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Durante milenios hemos observado a los UAP

El relato sobre ā€œdisco voladorā€, ā€œovnisā€, ā€œUAPā€, ā€œextraterrestresā€ o seres no humanos fue escrito por personas, pero en los libros sagrados… Ahora, la ciencia, las instituciones, los gobiernos, sus agencias espaciales, y sus fuerzas armadas comienzan a revelar la verdad…



Un viaje que registra todo… desde el comienzo

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Hay preguntas que no nacen en la ciencia… nacen en la memoria. No en la evocación individual —esa que guarda nombres, rostros, fechas— sino en la memoria histórica de la humanidad desde las pinturas rupestres. La que primero se transmitió en la tradición oral, luego se grabó en piedra, mĆ”s tarde se escribió en pergaminos, y que hoy —en pleno siglo 21— vuelve a interpelarnos con una fuerza inesperada. Hoy los llamamos UAP (Unidentified Aerial Phenomena). Anteriormente, simplemente… no sabĆ­amos cómo llamarlos. O los figurĆ”bamos como los ā€œcarros de los diosesā€, las ā€œcolumnas de fuegoā€, las ā€œluces en el cieloā€ o ā€œpresenciasā€ que descendĆ­an desde lo alto. Y no es casual que en los orĆ­genes de la humanidad —cuando el conocimiento cientĆ­fico era prĆ”cticamente inexistente— estas manifestaciones fueran interpretadas como deidades, ya que representaban fuerzas, inteligencias o tecnologĆ­as que superaban completamente la comprensión y la experiencia humana de la Ć©poca, generando asombro, temor y necesidad de explicación trascendente. Y quizĆ” ese sea el verdadero punto de partida. Los fenómenos aĆ©reos no identificados (UAP) han existido desde los tiempos en que la escritura y las religiones nacieron y lo narraron… Lo que durante milenios fue relato, sĆ­mbolo o experiencia espiritual, hoy comienza a ser tambiĆ©n objeto de observación sistemĆ”tica. En los Ćŗltimos aƱos, el tema ha dejado de pertenecer exclusivamente al Ć”mbito de lo extraordinario, de lo religioso, o lo marginal, para ingresar —con cautela, pero de forma sostenida— en espacios institucionales y de ciencia de alto nivel. El propio Congreso de los Estados Unidos ha celebrado audiencias pĆŗblicas sobre fenómenos aĆ©reos no identificados. El Departamento de Guerra de los Estados Unidos ha creado oficinas especĆ­ficas para su anĆ”lisis. La Casa Blanca ha reconocido la necesidad de investigarlos con mayor rigor y ordenado la publicación de lo indagado. AdemĆ”s, creó un sitio WebĀ para informar sobre esto. La NASA ha conformado equipos cientĆ­ficos para estudiar estos fenómenosĀ desde una perspectiva abierta pero metodológica. A esto se suman iniciativas en otros paĆ­ses. El Ministerio de Defensa del Reino Unido ha desclasificado archivos históricosĀ sobre avistamientos UAP. En Francia, el organismo estatal GEIPANĀ los estudia desde hace dĆ©cadas. En BrasilĀ y ChileĀ existen comitĆ©s oficiales de investigación aeronĆ”utica, y en Japón, autoridades de defensa han reconocido protocolos ante posibles encuentros con objetos no identificados. No estamos, entonces, ante una afirmación concluyente… sino ante una apertura inĆ©dita de la pregunta: ĀæEstamos comenzando, por primera vez, a investigar con herramientas cientĆ­ficas aquello que la humanidad ha venido narrando —con otros lenguajes— desde hace milenios? AsĆ­, la humanidad —ahora— en ese cruce —entre memoria antigua y observación contemporĆ”nea— comienza, quizĆ”s, una nueva etapa de comprensión de lo hasta ahora indescifrable… Y en ese intento de comprensión, tambiĆ©n se amplĆ­a el horizonte de lo posible, donde lo ā€œno humanoā€ no necesariamente implica origen ā€œextraterrestreā€ en el sentido clĆ”sico de otros planetas. La fĆ­sica contemporĆ”nea —especialmente en las teorĆ­as de cuerdas o de la gravedad cuĆ”ntica— contempla la existencia de mĆ”s dimensiones que las cuatro que percibimos los humanos (tres espaciales y el tiempo), proponiendo modelos de 10, 11 e incluso mĆ”s dimensiones en las que podrĆ­an existir formas de realidad no accesibles a nuestra percepción directa. Desde esta perspectiva, algunas de estos seres o presencias de podrĆ­an corresponder a entidades inteligentes de otros niveles dimensionales aĆŗn desconocidos para nosotros. Otra hipótesis, igualmente discutida en Ć”mbitos teóricos, sugiere la posibilidad de interacciones a travĆ©s del espacio-tiempo, donde estas manifestaciones no serĆ­an ā€œde afueraā€ de la Tierra, sino expresiones de una evolución futura de la propia humanidad, o de otras formas de conciencia vinculadas a nuestra misma lĆ­nea temporal. No afirmamos ninguna de estas posibilidades, pero su sola consideración revela hasta quĆ© punto el fenómeno UAP nos obliga a expandir no solo nuestras respuestas… sino las preguntas que estamos dispuestos a formular.


