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¿Valió la pena la guerra de EEUU con Irán?

Después de abandonar el tratado original, Donald Trump terminó negociando con un país más cercano a la capacidad nuclear que el que existía… Un largo camino de la Casa Blanca para volver al mismo lugar, porque la guerra que recién puede terminar lo hará en el punto donde comenzó…



En 2015, la administración de Barack Obama impulsó junto a las principales potencias mundiales el llamado Plan Integral de Acción Conjunta (JCPOA). El acuerdo establecía severas limitaciones al programa nuclear iraní. Irán aceptaba reducir significativamente sus reservas de uranio enriquecido, disminuir el número de centrifugadoras, limitar su nivel de enriquecimiento y someter sus instalaciones a inspecciones internacionales sin precedentes a cargo de la Agencia Internacional de Energía Atómica. A cambio, Estados Unidos y sus aliados —Europa, la OTAN, entre otros— levantaban progresivamente las sanciones económicas que habían estrangulado durante años a la economía iraní. Es cierto que el acuerdo tenía muchos críticos. Israel lo consideraba insuficiente. Numerosos sectores republicanos afirmaban que simplemente retrasaba el problema nuclear sin resolverlo definitivamente. Entonces, Donald Trump llegó al poder compartiendo esa visión. En 2018 decidió retirarse unilateralmente del acuerdo. Su argumento era simple. Sostenía que el tratado era débil, que otorgaba demasiado a Teherán y que no abordaba asuntos fundamentales como el programa de misiles balísticos iraníes, ni el apoyo de Irán a diversos grupos armados de la región. La estrategia de Trump fue reemplazar la diplomacia por lo que denomina “máxima presión”: Sanciones económicas masivas. Aislamiento financiero. Presión diplomática. Amenazas y acciones militares. Y la expectativa de que el régimen iraní terminaría aceptando condiciones mucho más duras… La pregunta histórica es evidente: ¿Funcionó?...

 

La comparación entre ambos acuerdos

 

Cuando Barack Obama firmó el acuerdo nuclear en 2015, Irán poseía entre 10.000 y 12.000 kilogramos de uranio enriquecido de diversos niveles. El acuerdo obligó a reducir esas reservas a apenas 300 kilogramos de uranio enriquecido al 3,67%, limitó drásticamente el número de centrifugadoras operativas y sometió al país al sistema de inspecciones más amplio de la historia nuclear contemporánea. Durante los años posteriores a la firma, la Agencia Internacional de Energía Atómica certificó repetidamente que Irán estaba cumpliendo los principales compromisos establecidos en el acuerdo. Sin embargo, tras la retirada del acuerdo ordenada por Trump, el panorama comenzó a cambiar: Para 2026, las estimaciones internacionales indicaban que Irán había acumulado varios miles de kilogramos de uranio y disponía de cantidades significativas enriquecidas hasta niveles cercanos al ¡60%!, un nivel técnicamente mucho más próximo al necesario para un arma nuclear que el permitido por el acuerdo con Obama suspendido por Trump. La paradoja resulta evidente. En todo caso, lo procedente debió ser —si Trump pensaba que no era suficiente con el acuerdo de entonces— que renegociara un nuevo convenio ¡sin cancelar el primero!... A mi juicio, la política diseñada por Trump en su primer gobierno fue errada, porque para impedir que Irán avanzara hacia una capacidad nuclear, la estrategia de Trump permitió que la capacidad nuclear de Irán se acercara más que durante los años en que el acuerdo permaneció vigente.

 

La economía


 

Tampoco resulta sencillo argumentar que los beneficios de cancelar el acuerdo de Obama con Irán compensaron los costos. Las sucesivas crisis en el Golfo Pérsico, los recientes ataques a instalaciones petroleras regionales, las amenazas sobre el Estrecho de Ormuz y los episodios de confrontación militar han provocado repetidos aumentos en los precios energéticos. El petróleo Brent, que se habían mantenido en niveles relativamente moderados, ha experimentado picos que superaron los 100 dólares por barril. Cada aumento sostenido de 10 dólares en el precio del petróleo representa miles de millones de dólares adicionales en costos para consumidores, empresas y gobiernos alrededor del mundo. Los analistas energéticos coinciden en que la inestabilidad permanente en Medio Oriente añadió presión adicional sobre los mercados internacionales de energía y contribuyó a mantener elevados los costos de transporte, producción y distribución.

