Más allá de la Corona de una Miss
- Maria Mercedes y Vladimir Gessen

- hace 2 horas
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Venezuela ha sido una cuna de reinas de belleza, con siete coronas de Miss Universo, seis de Miss Mundo y nueve de Miss International
La psicología dentro del Miss Venezuela
La tradición en la belleza competitiva está inscrita no solo en la historia cultural de Venezuela, sino también en el imaginario global desde 1952. El Miss Venezuela ha sido mucho más que un espectáculo televisado o una noche de coronación, se ha convertido en un fenómeno social de impacto profundo, seguido por generaciones y celebrado como un símbolo de identidad nacional. Mientras millones de familias se reúnen para ver desfilar a las candidatas, y los nombres de las reinas resuenan en cada rincón del continente o del mundo, lo que sucede detrás del escenario —el entrenamiento, la disciplina, la presión, la preparación emocional y las aspiraciones personales— rara vez se cuenta con la misma intensidad. El glamour presente, las pasarelas, los vestidos de gala y las coronas no cuentan la historia completa. Detrás de cada triunfo hay un entramado psicológico —tan exigente como cualquier deporte de élite o una carrera artística de alto rendimiento— que determina no solo quién tiene el perfil estético más atractivo, sino quién puede sostenerse durante semanas de competencia bajo presión extrema, entrevistas globales y un escrutinio internacional. Hoy no hablamos de una guía rigurosa, sino de una fórmula humana y estratégica para quienes aspiran a construir una carrera significativa partiendo de la experiencia en certámenes de belleza, un camino donde la mente, el propósito y la fortaleza interior son tan decisivos como la corona en sí.
Comentario de Valentina R., 20 años, estudiante universitaria: “Para mí, un certamen de belleza debería ser una experiencia que me ayude a crecer como persona. Espero aprender a expresarme mejor, a manejar los nervios y a confiar en mí misma. Me gustaría que valoren quién soy, y no solo cómo me veo.”
La belleza integral: más allá de lo estético
Los concursos internacionales ya no premian únicamente un rostro bello o un cuerpo armonioso. La evaluación moderna —como lo demuestran múltiples análisis de los criterios de jurados— se apoya en una combinación de atributos que equilibran presencia escénica, personalidad, capacidad comunicativa y sentido de propósito. Un jurado profesional busca, sobre todo, mujeres completas, capaces de representar su cultura, asumir causas sociales con coherencia, comunicar ideas con claridad, y ejercer un liderazgo positivo. Este cambio de paradigma es especialmente visible en las etapas de entrevista y presentación pública, donde la personalidad, la seguridad emocional y la calidad del discurso pesan tanto —o más— que la belleza física. En ese escenario, la preparación psicológica deja de ser un complemento y se convierte en un factor decisivo.
En este contexto, la corona deja de ser un fin en sí mismo y pasa a ser una consecuencia de un proceso más amplio de formación personal. Las candidatas son observadas no solo cuando desfilan, sino cuando escuchan, responden, conviven y enfrentan la presión cotidiana. Cada gesto, cada palabra y cada reacción emocional construyen —o debilitan— la percepción integral que el jurado y el público se forma de ellas. Por eso, la estabilidad emocional, la autenticidad y la capacidad de sostenerse con dignidad ante la exigencia constante se han convertido en activos silenciosos, pero determinantes. Comprender esta realidad es el primer paso para participar con conciencia y aspirar con madurez.
Comentario de Mariana P., 28 años, abogada: “Aspiro a participar en un concurso donde la inteligencia, la preparación emocional y el respeto sean tan importantes como la imagen. Me interesa un espacio donde una mujer pueda mostrarse completa, con criterio, valores y voz propia.”
Psicología del rendimiento
Las características que realmente importan para alcanzar una corona de belleza hoy en día no se miden con centímetros como en el pasado, mas importante son los atributos psicológicos, la formación profesional y el propósito que se persiga como Miss. Estos son algunos de ellos…
Mentalidad de crecimiento: En la base de toda preparación efectiva está la creencia consciente de que nuestras capacidades no son estáticas, sino desarrollables con entrenamiento, disciplina y reflexión. Las aspirantes que logran dominar este enfoque no se rinden ante desafíos, sino que los convierten en oportunidades para crecer.