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¿Qué describieron los humanos en sus libros religiosos?

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La Biblia: fuego, nubes y apariciones

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En buena parte de los libros sagrados— lo desconocido se interpretó como manifestación de lo divino. Ante fenómenos que superaban su comprensión, el ser humano recurrió a categorĆ­as sagradas para darles sentido. AsĆ­, lo inexplicable no se negó… se elevó a la esfera de lo divino. AsĆ­, lo inexplicable no se negó… se elevó a la esfera de lo divino. En la Biblia, en el Antiguo Testamento, los relatos no son silenciosos ni abstractos. Son fĆ­sicos, visibles, casi tangibles en el idioma que podĆ­a narrar un hombre de hace miles de aƱos de acuerdo a sus conocimientos. En el libro de Ezequiel Cap.1Ā se describen naves suspendidas en el aire, acompaƱadas por seres con trajes espaciales en las cabinas: Vi cuatro cosas voladoras que parecĆ­an como bronce refulgente, y cada uno de ellos tenĆ­a dos alas en cada lado... esas cosas andaban, las ruedas andaban, y cuando se levantaban de la tierra, las ruedas se levantaban tambiĆ©n... ā€œY oĆ­ el sonido de sus alas cuando volaban, como sonido de muchas aguas, como ruido de muchedumbre... Y sobre la expansión traslucida que habĆ­a sobre sus cabezas se veĆ­a la figura de un trono y sentado en ese trono habĆ­a una semejanza que parecĆ­a de hombre. Y se vestĆ­a como de algo refulgenteā€. Lo que nos explica Ezequiel es una estructura mecĆ”nica o nave conducidas por entidades no humanas de esa Ć©poca. En 2 Reyes 2:11, ElĆ­as asciende en un ā€œcarro de fuegoā€Ā al cielo y luego desciende. Evidencia de un vehĆ­culo aĆ©reo desconocido que transporta a un humano. En Ɖxodo 13:21, en esos tiempos, una nave en forma tubular luminosa guĆ­a al pueblo judĆ­o entero en la oscuridad del desierto. Se entiende que un objeto luminoso con comportamiento inteligente guĆ­a al grupo humano. En Ɖxodo 19:16, el monte SinaĆ­ se cubre de humo, fuego, y estruendo… como si una energĆ­a desconocida o un fenómeno tecnológico o energĆ©tico de gran escala descendiera en la montaƱa. En 1 Reyes 8:10-11Ā una nave envuelta en una nube invade el templo hasta hacerlo inhabitable. Una clara presencia fĆ­sica o energĆ©tica de origen no humano. En GĆ©nesis 6:1-4, seres llamados ā€œhijos de Diosā€ se relacionan con humanos y engendran descendencia: ā€œviendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas, tomaron para sĆ­ a las mujeresā€ Lo que nos plantea una interacción genĆ©tica entre humanos y entidades no humanas. En GĆ©nesis 18, tres visitantes llegan a ver Abraham con apariencia humana… pero su conocimiento trasciende lo humano. En GĆ©nesis 32:24-30Ā Jacob lucha toda una noche con una entidad que lo hiere y lo transforma. Se trata de una entidad fĆ­sica no identificada con capacidades superiores. En Mateo 2:1-12, un UAP u objeto aĆ©reo inteligente mĆ”s que estrella, guĆ­a con precisión a unos viajeros, deteniĆ©ndose en un punto exacto: BelĆ©n. En Mateo 17:1-9Ā JesĆŗs mismo es descrito transformĆ”ndose: ā€œy resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luzā€, Āætraje espacial? y luego elevĆ”ndose hasta desaparecer en una nube ĀæUAP?... Y en Hechos 1:9-11, ā€œY habiendo dicho estas cosas, viĆ©ndolo ellos (los apóstoles), fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos.Ā Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que Ć©l se iba, he aquĆ­ se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancasā€¦ā€ (astronautas). MĆ”s adelante, la narrativa se intensifica con no humanos, denominados Ć”ngeles en la Biblia que abren puertas sin tocarlas, luces que derriban hombres y les hablan, y figuras que aparecen y desaparecen. En GĆ©nesis 28:12, Jacob nos habla de una conexión que conecta el firmamento con la tierra, ā€œy he aquĆ­ una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba en el cielo; y he aquĆ­ Ć”ngeles de Dios que subĆ­an y descendĆ­an por ellaā€. ĀæUn ā€œportalā€ entre planos o dimensiones? En JosuĆ© 5:13-15, una figura armada aparece de repente, se identifica como comandante de un ejĆ©rcito ā€œprĆ­ncipe del ejĆ©rcito de JehovĆ”ā€ no visible y exige reverencia. Una entidad con jerarquĆ­a y autoridad no humana. EnĀ 2 Reyes 19:35, ā€œy aconteció que aquella misma noche salió el Ć”ngel de JehovĆ”, y mató en el campamento de los asirios a ciento ochenta y cinco mil; y cuando se levantaron por la maƱana, he aquĆ­ que todo era cuerpos de muertosā€. En este caso una sola entidad no humana provoca una destrucción masiva durante la noche. Una intervención con capacidad destructiva instantĆ”nea de tecnológica o energĆ©tica, no existente en la Tierra hace miles de aƱos. En 1 Reyes 18:38, en el monte Carmelo, cae fuego del cielo y consume completamente el altar. Una descarga energĆ©tica precisa, no explicada como fenómeno natural comĆŗn sino como un arma de JehovĆ”. En Daniel 10:5-6, leemos: he aquĆ­ un varón vestido de lino,Ā y ceƱidos sus lomos de oro de Ufaz.Ā Su cuerpo era como de berilo, y su rostro parecĆ­a un relĆ”mpago, y sus ojos como antorchas de fuego, y sus brazos y sus pies como de color de bronce bruƱido, y el sonido de sus palabras como el estruendo de una multitud. Una descripción de un ser con caracterĆ­sticas fĆ­sicas fuera de lo humano.

