ello, aun cuando la promesa no se cumpla en términos literales, suele cumplir su función más importante, como es la de mantenernos en movimiento, conectado con la esperanza y con la idea de que la vida responde a algo más que al azar. Prometer no es un gesto menor. No es solo una fórmula verbal ni un contrato social improvisado. Prometer es, en esencia, un acto simbólico mediante el cual el ser humano intenta fijar el futuro, dotarlo de sentido y someter la incertidumbre a un orden comprensible. En las promesas confluyen convicciones morales, expectativas culturales y procesos psicológicos vinculados con la identidad, la planificación y la esperanza. Desde nuestra experiencia hemos comprobado que las promesas no solo organizan la conducta, más bien ordenan y ajustan la vida. Son una arquitectura invisible que sostiene decisiones, sacrificios y renuncias. Allí donde la realidad se vuelve inestable, el ser humano promete… y a la vez establece metas, objetivos y propósito de vida. Si además se establece un vínculo con el Universo o Dios, la promesa adquiere un mayor sentido porque nos trasciende como individuos , y deja de ser solo un acto de voluntad personal al convertirse en una alianza divina con algo más grande que uno mismo.   Comentario de Mateo L ., 35 años, México: “Hacer promesas a la Virgen me ordena. Me obliga a cumplir, aunque nadie más me esté mirando”. Comentario de Terrell K ., 23 años, New York: “Mi promesa fue no ser una estadística. Eso me sostuvo cuando todo parecía empujarme al fracaso”.   Promesas y fe cuando el futuro se deposita en lo sagrado   En distintas culturas, prometer implica invocar una instancia superior: A Dios, el Universo o a nuestros antepasados, lo cual es un principio trascendente porque actúan como testigos del compromiso. Psicológicamente, esto cumple una función clave, al externalizar la responsabilidad y reforzar la sensación de control en contextos de inseguridad. En la práctica, observamos que, frente a la enfermedad, el duelo o el miedo, la promesa religiosa se convierte en un ancla emocional. Se ha demostrado que los sistemas de creencias no funcionan por magia, sino porque reducen incertidumbre y ansiedad . No garantiza resultados, pero reduce la ansiedad y la angustia, y ofrece un marco narrativo, “si hago y cumplo una promesa, algo bueno ocurrirá” . En el judaísmo  algunos autores inscriben la promesa en la lógica de la alianza y así, prometer es renovar un pacto ético con Dios y con la comunidad, donde la palabra dada sostiene la identidad colectiva. El concepto de brit  (alianza) es central en la teología, la ética y la antropología judía . No se trata solo de fe, sino de un pacto normativo que estructura identidad, conducta y pertenencia. El judaísmo es una “religión del pacto” , donde la promesa no es individualista, sino comunitaria y generacional. Los cristianos formulan promesas como actos de fe y conversión, especialmente en contextos de culpa, enfermedad o crisis, donde el compromiso con lo sagrado ofrece consuelo y esperanza de redención. Para la cristiandad, la promesa está íntimamente ligada a la conversión, el arrepentimiento y la esperanza de redención. No es solo petición, sino transformación interior. La promesa aparece como respuesta a la culpa, el sufrimiento y la búsqueda de redención mediante la conversión . La fe cristiana ofrece sentido y sostén existencial  ante la vida misma. En el hinduismo , la promesa se integra al dharma , un principio normativo que articula ética, espiritualidad y responsabilidad individual , que es más que un juramento puntual, es el compromiso de vivir conforme al orden cósmico, y al deber personal, alineando la vida individual con un sentido trascendente, integrando conducta, identidad y sentido cósmico. Es de hecho una estructura de vida moral y espiritual del individuo. En el islam , cumplir la palabra dada es una obligación ética y espiritual, directamente vinculada al concepto de islām  como sumisión consciente a la voluntad de Dios ( Allah ). La promesa adquiere valor moral  porque Dios es testigo de los actos y las intenciones. la promesa se entiende como una responsabilidad moral ante Dios. Cumplir la palabra es un acto de coherencia espiritual que reafirma la sumisión consciente a la voluntad divina, donde intención y acción son inseparables En el budismo , aun sin un Dios personal, existen votos y compromisos interiores  —de atención, compasión y desapego— que funcionan como promesas dirigidas al propio proceso de liberación del sufrimiento. La promesa no se formula como pacto con una deidad, sino como voto consciente ( praṇidhāna , śīla ) orientado a la transformación de la mente y la reducción del sufrimiento ( dukkha ). Estos compromisos —atención plena, compasión y desapego— constituyen la base ética y psicológica del camino budista. El Dalai Lama, observa al budismo como una práctica ética y psicológica centrada en compromisos conscientes  más que en dogmas religiosos. Tabla comparativa interreligiosa sobre la promesa   Más allá de sus diferencias teológicas, todas las tradiciones coinciden en un punto esencial, en donde la promesa no es magia ni garantía externa, sino un organizador interno de la experiencia humana. En unas culturas, la promesa se dirige a Dios. En otras, al orden cósmico. En algunas, al propio proceso interior. Pero en todos los casos cumple funciones similares, como es reducir la incertidumbre, sostener la esperanza, ordenar la conducta y dotar de sentido al dolor y al esfuerzo. Desde esta perspectiva, la promesa aparece como una estructura psíquica universal, adaptada a distintos lenguajes simbólicos, pero siempre al servicio de la misma necesidad humana: vivir con coherencia, propósito y significado. Todas —independiente de la religión— son promesas que cumplen exactamente la misma función psicológica. En la práctica clínica observamos que estas promesas —religiosas o laicas— ofrecen un marco narrativo comprensible, una lógica íntima que susurra, “si sostengo este compromiso, algo bueno —o al menos significativo— podría ocurrir” . Para las religiones en general, la promesa no es superstición, pasa a ser una estructura psíquica. Es una forma de sostener la esperanza sin caer en la parálisis. Los librepensadores , agnósticos o no creyentes, hacen promesas. No a una divinidad, sino a sí mismos, a valores éticos o a la humanidad. La psicología moral y la filosofía contemporánea muestran que la promesa no depende de la creencia religiosa, sino de la capacidad humana de comprometerse con valores y principios éticos compartidos. Incluso, en ausencia de creencias religiosas, los librepensadores y agnósticos formulan promesas éticas dirigidas a sí mismos, a valores universales o a la humanidad, cumpliendo funciones psicológicas similares a las promesas religiosas como es orientar la conducta, sostener la coherencia moral y dotar de sentido a la vida. De alguna manera se evidencia que los sistemas morales —religiosos o seculares— cumplen funciones psicológicas equivalentes .   Comentario de Seo‑hyun , 28 años, Corea del Sur: “No prometemos a un Dios personal, pero sí a nuestros ancestros. Fallarles sería fallarnos”. Comentario de Kendrick J ., Jackson, Mississippi: 62 años: “Cuando mi hijo estuvo grave, prometí ir a la iglesia cada domingo si salía adelante. No era un trato con Dios, era mi manera de no rendirme”.   Prometer como acto psicológico   Es fijar objetivos para no naufragar. Desde la psicología cognitiva, prometer equivale a formular una meta y comprometer recursos mentales para alcanzarla. Implica anticipación, planificación, autorregulación y autoevaluación, procesos ampliamente estudiados en la teoría del establecimiento de metas de Locke y Latham, quienes demostraron que los objetivos claros y asumidos, incrementan la persistencia y el rendimiento ( Locke & Latham, 2002 ). Asimismo, la psicología del Future self señala que imaginar quiénes seremos mañana influye directamente en nuestras decisiones presentes, fortaleciendo la continuidad identitaria ( Hershfield, 2011 ). Prometemos, en ese sentido, para convertir el deseo en conducta, y la intención en acción, tal como lo explica la teoría de la conducta planificada de Ajzen (1991), donde el compromiso interno actúa como mediador entre creencias, motivación y comportamiento observable.   ¿Y si no se cumple el objetivo o la promesa?   Bueno, no todas las promesas son psicológicamente sanas. Cuando se prometen ideales imposibles —perfección, felicidad permanente o éxito total— la promesa deja de funcionar como motor adaptativo y se transforma en una fuente crónica de culpa y autoexigencia, fenómeno descrito por Beck en la terapia cognitiva como pensamiento absolutista y creencias nucleares disfuncionales ( Beck, 1976 ). En la práctica clínica observamos con frecuencia personas atrapadas en promesas heredadas: “debo ser como mi padre”, “no puedo fallar”, “tengo que demostrar” , mandatos que la psicología sistémica ha identificado como introyecciones o lealtades invisibles que organizan la vida psíquica desde la infancia ( Bowen, 1978 ; Boszormenyi-Nagy, 1973 ). Estas promesas implícitas, aunque dotan de estructura y sentido, también pueden asfixiar cuando no son revisadas conscientemente. Prometer, en estos casos, no es solo fijar un objetivo, sino construir identidad, delimitar el quién soy  y el quién debo ser , y decidir —a veces sin saberlo— quién seré cuando llegue el mañana.   Comentario de Manuel M ., 44 años, Madrid: “Me prometí no repetir la vida de sacrificio de mi padre. Esa promesa me hizo emigrar, pero también me llenó de miedo”. Comentario de Emma L ., 51 años, París:  “Prometerme libertad fue más difícil que prometer fidelidad. La primera me obligó a cambiar”.   Consulta clínica   Escena: Se trata de  una mujer española, 30 años que asiste a consulta con la psicóloga porque se siente “profundamente frustrada” porque no puede alcanzar los objetivos que se traza…   Carmen:  Vengo porque estoy cansada de mí misma. Siempre hago promesas, no solo a mí, a otros, a la vida, a Dios… y siento que nunca se cumplen. Yo hago mi parte incluso antes de tiempo, me esfuerzo el doble, me adelanto, doy más de lo que prometí… pero los resultados no llegan. O llegan tarde, o no son como esperaba. Y cuando miro atrás, siento frustración, como si algo estuviera mal en mí… Psicóloga:  Cuando dices que “lo haces antes”, ¿a qué te refieres exactamente? Carmen:  A que me exijo más de lo necesario. Si me prometo cambiar de trabajo, ya estoy trabajando doce horas, estudiando, formándome, sacrificándolo todo. Si me prometo estabilidad emocional, me controlo, me analizo, me corrijo todo el tiempo. Y aun así… nunca es suficiente. Lo que quiero siempre parece ser demasiado grande. Psicóloga:  Lo que describes es muy importante. No es que no cumplas tus promesas, pienso que es probable que tus promesas están desmedidas. No están pensadas como compromisos humanos, sino como pruebas de valor personal. Y ahí aparece el problema: conviertes la promesa en una exigencia absoluta. Carmen:  ¿Entonces prometer no es bueno? Psicóloga:  Prometer puede ser muy positivo. Bien formulada una promesa organiza la vida, da dirección, activa la motivación y ayuda a sostener el esfuerzo. Pero mal enunciada, se vuelve un juez interno implacable. El problema no es prometer, sino prometer la perfección, u objetivos no alcanzables y no desde la realidad. Muchas personas prometen para “merecer” algo, amor, felicidad , éxito, reconocimiento, tranquilidad. Pero una promesa sana no es una moneda de intercambio con la vida. Es un acuerdo razonable con uno mismo, que tiene en cuenta límites, tiempos y errores. Carmen:  Entonces, ¿qué hago mal? Psicóloga:  No mal, pero puedes afinar. Varios errores muy comunes son cuando prometes resultados, y no procesos. Te prometes “lograr”, “alcanzar”, “ser”, en lugar de prometerte caminar, intentar, aprender. También a veces se promete desde quién eres idealmente pero no desde quién eres realmente. Si no eres artista ni has estudiado arte ni las técnicas de pintura o escultura, no puedes hacer una promesa de pintar o esculpir una obra maestra. Lo que si puedes es prometer estudiar y graduarte en una profesión, en este caso asociada al arte, y lograrlo al