¿Quiénes nos acompañan en el Universo?
- MarĆa Mercedes y Vladimir Gessen
- 29 ene
- 14 Min. de lectura
MĆ”s allĆ” del cine, Disclosure Day reabre temas sobre la conciencia, el lugar que tenemos en el Cosmos y si existen otras vidas inteligentes... La nueva pelĆcula de Spielberg coloca a la psicologĆa, la ciencia y las emociones ante la posibilidad de una cognición no terrestre

ĀæSabremos la verdad?
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En los Ćŗltimos dĆas, un trĆ”iler ha despertado una emoción difĆcil de describir. No se trata solo del anuncio de una nueva pelĆcula promovida por Steven Spielberg, prevista para junio de 2026 y titulada Disclosure DayĀ ācuyo argumento gira en torno a la divulgación de la existencia de fenómenos no terrestresā donde se nos hace la promesa enigmĆ”tica de que āconoceremos lo ocultoāĀ sobre la existencia estos seres. Lo que se ha activado no es una mera expectativa cinematogrĆ”fica, estamos frente a una vibración psĆquica mundial. Una mezcla de curiosidad, esperanza, inquietud y una pregunta ancestral que vuelve a hacerse presente con renovada fuerza: ĀæEstamos solos en el Universo?...
Publicaciones mĆ”s recientes, como The Psychology of Public Belief in Unexplained Phenomena (Taylor & Francis, 2025), analizan cómo los factores sociales y psicológicos influyen en la aceptación de narrativas sobre extraterrestres y fenómenos asociados, mostrando que las creencias se configuran mediante procesos cognitivos y culturales compartidos. Desde la psicologĆa social y cultural, cuando miles de millones de personas reaccionan emocionalmente ante una misma idea āmĆ”s allĆ” de la ficción en sĆā no estamos frente a una simple moda. Se moviliza lo que se describió como un inconsciente colectivo, o lo que algunas investigaciones contemporĆ”neas consideran un fenómeno psĆquico masivo que vincula creencias, expectativas y marcos interpretativos compartidos sobre fenómenos de enorme significado existencial. Estudios dentro de la exopsicologĆa āun campo teórico e interdisciplinario emergente que explora cómo la mente humana piensa, imagina y reacciona ante la posibilidad de vida inteligente no humanaā junto a la psicologĆa de la creencia, muestran que las actitudes hacia la vida extraterrestre se entrelazan con variables psicológicasĀ como la curiosidad, la necesidad de cierre, la confianza institucional y la percepción social de creencias similares en los demĆ”s, lo que explica por quĆ© este tema toca fibras emocionales profundas, incluso en contextos acadĆ©micos.
Mientras el 47 % de los estadounidenses aceptan que los extraterrestres han visitado la Tierra en algĆŗn momento, en paralelo, la propia comunidad cientĆfica documenta con creciente claridad la plausibilidad de vida mĆ”s allĆ” de la Tierra. Ćreas como la astrobiologĆaĀ y la bĆŗsqueda de inteligencia extraterrestreĀ (SETI) representan campos interdisciplinarios que combinan astronomĆa, biologĆa, quĆmica y ciencias cognitivas para explorar la probabilidad de vida en otros mundos y las formas en que podrĆamos detectarla. El descubrimiento de miles de exoplanetas, muchos de ellos ubicados en zonas potencialmente habitables, ha fortalecido la hipótesis de que la vida simple āy eventualmente complejaā podrĆa ser mĆ”s comĆŗn de lo que se pensaba dĆ©cadas atrĆ”s, aunque hasta el momento no exista evidencia empĆrica directa concluyente (Borucki et al., 2010; Kopparapu et al., 2013; Schwieterman et al., 2018).
La atención mediĆ”tica y acadĆ©mica no es ajena a este fenómeno cultural. Un artĆculo reciente en Futures emplea la teorĆa de los monstruos como metĆ”fora para anticipar cómo podrĆa reaccionar el pĆŗblico ante un descubrimiento de vida extraterrestre, subrayando que la fascinación por lo desconocido forma parte de repertorios culturales e imaginarios compartidos que marcan tanto la ciencia como a la sociedad.
Por su parte, encuestas globales sobre la percepción pĆŗblica revelan que una proporción considerable de la población humana cree en la existencia de vida inteligente fuera de la Tierra. Estudios amplios exponen que en mĆŗltiples paĆses un porcentaje significativo de personas sostiene esta creencia, y que incluso entre comunidades con formación cientĆfica la convicción en la probabilidad de vida inteligente mĆ”s allĆ” de nuestro planeta es amplia, aunque diversa en intensidad.
