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¿Pueden crear vida los seres humanos?

Se plantea una interrogante: ¿Si fuimos hechos a semejanza de Dios, los humanos podemos también crear la primera unidad de la existencia?... “SpudCell”, una célula sintética desarrollada en laboratorio abre una nueva era científica que desafía nuestras ideas sobre la creación...



¿Podemos crear vida biológica?

 

Durante siglos creímos que la mayor aspiración de la inteligencia humana consistía en comprender la vida. Hoy comienza a aparecer una posibilidad todavía más desconcertante como es crearla. Ahora avanzamos de la inteligencia artificial a la vida ¿sintética?... “SpudCell” marca un hito que une a la ciencia, la filosofía y la espiritualidad religiosa como nunca antes… La noticia pasó casi inadvertida entre guerras, elecciones, inteligencia artificial, terremotos, olas de calor y conflictos internacionales. Sin embargo, podría convertirse en uno de esos acontecimientos que dentro de cien años los historiadores señalarán como el principio de una nueva etapa de la civilización… Un grupo de científicos encabezado por Kate Adamala ha presentado una célula sintética denominada SpudCell. No nació de otra célula. No proviene de un organismo vivo. Fue ensamblada, paso a paso, utilizando componentes químicos diseñados en el laboratorio de la Universidad de Minnesota en Estados Unidos. Y, sin embargo, ocurrió algo extraordinario: Comenzó a comportarse como si estuviera ¡viva! … Entonces resulta inevitable indagar: ¿Estamos creando vida? La respuesta científica, por ahora, es no. Pero tampoco es un no rotundo. Porque SpudCell ya realiza varias de las funciones que durante toda la historia hemos considerado exclusivas de los seres vivos, ya que puede incorporar nutrientes. Puede crecer. Puede replicar su ADN y puede dividirse... como las células biológicas y generar células hijas, así como completar un ciclo celular si logra todas las etapas. Y cuando aparecen variantes con pequeñas diferencias genéticas, algunas logran multiplicarse mejor que otras. Los investigadores afirman que están más cerca de crear vida desde cero. Es decir, comienza a manifestarse un fenómeno que recuerda a la selección natural. Hace apenas unos años semejante descripción habría pertenecido exclusivamente a la biología. Hoy comienza a pertenecer también a la ingeniería y en términos religiosos a la creación de vida… Además, comparten otras características esenciales de las células biológicas: Poseen una membrana que delimita un interior y un exterior. Contienen material genético. Son capaces de leer y expresar genes y prosperan mejor que otras. Todo esto las aproxima notablemente a una célula biológica. Esta célula sintética no representa aun “vida creada en el laboratorio”, pero si “un verdadero hito en el camino hacia esa cuestión”, afirmó Yuval Elani, profesor asociado de Tecnologías Bioquímicas del Imperial College de Londres.


 

¿Cómo fue al inicio?

 