integrarte a tu aspiración. Si lo que deseas es algo irreal, al no lograrlo te castigas, te frustras cuando la vida no responde al ritmo que tú, y probablemente ningún humano, que se fije una meta inalcanzable. Carmen:  Nunca lo había pensado así… Psicóloga:  Hacer promesas correctamente implica tres claves. La primera es que sean proporcionales, no heroicas. La segunda es que dependan en gran parte de ti, no de factores externos, y la tercera es que incluyan la posibilidad de fallar sin que eso destruya tu autoestima. Carmen:  ¿Y si bajo mis promesas, no sentiría que me conformo? Psicóloga:  Eso es una situación muy frecuente, pero debes tomar en cuenta que ajustar una promesa no es rendirse, es madurar. La ambición sana construye, la desmedida desgasta. Cuando prometes más de lo que puedes alcanzar con todo tu esfuerzo, no te vuelves mejor, te vuelves más dura contigo. Carmen:  Entonces… ¿prometer menos? Psicóloga:  Prometer mejor. Prometer con conciencia. Prometer como una guía, no como una condena. La promesa no está para demostrar que vales, sino para ayudarte a vivir con sentido. De esta forma, tus promesas dejarán de ser una fuente de frustración, y se convertirán en aliadas. Carmen:  Creo que por primera vez siento alivio al escuchar eso… Psicóloga:  Ese alivio es una buena señal. Significa que estás empezando a prometerte algo nuevo, como es ser humana antes que perfecta. Y esa suele ser la promesa más transformadora de todas…   Promesas sociales y culturales: Qué se espera de nosotros   Las promesas no nacen únicamente del individuo, se aprenden, se heredan y se interiorizan dentro de marcos culturales específicos. Cada sociedad define qué promesas son virtuosas y cuáles resultan sospechosas, qué compromisos son celebrados y cuáles son penalizados. Desde la antropología cultural y la psicología social sabemos que estas expectativas colectivas modelan la psique individual, influyendo en la identidad, la autoestima y la percepción del éxito o del fracaso ( Geertz, 1973 ; Markus & Kitayama, 1991 ). En algunas culturas, la promesa más valorada es la lealtad —a la familia, al clan, a la tradición— y en otras, el logro individual y la superación personal. también en otros ambientes, la armonía y la evitación del conflicto. En las sociedades occidentales contemporáneas, especialmente en Europa y Norteamérica, la promesa cultural dominante es la autorrealización: “sé tú mismo”, “persigue tus sueños”, “llega tan lejos como puedas” . Esta narrativa, profundamente arraigada en el ideal liberal moderno, ha sido analizada por sociólogos como Beck y Giddens como una carga identitaria donde el individuo se convierte en el único responsable de su destino ( Beck, 1992 ; Giddens, 1991 ). Paradójicamente, esta promesa cultural genera altos niveles de ansiedad, frustración y sensación de fracaso, ya que no cumplirla equivale simbólicamente a “no haber sido suficiente” como persona, fenómeno documentado en estudios sobre el aumento de la autoexigencia y la depresión en sociedades altamente individualistas ( Ehrenberg, 2010 ).   En contraste, en culturas de sociedades asiáticas, africanas o latinoamericanas, la promesa central no es destacar, sino no romper el tejido social. No defraudar a la familia, no avergonzar al grupo, no deshonrar la pertenencia. Aquí, el bienestar individual está subordinado a la cohesión colectiva, y el incumplimiento de las promesas sociales suele generar culpa relacional más que fracaso personal, tal como lo han descrito Hofstede (2001) y Triandis (1995). Las promesas funcionan como contratos invisibles entre el individuo y su sociedad. Así se cambian los contenidos, pero no la presión psicológica. Prometer no es solo un acto personal, sino una respuesta íntima a lo que cada cultura espera que seamos. Las promesas culturales son silenciosas, pero operan con fuerza normativa. No cumplirlas suele vivirse como culpa o exclusión   Comentario de Juan Carlos M ., 58 años, Bogotá:  “Mi promesa fue sacar adelante a mis hijos. Y lo logré, pero nunca pensé si eso me hacía feliz o no”. Comentario de Qing H ., 40 años, Shanghái:  “Prometer aquí es no causar vergüenza. El honor pesa más que el deseo personal”. Comentario de Matthew A ., 26 años: Miami:  “Nos prometieron que podíamos ser lo que quisiéramos. Nadie nos explicó el precio emocional”. Promesas íntimas: el diálogo con uno mismo   Existe una forma de promesa menos visible, pero profundamente decisiva, es la que nos hacemos en silencio, sin testigos externos ni rituales sociales. Frases como “no volveré a amar así”, “esta vez sí cambiaré”, “no permitiré que me humillen” emergen casi siempre después de una herida emocional, una pérdida o una experiencia de desvalorización. Desde la psicología clínica, estas promesas pueden entenderse como intentos de auto-reparación donde el psiquismo busca establecer límites, proteger la autoestima y recuperar una sensación de control frente a lo vivido ( Bowlby, 1988 ). En muchos casos, estas promesas cumplen una función adaptativa, ya que permiten integrar la experiencia como aprendizaje, recordándonos —como en el desarrollo infantil— que se aprende a caminar cayéndose, ajustando, probando de nuevo. Sin embargo, cuando estas promesas se vuelven rígidas, pueden transformarse en defensas excesivas que empobrecen la experiencia emocional, cerrando la posibilidad de intimidad, riesgo o crecimiento. La psicología humanista y la teoría del self han señalado que el diálogo interno —la manera en que una persona se promete a sí misma o se habla y se define— es central en la construcción de la identidad y la regulación emocional ( Rogers, 1961 ; Neff, 2011 ). Asimismo, investigaciones sobre el self-compassion muestran que las promesas íntimas más sanas no son las que nos endurecen, sino las que incorporan comprensión, flexibilidad y tolerancia al error, favoreciendo una integración emocional más profunda ( Neff & Germer, 2013 ). Estas promesas silenciosas revelan que el ser humano no solo planifica el futuro, sino que también intenta proteger su vulnerabilidad, negociar con su fragilidad y sostener la esperanza de que el dolor vivido no se repetirá sin sentido. Prometerse algo, en este nivel íntimo, es un acto de cuidado psicológico, es una forma de decirse “aún me importo”. ( Siegel, D. J. 2012 ).   Comentario de Fatoumata , 34 años, Senegal: “Me prometí no necesitar a nadie. Después entendí que eso también era una cárcel”. Comentario de André P ., 67 años, Marsella: “Prometí no llorar más. Tardé décadas en deshacerme de esa promesa”.   Cuando las promesas fallan: culpa, duelo y resignificación   No todas las promesas se cumplen, y cuando esto ocurre suelen emerger emociones complejas como la culpa, la vergüenza o el sentimiento de traición hacia uno mismo o hacia otros. Desde la psicología clínica y social, estas reacciones no son patológicas en sí mismas ya que son señales de que la promesa estaba cargada de valor identitario y moral ( Tangney & Dearing, 2002 ). La culpa suele aparecer cuando la persona siente que ha fallado a un compromiso ético. La vergüenza, en cambio, emerge cuando el incumplimiento se vive como una falla de sí mismo, como si no cumplir equivaliera a “no valer” o “no ser suficiente”. Sin embargo, desde nuestra práctica insistimos en una distinción fundamental como es que romper una promesa no siempre es un fracaso. En muchas ocasiones, es un acto de madurez psicológica. Esto implica reconocer que las condiciones internas y externas cambian, y que una promesa formulada en un momento vital específico puede dejar de ser adecuada o saludable con el paso del tiempo. Revisar una promesa es, en realidad, revisar la persona que éramos cuando la formulamos, proceso que se ha descrito como parte del desarrollo continuo de la identidad a lo largo del ciclo vital ( Erikson, 1968 ). En este sentido, el duelo que acompaña a una promesa incumplida no es solo por lo que no ocurrió, sino por la versión de nosotros mismos que ya no somos, sino la del que creía, deseaba o esperaba de otra manera.   La psicología del duelo ha mostrado que resignificar no implica negar la pérdida, sino integrarla en una narrativa personal más amplia, permitiendo que la identidad se reorganice sin quedar fijada al pasado ( Neimeyer, 2001 ). Cuando este proceso se realiza con autocompasión y reflexión, el incumplimiento de una promesa puede transformarse en una oportunidad de crecimiento, flexibilización y redefinición del sentido vital, en lugar de quedar cristalizado como una culpa crónica o autoacusación.   Comentario de Olivia L ., 72 años, Barcelona : “No cumplí todas mis promesas. Pero cumplí la más importante… seguir viva y aprendiendo”. Comentario de Arjun J ., 55 años, Delhi, India :   “Algunas promesas deben soltarse para que la vida continúe” .   Prometer como acto profundamente humano   Es un gesto de fe, no solo religiosa, sino existencial. Es un acto mediante el cual el ser humano le habla al caos y le responde con sentido. En términos psicológicos, prometer implica imaginar un futuro posible y vincular la identidad presente con una proyección de continuidad, un proceso central para la salud mental. ( McAdams, 2001 ; Bruner, 1990 ). Desde la neurociencia cognitiva sabemos que la capacidad de anticipación —de representarnos escenarios futuros— es una función avanzada del cerebro humano, estrechamente ligada a la planificación, la toma de decisiones y la regulación emocional ( Suddendorf & Corballis, 2007 ).   Comentario de Nicolás G ., 19 años, Buenos Aires :   “Prometerme seguir vivo fue mi primer acto de amor propio”.   Al final… ... Prometer, en este marco, no es una ilusión ingenua, sino una estrategia adaptativa. Construye un orden simbólico, allí donde la realidad es incierta. Por eso, sostenemos que las promesas no deben juzgarse únicamente por su cumplimiento literal, sino por el sentido que otorgan al camino por recorrer. Una promesa puede fracasar en el resultado y, aun así, haber sostenido la esperanza, organizado el esfuerzo y protegido la dignidad en momentos críticos. Todos prometemos porque imagínanos, porque esperamos, porque necesitamos algo que nos oriente en nuestro tránsito por el tiempo. Y mientras haya futuro —mientras exista la capacidad de imaginar un mañana distinto— habrá promesas. Algunas se cumplirán. Otras no. Pero todas hablan de lo mismo, del deseo profundo de que la vida no sea un accidente sin significado, sino una historia que valga la pena ser vivida. Y quizás allí resida lo más humano de prometer, lo cual implica seguir creyendo, aun después de una caída. Que el sentido de la vida se construye paso a paso, con palabras, con actos y con la valentía íntima de volver a intentarlo. En este nuevo año que comienza, nuestras promesas deberían ser un gesto de ternura y lucidez hacia nosotros mismos. Prometer, hoy más que nunca, es elegir con conciencia qué vale la pena intentarlo y qué es realmente posible alcanzarlo. Se trata de qué podemos sostener, y qué debemos soltar. Es comprometernos no con una versión idealizada de quienes “deberíamos ser”, sino con la persona real que somos, con nuestros límites, nuestros miedos y nuestra inmensa capacidad de aprender. Prometer es permitirnos fallar sin destruirnos, ajustar el rumbo sin sentir vergüenza, y seguir caminando aun cuando el camino no sea recto. Que nuestras promesas no sean gritos de perfección, sino susurros de sentido común, no cadenas que nos aten, sino brújulas —o incluso un GPS— que nos oriente. Y que, al hacerlas, recordemos algo esencial, como es, no prometer para garantizar el futuro, sino para habitarlo con dignidad, esperanza y humanidad. Y, más allá de todo, prometemos para ser felices . ¡Enhorabuena!… Que la Divina Providencia del Universo nos acompañe a todos. Y si quieres profundizar sobre este tema, consultarnos o conversar con nosotros, puedes escribirnos a psicologosgessen@hotmail.com . Hasta la próxima entrega… María Mercedes y Vladimir Gessen , psicólogos.   (Autores de “ Maestría de la Felicidad ”, “ Que Cosas y Cambios Tiene la Vida ” y de “ ¿ Qué o Quién es el Universo ? ”, en Amazon)   Puede publicar este artículo o parte de él, siempre que cite la fuente de los autores  y el link correspondiente . Gracias. © Fotos e imágenes Gessen&Gessen