Esta confluencia de ciencia, cultura y emoción explica por qué un trÔiler puede resonar mÔs allÔ del entretenimiento, porque activa preguntas colectivas que no solo interpelan a la imaginación, sino también nuestras estructuras cognitivas, nuestros miedos y nuestras esperanzas. Ese fue siempre el valor de las grandes preguntas humanas, no solo cuÔles respuestas nos esperan allÔ afuera, sino lo que revelan de nosotros mismos y del deseo de encontrarlas.
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Comentario de Lucas R., 22 aƱos, Estudiante de IngenierĆa, Lima: āNo sĆ© si estamos solos o no, pero me cuesta creer que en un Universo tan grande solo haya pasado āalgoā aquĆ. A veces pienso que la pregunta no es si hay otros, sino si estamos preparados para entenderlos. Ni siquiera nos entendemos bien entre nosotros.ā
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Comentario de Daniel M., 35 aƱos, periodista digital, Madrid: āAntes me fascinaba la idea de extraterrestres como algo espectacular. Hoy me conmociona mĆ”s lo que dice de nosotros. Si no estamos solos, entonces la historia humana es apenas un capĆtulo. Eso me tranquiliza un poco⦠a la vez que tambiĆ©n me incomoda.ā
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La emoción no es ingenua: es profundamente humana
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Como psicólogos āy, sobre todo, como seres humanosā percibimos que la emoción que despierta la posibilidad de vida mĆ”s allĆ” de la Tierra no nace del morbo ni del deseo de huir de la realidad. Surge de algo mucho mĆ”s sencillo y profundo, como la necesidad de entender quiĆ©nes somos y dónde estamos parados en este inmenso Universo. Cuando las certezas que durante siglos nos sostuvieron comienzan a resquebrajarse āla religión o las creencias que ya no responden igual, la polĆtica que decepciona, la familia que cambia, las identidades que se redefinenā el ser humano vuelve a levantar la mirada y a hacerse las grandes preguntas. ĀæQuiĆ©nes somos? ĀæDónde estamos? ĀæQuiĆ©nes mĆ”s estĆ”n?...
Investigaciones contemporĆ”neas en psicologĆa social y manejo de la incertidumbre muestran que, en contextos de fragilidad y ansiedad existencial, las personas tienden a adoptar marcos explicativos mĆ”s ampliosĀ ācósmicos, universales o trascendentesā para regular el miedo, restaurar la coherencia y reafirmar el valor de la vida (Rutjens et al., 2018). La idea de que pueda haber otros seres conscientes no es solo una hipótesis cientĆfica, es verdaderamente un espejo emocional. Nos lleva a preguntar por el sentido de la existencia, porque si no estamos solos, entonces la vida no serĆa un accidente perdido en el vacĆo, sino parte de algo mayor. La conciencia no serĆa un fenómeno aislado de la Tierra, sino una expresión mĆ”s amplia del Universo. Y nuestra experiencia humana ācon sus miedos, amores, pĆ©rdidas y esperanzasā adquirirĆa una dimensión distinta, mĆ”s vasta, mĆ”s humilde y tambiĆ©n mĆ”s profunda.
Esta posibilidad conmueve porque ensancha el significado de existir, pero tambiĆ©n inquieta. Nos obliga a soltar la idea de que somos el centro de todo, a aceptar que quizĆ” somos parte de una historia mucho mĆ”s grande, de la que apenas comenzamos a comprender un capĆtulo, y a unirnos mĆ”s en la Tierra⦠y mĆ”s allĆ”. Y, sin embargo, lejos de empequeƱecernos, esa idea puede humanizarnos mĆ”s, al recordarnos que vivir no es solo sobrevivir, sino buscar sentido, conexión y pertenencia en medio del misterio.