Si reunimos estos y cientos de episodios similares aparece un patrón interesante: Luces intensas, sonidos poderosos, movimientos verticales de descenso y de ascenso de artefactos voladores, entidades inteligentes con apariencia no convencional, intervenciones sobre la materia y el entorno, y muestras de civilizaciones no humanas instruyendo a los humanos en distintas formas de comportamiento, ademĆ”s de las apariciones de seres no humanos a la mayorĆ­a de profetas, o de personas como los padres de JesĆŗs de Nazareth, JosĆ© (Lucas 1:26-38) o MarĆ­a (Mateo 1:18-25). Todo este conjunto de narraciones bĆ­blicas ha llevado a algunos investigadores contemporĆ”neos a reinterpretarlos bajo las categorĆ­as culturales y cientĆ­ficas actuales. En el libro final bĆ­blico —el Apocalipsis de Juan— aparecen criaturas, luces, sonidos y objetos que desafĆ­an cualquier clasificación ordinaria. Seres hĆ­bridos, estruendos poderosos, objetos que descienden, figuras con poderes sobre la materia. Todo un lenguaje simbólico… o un intento de describir realidades incomprensibles para la Ć©poca en que fueron descritas. No afirmamos lo que eran. Pero sĆ­ constatamos lo que se describe. Lo fascinante no es solo que estos relatos existan, sino que persisten en su capacidad de generar nuevas lecturas a medida que cambia nuestra mirada del mundo. Antes, el lenguaje era teológico. Hoy, algunos intentan leerlos en clave tecnológica. Pero tal vez —como puedes intuir apreciado lector— lo esencial no estĆ© en decidir quĆ© eran esas experiencias, sino en reconocer que el ser humano, desde hace milenios, ha sentido que no estĆ” solo frente al misterio del Universo. Y cada Ć©poca traduce ese misterio… con las palabras que tiene disponibles.