  • ¿Cuándo inicia el Año Nuevo Chino 2026 y qué animal lo representa?

    La festividad marca el inicio de un nuevo ciclo del horóscopo chino y se celebra durante 15 días. Foto: Imagen de Chris0223 en Pixabay El Año Nuevo Chino 2026 marcará el inicio de un nuevo ciclo del calendario lunar y será celebrado en distintos países del mundo. Esta festividad, también conocida como la Fiesta de la Primavera, no tiene una fecha fija, ya que depende de los ciclos de la Luna. Para el 2026, el inicio está programado para febrero y dará paso al signo del Caballo, uno de los doce animales del horóscopo chino , asociado a cualidades como movimiento y dinamismo dentro de esta tradición milenaria. Fecha de inicio del Año Nuevo Chino 2026 A diferencia del calendario gregoriano, el Año Nuevo Chino se rige por el calendario lunar, por lo que su fecha varía cada año. En el 2026, la celebración comenzará el 17 de febrero y se extenderá hasta el 5 de febrero de 2027 . Las festividades tradicionales tienen una duración aproximada de 15 días, periodo en el que se realizan reuniones familiares, rituales culturales y diversas actividades conmemorativas en países del este y sudeste asiático. Qué animal representa el Año Nuevo Chino 2026 El Año Nuevo Chino 2026 estará representado por el Caballo , el séptimo animal del ciclo zodiacal chino. Dentro de la astrología oriental, este signo se asocia con valores como libertad, energía y movimiento. Cada año del horóscopo chino combina un animal con uno de los cinco elementos —Metal, Agua, Madera, Fuego o Tierra—, lo que define características adicionales del periodo que se inicia. Signos del horóscopo chino según el año de nacimiento El horóscopo chino está conformado por doce animales que se repiten en ciclos de doce años. El signo correspondiente se determina según el año de nacimiento. Estos son los animales del horóscopo chino en su orden tradicional: Rata, Buey, Tigre, Conejo, Dragón, Serpiente, Caballo, Cabra, Mono, Gallo, Perro y Cerdo. Cerdo : 1935, 1947, 1959, 1971, 1983, 1995, 2007, 2019, 2031 Rata : 1924, 1936, 1948, 1960, 1972, 1984, 1996, 2008, 2020 Buey : 1925, 1937, 1949, 1961, 1973, 1985, 1997, 2009, 2021 Tigre : 1926, 1938, 1950, 1962, 1974, 1986, 1998, 2010, 2022 Conejo : 1927, 1939, 1951, 1963, 1975, 1987, 1999, 2011, 2023 Dragón : 1928, 1940, 1952, 1964, 1976, 1988, 2000, 2012, 2024 Serpiente : 1929, 1941, 1953, 1965, 1977, 1989, 2001, 2013, 2025 Caballo : 1930, 1942, 1954, 1966, 1978, 1990, 2002, 2014, 2026 Cabra : 1931, 1943, 1955, 1967, 1979, 1991, 2003, 2015, 2027 Mono : 1932, 1944, 1956, 1968, 1980, 1992, 2004, 2016, 2028 Gallo : 1933, 1945, 1957, 1969, 1981, 1993, 2005, 2017, 2029 Perro : 1934, 1946, 1958, 1970, 1982, 1994, 2006, 2018, 2030 Con información de walac.pe

