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Un “Cuento Chino”

La palabra presidencial construye confianza, reduce la incertidumbre y une a una nación. ¿Se está debilitando esta tradición institucional?... De Pearl Harbor los grandes discursos presidenciales marcaron la historia. ¿Qué ocurre ahora cuando la expectativa supera al mensaje?



En estos momentos cuando el gobierno del presidente Donald Trump anuncia al Congreso de EEUU que reanuda la guerra en Irán, y que declara que envía a Ucrania los “patriot” y otros misiles a Zelensky, esperaba escuchar el discurso que con bombas y platillos nos pidió la Casa Blanca, en la voz de la secretaria de prensa, que escucháramos la noche del pasado jueves 16 de julio. A las 9 en punto estaba esperando que —ni más ni menos— el presidente de los Estados Unidos anunciaría algo de tal envergadura que —como se había dicho— nos asombraría... Entonces, una vez más Trump nos volvió a señalar que en 2020 le hicieron fraude electoral, lo cual ya decenas de tribunales en todas las instancias dictaminaron que no lo hubo, pero la diferencia es que ahora nos indicó que fueron ¡"los chinos"! y por el otro lado, nos señaló que hubo un fraude electrónico en las máquinas electorales, ni más ni menos obra de Maduro desde Venezuela... ¡Por favor!... En 2020 quien gobernaba y tenía todo el poder para evitar fraude era el entonces presidente Trump, y perdió las elecciones. Luego, con los demócratas en el poder con Joe Biden tuvieron todo el poder para hacerle a Trump un fraude, y que triunfara Kamala Harris... y no hubo tal fraude, ganó tan limpiamente como Biden el actual presidente Donald Trump. Por ello pienso que el sistema electoral de los Estados Unidos es en extremo preciso, y se pueden comprobar sus resultados. Así, me pregunté cuál había sido el verdadero propósito histórico de ese mensajes presidencial en horario estelar. Y la respuesta es que Desde Franklin D. Roosevelt hasta Joe Biden, los presidentes estadounidenses han reservado tradicionalmente estas intervenciones para acontecimientos extraordinarios: guerras, ataques terroristas, crisis nacionales, avances científicos, decisiones que modificaban el rumbo del país o incluso de la humanidad. Nunca fueron concebidas como simples ejercicios de confrontación política ni para reabrir controversias electorales ya resueltas por las instituciones…

 

¿Cuándo los presidentes toman la palabra?


 