Resiliencia bajo presión: Los certámenes son entornos de tensión continua, desde la convivencia en eventos multitudinarios hasta las entrevistas finales frente a equipos de jueces con experiencia global. Las candidatas con control emocional no solo se recuperan más rápido de un tropiezo, sino que mantienen coherencia y equilibrio cuando otros entran en crisis.
Inteligencia emocional y autenticidad: La inteligencia emocional —la capacidad de reconocer y gestionar emociones propias y ajenas— se ha convertido en un diferenciador clave para el éxito. No basta con “parecer segura”; hay que conectarse auténticamente con los jueces, las audiencias y los medios y redes sociales, demostrando empatía, compasión y coherencia entre lo que se dice y lo que se vive. El jurado contemporáneo, tanto en Miss Venezuela como en instancias internacionales, busca carisma, calidez y la capacidad de representar valores humanitarios, más allá del simple desempeño escénico.
Comunicación efectiva: Una voz que deje huella: Una de las etapas más decisivas es la entrevista personal. Jueces de distintos certámenes utilizan preguntas que no solo evalúan el conocimiento general, sino pensamiento crítico, claridad de ideas y actitud ante temas sociales, culturales o incluso políticos. Responder con autenticidad, precisión y convicción es un arte que requiere entrenamiento deliberado. Cada palabra, cada gesto y cada pausa constituyen una parte integral de la evaluación.
Disciplina emocional: Entrenamiento, rutina y enfoque
Participar en un certamen implica un buen tiempo de preparación exigente. La disciplina es la fuerza que sostiene a quienes trabajan diariamente para afinar las rutinas de sueño y descanso, y los hábitos de autocuidado emocional. También las prácticas de visualización y respiración para el control de ansiedad y los ejercicios dirigidos a fortalecer la autoimagen positiva. Asimismo, es fundamental entender que la disciplina no es rigidez, sino cultivar hábitos que favorezcan el equilibrio interior.
La autoestima positiva: Fortaleza sin arrogancia: La autoestima en este contexto no es una ilusión grandiosa, sino una confianza basada en la preparación, el conocimiento de las fortalezas y la capacidad de enfrentar las dificultades con serenidad. El jurado no premia la arrogancia, más bien la seguridad equilibrada y la presencia digna.
Adaptabilidad: Aprender del feedback: Las mejores candidatas no son las que nunca pierden un paso, sino las que escuchan, ajustan y mejoran. La apertura al feedback —tanto de entrenadores como de mentores— es una cualidad que distingue a quienes avanzan con constancia y madurez.
Preparación en convivencia y redes sociales: Hoy, el certamen empieza mucho antes del escenario principal. Las candidatas son evaluadas no solo en pasarelas y entrevistas, sino en actividades comunitarias y sociales. Interacciones con el equipo organizador. Presencia pública en redes sociales. Participación en eventos de responsabilidad social. La capacidad de construir una narrativa coherente y comprometida con la comunidad es una pieza central del perfil que buscan los grandes certámenes.
La belleza como plataforma de impacto: Más allá del título, las ganadoras exitosas han demostrado que un certamen puede ser una herramienta poderosa para amplificar una voz, una causa o una misión personal. No es la belleza la que crea impacto, sino lo que se hace con ella. En la actualidad, y a nivel mundial, la mayoría de las Misses y Reinas han utilizado su experiencia como plataforma para estimular causas educativas y culturales de alto valor social.
Comentario de Andrea M., 32 años, médica: “Espero que los certámenes cuiden la salud mental de las participantes. Son escenarios de mucha presión y sería ideal que promuevan el equilibrio, el autocuidado y una competencia sana, donde no haya miedo a equivocarse.”
Preparación, acompañamiento profesional y una guía realista: Uno de los errores más frecuentes —y también más costosos— en el camino hacia el Miss Venezuela y los certámenes internacionales es creer que la preparación se limita a la imagen externa. La experiencia acumulada por décadas, así como los estudios en psicología del rendimiento, muestran exactamente lo contrario, que el factor psicológico es determinante y, en muchos casos, decisivo.