  • 2025 dejó el bolívar hecho trizas

    Pronostican un inicio de 2026 significativamente más restrictivo, con mayor volatilidad y presiones adicionales sobre precios y tipo de cambio. Imagen: IA Copilot El año 2025 se despidió dejando un dólar en 301,37 bolívares, luego de comenzar en 52,57 bolívares el 3 de enero, luego de una intervención del Banco Central de Venezuela de 13 millones de dólares. Era una semana marcada por la tensión derivada de la cuestionada toma de posesión de Nicolás Maduro. El martes 14 de enero el pecio del dólar era 53,87 bolívares. El portal Banca y Negocios advirtió que "cuando enero casi llega a su primera mitad, el alza acumulada del tipo de cambio publicado por el BCV es de 3,56%". Fueron varias las intervencones del BCV en enero. En total 277 millones de dólares. Venezuela cerró la jornada del 22 de diciembre de 2025 sin interveión cambiaria a través de la banca , hecho que analistas interpretan como una señal clara de que el flujo de divisas disponibles para estabilizar el mercado que cada vez es más reducido. Algo que también aprecian quienes a diario intentan comprar dólares. El economista Asdrúbal Oliveros en finanzasdigital.com destacó que las liquidaciones asociadas a exportaciones petroleras registran una contracción acumulada de 79% en lo que va de año, una magnitud, que según Oliveros, limita la capacidad del Estado para intervenir en el mecado cambiario. Según su análisis "la combinación de menos divisas líquidas, mayor informalización de los pagos y un entorno externo más incierto anticipa un inicio de 2026 significativamente más restrictivo, con mayor volatilidad y presiones adicionales sobre precios y tipo de cambio".

  • Hasta el humor necesita hacer una pausa

    Pronto el mundo contará de nuevo con las genialidades del Andreu Buenafuente, pero   por lo pronto a descansar. Hay épocas que no se anuncian como tragedia. No suenan alarmas ni cae un meteorito. Simplemente un día te das cuenta de que todo está un poco peor que ayer… y bastante peor que hace unos años. Ahí entiendes que estás viviendo tiempos convulsos. Tiempos duros. Tiempos que desgastan. Extremos políticos que ya no discuten ideas, sino que son enemigos. Pantallas que no se apagan nunca y nos mantienen atrapados en una indignación permanente. Una desesperanza silenciosa que no grita, pero se instala. Se sienta a tu lado. Se queda. En este clima extraño, incluso los comediantes empezamos a fallar. Y cuando fallan quienes históricamente usamos la realidad para hacerla un poco más digerible, algo está seriamente mal. Muchos optan por dejar de ver noticias. Otros dejamos de actuar porque simplemente estamos rotos. Incluso algunos tuvieron que parar todo: programas, giras, proyectos, rutinas. No por falta de ideas, sino por exceso de peso. Cuidar la salud mental hoy no es una moda. Es una necesidad urgente. Mi querido amigo Andreu Buenafuente es uno de esos casos que duelen porque son cercanos. Porque lo conoces. Porque sabes todo lo que dio. Andreu fue —y es— una máquina de trabajar, de crear, de pensar formatos , de hacer reír con inteligencia y oficio. Un tipo que nunca paró. Que siempre estuvo. Que sostuvo escenarios, programas, podcasts, equipos, audiencias. Hasta que un día el cuerpo dijo basta. Y cuando el cuerpo habla, no hay prestigio que lo contradiga. Andreu quien animaría las campanadas de año nuevo junto a su esposa Silvia Abril, se tuvo que bajar. Pero no sólo se declinó de las campanadas, también dejó de hacer su programa “ Futuro Imperfecto” y su podcast “Nadie sabe Nada” ¿La razón? Este mundo áspero, feroz, y algunas de las personas que lo habitan, lo rompieron un poco. No del todo. Pero lo suficiente como para obligarlo a parar y juntar los pedazos. Y eso también es valentía. Sé que pronto el mundo contará de nuevo con las genialidades del Andreu, pero por lo pronto a descansar. Mafalda La noche de Navidad me llegó una tira de Mafalda. Ella y sus amigos cantan “Noche de paz, noche de amor”. En un momento, Mafalda se detiene y dice: “Antes de continuar me gustaría saber si se entiende la letra”. Para mí esa genialidad de Quino fue un golpe seco. De esos que no hacen ruido, pero te hacen tambalear, les confieso que lloré, pues claramente no estamos entendiendo nada. Después de una pandemia en la que repetimos —con una fe casi infantil— que íbamos a salir mejores, ocurrió lo contrario. Salió lo peor. El egoísmo sin pudor. El odio con micrófono. La mentira disfrazada de sentido común. Para quienes no quieren verlo, el mundo vuelve a asomarse peligrosamente a fantasmas conocidos. Las ultraderechas ya no marchan con botas: ahora usan traje, hablan de libertad, de igualdad y de progreso… siempre con letra pequeña. Siempre y cuando seas “el correcto”. Si eres migrante, no entras. Si piensas distinto, molestas. Si no encajas, sobras. Lo más triste —y lo más absurdo— es ver a migrantes votando por quienes después los van a perseguir. Personas que huyeron del hambre, de la inseguridad y de la censura, apoyando a quienes los consideran un problema. Países a los que llegaron porque no había alternativa y que hoy llaman hogar. Al menos por ahora. Todo esto cansa. Agota. Enferma. Y por eso muchos humoristas elegimos el silencio, la pausa, el repliegue. No porque no tengamos nada que decir, sino porque decirlo todo el tiempo también rompe por dentro. Pero incluso en este panorama casi apocalíptico, algo se resiste a desaparecer. Una chispa mínima. Una terquedad humana. La risa que vuelve, aunque sea en voz baja. r La idea de que frenar no es rendirse. Que cuidarse no es desaparecer . Que juntar los pedazos también es una forma de resistencia. Brindo por Andreu. Por su pausa. Por su regreso cuando esté listo. Brindo por quienes seguimos, a veces cansados, a veces dudando, pero todavía aquí. Brindo porque, de una vez por todas, entendamos la letra de la canción que cantamos. Y sí, brindo con esperanza por 2026. Después del 2025 que tuvimos, no le será tan difícil hacerlo mejor. Juan E. Fernández, Juanete