Cuando los jefes de estado convocan a las familias estadounidenses por televisión es para señalar cosas trascendentes: Franklin D. Roosevelt dijo: “ayer 7 de diciembre de 1941 es una fecha que vivirá en la infamia”, al anunciar el ataque a Pearl Harbor y la entrada en la II Guerra Mundial. Uno de los discursos más trascendentales del siglo XX… Harry Truman informó al país que Estados Unidos había utilizado una nueva arma, la bomba atómica el 9 de agosto de 1945: "Se ha ganado la mayor apuesta científica de la historia", y cambió para siempre la acción militar y el comienzo de la era nuclear. John F. Kennedy tomó la palabra para explicar el programa de cómo llegar a la Luna el 25 de mayo de 1961: "antes de que termine esta década, llevaremos a un hombre a la Luna".  Es probablemente la decisión tecnológica más ambiciosa jamás anunciada por un presidente. También en televisión nacional durante trece minutos informó la existencia de misiles soviéticos en Cuba, la cuarentena naval y la posibilidad de una guerra nuclear con la URSS. Lyndon Johnson dijo "Nosotros venceremos", en su alocución el 15 de marzo de 1965 para apoyar la Ley de Derecho al Voto al citar el himno del movimiento por los derechos civiles. Fue un momento histórico. Asimismo, el 31 marzo 1968 en un discurso sobre Vietnam anunció inesperadamente: "No lo buscaré ni aceptaré ser candidato presidencial”, y cambió completamente la elección presidencial de 1968. Richard Nixon en un discurso televisado pidió respaldo al pueblo de Estados Unidos para continuar la guerra de Vietnam mientras negociaba. Cuando Nixon habló, Estados Unidos estaba profundamente dividido. Más de medio millón de soldados estadounidenses estaban en Vietnam. Las protestas estudiantiles crecían. Los medios de comunicación mostraban diariamente las bajas. El movimiento contra la guerra adquiría una enorme fuerza. Nixon decidió dirigirse no a quienes protestaban, sino a quienes permanecían en silencio. Allí pronunció la famosa frase: Y por eso esta noche, a ustedes, la gran mayoría silenciosa de mis compatriotas estadounidenses, les pido su apoyo". Con ello acuñó políticamente el concepto de "la mayoría silenciosa". Fue uno de los discursos más polarizadores de toda la historia política estadounidense. Luego vendría el discurso de su renuncia a la presidencia el 8 de agosto de 1974: "Renunciaré a la presidencia con efecto a partir del mediodía de mañana". Ronald Reagan el 28 enero de 1986 en un discurso consoló al país tras la explosión del transbordador espacial, el cual terminó citando el poema High Flight: "...se liberaron de las ásperas ataduras de la Tierra", y ha sido considerado una obra maestra de comunicación presidencial. Igualmente, en Berlín, el 12 junio 1987 no fue desde la Casa Blanca, pero sí uno de los discursos más famosos del siglo XX: "Señor Gorbachov, derribe este muro!". Alocución que historiadores la consideran un símbolo del final de la Guerra Fría. George H. W. Bush el 20 diciembre 1989 anunció la operación “Causa Justa”, donde justificó la captura de Manuel Noriega. Luego vendría la Guerra del Golfo el 16 enero 1991 cuando informó el inicio de la Operación “Tormenta del Desierto donde comenzaba la liberación de Kuwait. Fue visto por decenas de millones de personas. Bill Clinton, después del atentado terrorista contra el edificio federal Alfred P. Murrah, el 19 de abril de 1995, que dejó 168 muertos, pronunció uno de los mejores discursos presidenciales de la segunda mitad del siglo XX. Se considera que fue su obra maestra como comunicador. Dijo: "Enseñemos a nuestros hijos que la gente corriente es capaz de tener un valor extraordinario". El discurso ayudó a unir al país tras el mayor atentado terrorista en suelo estadounidense hasta el 11 de septiembre de 2001. También cuando anunció la operación Allied Force en Kosovo el 24 de marzo de 1999 en la intervención de EEUU junto a la OTAN contra Serbia. Marcó el inicio de una nueva doctrina estadounidense basada en la intervención por razones humanitarias. George W. Bush, después del 11 de septiembre de 2001 dijo: "Los ataques terroristas pueden sacudir los cimientos de nuestros edificios más grandes, pero no pueden tocar los cimientos de Estados Unidos. Estos actos destrozan el acero, pero no pueden mellar el acero de la determinación estadounidense". El país entero quedó paralizado. De igual manera, el 7 octubre de 2001 informó el comienzo de la Operación Enduring Freedom y los primeros ataques en Afganistán. Uno de los discursos más controvertidos de la historia reciente. Barack Obama expuso la Reforma sanitaria el 9 septiembre 2009 defendiendo el Affordable Care Act (Obamacare). Más tarde notificó la muerte de Osama bin Laden el 1° de mayo de 2011. Uno de los discursos transmitidos más vistos del siglo XXI. Allí su memorable frase "Se ha hecho justicia." Donald Trump (primer mandato) al pronunciar la emergencia nacional por COVID-19 el 11 de marzo 2020, en uno de los discursos más vistos. Joe Biden defendió la democracia sobre la batalla por el Alma de la Nación, el 1° de septiembre 2022. Ha sido reconocido como el discurso de Filadelfia donde advirtió sobre el peligro para las instituciones democráticas. Posteriormente comunicó el retiro de Afganistán el 31 agosto 2021 y defendió la retirada militar tras veinte años de guerra. Fue un momento decisivo en la política exterior estadounidense. El 24 de julio 2024, participó que no competiría por un segundo mandato, y añadió que, en su opinión, el interés del país debía prevalecer sobre las aspiraciones personales. Todos estos discursos presidenciales fueron determinantes en la historia moderna de Estados Unidos.

 

Discursos o “cuentos chinos”

 