Entrenar la mente como se entrena el cuerpo
La preparación psicológica no es una intervención puntual ni una “terapia para los nervios”. Es un proceso sistemático que comienza mucho antes del certamen y se sostiene durante toda la experiencia competitiva. Incluye, entre otros aspectos, el entrenamiento en regulación emocional y el manejo de la ansiedad. El desarrollo de autoconfianza realista y estable. La construcción de una identidad sólida que resista la comparación constante. La preparación mental para entrevistas, críticas, errores y exposición pública, y el aprendizaje de técnicas de foco, visualización y recuperación emocional. En certámenes de alto nivel, la mente es el músculo que más se utiliza.
Comentario de Laura F., 38 años, periodista, casada, madre de dos hijos: “Para mí, participar tendría sentido si es una plataforma para comunicar ideas, causas y experiencias reales. Me gustaría que los certámenes reconozcan la diversidad de trayectorias de las mujeres y que no exista un solo molde de belleza o de vida.”
El rol de los psicólogos del rendimiento
Cada vez más organizaciones internacionales incorporan psicólogos especializados en rendimiento, liderazgo y exposición pública. No se trata de “corregir problemas”, sino de potenciar recursos. Un psicólogo del rendimiento ayuda a la candidata a comprender cómo funciona su estrés y cómo convertirlo en energía funcional. Identificar patrones de autosabotaje como el perfeccionismo excesivo, el miedo al error, o la necesidad de aprobación. Además hay que construir un discurso auténtico y emocionalmente coherente. Prepararse para entrevistas complejas sin sobre ensayo, y para sostener la estabilidad emocional durante las semanas de presión constante. El acompañamiento psicológico no debilita, profesionaliza.
Exreinas exitosas: Un patrón que se repite
Cuando se analiza la trayectoria de exreinas venezolanas que han triunfado dentro y fuera de los certámenes, aparece un patrón claro: No eran necesariamente las más “perfectas”, sino las más estables emocionalmente. Sabían escuchar, adaptarse y aprender. Construyeron una narrativa personal creíble. Supieron manejar la fama, la crítica y la expectativa pública. Transformaron la experiencia del certamen en una plataforma de crecimiento personal, profesional y social. El éxito sostenido no proviene del impacto inicial, sino de la capacidad de sostenerse.
Comentario de Carlos M., padre de una participante: “Como padre, espero que estos concursos sean espacios seguros, donde las jóvenes sean tratadas con respeto y profesionalismo. Si mi hija decide participar, uno quiere saber que será cuidada y escuchada.”
Miniguía práctica para aspirantes (y sus familias)
Esta guía no promete coronas, pero sí realismo, salud mental y preparación consciente.
Antes de postularte pregúntate por qué quieres participar. Evalúa si estás dispuesta a entrenarte emocionalmente, no solo físicamente. Asegúrate de contar con una red de apoyo sana con tu familia, tus mentores, y junto a profesionales.
Durante la preparación entrena la mente con la misma disciplina que el cuerpo. Aprende a recibir feedback sin derrumbarte. No te compares, obsérvate, ajústate y crece. Descansa. El agotamiento emocional se nota.
En el certamen recuerda que un error no define tu valor. La convivencia también evalúa el respeto, la empatía y, además, el equilibrio cuenta. Sé auténtica. El jurado distingue lo actuado de lo verdadero. Respira. Estar presente es más importante que ser una beldad.
Después del certamen, ganes o no, integra la experiencia como un aprendizaje. Protege tu autoestima del resultado, y usa lo aprendido como plataforma para tu desarrollo futuro.
Una reflexión
El Miss Venezuela y los certámenes internacionales no son un juego ni un atajo, pero tampoco son una amenaza, si se viven con conciencia, preparación y acompañamiento adecuado. Son una experiencia de alto impacto psicológico que te puede fortalecer o quebrar, dependiendo de cómo se transite. La belleza con sentido y propósito abre la puerta. La preparación mental permite cruzarla con dignidad. Y la coherencia interior es lo que permanece cuando las luces se apagan.
Por igual, queremos dirigimos a quienes organizan estos eventos: La tradición del Miss Venezuela es un patrimonio cultural que ha llevado el nombre del país al mundo por décadas. Sin embargo, esa herencia también obliga a evolucionar hacia una práctica que garantice efectivamente la defensa de los derechos de cada participante como mujer y como persona. En un contexto global donde los certámenes se replantean criterios, protocolos y medidas de protección es imperativo que los organizadores adopten mecanismos claros y transparentes de ombudsman o defensoría de los derechos que escuchen, acompañen y protejan a las candidatas frente a situaciones de vulnerabilidad, sesgo o maltrato institucional. Esta instancia puede dar certidumbre para que cada joven tenga seguridad en su integridad física, emocional y moral, y que sus inquietudes sean atendidas con seriedad y equidad. Al crear estos espacios, también se fortalece la legitimidad y la humanidad del propio evento, consolidándolo no solo como un espectáculo de excelencia estética, sino como una plataforma que promueve la dignidad, la igualdad y el respeto irrestricto a los derechos humanos de todas las mujeres involucradas.