  • Diez hitos que han marcado el crecimiento de Bancamiga en 2025

    La vanguardia en seguridad y protección de datos, el sistema Touch Card y el impulso sostenido en la bancarización de más venezolanos fueron algunos de los elementos que permitieron a Bancamiga este año pisar fuerte en el mercado financiero del país   Los avances en productos y servicios consolidan a Bancamiga como una entidad privada sólida e innovadora. Al cierre de 2025, la institución celebra hitos significativos   en expansión, modernización tecnológica y seguridad .   De acuerdo con un comunicado corporativo de esta organización bancaria privada, la siguiente es la enumeración de los diez hitos que han marcado su crecimiento en 2025:   1.- Soluciones para el sector empresarial La Tarjeta Empresarial Mastercard se consolidó como una herramienta clave para pequeños, medianos y grandes negocios. Facilita la gestión de gastos y el flujo de caja, ofreciendo beneficios como seguros y el programa Easy Savings Specials, que incluye herramientas de capacitación, planificación y descuentos exclusivos.   2.- Dos años recorriendo el país Bancamiga Móvil celebró su segundo aniversario bancarizando a Venezuela. En 2025, el equipo de Fuerza Móvil recorrió más de 13 estados, logrando la apertura de 19.275 cuentas, la venta de 641 puntos de venta y la integración de 214 nuevos clientes jurídicos.   3.- El cliente un millón y 18 años de trayectoria Un símbolo del crecimiento exponencial de Bancamiga se selló el 20 de marzo, al registrar el hito histórico del cliente un millón. Se trató de un joven de 19 años residente de Guatire, estado Miranda. Este logro coincidió con el décimo octavo aniversario de operatividad de la institución.   4.- Vanguardia en seguridad y protección de datos La aplicación Bancamiga Suite se mantiene a la vanguardia con tecnología NFC para pagos móviles (vía Suiche 7B) y el sistema ID Check, que es un código de verificación para dar seguridad a las compras en línea. Para reforzar este ecosistema, el banco impulsó el primer ciclo de charlas sobre ciberseguridad, educando a los clientes sobre la importancia de acceder siempre a través del dominio oficial https://www.bancamiga.com para prevenir fraudes.   5.- Liderazgo en Puntos de Venta (POS) La institución avanzó hacia la meta de 200.000 puntos de venta en el mercado. Dispositivos como los modelos AMP 8200, AMP 8400, MPOS 2200, Aisino A75 y A80 ofrecen tecnología contactless, gestión de recargas, pago de servicios y conectividad Wi-Fi.   6.- Impulso a la bancarización a través de cuentas Kids La estabilidad de la cartera de clientes se fortaleció mediante operativos especiales de fin de semana, destacando las cuentas Kids promovidas en el Día del Niño y Navidad. En solo 10 sábados, la bancarización alcanzó a 18.821 niños y adolescentes. Además, se sumaron 6.875 cuentas para adultos, de las cuales 4.097 fueron en divisas y 63 en pesos.   7.- Tarjeta Gamers Bancamiga presentó la primera tarjeta para gamers en alianza con Xtreme E-Sport Arena. Este instrumento ofrece beneficios especiales, en el que resaltan los descuentos en inscripciones para competir en espacios de alto rendimiento tecnológico.   8.- Innovación inclusiva Este año, la institución lanzó nuevos diseños de tarjetas con el sistema Touch Card. Estas incorporan hendiduras distintivas (redonda para débito, angular para crédito y triangular para prepago) que permiten la identificación táctil para personas con discapacidad visual. La Tarjeta de Débito Bancamiga ofrece tecnología NFC, que facilita las compras internacionales y permite la suscripción a servicios de streaming.   9.- Digitalización del pasaje con Movi La innovación llegó al transporte público con el lanzamiento de Movi by Bancamiga. Esta aplicación facilita el cobro y pago del pasaje urbano mediante el escaneo de códigos QR, optimizando la interacción entre conductores y pasajeros de forma digital.   10.- Expansión de la red de agencias Bancamiga inauguró este 29 de diciembre su agencia número 51, marcando su llegada al estado Yaracuy. Asimismo, la sede de Lido evolucionó de taquilla externa a agencia, y se concretó el traslado de la sede La Rinconada hacia el Centro Comercial Los Próceres, en Caracas.   Este 2025 ha sido un año de transformación profunda para Bancamiga, donde la innovación tecnológica y el compromiso social se han unido para redefinir la experiencia financiera en Venezuela. Más datos y útil orientación en www.bancamiga.com   Con información e imágenes referenciales de Bancamiga Banco Universal

  • Presidente Trump: ¿Acorazados en la era de drones y misiles?