 

El costo castrense

 

Existe además un costo militar que pocas veces aparece en los titulares. A los pocos días de iniciada la guerra, el Departamento de Defensa estimó costos directos de aproximadamente 11 mil 300 millones de dólares. Pero estudios y modelos presupuestarios proyectaron que, dependiendo de la duración del conflicto y de los costos indirectos, la factura total podría situarse entre 47 mil 000 millones, y hasta más de 100 mil millones de dólares. Mantener grupos de combate, flotas navales, sistemas de defensa antimisiles, despliegues aéreos estratégicos, operaciones de inteligencia y presencia militar permanente en la región implica cientos de miles de millones de dólares anuales. Diversos estudios sobre la presencia militar estadounidense en Medio Oriente estiman que los costos directos e indirectos asociados a la estrategia regional posterior a 2018 aumentaron considerablemente cuando se incluyeron operaciones, despliegues, reposición de armamento, asistencia militar y gastos asociados a la protección de aliados regionales… Pero quizás el elemento más difícil de cuantificar sea el precio en víctimas humanas y el costo geopolítico… Durante esos años, Rusia fortaleció su cooperación con Irán. China incrementó su influencia económica en la región. Los BRICS ampliaron su atractivo como alternativa para numerosos países del Sur Global. Y una parte importante del mundo comenzó a cuestionar si los acuerdos internacionales firmados por una administración estadounidense podrían ser abandonados por la siguiente…

 

La confianza también posee un valor estratégico.

 

Y la pérdida de confianza en Estados Unidos también genera costos. Buena parte de los analistas afirman que Irán "ganó" la guerra, pero debemos precisar el concepto. Irán no derrotó militarmente a Estados Unidos. Eso nunca ocurrió. Más bien la superioridad militar estadounidense continúa siendo abrumadora y notoria. No obstante, desde el punto de vista político y estratégico, el régimen iraní logró algo que parecía improbable: ¡Sobrevivió!... Evitó el colapso. Conservó el control interno. Mantuvo la capacidad de influencia política y militar regional. Desarrolló mayores capacidades nucleares que las permitidas por el acuerdo original. Y la mayoría de los observadores consideran que Irán terminó sentado nuevamente en una mesa de negociación —a la par— con Washington, y desde una posición de fuerza. Si el objetivo estratégico de la retirada era obtener un acuerdo significativamente mejor que el de Obama, la evidencia disponible —hasta ahora— sugiere que ese objetivo aún no ha sido alcanzado. Y si el resultado final termina siendo un acuerdo parecido al que existía en 2015, la historia inevitablemente formula una pregunta incómoda. ¿Valió la pena una década de tensiones, sanciones, enfrentamientos, miles de víctimas, enormes costos económicos y una creciente inestabilidad internacional para regresar prácticamente al mismo punto de partida? Quizás la respuesta definitiva solo pueda ofrecerla la historia. Pero desde la perspectiva actual, resulta difícil evitar la sensación de que el mundo recorrió un largo y costoso camino… circular.

 

El acuerdo firmado

 

Lo primero es que si los objetivos iniciales de la guerra eran eliminar la amenaza nuclear iraní, reducir su capacidad misilística y debilitar su influencia regional, ¿por qué el acuerdo final deja abiertos precisamente esos asuntos para futuras negociaciones?...