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Comentario de Robert K., 48 aƱos, mĆ©dico internista, Miami: āComo mĆ©dico veo a diario lo frĆ”gil que es la vida. Me resulta lógico pensar que la conciencia no sea un accidente Ćŗnico⦠Si la vida pudo surgir aquĆ, Āæpor quĆ© no en otros lugares? Lo que sĆ sĆ© es que deberĆamos cuidar mejor la que ya tenemos.ā
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Antes de nosotros y mƔs allƔ de nosotros

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Existe un parentesco psicológico evidente entre la fascinación humana por los dinosaurios con la que despierta la posibilidad de visitantes de otros mundos. No es idĆ©ntico, pero brota de la misma raĆz emocional. La humanidad se impresiona con los dinosauriosĀ porque nos confrontan con una verdad difĆcil de aceptar, la de que no siempre estuvimos aquĆ, y no necesariamente estaremos de forma perenne. Los dinosaurios fueron gigantes, dominaron la Tierra durante millones de aƱos y desaparecieron sin que su poder los salvara. Al mirarlos, el ser humano intuye su propia fragilidad histórica. Algo muy similar ocurre con la idea de seres de otros mundos, ya que ambos temas nos sacan del centro del escenario y nos recuerdan que la vida, la inteligencia y la conciencia no giran exclusivamente alrededor de nosotros.
En los dos casos ādinosaurios y posible existencia inteligente y consciente no terrestresā se activa una emoción ambigua con asombro y humildad, curiosidad y temor. Los dinosaurios representan un pasado que nos excede, los visitantes de otros mundos, un posible āotroā que nos supera o nos acompaƱa. Uno nos habla de extinción, los otros de no estar solos. Pero el efecto psicológico es similar porque nos obligan a replantearnos quiĆ©nes somos, cuĆ”n excepcionales creemos ser y cuĆ”l es realmente nuestro lugar en la historia del planeta y del Universo. Por eso estas figuras nos conmueven tanto. No son solo criaturas antiguas ni hipótesis cientĆficas, son espejos existenciales que nos recuerdan que la humanidad es parte de una historia mucho mĆ”s grande que ella misma.
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Comentario de Camila S., 24 aƱos, estudiante de PsicologĆa, Santiago de Chile: āPara mĆ la pregunta de si estamos solos es muy emocional. Cuando pienso que tal vez no lo estamos, siento menos angustia. Como si la vida tuviera un sentido mĆ”s grande que mis propios problemas.ā
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¿Qué dice hoy la ciencia sobre la vida fuera de la Tierra?

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AquĆ es fundamental ser claros, la ciencia moderna no descarta la vida extraterrestre, por el contrario, la considera probable. Algunos puntos clave a considerar son el tamaƱo del Universo observable el cual contiene mĆ”s de 200 mil millones de galaxias, cada una con miles de millones de estrellas y sistemas planetarios. Desde una perspectiva estadĆstica, la idea de que la vida solo haya surgido en un pequeƱo planeta resulta, como mĆnimo, no aceptable. Otro punto son los exoplanetas y las condiciones de su habitabilidad se han confirmado en las Ćŗltimas dos dĆ©cadas, misiones lideradas por la NASA han confirmado la existencia de miles de planetas, muchos de ellos en la llamada āzona habitableā, donde podrĆa existir agua en estado lĆquido, condición bĆ”sica para la vida tal como la conocemos. Asimismo, la astrobiologĆa estudia cómo surge la vida en el Universo, cómo evoluciona y dónde podrĆa existir. Sus hallazgos muestran que los componentes quĆmicos de la vida āaminoĆ”cidos, agua, carbonoā estĆ”n ampliamente distribuidos en el Cosmos. Igualmente, la inteligencia no humana es investigada cientĆficamenteĀ por proyectos como SETI buscando seƱales tecnológicas que puedan indicar la existencia de civilizaciones avanzadas, ante las teorĆas e hipótesis de que no estemos solos. La ciencia subraya que la ausencia de detección no constituye evidencia de ausencia, dado que solo una fracción mĆnima del espacio de bĆŗsqueda ha sido explorada La ciencia, honestamente, se encuentra en un punto de apertura, no de negación.
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Comentario de Sophie L., 45 aƱos, docente de Historia, ParĆs: āLa humanidad siempre se ha preguntado si estĆ” sola frente a la naturaleza, frente a Dios, frente al futuro. Hoy esa pregunta se proyecta al cosmos. A lo mejor no buscamos respuestas cientĆficas, sino consuelo existencial.ā
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¿Y la conciencia? Una pregunta mÔs profunda
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AquĆ entramos en un territorio todavĆa mĆ”s fascinante, quizĆ”s el mĆ”s delicado de todos. Porque ya no se trata solo de saber si hay vida fuera de la Tierra, sino de algo mucho mĆ”s Ćntimo, si esa vida āde existirā podrĆa ser consciente. ĀæPensarĆa? ĀæSentirĆa? ĀæTendrĆa algĆŗn tipo de experiencia interior? ĀæSe preguntarĆa, como nosotros, quiĆ©n es y por quĆ© existe?