Los discursos presidenciales suelen compartir una estructura similar. Aparecen en momentos de crisis existenciales, guerra, transformación tecnológica o redefinición nacional. No buscan únicamente informar, más bien reducir la incertidumbre, ofrecer un marco interpretativo de los acontecimientos y reforzar la cohesión colectiva. En ellos, el presidente actúa menos como jefe de gobierno y más como una figura simbólica encargada de orientar emocionalmente a la nación. Al revisar esta secuencia histórica de discursos presidenciales aparece un patrón evidente: Estos discursos en horario estelar han servido para preparar a la nación frente a desafíos reales, explicar decisiones relevantes o convocar a la unidad nacional en momentos de enorme desasosiego. Como a muchos estadounidenses esperaba que la convocatoria realizada por la Casa Blanca el pasado 16 de julio respondiera a alguno de esos grandes acontecimientos internacionales. El contraste entre esa expectativa y el contenido finalmente presentado explica buena parte de la sorpresa que produjo. Tan inusual resultó la alocución que las grandes cadenas ABC, NBC y CBS decidieron no transmitirla en vivo ,al considerar que no contenía hechos nuevos y que reiteraba afirmaciones sobre un supuesto fraude electoral que habían sido ampliamente examinadas y desestimadas por los tribunales estadounidenses. CNN sí cubrió y comentó el discurso, aunque dedicó buena parte de su transmisión a verificar y refutar las afirmaciones que consideró falsas. La decisión provocó una dura reacción del presidente Donald Trump, quien cuestionó públicamente a esos medios e incluso llegó a plantear la posibilidad de retirarles sus licencias de transmisión, reavivando el debate sobre la libertad de prensa consagrada en nuestra Carta Magna así como el papel editorial de los medios y los límites del poder presidencial frente a la Primera Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos.


 

La majestad presidencial

 

Es un concepto político, institucional y simbólico. Describe la dignidad, solemnidad y autoridad moral que rodean la figura del presidente de una nación, independientemente de la persona que ocupe el cargo. Representa el respeto institucional que inspira la Presidencia como símbolo del Estado y de la unidad nacional. Desde la psicología política, esa investidura cumple varias funciones: Genera confianza en momentos de crisis. Otorga credibilidad a los mensajes oficiales. Transmite estabilidad cuando la sociedad enfrenta incertidumbre, y representa a toda la nación, incluso a quienes no votaron por el presidente. Por eso, cuando un presidente se dirige al país en horario estelar, no habla únicamente como líder de un partido político. Habla revestido de esa majestad institucional que representa a millones de ciudadanos.

 

Al final…

 

…  y como psicólogo agrego una observación que considero relevante: Los grandes discursos presidenciales no solo transmiten información. Administran emociones colectivas. En situaciones de guerra, terrorismo, crisis económicas o transformaciones históricas, millones de ciudadanos buscan en la figura presidencial una referencia que les permita comprender el momento que viven. De forma que estos mensajes suelen reducir la inseguridad o las dudas, ofrecer un marco interpretativo de los sucesos y fortalecer la cohesión nacional. El presidente deja de hablar únicamente como jefe del Poder Ejecutivo y pasa a desempeñar una función profundamente simbólica: convertirse, durante unos minutos, en la voz emocional y líder de toda la República. Por esa enorme responsabilidad, cada convocatoria nacional crea una expectativa extraordinaria. Y cuando el contenido no guarda proporción con la trascendencia anunciada, la decepción también adquiere dimensiones nacionales. Mientras concluíamos este artículo, María Mercedes Gessen, mi esposa me hizo una observación que les comparto: “Cuando un presidente habla en cadena nacional, millones de personas interrumpen su rutina porque creen que van a escuchar algo que puede cambiar sus vidas. Esa confianza constituye un patrimonio democrático que debe ser protegido con enorme responsabilidad. El presidente de una nación no solo administra un gobierno, también administra la esperanza, el temor, y la confianza de cientos de millones de personas. Quizás por ello cada vez que un mandatario convoca solemnemente a su Pueblo, los ciudadanos esperamos escuchar algo que realmente esté a la altura de la historia... Ayer, no fue así…”


 

Lo cierto es que la autoridad moral de un discurso presidencial no proviene únicamente del poder de quien habla, sino de la importancia histórica de aquello que decide comunicar. Las cadenas nacionales no se recuerdan por la duración del discurso, sino por la magnitud del momento histórico que representan. Los presidentes pasan. Los partidos cambian. Las ideologías evolucionan. Pero la confianza que una nación deposita cuando el presidente interrumpe la programación habitual de la televisión constituye uno de los activos institucionales más valiosos de una democracia. Esa confianza se fortalece cuando esas convocatorias responden a acontecimientos verdaderamente excepcionales y se debilita cuando los ciudadanos sienten que la solemnidad del momento no guarda relación con el mensaje recibido… Que la Divina Providencia Universal nos acompañe, apreciado lector… Si desea darnos su opinión o contactarnos puede hacerlo en psicologosgessen@hotmail.com...


 





 

Puede publicar este artículo o parte de él, siempre que cite la fuente del autor y el link correspondiente de Informe 21. Gracias. © Fotos e Imágenes Gessen&Gessen

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