    Poder real o escenografía del dominio: La guerra moderna se organiza en torno a redes de drones y de misiles, y no en plataformas únicas... La sola idea de construir hoy un acorazado aunque con misiles, y bautizados como “clase Trump”, despierta preguntas inevitables: ¿Estamos ante una decisión estratégica… o más bien un gesto simbólico anclado en el pasado? ¿Qué nos dice la historia, la tecnología y —sobre todo— la psicología del poder…   El ocaso del cañón como eje naval   Durante la primera mitad del siglo XX, el acorazado fue el rey de los mares. Su lógica era simple, un blindaje extremo más una artillería colosal significaba supremacía . Pero a finales del siglo pasado esa ecuación se quebró definitivamente con tres rupturas tecnológicas. La primero fue la aparición y desarrollo de la aviación naval junto al portaviones. Luego, fue el surgimiento del misil teledirigido, capaz de golpear a cientos de kilómetros con precisión quirúrgica, y ahora hipersónico y con inteligencia artificial, lo que desplazó el centro del poder desde el cañón al cielo. Por último, y en este siglo irrumpe la guerra en forma de red, donde la cantidad vale más que el sólido acero. Desde hace décadas, las grandes armadas abandonaron la fabricación de acorazados. No por nostalgia superada, sino por pura racionalidad estratégica. El último intento de prolongar su vida —la reactivación de los Iowa en los años ochenta— fue una solución coyuntural de la Guerra Fría, y no un regreso doctrinario.   Satélites, drones y misiles: el golpe final   La guerra contemporánea terminó de cerrar definitivamente el ciclo del gran buque artillado. Hoy, drones aéreos, navales y submarinos armados —guiados por satélites inteligentes, sistemas de posicionamiento global y redes de datos en tiempo real— enjambres autónomos de bajo costo y misiles de precisión —incluidos los hipersónicos— transformaron aquello que durante décadas fue símbolo de supremacía naval en lo que ningún estratega moderno desea, un blanco caro, visible y prioritario. En este nuevo escenario, el tamaño dejó de ser fortaleza. Se volvió vulnerabilidad. La lógica que durante el siglo XX justificó acorazados y grandes plataformas —blindaje, potencia de fuego concentrada, presencia intimidatoria— ha sido derrotada por una razón mucho más simple y letal como es detectar primero, golpear desde lejos y saturar. Hoy no se trata de resistir impactos, sino de evitarlos, y eso solo lo logra lo pequeño, lo móvil y el armamento disperso .   Ucrania: la evidencia empírica que ningún estratega puede ignorar   La guerra en Ucrania terminó de demostrar, en tiempo real y ante los ojos del mundo, esta transformación radical del campo de batalla. Rusia, heredera de una tradición militar basada en plataformas grandes, blindadas y costosas, vio cómo tanques, buques, sistemas antiaéreos y depósitos estratégicos eran destruidos o inutilizados por drones relativamente baratos, conectados a constelaciones satelitales, inteligencia artificial y sistemas de guiado remoto, junto con misiles de precisión de largo alcance. El hundimiento del crucero Moskva no fue solo una derrota material, fue un símbolo histórico. Un buque grande, orgulloso y visible fue neutralizado explotando su principal debilidad, como fue ser detectable, rastreable y predecible desde el espacio. En tierra ocurrió lo mismo. Drones comerciales adaptados, municiones merodeadoras y misiles guiados por información satelital demostraron que no hace falta dominar el espacio   con acero, sino con información, coordinación y alcance. Un sistema caro puede ser destruido por uno barato si el primero es grande y el segundo es inteligente.   Misiles: la negación definitiva del acorazado   Los misiles modernos —antibuque, balísticos, de crucero e hipersónicos— representan la negación conceptual del acorazado. No necesitan enfrentarlo, ni acercarse, ni medir fuerzas. Lo anulan desde la distancia, apoyados por sensores espaciales, radares remotos y redes de mando distribuidas. Un misil no se intimida por el tamaño del casco. Un enjambre de drones aéreos, terrestres o submarinos no se detiene ante el blindaje . Un sistema de saturación no pelea contra el buque porque realmente lo desborda. Así, la guerra contemporánea y en el futuro inmediato no castiga la debilidad sino la rigidez. Y nada es más rígido hoy que un gran buque artillado, diseñado para un mundo que ya no existe. En la era de los drones guiados por satélites inteligentes y misiles de precisión, la supervivencia no pertenece al más grande, sino al que mejor se adapta, se dispersa y se oculta. El acero dejó de ser destino. La información y las redes distribuido tomó su lugar.   El costo oculto del gigantismo   Construir cualquier buque — anunciados “Clase Trump” — como un destructor moderno ya implica cifras de 2 a 3 mil millones de dólares por unidad. Un acorazado nuevo superaría con facilidad los 10 o 15 mil millones, sin contar décadas de mantenimiento, tripulación, combustible y protección, los cuales pagamos los ciudadanos. Cada uno de ellos equivale, en términos de oportunidad, a cientos de plataformas distribuidas como son los drones, misiles, sensores, y submarinos silenciosos. Sistemas que sobreviven incluso cuando partes del conjunto son destruidas. Mientras, el acorazado, en cambio, vive o muere como un todo.   El concepto clave: poder distribuido   Este es el núcleo del debate. La guerra moderna ya no se organiza en torno a plataformas únicas, sino a redes. Distribution power  significa repartir el poder en muchos nodos pequeños, separar sensores de armas, conectar todo mediante información en tiempo real y aceptar que algunos nodos caerán… pero aun así continuarán combatiendo los otros. El poder militar moderno reside en la red, no en la plataforma . Sensores, armas y decisores no necesitan estar en el mismo nodo. Es la lógica de Internet aplicada al conflicto, si un nodo cae, la red sigue viva. El modelo antiguo apostaba a un león gigantesco. El actual confía en una bandada coordinada. Entonces… ¿por qué pensar en un acorazado hoy? Aquí la pregunta deja de ser técnica y se vuelve política… y psicológica.   Un acorazado no es solo un arma: es, ante todo, un símbolo.   Un buque es concebido para comunicar grandeza, dominio, continuidad histórica y fuerza visible en estos tiempos. Es un escenario flotante del poder, pensado tanto para ser visto como para combatir. No obstante, el acorazado clase Trump encaja más en una narrativa personalista del poder que en la lógica fría y técnica de la defensa nacional contemporánea. No demuestra necesariamente una intención narcisista explícita, pero sí revela una preferencia marcada por lo espectacular antes que por lo eficiente, por la imagen antes que por la funcionalidad estratégica.   La historia enseña que los líderes excesivamente apegados a los símbolos tienden a cometer un error recurrente, como confundir la apariencia del poder con su capacidad real. Y en la guerra moderna, esa confusión se paga caro. Henry Kissinger advirtió, a lo largo de su obra, que la percepción del poder es un componente central de la política internacional . Para él, los Estados no actúan solo en función de capacidades objetivas, sino de cómo esas capacidades son percibidas por aliados y adversarios. Sin embargo, Kissinger también fue claro en algo que a menudo se omite, como es que la imagen solo es eficaz cuando está respaldada por una capacidad real y creíble. Cuando la brecha entre símbolo y sustancia se agranda, la percepción deja de proteger y pasa a tratar de engañar. En el siglo XXI, un acorazado puede impresionar a la opinión pública, pero no intimida a los misiles, no confunde a los satélites ni sobrevive a los enjambres de drones. La imagen del poder sigue siendo relevante —Kissinger tenía razón en eso—, pero ya no basta. Cuando el símbolo no coincide con la lógica tecnológica del tiempo histórico, se convierte en un gesto vacío, incluso peligroso. La guerra moderna no castiga la falta de grandeza visual. Castiga la desconexión entre imagen y realidad. Y ninguna estrategia seria puede construirse hoy sobre esa ilusión. En este sentido, para nosotros es un error construir un acorazado hoy porque no intimida a un sistema de misiles. No se esconde de los satélites, no sobrevive a la saturación y de ninguna manera justifica su costo estratégico. Por eso las grandes potencias dispersan el riesgo y concentran la inteligencia con la sola excepción: el portaviones, por ahora.   La ilusión del acero   La verdadera pregunta no es si Estados Unidos puede  construir un nuevo acorazado. Puede, siempre puede. La pregunta es por qué hacerlo cuando el poder del siglo XXI ya no se mide en toneladas de acero, sino en capacidad de adaptación, redes, inteligencia y resiliencia. Construir acorazados en la era de los drones no es prepararse para la próxima guerra. Es representar la anterior. Y la historia es implacable con quienes confunden el pasado glorioso con el futuro posible. Las naciones no caen por falta de fuerza, sino por aferrarse a símbolos cuando el mundo ya cambió. El poder real ya no flota en un casco gigantesco. Circula. Se distribuye. Se adapta. Y, sobre todo, no necesita llevar el nombre de nadie para ser efectivo. Cuando el 22 de diciembre de 2025, el presidente Donald J. Trump — anunció desde su resort Mar-a-Lago en Florida y no desde el Pentágono, ni la Casa Blanca —  un ambicioso plan para que la Armada de Estados Unidos construya una nueva clase de buques de guerra, que él mismo denominó “Trump-class battleship” ( acorazado clase Trump) , e indicó que estos buques serían “ más grandes, más rápidos y hasta 100 veces más potentes que cualquier acorazado jamás construido ” . Afirmó que serían parte de una nueva “Golden Fleet”, con el objetivo de reforzar la supremacía naval estadounidense. Insistió en que Estados Unidos no ha construido acorazados desde 1994, y en que era hora de retomar esa tradición con un enfoque moderno. Con la intención de construir inicialmente dos  y luego potencialmente entre 10 y 25 unidades que en el largo plazo nos costaría a los ciudadanos 175 mil millones de dólares a valor de hoy. La declaración fue acompañada por altos mandos  como Pete Hegseth (secretario de Defensa) y John Phelan (secretario de la Armada), quienes respaldaron el proyecto. Cuando se anuncia la construcción de una supuesta nueva clase de acorazados, el debate no es ideológico ya que es técnico, económico y estratégico. La guerra no se gana con relatos, sino con sistemas que sobreviven y funcionan bajo fuego. No dudamos que serán grandes buques de superficie, más poderosos que cualquier acorazado previo, como se afirmó, y que serán parte de una flota simbólicamente renovada pero no creemos que estarán “asociados a la idea de retomar grandeza naval” porque no se presentó ninguna estrategia ni doctrina operacional detallada, ni cuál sería el rol claro en una guerra real contra potencias pares, o en casos de guerras asimétricas o irregulares como las guerrillas y el terrorismo, ni en caso de una guerra distribuida y no tripulada en contra nuestra. Eso ya es una señal de alerta. El Departamento de Guerra nos debe una explicación. Por nuestra parte y desde la ignorancia civil estamos convencidos que una guerra distribuida —como están acaeciendo— y como modelo real del siglo XXI, los componentes deberían ser fragatas misilísticas, submarinos de ataque, drones navales, aéreos y submarinos, sensores satelitales y guerra electrónica, misiles en tierra y plataformas móviles con costos más bajos y con pérdidas asumibles, y ventajas decisivas porque el enemigo —sea el caso— nunca puede destruir todo el sistema. En términos estrictamente militares, no hay competencia.   Entonces… ¿por qué insistir en un acorazado?   Aquí el análisis deja la ingeniería y entra en la psicología del poder: Un acorazado impresiona visualmente, funciona como monumento flotante, evoca un pasado glorioso y sirve mejor al relato que al combate Para líderes con una concepción personalizada y escénica del poder, el símbolo pesa más que la doctrina. El problema es que los misiles no leen discursos, ni respetan símbolos. Sin embargo la guerra en vivo ya decidió este debate: Las guerras recientes —en mar, aire y tierra— han demostrado algo incómodo, los blancos estáticos, grandes y de lento movimiento mueren primero. Lo distribuido, las redes y los enjambres y los misiles sobreviven hasta alcanzar el objetivo. Los ejércitos que entienden esto invierten en ellos, no en monumentos.   El error que precede a todas las derrotas   Todas las potencias que ingresaron en su fase de decadencia cometieron, antes que nada, el mismo error fatal: confundir la imagen del poder con el poder real e “ invertir en símbolos militares del pasado mientras pierden eficacia en la guerra real del presente” .Creyeron que la grandeza visible bastaba para sostener la influencia, que el símbolo podía sustituir a la capacidad, y que la nostalgia podía imponerse al tiempo histórico. El acorazado pertenece a una era en la que el acero decidía batallas y el tamaño imponía respeto. Hoy, en cambio, deciden la información, la dispersión, la velocidad y la adaptabilidad. El poder ya no se concentra, circula. Ya no se exhibe, se oculta. Ya no se impone por presencia sino por capacidad de anticipación. Construir un acorazado en la era de los drones, los misiles de precisión y la guerra guiada por satélites inteligentes no es prepararse para la próxima guerra. Y mucho menos fabricar ¡veinticinco!... Es escenificar la conflagración del pasado, levantar monumentos flotantes a una lógica que ya fue derrotada por la tecnología y por la historia. Como dice mi esposa María Mercedes: la historia —esa jueza implacable— nunca perdona a quienes invierten en símbolos cuando el mundo ya cambió. Lo cual comparto y le agrego que eso ocurre porque las derrotas no comienzan en el campo de batalla, empiezan en la mente de quienes se aferran al ayer creyendo que aún gobernarán el mañana… Si desea darnos su opinión o contactarnos puede hacerlo en psicologosgessen@hotmail.com . .. Que la Eterna Providencia Universal nos acompañe a todos en estos tiempos complicados… Vladimir Gessen . Psicólogo     Puede publicar este artículo o parte de él, siempre que cite la fuente del autor  y el link correspondiente de Informe 21 . Gracias. © Fotos e Imágenes Gessen&Gessen.