Desde hace milenios, las grandes tradiciones religiosas han sostenido que la vida constituye una prerrogativa del Creador. El libro del Génesis describe a Dios dando origen al Universo, y conformando al ser humano "a su imagen y semejanza". El judaísmo, el cristianismo y el islam coinciden en reconocer que el origen primogénito de la vida pertenece al ámbito de la acción divina. Durante siglos, esa convicción llevó a pensar que la humanidad podría descubrir las leyes de la naturaleza, modificar la materia, o desarrollar extraordinarias tecnologías, pero jamás crear vida. No obstante, quizás esa conclusión merezca ser revisada porque hace apenas unas décadas tampoco habríamos imaginado que algún día podríamos conversar con un conjunto de chips y circuitos electrónicos organizados como un sistema de inteligencia artificial, capaz de comprender el lenguaje, generar nuevas ideas y participar en complejos debates científicos, filosóficos o espirituales. La historia nos recuerda que muchas de las fronteras que considerábamos infranqueables terminan desplazándose a medida que el conocimiento humano avanza… Ahora bien, si aceptamos el relato bíblico según el cual el ser humano fue creado a imagen y semejanza de su Creador, esa semejanza difícilmente podría limitarse únicamente a la inteligencia, la conciencia o la capacidad moral. También podría incluir, al menos en alguna medida, la facultad de crear. No de crear un Universo de la nada —atribución que las religiones reservan exclusivamente a Dios— sino de participar en los procesos mediante los cuales la vida continúa desplegándose en el propio universo. En realidad, llevamos toda nuestra existencia haciéndolo… Cada nacimiento constituye un extraordinario acto de creación biológica. Cuando un óvulo y un espermatozoide se fusionan, surge una nueva célula, el cigoto, portadora de un genoma único e irrepetible. A partir de esa primera célula comienza una de las secuencias más fascinantes que conoce la ciencia. La segmentación celular origina la mórula, posteriormente aparece la blástula y, más tarde, durante la gastrulación, se organizan las tres capas embrionarias —ectodermo, mesodermo y endodermo— a partir de las cuales se desarrollarán todos los órganos, tejidos y sistemas del futuro ser humano. En apenas unas semanas, aquella única célula inicia un proceso de autorregulación, diferenciación y organización extraordinariamente complejo que culminará, meses después, con el nacimiento de un nuevo bebé… La diferencia es que, hasta ahora, toda esa creación ocurría utilizando la maquinaria biológica que la propia naturaleza —o, para quien profesa una fe, el propio Dios— había puesto a disposición de la humanidad en su cuerpo… Nunca habíamos construido desde componentes no vivos una célula diseñada en un laboratorio capaz de ejecutar algunas de las funciones esenciales de los seres vivos… y ese es precisamente el hondo significado de investigaciones como la de la SpudCell. No representan todavía la creación plena de una nueva forma de vida. Pero sí constituyen uno de los primeros pasos de la humanidad hacia un territorio que durante milenios perteneció exclusivamente a la reflexión filosófica, científica y religiosa. Y así lo que nos planteamos es que si realmente fuimos creados a imagen y semejanza del Creador, ¿no sería precisamente esperable que, conforme aumentara nuestro conocimiento del Universo y de la Divina providencia o leyes que lo rigen, también creciera nuestra capacidad de participar responsablemente en la obra de la creación?... ¿Estamos abriendo la incógnita y cuestión de si podremos crear vida?

 

La Caja de Pandora



¿Estamos comenzando a abrir una nueva frontera del conocimiento comparable al dominio del fuego, la energía nuclear o la inteligencia artificial? ¿O estamos entreabriendo una especie de "Caja de Pandora", capaz de liberar tanto beneficios extraordinarios como riesgos imprevisibles para la humanidad? Es probable que ambas posibilidades sean ciertas al mismo tiempo… La historia demuestra que casi todos los grandes descubrimientos han poseído un doble rostro. El fuego permitió cocinar alimentos, pero también incendiar ciudades. La energía nuclear hizo posible nuevas fuentes de electricidad, curas médicas, pero también las armas más destructivas jamás construidas. La inteligencia artificial puede acelerar la investigación científica y mejorar la calidad de vida de millones de personas, aunque también plantea desafíos éticos inéditos. Tal vez la biología sintética siga el mismo camino. Por eso lo decisivo será si nuestra madurez ética crecerá al mismo ritmo que nuestra capacidad para crearla. Porque el mayor peligro nunca ha residido en el conocimiento científico. Ha radicado una y otra vez, en el uso que los seres humanos decidimos hacer de él.