La ciencia contemporĆ”nea avanza con paso firme, pero tambiĆ©n con honestidad. Y hoy reconoce algo fundamental, que aĆŗn no comprendemos plenamente quĆ© es la conciencia, ni siquiera en los seres humanos. Sabemos cómo funciona el cerebro, cómo se comunican las neuronas, cómo se producen pensamientos, emociones y recuerdos. Pero cuando intentamos responder las interrogantes ĀæquĆ© es eso de que āse da cuentaā, quĆ© es eso que siente que existe, Āæcómo es que imaginamos?⦠las respuestas se vuelves esquivas.
Algunos cientĆficos sostienen que la conciencia podrĆa ser un fenómeno emergente, una suerte de resultado complejo de la actividad cerebral, como una melodĆa que surge cuando muchos instrumentos suenan juntos. Otros, en cambio, plantean algo todavĆa mĆ”s audaz, que la conciencia no serĆa un subproducto accidental, sino una propiedad fundamental del Universo, presente en distintos grados, manifestĆ”ndose de formas diversas allĆ donde la materia alcanza cierto nivel de organización.
Desde esta mirada, la pregunta de si estamos solos, cambia de escala. Ya no se trata de si āellosā podrĆan ser conscientes, sino de si la conciencia es una excepción o una constante, si es un accidente o una dimensión de la realidad. Y esa posibilidad no es solo cientĆficamente debatible, es filosóficamente coherente y emocionalmente poderosa.
Pensar que podrĆan existir otras formas de conciencia ādistintas, no humanas, quizĆ”s incomprensibles para nosotrosā nos obliga a un gesto poco habitual en nuestra historia, como es descentrarnos. A aceptar que la experiencia consciente no nos pertenece en exclusividad. Y, paradójicamente, ese pensamiento no nos empobrece, mĆ”s bien nos humaniza. Nos vuelve mĆ”s humildes, mĆ”s atentos, mĆ”s responsables de nuestra plena conciencia que sĆ sabemos que tenemos. Al final, la pregunta por otras conciencias no sea una amenaza, sino una invitación. Una invitación a cuidar la nuestra, a comprenderla mejor, a usarla no solo para dominar o competir, sino para reconocer, conectar y respetar la vida ācualquiera sea la forma que adopteā en este vasto misterio que llamamos Universo.
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Comentario de Javier L., 55 aƱos, Consultor empresarial, MĆ©xico: āCuando vi el trĆ”iler de la nueva pelĆcula de Spielberg no pensĆ© primero en extraterrestres, sino en el tiempo. En todo lo que hemos vivido como humanidad y en lo poco que realmente entendemos. CrecĆ viendo sus pelĆculas y siempre sentĆ que Spielberg no hablaba solo de otros mundos, sino de nosotros mismos, del miedo, del asombro, de la necesidad de creer que no estamos solos en medio de lo desconocido. Hoy, a mi edad, la idea de que āsabremos la verdadā no me genera euforia, me genera calma. Porque, pase lo que pase, el verdadero desafĆo sigue siendo el mismo, aprender a convivir, a cuidar este planeta y a mirarnos con mĆ”s humildad. Es posible que la pelĆcula no venga a revelarnos algo del cielo, sino a recordarnos algo de nosotrosā¦ā
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¿Extraterrestre, intraterrestre⦠o simplemente desconocida?

