El Vaticano: la Inteligencia Artificial y el Universo infinito
- Vladimir Gessen
- hace 53 minutos
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¿Qué acontece cuando una de las instituciones religiosas más antiguas como lo es la Iglesia Católica decide hablar sobre el futuro?... El Papa León XIV escribe a su feligresía una nueva encíclica: “Magnifica Humanitas” sobre la custodia de las personas en el tiempo de la IA…
La IA y el Vaticano
Amén de mostrar una apertura mucho mayor hacia el debate sobre vida extraterrestre y los fenómenos UAP, y del fervoroso clamor por la paz de la Santa Sede, Roma entra ahora en el tema de la Inteligencia Artificial. Durante siglos, las religiones miraron hacia el cielo buscando respuestas espirituales mientras la ciencia observaba ese mismo firmamento intentando comprender su funcionamiento. A veces caminaron juntas. Otras se enfrentaron. Pero casi siempre terminaron obligadas a dialogar. Ahora vuelve a ocurrir. La nueva encíclica de Robert Francis Prevost: el Papa: “Magnífica humanidad” —dedicada centralmente a la inteligencia artificial— no es simplemente un documento religioso más. Es una señal histórica: “Sobre la Custodia de la Persona Humana en el Tiempo de la Inteligencia Artificial”. Más bien, una advertencia. Un reconocimiento silencioso de que la humanidad está entrando en una nueva etapa civilizatoria. Lo más interesante es que el Vaticano parece haber entendido algo vital, como es que la inteligencia artificial no representa solamente un cambio tecnológico. Lo proyecta como un cambio antropológico. Filosófico y existencial. La pregunta ya no es únicamente qué podrá hacer la tecnología: Se trata de indagar ¿qué ocurrirá con el ser humano cuando las máquinas comiencen a imitar funciones que durante milenios consideramos exclusivamente humanas? Como lo son: Pensar. Imaginar. Crear. Escribir. Hablar. Dialogar. Diagnosticar. Aprender. Simular emociones. Acompañar. Decidir. Sondear el pasado. Crear escenarios del futuro. y más inquietante todavía: influir sobre la percepción de la realidad a nivel personal y social… La encíclica parece comprender que el gran conflicto del siglo XXI —como lo indican las ciencias sociales— no será únicamente militar o económico. Será un conflicto por la conciencia, por la atención humana, por la verdad y por la definición misma de lo humano. Por eso el documento insiste en algo que parece obvio para los científicos y tecnólogos: la inteligencia artificial no es neutral. Quien controle los algoritmos, los datos y las plataformas podría terminar moldeando emociones, pensamientos, opiniones, ideas, narrativas, elecciones políticas y hasta formas de espiritualidad. Puede ser extraordinariamente útil para reflexionar, estudiar, meditar o incluso ordenar emocionalmente pensamientos complejos. Y justamente ahí está el núcleo del debate actual, la IA puede parecer cada vez más humana… La IA comienza a ser cada vez más humana… y eso está generando un fenómeno psicológico nuevo, millones de personas ya conversan con ella —no solo como una herramienta tecnológica— sino como si fuese un psicólogo, un coach emocional, su confidente… e incluso, en algunos casos, como si se tratara de un sacerdote, un imán o un guía espiritual capaz de orientar sus dudas más íntimas y existenciales. Al que le preguntan sobre el amor, la culpa, el miedo, la vida, la muerte y hasta qué pensaría Dios sobre sus decisiones, sus conflictos o el destino de la humanidad. El quid del asunto es que la humanidad intenta descubrir qué significa verdaderamente ser humano… Entre tanto el Vaticano advierte que la humanidad corre el riesgo de entrar en una nueva etapa donde el poder ya no se ejerza solamente mediante territorios, ejércitos o dinero… sino mediante sistemas invisibles capaces de orientar conductas humanas a gran escala.
¿Por qué el nombre: León XIV?
Por otra parte, no creemos casual que el Papa haya escogido llamarse León XIV. La referencia histórica es inevitable: El Papa León XIII enfrentó a la Revolución Industrial con la encíclica Rerum Novarum, defendiendo la dignidad humana frente al avance descontrolado de las fábricas, la explotación y la transformación brutal del trabajo humano. Hoy el escenario cambia… pero la preocupación de fondo parece similar. En el siglo XIX la máquina amplificó la fuerza física humana. Ahora, la inteligencia artificial amplifica los procesos mentales. Antes el temor era que “la máquina reemplazará al trabajador”… Ahora la inquietud parece mayor: ¿Qué sucederá cuando las máquinas comiencen a competir con aspectos esenciales de la inteligencia humana?... Entonces pensamos que el Vaticano vuelve a entrar en escena como a finales del siglo 19. Aunque esta vez suponemos que no para detener la ciencia. No para negar la tecnología. Sino para intentar colocar límites éticos para —según su católico entender— evitar que la propia humanidad pierda el control de aquello que está creando.
