top of page

Tutelaje

María Corina ha adquirido y asumido plenamente la condición de “estadista 2.0”. Imagen: Archivo I21
María Corina ha adquirido y asumido plenamente la condición de “estadista 2.0”. Imagen: Archivo I21

Acaba de transcurrir la primera semana de la estadía de María Corina Machado en Washington, donde ella participó en encuentros cuya relevancia los convierte en hitos que seguramente influirán en forma decisiva en el devenir político de nuestro país.


El almuerzo con el presidente Trump se describió como exitoso en la medida en que María Corina pudo engendrar una relación personal amable con el presidente, a partir de la cual se granjeó el respeto de Mr. Trump, quien hasta el momento se mantenía algo reticente. La entrega de la medalla correspondiente al Premio Nobel de la Paz que ella acababa de recibir en Oslo parece que marcó un momento clave para el logro de una charla que ambos calificaron de “constructiva”.


La subsiguiente visita a cada una de las cámaras legislativas del Congreso y la prolongada reunión con el secretario de Estado, Marco Rubio, también se calificaron como positivas aun cuando -al parecer- el tema de la duración de la etapa de “estabilización” tal vez pudo generar alguna arruga, toda vez que ella desea regresar a Venezuela tan pronto pueda, mientras que los norteamericanos prefieren demorar eso para evitar que se generen mayores tensiones y disturbios que puedan afectar negativamente dicha etapa.


Lo que sí ha quedado en perfecta evidencia es que María Corina ha adquirido y asumido plenamente la condición de “estadista 2.0” a tono con el siglo XXI, lo cual la separa bastante del nivel que caracteriza a la casi totalidad de la clase política venezolana aun anclada en el marco del siglo XX.


Sin embargo, se comenta que siguen existiendo con alguna relevancia las contradicciones que hemos apuntado en escritos anteriores siendo la más relevante la que existe entre la Casa Blanca que pese a la posición jurídica de no reconocimiento de la investidura usurpada por los que ocupan Miraflores mantiene y fortalece el diálogo con Delcy -a quien a veces se refieren como “Presidente”- cuando es evidente que su legitimidad padece las mismas carencias que afectaban a Maduro. Entendemos que tales piruetas requeridas por las necesidades políticas puedan ser necesarias mientras se acomodan las cargas, pero tendrán que cambiar su ropaje cuando se posesione la funcionaria diplomática que despachará desde el complejo de Valle Arriba (Embajada de Estados Unidos). No importa qué nombre le den a la misión ni qué jerarquía distinga el cargo, si hay interlocución oficial, hay reconocimiento. Lo mismo para el representante que Caracas designe ante Washington y el Departamento de Estado acepte como tal.


Es allí donde se hará presente este tema cuando el gobierno norteamericano imponga una directiva y su representante en Caracas sea el encargado de verificar el cumplimiento o reclamar si fuere el caso y la “realpolitik” exija flexibilidades que permitan las prioridades políticas necesarias. Para aceptar lo anterior este columnista también  ha tenido que ser flexible con la interpretación de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas, a cuya enseñanza dedicamos varias décadas de nuestra trayectoria universitaria en la UCAB, evocación que se mantiene indeleble en nuestra mente y nuestro corazón.


Lo anterior también ha despertado algún desasosiego entre quienes esperaban que a partir del operativo del 3 de enero los cambios fluyeran con rapidez, pero, por lo mismo, es necesario entender que en la etapa inicial de “estabilización” existirán las excepciones al “librito“ que imponga el hegemón.


Asimismo, resulta relevante saber que el producto de la venta del petróleo venezolano, hasta ahora confiscado a “buques fantasma”, en el futuro será producto de negociaciones libres en el mercado. Ya el primer embarque fue depositado en una institución bancaria en el emirato de Qatar, en una cuenta propiedad de Venezuela, pero operada solo por Estados Unidos. De allí una parte de esos fondos, con aprobación de Estados Unidos, se transfiere a bancos venezolanos con el propósito de atender gastos e importaciones previamente presupuestadas y aprobadas por Washington, con auditoría posterior. Lo que sí resulta increíble es observar a los “próceres bolivarianos” que otrora despotricaban contra del imperio”, hoy aceptan el tutelaje del norte como único salvoconducto para su eventual salvación personal y familiar en un mundo diferente.  


En homenaje a la realidad, es conveniente aclarar y aceptar que el secretario de Estado, Marco Rubio,  también es un político 2.0, quien además de entender plenamente la compleja situación de nuestra región por su genética cubana, él es norteamericano, figura relevante en el gabinete Trump y con probables aspiraciones presidenciales, como lo reveló en las primarias del Partido Republicano de 2019, cuando presentó su precandidatura  justamente frente a Trump, que fue quien la obtuvo convirtiéndose en el candidato que finalmente perdió ante Biden. Rubio no trabaja para nosotros, sino para ellos y así debe entenderse.


21

¡Gracias por suscribirte!

Suscríbete a nuestro boletín gratuito de noticias

Únete a nuestras redes y comparte la información

  • X
  • White Facebook Icon
  • LinkedIn

© 2022 Informe21

bottom of page