Los 14 puntos del acuerdo son: El cese inmediato de las hostilidades y extiende el cese al fuego a otros frentes vinculados al conflicto, incluido el frente libanés. El Respeto mutuo a la soberanía: Washington reconoce la soberanía iraní y se compromete a no buscar cambios de régimen durante la vigencia del acuerdo. La Reapertura del Estrecho de Ormuz: Garantía de libre navegación. El Levantamiento del bloqueo económico con el Inicio de un proceso de flexibilización de sanciones económicas. La Reanudación de las exportaciones petroleras iraníes para vender petróleo en los mercados internacionales. El Desbloqueo de los activos iraníes congelados de fondos retenidos en el extranjero. El Acceso a servicios financieros y de seguros y la reintegración de Irán al sistema económico internacional. El Inicio de negociaciones definitivas durante 60 días con las conversaciones que comenzarán en Suiza. El Compromiso iraní de no desarrollar armas nucleares donde Irán reafirma sus obligaciones bajo el Tratado de No Proliferación Nuclear.  El Mantenimiento temporal del statu quo nuclear por 60 días donde no habrá expansión significativa del programa nuclear iraní mientras continúen las negociaciones. Pero sin desmantelamiento de la actividad. La no imposición de nuevas sanciones ni aumento militar estadounidense: Para ello Estados Unidos se compromete a no escalar militarmente durante la negociación. Y La creación de un mecanismo de verificación por la International Atomic Energy Agency para inspecciones y monitoreo del cumplimiento… Lo que más ha llamado la atención del acuerdo es que también se contempla un programa de reconstrucción económica para Irán que algunas versiones cifran en hasta ¡300 mil millones de dólares!… si las negociaciones llegan a buen puerto. La comparación es inevitable: cuando Obama cerró el acuerdo eliminado por Trump, la transferencia a Irán fue de apenas 1.700 millones de dólares. También el acuerdo firmado ahora por Trump establece liberar fondos persas congelados por valor de hasta 24 mil millones de dólares.

 

A tomar en cuenta

 

Israel considera este acuerdo como una capitulación catastrófica. Como se puede observar Irán no se compromete a no atacar a Israel, ni a limitar la acción militar guerrillera de Hezbolá en el Líbano, de Hamas en Gaza o de los hutíes en Yemen en contra de Israel. Mientras el propio Irán califica el acuerdo como “un récord de fracaso estadounidense”. Y en Estados Unidos, senadores republicanos advierten que el probable resultado de esta guerra de más de 100 días no compensa el coste para la nación, como es la vida de 13 militares estadounidenses, y más de 100 mil millones de dólares gastados. El senador republicano Bill Cassidy calificó la guerra y su resultado como "el peor error de política exterior en décadas." El senador Ted Cruz, también republicano indicó: “La historia enseña que dar miles de millones de dólares a lunáticos teocráticos que quieren matarnos no es buena idea. Creo que el presidente está recibiendo consejos muy pobres sobre este acuerdo"… Habrá que esperar que decide Israel, porque ellos no forman parte del acuerdo y es difícil suponer que Benjamín Netanyahu no continue la guerra contra los proxys de Iran como Hezbolá en el Líbano, lo que cancelaria el acuerdo con Iran firmado por EEUU.

 

Los objetivos iniciales anunciados por Trump

 

Uno, Impedir que Irán obtuviera armas nucleares. Este fue el objetivo oficial más repetido. Trump afirmó que la guerra buscaba impedir que Irán alcanzara capacidad nuclear militar y destruir las instalaciones necesarias para fabricar una bomba… Dos, destruir la capacidad misilística iraní. La Casa Blanca declaró explícitamente que "Nuestros objetivos son claros: estamos destruyendo las capacidades misilísticas de Irán... y su capacidad para producir nuevas bastante buenas que fabrican. Estamos aniquilando su marina... Estamos asegurando que el principal patrocinador mundial del terrorismo nunca pueda obtener un arma nuclear... Y, por último, estamos asegurando que el régimen iraní no pueda seguir armando, financiando y dirigiendo ejércitos terroristas fuera de sus fronteras." (La Casa Blanca, Abril 1, 2026)… Objetivo tres, neutralizar la red regional de aliados de Irán. Trump señaló que Irán era el principal patrocinador estatal del terrorismo y que debía dejar de financiar, armar y dirigir grupos como Hezbollah, Hamas y otras organizaciones aliadas en la región. Y cuatro, garantizar la seguridad de Israel y de los aliados árabes. Otro objetivo fue impedir ataques iraníes contra Israel, las bases estadounidenses y los países del Golfo. Y en relación al cambio de régimen, la respuesta es sí. Si era uno de los objetivos sustituir al gobierno. El mismo día del inicio de la guerra Trump llamó al pueblo iraní a "tomar el control de su gobierno" una vez concluidas las operaciones militares. También afirmó que el objetivo final era la "libertad" del pueblo iraní. La realidad es que los análisis indican que si bien se degradó sustancialmente la capacidad militar iraní, se destruyeron misiles y drones iraníes, y se debilitó al gobierno y aliados de Teherán, lo cierto es que no se eliminó completamente el programa nuclear. No se ha anuló o recuperó el uranio enriquecido en la guerra. No desapareció la influencia geopolítica regional iraní. No se produjo una transición democrática en Irán. No se resolvió el problema de los misiles balísticos en el nuevo acuerdo. Precisamente por eso, el hecho de que el régimen iraní haya sobrevivido y tenga hoy en jaque al mundo, constituye uno de los elementos que llevan a algunos observadores y analista a concluir que los objetivos políticos originales de la reciente guerra con Irán no fueron evidentemente alcanzados.