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Cuando hablamos de la posibilidad de vida inteligente y consciente no humana, el imaginario colectivo suele dirigirse de inmediato hacia el espacio exterior. Pensamos en civilizaciones lejanas, planetas distantes, tecnologĆas avanzadas que habrĆan logrado superar las barreras del tiempo y la distancia. Lo cual es legĆtimo y cientĆficamente aceptable. Sin embargo, desde una mirada honesta y abierta, debemos reconocer algo esencial, la pregunta por la vida consciente no se agota en el āafueraā. Nuestro propio planeta sigue siendo, en muchos aspectos, un territorio parcialmente desconocido. Grandes extensiones de los ocĆ©anos, regiones profundas de la corteza terrestre y ecosistemas extremos permanecen poco explorados. La ciencia contemporĆ”nea ha descubierto formas de vida en condiciones que durante dĆ©cadas se consideraron imposibles. Esto ha llevado a algunos investigadores a mantener una postura prudente admitiendo que no podemos afirmar con certeza absoluta que toda forma de vida inteligente o consciente deba ser necesariamente extraterrestre. Plantear la posibilidad de una conciencia intraterrestre no implica adherir a teorĆas especulativas ni abandonar el rigor cientĆfico. Implica, mĆ”s bien, aceptar los lĆmites actuales de nuestro conocimiento. La historia de la ciencia nos recuerda que muchas verdades que hoy damos por sentadas fueron, en su momento, consideradas impensables. La biologĆa contemporĆ”nea ha documentado formas de vida que prosperan en ambientes extremos, de altas temperaturas, presiones enormes, acidez extrema, radiación intensa y ausencia casi total de luz. Estos hallazgos transformaron la comprensión de los lĆmites de la vida. Esta ampliación resulta especialmente significativa. Lo extraterrestre representa lo lejano, lo que estĆ” āmĆ”s allĆ”ā de nosotros. Lo intraterrestre, en cambio, remite a lo profundo del mar, o de la tierra, a lo oculto, o a aquello que existe pero no vemos dimensionalmente, o presente en otro espacio-tiempo, o lo que no comprendemos, o no hemos aprendido aĆŗn a nombrar. Estas posibilidades confrontan al ser humano con la misma experiencia emocional, la de no ser el centro absoluto de la realidad. En Ćŗltima instancia, la cuestión no sea si la vida consciente es extraterrestre o intraterrestre, sino si estamos preparados para aceptar que la conciencia podrĆa adoptar formas radicalmente distintas a la humana, y que nuestra comprensión del Universo āy de la vida mismaā sigue siendo parcial, provisional y en constante construcción. Aceptar lo desconocido no debilita a la ciencia ni a la psicologĆa. Al contrario, las fortalece. Nos devuelve una virtud que la humanidad necesita con urgencia en estos tiempos de cambios acelerados, la humildad ante el misterio.
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Comentario de Elena M., 70 aƱos, bióloga retirada y educadora, MilĆ”n: āHe vivido lo suficiente como para ver cómo la ciencia cambia de opinión muchas veces. Cuando era joven, creĆamos que la Tierra estaba casi completamente explorada. Hoy sabemos que no. Por eso, cuando escucho hablar de āvisitantesā, no pienso necesariamente en seres que bajan del cielo. Lo verdaderamente extraƱo no estĆ© arriba, sino aquĆ abajo, conviviendo con nosotros desde siempre, en formas que aĆŗn no sabemos reconocer.ā

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¿Por qué este tema nos impacta tanto hoy?
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Porque, en el fondo, no solo estamos buscando vida en el espacio infinito. Estamos buscando sentido aquĆ adentro. Vivimos una Ć©poca marcada por una paradoja emocional enorme. Nunca estuvimos tan conectados y, sin embargo, nunca fue tan frĆ”gil el vĆnculo humano. Nos comunicamos todo el tiempo, pero muchas veces sin la fuerza necesaria. Compartimos mensajes sin vĆnculo, imĆ”genes y opiniones, pero no siempre acompaƱada de nuestra presencia, escucha o intimidad. La soledad ya no es estar solos, se trata de estar frente a una pantalla. A esto se suma un miedo difuso al futuro āeconómico, ambiental, socialā y un cansancio emocional acumulado, producto de aƱos de incertidumbre, crisis y sobreestimulación. Se ha documentado que cuando las personas atraviesan perĆodos prolongados de inseguridad y pĆ©rdida de sentido, tienden a ampliar sus marcos de significado. Buscan narrativas mĆ”s grandes que les devuelvan coherencia, pertenencia y esperanza. Investigaciones clĆ”sicas y contemporĆ”neas muestran que, frente a la ansiedad existencial, los seres humanos se orientan hacia ideas que los conecten con algo mĆ”s amplio que sĆ mismo, ya sea la comunidad, la naturaleza, la historia⦠o el Universo (Frankl, 1959; Turkle, S., 2011).
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Al finalā¦
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ā¦y en este contexto, la posibilidad de una Conciencia Universal, o simplemente la idea de no estar radicalmente solos en el Cosmos, no funciona como una fantasĆa escapista, sino como un bĆ”lsamo psicológico. Ofrece consuelo porque sugiere que la vida tiene continuidad y sentido mĆ”s allĆ” de lo inmediato. Ofrece amplitud porque relativiza nuestros dramas cotidianos sin negarlos. Y, paradójicamente, ofrece humildad porque nos recuerda que no somos el centro absoluto de todo, sino una parte valiosa de algo mayor. Tal vez por eso este tema nos toca tan hondo hoy. Porque, en medio del ruido, la fragmentación y hasta la angustia, la pregunta por otras formas de vida y de conciencias es tambiĆ©n una interrogante por cómo volver a sentirnos conectados, unidos y humanos.