Comentario de Patricia G., Madre de una Miss: “Deseo que los certámenes ayuden a fortalecer la autoestima de las muchachas, y no a debilitarla. Que aprendan a valorarse, a poner límites y a entender que ese valor no depende de una corona.”
El Miss Venezuela como puerta al mundo
Participar en el Miss Venezuela no es solo una experiencia de moda o espectáculo. Es una travesía psicológica de alto rendimiento. Implica cultivar fortaleza interna, claridad de propósito, disciplina mental, comunicación estratégica, inteligencia emocional, y una visión de impacto social. Aquellas jóvenes —y sus familias— que entienden este desafío desde su dimensión humana y profesional tienen no solo más probabilidades de éxito, sino la oportunidad de convertir una corona en una voz que trasciende fronteras, inspirando a generaciones.
Comentario Elena S., 65 años, abuela de una candidata: “He visto muchas generaciones pasar por estos escenarios. Mi expectativa es que hoy sean más humanos, más justos, y que entiendan que una mujer florece cuando se siente respetada, no cuando se le exige perfección.”
Al final…
Hemos trabajado con jóvenes, mujeres y familias durante décadas. Las hemos visto llegar con sueños luminosos y también con miedos silenciosos. Las acompañamos en los procesos de crecimiento, de triunfo y de aprendizaje, de alegría intensa y, a veces, de decepciones que enseñan. Y si algo nos ha dejado claro la experiencia es esto: que ninguna corona vale más que la salud mental, la dignidad personal y el derecho a ser tratada como un ser humano completo. Los certámenes de belleza, cuando se viven con conciencia, preparación y acompañamiento ético, pueden ser espacios de formación, expresión y proyección. No obstante, cuando se transitan sin guía, sin protección emocional y sin claridad interna, pueden convertirse en escenarios injustos para una mente joven que aún se está construyendo. Por ello, es fundamental que las participantes aprendan a reconocer y ejercer su derecho a decir "NO", a establecer límites claros y a expresar desacuerdos sin temor a represalias. Del mismo modo, esos límites deben ser escuchados, respetados y protegidos por las organizaciones, los equipos de trabajo y el entorno que rodea al certamen, como parte esencial del respeto a la dignidad, la autonomía y los derechos de cada mujer.
A quienes sueñan con participar —y a quienes imaginan junto a ellas— queremos decirles algo con absoluta claridad: Su valor no comienza ni termina en un escenario. No depende de un puntaje, de una respuesta perfecta o de una decisión ajena. Cada mujer tiene derecho a aspirar, a equivocarse, a crecer y a retirarse si así lo decide, sin que eso la haga menos valiosa. Desde una mirada humana y comprometida con los derechos fundamentales, creemos que toda joven merece ser respetada en su integridad emocional. Ser acompañada con responsabilidad profesional. Ser escuchada más allá de su imagen y ser cuidada incluso cuando las luces se apagan. El verdadero éxito no es ganar el certamen. Es salir de la experiencia con la autoestima elevada, con más herramientas para la vida, y con la certeza de que su voz importa. Si eres una joven que sueña, o a una familia que acompaña, esperamos que lo que le hemos aportado funcione como una brújula. No para decir qué hacer, sino para recordar algo esencial, que la belleza que transforma al mundo es la que nace de la coherencia, la fortaleza interior y el respeto por uno mismo. Ese es, y siempre será, el mensaje más importante… Si quieres profundizar sobre este tema, consultarnos o conversar con nosotros, escríbenos a psicologosgessen@gmail.com. Hasta la próxima entrega… Que la Divina Providencia del Universo nos acompañe a todos.
María Mercedes y Vladimir Gessen, psicólogos.
(Autores de “Maestría de la Felicidad”, “Que Cosas y Cambios Tiene la Vida” y de “¿Qué o Quién es el Universo?”)
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