 

No cayó el régimen islámico…


 

... aunque fue eliminado el máximo líder religioso y político del sistema chiita iraní, un hecho de enorme trascendencia histórica y simbólica. La muerte del Imán y Ayatola Alí Jameneí —figura que no solo ejercía funciones de jefe de Estado sino también de máxima autoridad espiritual para millones de fieles chiitas dentro y fuera de Irán— representó uno de los golpes más severos sufridos por la República Islámica desde su fundación en 1979. En términos religiosos, implicó la desaparición de una figura considerada por muchos creyentes como guía suprema de la comunidad chiita. Sin embargo, la historia también mostró que los sistemas políticos altamente ideologizados no dependen exclusivamente de una sola persona. El aparato estatal, los Guardianes de la Revolución, las instituciones religiosas, los servicios de inteligencia y la burocracia del régimen lograron preservar la continuidad del Estado. Paradójicamente, lejos de provocar el colapso inmediato que algunos anticipaban, la muerte del líder supremo terminó generando un efecto de cohesión nacional en amplios sectores de la sociedad iraní frente a una amenaza percibida como externa. Debemos tomar en cuenta que actualmente existen entre 200 y 250 millones de musulmanes chiitas en el mundo, lo que representa aproximadamente entre 10% y 15% de los cerca de 2.000 millones de musulmanes. Los chiitas existen en Irán, Irak, Azerbaiyán, Bahréin, Líbano, y Yemen. La eliminación del líder supremo religioso no fue simplemente la pérdida de una autoridad espiritual. Para millones de chiitas representaba simultáneamente una referencia religiosa, política y cultural. Para nosotros es un régimen extremista, fanático y un peligro real para la paz mundial.

 

Al final…

 

... la lección que nos deja el caso iraní: Las grandes potencias suelen creer que poseen la capacidad de imponer resultados históricos mediante la presión económica o la fuerza militar. A veces lo logran, sí. Otras veces, descubren que la realidad es más complicada. Recordemos las guerras que Estados Unidos no logró ganar de manera clara, o no consiguió culminar con los objetivos políticos inicialmente planteados: Corea, Vietnam, Afganistán, Irak, Siria y Libia.


 