Creemos importante advertir algo que a pesar de que la humanidad lleva mĆ”s de veinte mil aƱos de civilización āante algunos hechosā con la idea de āvisitantesā de otros espacios y otros tiempos, es posible que aĆŗn falten miles de aƱos o mĆ”s, para responder con certeza si estamos solos o no. Y quizĆ” esa respuesta final, en el fondo, sea menos relevante de lo que creemos. Porque, de algĆŗn modo, casi todos sentimos, intuimos o sabemos que la respuesta es que no estamos solos. AdemĆ”s, el Universo se creó hace 13 mil 800 millones de aƱos, nuestro planeta, la Tierra, nació hace 4 mil 500 millones de aƱos. Los dinosaurios vivieron alrededor de Ā”160 millones de aƱos! Aparecieron hace aproximadamente 230 millones de aƱos (perĆodo TriĆ”sico). Dominaron la Tierra durante el JurĆ”sico y el CretĆ”cico. Desaparecieron hace 66 millones de aƱos, tras el impacto del asteroide de Chicxulub y otros factores asociados. En total, los dinosaurios estuvieron en la Tierra mĆ”s de mil veces mĆ”s tiempo del que lleva existiendo el Homo sapiens (unos 300 mil aƱos) y nuestra civilización como tal solo lleva apenas 26 mil aƱos que en tiempos universales y terrestres es apenas un respiro...
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Comentario de Ernesto P., 35 aƱos, profesor universitario, Buenos Aires: āDefinitivamente yo sĆ creo que existen extraterrestres y que nos pueden haber visitado ya, aquĆ en la Tierra, pero sabes quĆ©: Me voy a acostar porque tengo que trabajar maƱanaāā¦
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Las verdaderas cuestiones
ĀæPodrĆ” alguna vez una civilización encontrarse con otra antes de desaparecer alguna de las dos? ĀæLlegaremos nosotros a ese encuentro antes de extinguirnos⦠o de que lo haga la otra? Mientras tanto, lo mĆ”s probable āy lo mĆ”s transformadorā sea que la humanidad vaya asimilando algo aĆŗn mĆ”s trascendente, como es que el propio Universo no sea un escenario vacĆo, sino un ser vivo, y consciente, y que todas las formas de vida inteligente, sensibles y pensantes ātodo cuanto existeā convivimos dentro de Ćl.
Desde esa mirada, no se trata de esperar una revelación externa que nos salve o nos explique todo. Porque ninguna confirmación cósmica resolverĆ” por sĆ sola nuestras dificultades para amarnos, nuestra agresividad, o nuestra incapacidad de escucharnos. Pero sĆ podrĆa ayudarnos a relativizar el ego humano, a comprender que formamos parte de algo inmensamente mayor, y en demasĆa, mĆ”s antiguo que nosotros. Tal vez, entonces, la cuestión no sea solo si existen otros seres conscientes en el Universo. QuizĆ”s la indagación mĆ”s urgente sea otra, ĀæquĆ© haremos nosotros con nuestra propia conciencia? ĀæLa expandiremos, la cuidaremos, la usaremos para cooperar, unirnos⦠o para seguir solos? El misterio de estar acompaƱados en el Universo como es obvio no es en realidad una amenaza. Es una invitación a crecer. Es posible que la verdadera ārevelaciónā no venga del cielo, sino de la forma en que aprendamos a mirarnos unos a otros, sabiendo que la conciencia, donde exista, merece respeto, cuidado y humildad⦠Si quieres profundizar sobre este tema, consultarnos o conversar con nosotros, escrĆbenos a psicologosgessen@hotmail.com. Hasta la próxima entrega⦠Que la Divina Providencia del Universo nos acompaƱe a todos.

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MarĆa Mercedes y Vladimir Gessen, psicólogos.
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(Autores de āMaestrĆa de la Felicidadā, āQue Cosas y Cambios Tiene la Vidaā y de āĀæQuĆ© o QuiĆ©n es el Universo?ā)
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Puede publicar este artĆculo o parte de Ć©l, siempre que cite la fuente de los autoresĀ y el link correspondiente de El Nacional. Gracias. Ā© Fotos e ImĆ”genes Gessen&Gessen
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