  • 3 claves que hay que saber antes de empezar el año

    Renombrados astrólogos, anticipan que el 2026 será un año bisagra, marcado por el fuego de Aries y el inicio de un nuevo ciclo espiritual y social. Foto: Imagen de Mohamed Hassan en Pixabay El 2026 se presenta como un año de transición, un punto de inflexión entre lo que la humanidad ha sido y lo que está llamada a convertirse. Así lo afirma la astróloga y tarotista Lourdes Ferro: “Es el comienzo de un nuevo ciclo espiritual, social y creativo , donde el fuego del signo de Aries, arquetipo del inicio y del coraje, vuelve a encender la historia”. En diálogo con Clarín, la autora de Guía astrológica 2026 (Planeta) señala: “Lo más importante para entender estos años -2023, 2024, 2025, 2026 y 2027- es que ya no funcionan como antes. Antes, estábamos acostumbrados a que la energía cambiara en diciembre y que el año nuevo arrancara con una vibración distinta, pero eso dejó de suceder”. Según la especialista, la energía que marcará 2026 comenzó a sentirse desde la segunda mitad de 2025 . “Por eso digo que estamos como en una cápsula: por un lado, corren los años del calendario y, por otro, los años energéticos. Los primeros siete meses de 2026 van a tener una intención muy parecida a la de los últimos seis meses de 2025”. Tres ejes clave para el 2026 Según los tránsitos planetarios que activarán la energía de 2026, Ferro define tres puntos clave para orientar el año. Empieza una era nueva: del sueño a la acción con propósito El ingreso de Neptuno en Aries el 26 de enero y el de Saturno en el mismo signo el 13 de febrero marcan la tónica del 2026. La astróloga explica que esta combinación abre una era donde lo inspiracional deja de ser solo idea y pasa a exigir acción concreta . Neptuno en Aries trae visión, un deseo profundo de cambio y motivaciones internas renovadas, mientras que Saturno en Aries pide estructura, responsabilidad y resultados. Esta dupla redefine lo que significa iniciar algo: no basta con entusiasmarse, sino que el impulso debe sostenerse en un plan. A nivel personal, esto puede sentirse como una urgencia por empezar proyectos o tomar decisiones postergadas, aunque el año premia la constancia más que la impulsividad . En el plano colectivo, Ferro anticipa el surgimiento de liderazgos más directos, pioneros y exigidos en coherencia, donde las ideas se transforman en acciones medibles por su impacto. Cambio en la economía e ideas: revolución práctica y mental El segundo eje del año está marcado por los movimientos de Urano y Quirón. Urano se pone directo en Tauro el 3 de febrero y, semanas más tarde, el 25 de abril, ingresa en Géminis. Esto describe dos cambios consecutivos: primero se acelera la transformación en lo material -economía, formas de trabajo, recursos, modelos productivos- y luego se acelera la transformación en lo mental y tecnológico , con nuevas herramientas, más información circulando y mayor velocidad. A mitad de año, el 19 de junio, Quirón entra en Tauro y profundiza el foco en el valor, el cuerpo, los recursos y el merecimiento. Según Ferro, este tránsito obliga a revisar la relación con la materia : el dinero, la estabilidad, el cuerpo, el placer, la seguridad, dejando al descubierto qué formas de sostén eran frágiles y cuáles son reales. Dos ritmos claros: avanzar, y luego ajustar El tercer eje no está dado por un planeta puntual sino por el pulso del año. El 2026 tendrá dos ritmos claramente diferenciados . El primer semestre estará marcado por movimientos directos y entradas fuertes, incluido el paso de Neptuno y Saturno a Aries, el ingreso de Urano a Géminis y el recorrido directo de Júpiter entre Cáncer y Leo. Es una etapa de inicios, expansión y decisiones . En cambio, el segundo semestre inaugura un proceso de revisión : Neptuno retrograda en Aries desde el 7 de julio, Saturno lo hace desde el 26 de julio, Quirón desde el 3 de agosto, Urano retrograda en Géminis desde el 10 de septiembre y Júpiter retrograda en Leo el 12 de diciembre, antes de que Neptuno y Saturno vuelvan a ponerse directos hacia fin de año. Esto convierte a 2026 en un año no lineal: primero se impulsa a actuar y luego se exige ajustar . Los proyectos que se lancen sin base sólida tenderán a caerse, mientras que los que hayan sido diseñados con claridad se fortalecerán. El segundo semestre será un período propicio para editar, ordenar, redefinir metas, renegociar acuerdos y sostener únicamente aquello que realmente valga la pena.