En todos esos casos, la superioridad militar estadounidense fue indiscutible. Washington ganó prácticamente todas las grandes batallas convencionales. Derrotó ejércitos, destruyó infraestructuras militares y demostró una capacidad tecnológica incomparable. No obstante, la historia nos enseña que ganar una guerra no consiste únicamente en vencer militarmente al adversario. También implica alcanzar los objetivos políticos y la estrategia que justificaron el conflicto. Corea terminó dividida. Vietnam culminó unificado bajo el gobierno comunista contra el que se combatió. Afganistán regresó al control de los talibanes tras dos décadas de intervención. Irak nunca se transformó en la democracia estable que se prometió. Siria conservó el régimen que se esperaba debilitar o reemplazar. Y Libia ha derivado durante años hacia una profunda fragmentación institucional. La lección es sencilla pero incómoda, la supremacía militar puede ganar batallas, pero no siempre puede moldear sociedades, culturas, religiones, nacionalismos o procesos históricos. Por eso, cuando analizamos cualquier conflicto, la pregunta verdaderamente crucial no es quién ganó más combates, sino quién terminó más cerca de alcanzar los objetivos políticos que dieron origen a la guerra. también cuenta que los adversarios resisten. Que los conflictos generan consecuencias inesperadas. Que los costos superan los beneficios previstos. Y que, después de años de confrontación, la diplomacia termina devolviendo a todos exactamente al lugar donde comenzó la discusión. Hoy, la desconfianza es mayor. Las heridas son más profundas porque incluyen ideologías políticas y creencias religiosas. Y los actores regionales están mucho más armados. Por eso, incluso si este nuevo acuerdo logra sobrevivir, todo indica que la paz seguirá siendo absolutamente frágil. La región continúa marcada por rivalidades históricas, conflictos religiosos, disputas geopolíticas, intereses energéticos y ambiciones estratégicas que ningún documento firmado puede resolver por sí solo. Quizás la verdadera lección sea que los acuerdos imperfectos suelen ser preferibles a las guerras perfectas. Porque las guerras pueden destruir mucho. Pero rara vez resuelven aquello que prometen solucionar. Y en Medio Oriente, la historia parece empeñada en recordárnoslo una… y otra vez. Porque ningún acuerdo nuclear solventará por sí solo las rivalidades entre Irán e Israel, las divisiones religiosas de la región, la competencia entre potencias, el problema palestino, ni las profundas desconfianzas acumuladas durante décadas… Mi esposa María Mercedes Gessen me expresa su pesar: "En toda guerra caen soldados, militares y políticos. Pero no debemos olvidar que también mueren civiles. Niños, madres, padres, abuelos, familias enteras que no decidieron ir al conflicto. Recordemos a las niñas que fueron literalmente voladas junto a su escuela durante uno de los primeros ataques en Irán, y quién sabe cuántas otras personas cuyos nombres jamás aparecerán en los titulares. Tampoco olvidaremos a los soldados estadounidenses que perdieron la vida en esta guerra. Detrás de cada uniforme hay una historia, una familia, unos padres que esperan una llamada que nunca llegará, una esposa o un esposo que deberá aprender a vivir con una ausencia permanente, así como hijos que crecerán sin su presencia. Lo cierto es que la guerra también destruye sueños, proyectos de vida y futuros que no llegarán a existir. Genera angustia, desesperación, incertidumbre, ansiedad, depresión, duelos traumáticos, sentimientos de impotencia, miedo, odio y deseos de venganza que permanecerán durante generaciones. Las heridas emocionales suelen subsistir ocultas. Pienso que detrás de cada víctima, militar o civil, sin importar el lado desde el cual se observe la guerra, hay seres humanos que simplemente deseaban vivir en paz”…


Considero que la guerra por los momentos parece detenerse. El acuerdo ya está firmado, pero la estabilidad duradera todavía se percibe como una tarea pendiente en una de las regiones más complejas y explosivas del planeta. Después de miles de muertos, millardos de dólares gastados y una región aún más inestable, el mundo regresa al mismo punto donde comenzó la discusión, tratando de evitar que la próxima guerra sea nuclear… A veces creo que la historia suele ser irónica, porque después de destruir un acuerdo imperfecto, el mundo comienza a descubrir que la nueva alternativa podía ser mucho peor. Ojalá me equivoque, porque tengo la impresión de que la guerra no terminó, que solamente es una pausa para rearmarse, y continuarla en un futuro que no puedo calcular… siempre bajo la sombría amenaza nuclear, capacidad que tanto Israel como Iran dicen no tener… Que la Suprema Providencia Universal nos acompañe a todos…

Si desea darnos su opinión o contactarnos puede hacerlo en psicologosgessen@hotmail.com...


 




 

 

Puede publicar este artículo o parte de él, siempre que cite la fuente del autor y el link correspondiente de El Nacional. Gracias. © Fotos e Imágenes Gessen&Gessen

 


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