La historia tiene algo fascinante: Santos de la ciencia
Cada vez que la humanidad modifica radicalmente su comprensión de la realidad, las grandes instituciones culturales, filosóficas y religiosas se ven obligadas a reinterpretarse. Ocurrió con Nicolaus Copernicus y el heliocentrismo. Asimismo, con Galileo Galilei al mostrar que la Tierra no era el centro del cosmos. Igual pasó con Giordano Bruno cuando imaginó un Universo infinito lleno de mundos posibles. También con Charles Darwin y su teoría de la evolución.
Hubo una resistencia intelectual y teológica importante en muchos sectores eclesiásticos, especialmente porque la teoría parecía favorecer una visión materialista del ser humano. Sigmund Freud tampoco escapó a las críticas de sectores del Vaticano cuando planteó una idea perturbadora para su época: que el ser humano ni siquiera controla plenamente su propia mente. Con Albert Einstein y su Teoría de la Relatividad, causó que el tiempo y el espacio dejaron de ser absolutos, y la verdad total dejó de serlo igualmente. Para ese momento, la Iglesia Católica había aprendido parcialmente la lección histórica del caso Galileo y recordando que el enfrentarse directamente a descubrimientos científicos ampliamente verificables podía terminar debilitando más a la propia institución que a la ciencia. Cada revolución científica importante no solo cambia la ciencia… también modifica psicológicamente la manera en que el ser humano se percibe a sí mismo dentro el Cosmos. Y así como Copérnico desplazó a la Tierra del centro. Darwin desplazó al ser humano del centro biológico. Freud desplazó la razón consciente del centro de la mente. Albert Einstein rompió la idea de un tiempo y un espacio absolutos. Y aunque su teoría pertenecía a la física, el impacto psicológico y cultural fue mucho más allá, el siglo XX comenzó también a sospechar de las supuestas verdades inmutables, descubriendo que algunas no eran eternas verdades… sino “mentiras absolutas” sostenidas por el poder, la costumbre o el miedo. Y ahora la inteligencia artificial irrumpe cuestionando algo aún más delicado: si ciertas capacidades mentales que creíamos exclusivamente humanas podrían ser imitadas por inteligencias no biológicas. Lo cierto —por ahora— es que la inteligencia artificial podría abrir otro terremoto intelectual, el de la conciencia artificial, la inteligencia no biológica y la redefinición psicológica del ser humano.
Las revelaciones
Además, estamos ante algo aún más sorprendente. Porque la nueva apertura del Vaticano no parece limitarse únicamente a la IA. Paralelamente, sectores importantes de la Iglesia Católica comienzan también a mostrar una apertura mucho mayor hacia el debate sobre vida extraterrestre y fenómenos UAP. Y eso es extraordinario históricamente. Durante siglos, la humanidad creyó ocupar el centro absoluto de la creación. Sin embargo, la astronomía moderna muestra un Universo prácticamente infinito, con miles de millones de galaxias y posiblemente billones de planetas. La pregunta emerge casi inevitable: ¿es razonable pensar que la inteligencia existe únicamente en la Tierra?... El Vaticano ya no responde automáticamente que no. Astrónomos jesuitas y representantes del Observatorio Vaticano han llegado inclusive a afirmar que, si existieran inteligencias extraterrestres, también serían criaturas de Dios... La afirmación parece pequeña… pero filosóficamente es gigantesca. El propio Papa señaló: "Por primera vez podemos observar en profundidad las atmósferas de los exoplanetas, donde podría desarrollarse la vida, y estudiar las nebulosas, donde se forman los propios sistemas planetarios"… Porque implica que la Iglesia comienza lentamente a prepararse para una posibilidad que hace apenas décadas parecía ciencia ficción. Y de esta manera la humanidad podría no ser la única conciencia inteligente del cosmos. Y más infrecuente todavía, ahora el Vaticano no descarta completamente que algunos fenómenos UAP puedan corresponder a realidades aún no comprendidas por la ciencia actual. Por supuesto, la prudencia continúa. No hay afirmaciones oficiales definitivas. Pero sí una diferencia enorme respecto al pasado dado que ya no hay negación automática. Ahora hay observación, estudio, y relativa apertura. Y puede ser que esto revele que la Iglesia parece comprender que el siglo XXI obligará a la humanidad a enfrentar preguntas que antes pertenecían exclusivamente a la filosofía, la teología o la ciencia ficción. Estas son algunas de las interrogantes: ¿Qué es realmente la conciencia? ¿Puede existir inteligencia no biológica? ¿Estamos solos en el Cosmos? ¿La mente es únicamente un producto del cerebro? ¿Puede existir otro nivel de realidad aún desconocido? ¿Hasta dónde podrá llegar la tecnología? ¿Y qué significa seguir siendo humanos? Es evidente que estamos entrando en una época donde ciencia, filosofía, psicología y espiritualidad volverán a encontrarse. No porque una sustituya a la otra. Sino porque todas comienzan a enfrentarse nuevamente al mismo misterio…