  • EE.UU. destruyó otra presunta narcolancha con saldo de dos muertos

    Como en oportunidades anteriores, no fueron identificadas las dos personas que habrían muerto en el ataque. Estados Unidos ejecutó un nuevo ataque de precisión contra una presunta narcoembarcación en el Pacífico Oriental como parte de su campaña militar para frenar las operaciones de narcotráfico en la región. El Comando Sur anunció que la acción, realizada este lunes 29 de diciembre bajo la dirección del secretario de Defensa, Pete Hegseth , fue llevada a cabo por la Fuerza de Tarea Conjunta Southern Spear en aguas internacionales. El objetivo era una nave identificada como operada por organizaciones terroristas y dedicada al transporte ilícito de drogas. Según la información oficial, la embarcación transitaba por rutas conocidas de tráfico de estupefacientes y fue detectada por inteligencia militar estadounidense. Tras confirmar su implicación en actividades ilegales, se autorizó un ataque que resultó en la muerte de dos hombres señalados como narco-terroristas. No se reportaron bajas ni heridos entre los integrantes de la fuerza estadounidense. Las imágenes difundidas por el Comando Sur muestran el momento en que la embarcación es alcanzada por el ataque, quedando envuelta en llamas y posteriormente a la deriva. Este tipo de operaciones se inscribe en una estrategia más amplia del gobierno estadounidense para cortar las redes de tráfico de drogas que operan desde América Latina y que, según Washington, financian tanto al crimen organizado como a regímenes considerados adversarios, como el de Nicolás Maduro en Venezuela. Las fuerzas armadas de Estados Unidos han incrementado desde septiembre sus intervenciones marítimas, con decenas de ataques a embarcaciones sospechosas en el Caribe y el Pacífico, y la destrucción de áreas logísticas utilizadas para el despacho de cargamentos ilegales . El presidente Donald Trump ha reiterado que estos operativos buscan “detener el flujo de drogas hacia Estados Unidos y aumentar la presión sobre regímenes que sostienen el narcotráfico en la región”, en referencia directa a Venezuela. Este lunes 29 de diciembre, el propio Trump confirmó la destrucción de una “gran instalación” en la costa venezolana desde donde, según sus palabras, se organiz aban envíos de drogas. No se ha precisado el lugar exacto del ataque. Con información de infobae.com

  • Primazol afirma que incendio en su planta en Zulia nada tiene que ver con Trump

    Primazol fue afectada por un incendio la madrugada del 24 de diciembre que -según comunicado de la empresa- no está relacionado con el ataque mencionado por Trump. Foto: Jhorman Cruz (@Jhormancruz1) Primazol desmintió los rumores que vinculan un incendio ocurrido en una de sus instalaciones, en el estado Zulia, con un presunto ataque estadounidense contra una estructura relacionada con el narcotráfico en Venezuela . La confusión surgió luego de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó en una entrevista radial que su gobierno había destruido “una gran instalación” como parte de la ofensiva militar contra el narcotráfico supuestamente vinculado al país. El mandatario no precisó la ubicación ni ofreció detalles sobre la operación, lo que abrió espacio a especulaciones en redes sociales. La madrugada del pasado 24 de diciembre se registró un incendio en la empresa Primazol , ubicada en el municipio zuliano San Francisco. A partir de ese hecho, usuarios en plataformas digitales comenzaron a asociar ambos episodios y sugirieron que la compañía habría sido el objetivo del supuesto ataque mencionado por Trump. Ante esa situación, Primazol publicó un comunicado en el que rechazó “de manera categórica” las versiones que circulan en internet y que, según, buscan afectar el prestigio de su fundador y de la organización. “Rechazamos de manera categórica las versiones que circulan en redes sociales y que buscan afectar el prestigio de nuestro fundador y de la organización. Aclaramos con responsabilidad que dichas afirmaciones no tienen relación alguna con el incidente ocurrido y no corresponden a información oficial ni verificada”, expresó. En el texto, la compañía aclaró que el incidente recibió atención de forma inmediata por su equipo y por el Cuerpo de Bomberos, siguiendo los protocolos de seguridad establecidos. “El evento fue controlado oportunamente, sin que se produjeran afectaciones a personas”, señaló la empresa. Precisó que se realizaron labores de limpieza y evaluación en coordinación con las autoridades competentes. En su página web , Primazol se define como una empresa dedicada a la importación, almacenamiento, venta y distribución de materias primas químicas para el sector productivo nacional, y destaca más de 14 años de trayectoria en el país. Con información elnacional.com

  • Militares venezolanos destruyeron una aeronave clandestina en Apure

    La aeronave no presentaba permiso ni plan de vuelo nacional, por lo que la declararon hostil. Foto: Instagram dhernandezlarez Militares de Venezuela destruyeron, durante un operativo en el estado Apure, una aeronave que no contaba con los permisos correspondientes para estar dentro del país ni con un plan de vuelo. Así lo informó este lunes 29 de diciembre el comandante estratégico operacional de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, Domingo Hernández Lárez. Tras una operación de vigilancia, localizaron a la aeronave bimotor en tierra, oculta y "enmascarada" junto a un terraplén utilizado como pista clandestina improvisada, explicó en la cuenta en Instagram dhernandezlarez El avión, agregó, no presentaba seriales visibles y de acuerdo al registro de control de información de la región no presentaba permiso ni plan de vuelo nacional, por lo que la declararon hostil. Hernández señaló que el aparato fue destruido en el lugar. La FANB dice que ha destruido 31 aeronaves Según la FANB, ya suman 31 las aeronaves inmovilizadas en lo que va de 2025, y 422 desde la promulgación de la ley de defensa del espacio aéreo, en 2012. El pasado 5 de diciembre, la FANB interceptó e inmovilizó una aeronave en Apure declarada hostil por las autoridades, según informó Hernández Lárez. Explicó entonces que el avión entró al país por el este sin emitir código de identificación ni presentar plan de vuelo y con el transpondedor apagado. "Se declaró su ilegalidad y se ordenó de inmediato su interdicción con tres sistemas caza F-16", indicó. Estas operaciones se han llevado a cabo en momentos en el que Estados Unidos mantiene un despliegue aeronaval en el Caribe, cerca a aguas venezolanas, que tiene como objetivo combatir el narcotráfico en la región . Las tensiones escalaron tras el anuncio por parte del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de un bloqueo de los petroleros sancionados que se trasladen desde y hacia el país, y la confiscación de dos buques que transportaban crudo venezolano en los últimos días. Con información de elnacional.com

  • Trump confirmó ataque de EE.UU. contra objetivo vinculado al narcotráfico en Venezuela

    Donald Trump en rueda de prensa anunció que destruyó una "gran instalación" la semana pasada dentro de su campaña contra una red de narcotráfico. Foto: captura de @RepoteYa El presidente de Estados Unidos, Donald Trump , confirmó que su país destruyó una "gran instalación" la semana pasada dentro de su campaña contra una red de narcotráfico liderada por el gobierno de Nicolás Maduro. "Hubo una gran explosión en la zona del muelle donde cargan los barcos con droga. Así que atacamos todos los barcos y ahora atacamos la zona. Es la zona de implementación. Ahí es donde implementan, y eso ya no existe", dijo este lunes 29 de diciembre Trump al ser consultado por periodistas en una conferencia de prensa junto al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu. El viernes 26 de diciembre, Trump adelantó la información en una entrevista a un pódcast de radio que ha sido recogida este lunes por medios estadounidenses: “Acabamos de destruir, no sé si lo leyeron o lo vieron… Tienen una gran planta, o una gran instalación, de donde salen los barcos. Hace dos noches, la destruimos. Así que les dimos un golpe muy duro”, dijo. En horas de la tarde del 29 de diciembre, aún el gobierno de Nicolás Maduro no habría dado información alguna, afirmando ni negando dicha información. Con información de monitoreamos.com

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