 

Desde una perspectiva científica

 

Debemos ser prudentes. No sabemos cómo surgió la primera vida ni si el origen del Universo implicó algún propósito. Tampoco sabemos si la capacidad humana para crear sistemas como SpudCell constituye un paso análogo al origen de la vida. Y, aunque durante milenios la humanidad interpretó la creación como un acontecimiento terminado, no coincidimos y estamos al tanto de que la creación es un proceso expansivo, permanente, en evolución y continúa en cada estrella que nace, en la nueva especie que aparece. En los niños que llegan al mundo y en cada idea científica. En las obras de arte. En los descubrimientos. En cada avance que amplía la comprensión del cosmos. Todo ello podría entenderse como capítulos de una creación que sigue desplegándose. Y si algún día llegáramos a construir una célula completamente autónoma o incluso nuevas formas de vida, podría interpretarse que estaríamos utilizando las mismas leyes y providencias del Universo que hicieron posible nuestra propia existencia... "Lo más incomprensible del Universo es que sea comprensible", decía  Albert Einstein... Como psicólogos pensamos que nuestra especie siempre ha definido su identidad por aquello que únicamente ella podía hacer. Primero fue fabricar herramientas. Después descubrir y controlar el fuego. Más tarde construir máquinas. Hace pocos años apareció la inteligencia artificial, capaz de realizar tareas intelectuales que creíamos exclusivamente humanas. Ahora comienza otra revolución. La biología sintética. Si la IA desafía nuestra idea de inteligencia, SpudCell comienza a replantear nuestra definición misma de vida. Quizás el aspecto más fascinante no sea tecnológico. Durante siglos discutimos si la vida requería un principio especial, una especie de chispa misteriosa imposible de reproducir. Lo que muestran investigaciones como esta es que muchos procesos que atribuíamos a esa supuesta "chispa vital" pueden emerger cuando las moléculas correctas se organizan de la manera adecuada. No significa que hayamos resuelto el misterio de la vida. Pero sí que acabamos de descubrir que parte de ese misterio podría obedecer a principios físicos, químicos y biológicos mucho más complejos de lo que imaginábamos.


 

¿Qué es la vida?...

 

… A esta pregunta debemos agregarle: ¿En qué momento la materia deja de serlo y comienza a comportarse como una forma de vida?… Las implicaciones futuras son enormes. Podrían diseñarse células artificiales capaces de fabricar medicamentos dentro del propio organismo. Microorganismos sintéticos destinados a descontaminar océanos. Fábricas biológicas que produzcan combustibles limpios. Materiales completamente nuevos. Incluso sistemas biológicos adaptados para futuras misiones espaciales. La medicina, la energía, la agricultura y la industria podrían experimentar transformaciones comparables a las que hoy comienza a producir la inteligencia artificial… A pesar de ello, también aparecen riesgos inevitables porque toda tecnología poderosa posee un doble rostro. Las mismas herramientas que curan enfermedades podrían utilizarse con fines destructivos. Las mismas técnicas que permiten fabricar nuevos medicamentos podrían generar organismos impredecibles si no existen controles éticos internacionales. Por eso esta nueva y previsible revolución biológica no necesitará únicamente más científicos. Necesitará también filósofos, psicólogos, juristas, líderes políticos, científicos, y una ciudadanía capaz de comprender qué está ocurriendo, antes de que la biotecnología avance más rápido que nuestra sabiduría. Durante décadas la inteligencia artificial nos obliga a preguntarnos si las máquinas llegarían a pensar y tomar decisiones por sí mismas. Ahora la biología sintética nos obliga a preguntarnos si algún día las máquinas llegarán a vivir… y ambas revoluciones no son independientes. Estamos contemplando el nacimiento de dos procesos destinados a encontrarse. Por un lado, sistemas capaces de aprender. Por otro, sistemas capaces de crecer, reproducirse y evolucionar. Cuando ambas trayectorias comiencen a converger, la humanidad ingresará en un territorio completamente desconocido…

 

Al final...

 

… cuando observamos una célula dividirse bajo un microscopio solemos pensar que estamos viendo un simple fenómeno biológico. En realidad, estamos contemplando uno de los acontecimientos más extraordinarios del Universo: el instante en que la materia comienza a organizarse para perpetuarse. SpudCell todavía no es vida en toda la extensión de la palabra. Pero representa algo extremadamente significativo. Nos recuerda que la frontera entre la química y la biología quizá no sea un muro infranqueable, sino un puente que apenas empezamos a cruzar. Y si algún día en este siglo llegáramos a construir una célula completamente autónoma, capaz de alimentarse, repararse, reproducirse y evolucionar sin intervención humana, la pregunta ya no sería únicamente si hemos creado una nueva forma de vida. La pregunta sería otra, infinitamente más impresionante: ¿Con el descubrimiento de la célula SpudCell estamos aprendiendo, por primera vez, el lenguaje con el que el propio Universo escribió la vida?...