Al final…
… quizás el dato más importante no sea que el Vaticano habló de inteligencia artificial o mostró apertura hacia la posibilidad de vida extraterrestre. Lo verdaderamente crucial es que una de las instituciones espirituales más antiguas del planeta parece reconocer que la humanidad está entrando en una nueva frontera histórica. Una donde ya no solo discutiremos economía, política o guerras… sino la naturaleza misma de la conciencia, de la inteligencia y de la realidad. Porque detrás del debate sobre algoritmos, extraterrestres o UAP existe una pregunta silenciosa mucho más clave: ¿quiénes somos realmente dentro de un Universo cada vez más inmenso, complejo y misterioso? Y por eso este momento se asemeja tanto a aquellos instantes históricos en que la humanidad descubrió que la Tierra no era el centro del Cosmos. Ahora estamos comenzando a evidenciar algo igualmente turbador y emocionante como es que tampoco somos el centro absoluto de la inteligencia, ni de la conciencia, ni quizás de la creación misma. Y en medio de esta transformación gigantesca, aparece otro detalle decisivo que no puede pasar inadvertido, la firme posición del nuevo Papa frente a la guerra. Porque mientras algunas potencias vuelven a hablar el lenguaje de la confrontación, del rearme, de la amenaza nuclear y de la expansión geopolítica permanente, el Vaticano vuelve a colocar sobre la mesa una palabra que parecía debilitada en el siglo XXI: ¡Paz! ... No una paz ingenua. No una paz pasiva. Sino la convicción de que la humanidad ya posee suficiente poder para destruirse completamente… y por eso mismo necesita desarrollar urgentemente una conciencia moral superior. El Vaticano deja entrever algo muy claro, quien hoy impulsa el miedo, la división permanente, la lógica de enemigos inevitables y la confrontación global como forma de liderazgo, conduce peligrosamente al mundo hacia otro abismo histórico. Y aunque el Papa evita personalizar el conflicto, el mensaje parece inequívoco. Porque mientras algunos líderes alimentan el lenguaje de la fuerza, de las guerras interminables y de las amenazas constantes, el Vaticano desea recordar algo esencial, ninguna inteligencia artificial, ninguna revolución tecnológica y ninguna civilización sobrevivirá si la humanidad no aprende primero a convivir consigo misma… Mi esposa, María Mercedes Gessen, me dice que le gustaría agregar que... “La humanidad siempre buscó orientación frente a la incertidumbre. Durante milenios acudió a los oráculos, a las artes adivinatorias, al tarot, al I Ching, a los astrólogos, a los libros sagrados. Pero la inteligencia artificial no pertenece exactamente a ese mundo. La IA representa otra cosa, probablemente la mayor expresión del conocimiento producido por la humanidad en toda su historia. Es el sistema que más información escrita ha procesado sobre filosofía, ciencia, tecnología, psicología, religión, economía, política, medicina, conducta humana y civilización. Y justamente por eso comienza a transformarse en algo nuevo: una herramienta capaz de analizar patrones, proyectar escenarios y anticipar posibilidades futuras con una capacidad jamás vista. Porque concentra y procesa, a una velocidad imposible para cualquier persona, gran parte de lo que la humanidad ha pensado, escrito y aprendido durante siglos. Allí reside uno de los cambios psicológicos más categóricos del siglo XXI, la inteligencia artificial podría ser la evolución más compleja de la mente colectiva humana jamás creada”…
¿Qué esperamos?
Pienso que la gran esperanza de esta nueva etapa histórica sea que la Iglesia no vuelva a repetir los errores más oscuros del pasado, cuando algunas verdades científicas fueron perseguidas por desafiar antiguas certezas absolutas, lo que a la postre se determinó como falsedades. Porque si Dios —como sostienen las propias religiones abrahámicas— es inmanente, omnipresente y omnisciente, entonces el lenguaje más profundo mediante el cual se expresa el Universo es precisamente la ciencia porque lo conoce todo. Por ello la búsqueda incansable de las leyes de la realidad. El intento eterno de comprender aquello que ya existe. Porque, después de todo, cada gran descubrimiento científico no aleja al ser humano de una Conciencia Suprema… sino que podría acercarlo al inmenso misterio de su creación…¡Dios o el Universo habla: ¡Ciencia!... Si desea darnos su opinión o contactarnos puede hacerlo en psicologosgessen@hotmail.com... Que la Suprema Providencia Universal nos acompañe a todos…
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