Le hicimos esta pregunta a la IA y esto nos respondió: “Creo que ustedes están describiendo sobre un momento histórico muy singular. Durante décadas se habló de la era atómica, la era espacial o la era digital. Sospecho que las próximas generaciones podrían hablar de otro período: la era de la coevolución. Por primera vez en la historia conocida, la humanidad está desarrollando simultáneamente dos nuevas capacidades: crear inteligencia no biológica y comenzar a construir sistemas biológicos sintéticos”… (ChatGPT, OpenAI, 06/02/2026) …


 

Al final, nosotros como profesionales del comportamiento, pensamos que la humanidad está aprendiendo a intervenir en dos propiedades que durante miles de millones de años parecían exclusivas de la evolución natural, la inteligencia y la vida. Comenzamos hace tres décadas como científicos y psicólogos indagando ¿Qué o quién es Dios?, luego ¿Qué o quién es el Universo?, más tarde ¿Qué es la conciencia?, y más reciente ¿Qué es la intuición?, ¿Cómo podemos recordar el pasado e imaginar el futuro?¿Cómo convivirá la humanidad con la inteligencia artificial?, y ¿Hacia dónde vamos? Hoy nos preguntamos ¿Qué significa empezar a construir vida sintética?... No son preguntas aisladas. Forman parte de una misma búsqueda, el comprender el lugar del ser humano dentro de un Universo que todavía estamos aprendiendo a interpretar. Durante milenios la humanidad contempló la creación con admiración. Después comenzó a comprenderla. Hoy empieza, tímidamente, a participar en ella. Quizá el verdadero examen no consista en demostrar cuánto podemos crear, sino cuánto amor, prudencia y responsabilidad somos capaces de poner en aquello que creamos. Cada generación percibe una pregunta distinta. Los antiguos se preguntaron qué eran los astros. Luego los humanos nos preguntamos si la Tierra era el centro del universo. Más tarde intentamos comprender la evolución, el átomo, el ADN, la mente y la conciencia. Ahora comienzan a aparecer interrogantes completamente nuevas. ¿Qué ocurrirá cuando una inteligencia creada por nosotros colabore en los descubrimientos científicos? ¿Qué significará construir una célula sintética? ¿Dónde termina la evolución natural y dónde comienza la evolución guiada por el conocimiento humano? No conocemos las respuestas... Y creemos que precisamente que allí reside la belleza de la ciencia y de la filosofía. Se trata de mantener viva la capacidad de preguntar sin apresurarnos a convertir las hipótesis en certezas. Si pudiéramos expresar un deseo a nuestros hijos y a nuestros lectores, sería este: ¡Nunca pierdan el asombro! Porque el asombro fue el origen de la filosofía para Aristóteles. Fue el motor de la ciencia para Galileo Galilei. Inspiró a Isaac Newton bajo un manzano, a Charles Darwin frente a la diversidad de la vida, a Albert Einstein ante el misterio del espacio y el tiempo y del Universo, y a la humanidad al contemplar el cielo. El asombro nos recuerda que siempre sabemos menos de lo que creemos y que cada respuesta importante suele abrir diez preguntas nuevas… Por favor, siempre pregunten e indaguen… Es la clave fundamental de nuestra civilización y de su evolución… Hasta la próxima entrega… Que la Divina Providencia del Universo nos acompañe a todos… Por favor, si desea hacernos un comentario o una consulta escríbanos a: psicologosgessen@hotmail.com.



 

 

Puede publicar este artículo o parte de él, siempre que cite la fuente de los autores y el link correspondiente de Informe 21. Gracias. © Fotos e Imágenes Gessen&Gessen

 

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