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India: los cielos habitados

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En los textos de la tradición hindĆŗ, la escala cambia… pero el fenómeno persiste. En el MahābhārataĀ y el Rāmāyaṇa, los denominados Pushpak Vimana —hoy llamados UAP en forma de pirĆ”mide— surcan los cielos, mostrando —en el relato de estos textos sagrados para los hindĆŗes— vehĆ­culos capaces de elevarse, desplazarse y emitir luz. Como lo explican los libros antiguos hindĆŗes: ā€œEl Pushpaka Vimana… que puede ir a cualquier lugar a voluntad…se elevó en el aireā€¦ā€Ā En el Bhagavad GÄ«tā, Krishna revela una forma cósmica con mĆŗltiples rostros, ojos innumerables, una luz que desborda la capacidad humana de percepción. En este libro, los devas, ā€œseres luminososā€ o ā€œentidades radiantesā€ descienden, combaten, e interactĆŗan con los humanos: ā€œIndra… descendió con su poder… y lanzó su rayo desde el cieloā€¦ā€ Los devas son una de las nociones centrales de la tradición espiritual de la India, pero reducirlos a una sola definición serĆ­a empobrecer su alcance. No son simplemente ā€œdiosesā€ en el sentido occidental, ni tampoco meros sĆ­mbolos, son una categorĆ­a intermedia, compleja y filosófica. En los textos mĆ”s antiguos, los devas son fuerzas de la naturaleza personificadas como Indra, asociado al rayo y las tormentas. Agni: el fuego. Vayu: el viento y Surya: el sol. AsĆ­ los devas representan las energĆ­as activas del Cosmos, no solo figuras mitológicas. Son en tĆ©rminos actuales entidades no humanas que conviven en dimensiones distintas a las de nosotros, los humanos. En Upanishads, textos sĆ”nscritos vĆ©dicos tardĆ­os de la filosofĆ­a hindĆŗ, la realidad se organiza en planos mĆŗltiples, habitados por distintas formas de existencia. Para los hindĆŗes, el firmamento y el Cosmos no es vacĆ­o. Es un espacio activo. Con diferentes planos de existencia: ā€œExisten mundos mĆ”s allÔ… y en ellos habitan seres de otra naturalezaā€¦ā€Ā Estos textos obviamente no utilizan el tĆ©rmino ā€œUAP,ā€ ni describen tecnologĆ­a en sentido moderno. Las reseƱas son producto de sus creencias cosmológicas y religiosas, propias de su contexto. Sin embargo, contienen elementos narrativos que hoy pueden ser leĆ­dos —desde otra mirada— como fenómenos aĆ©reos, luminosos o entidades no humanas. Ā Los textos no conocĆ­an la palabra pero hablan de ella: tecnologĆ­a… que describen movimiento en el cielo. No hablan de ciencia… pero narran sobre la luz, la energĆ­a y el, desplazamiento. Y lo hacen con una intensidad tal que, siglos despuĆ©s, seguimos intentando comprender quĆ© fue lo que vieron… o lo que sintieron que vieron. Lo que emerge no es una prueba… pero tampoco es un vacĆ­o. Es un registro. Antiguo, persistente, repetido en distintas culturas, que hoy —en diĆ”logo con la ciencia— vuelve a adquirir una dimensión nueva. Y quizĆ” ahĆ­ reside su verdadero valor: no solo en lo que afirma… sino en lo que nos obliga a seguir preguntando.

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El CorƔn: lo invisible como presencia

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En el CorĆ”n, la frontera entre lo visible y lo invisible se vuelve explĆ­cita. El profeta recibe revelaciones a travĆ©s de una entidad no humana —Jibril— que transmite conocimiento. Y en el viaje nocturno (Isra y Mi'raj), el relato describe un desplazamiento que no es solo geogrĆ”fico. El profeta es llevado Ā”desde la tierra hacia los cielos!, atravesando niveles de realidad que no pertenecen a la experiencia ordinaria. Cada ā€œcieloā€ aparece como un Ć”mbito distinto, con presencia, orden y significado propio. No es un trĆ”nsito abstracto, sino una experiencia narrada como encuentro y ascenso. El movimiento es vertical, progresivo, como si existiera una estructura del Universo mĆ”s allĆ” de lo visible.Y en ese recorrido, la realidad se revela como estratificada… no Ćŗnica ni accesible. En el Ascenso a los cielos se encuentra con otras realidades, en un trĆ”nsito entre planos o dimensiones. Los jinnĀ o geniosĀ son descritos como seres reales no humanos, creados de ā€œfuego sin humoā€, con voluntad propia, coexistiendo con los humanos. AquĆ­, lo no humano no es una hipótesis. Es parte del orden del mundo. No se trata de metĆ”foras aisladas, sino de una arquitectura coherente de lo invisible. Los jinn no solo existen: escuchan, responden, eligen, creen o niegan. El texto los sitĆŗa en una cercanĆ­a inquietante: no estĆ”n lejos… estĆ”n aquĆ­, aunque en otro plano. TambiĆ©n estĆ” presente JibrilĀ que es el mensajero que transmite la revelación divina a los profetas. Es quien comunica el CorĆ”n al profeta Mahoma. ActĆŗa como intermediario entre lo divino y lo humano. No es una figura simbólica: en el Islam es una entidad real, consciente y activa. Jibril no es una voz interior, sino una presencia que irrumpe y transforma. La revelación no ocurre en abstracción, sino en encuentro. El viaje nocturno no es un sueƱo cualquiera, es descrito como trĆ”nsito, como desplazamiento… una geografĆ­a de lo que no vemos. La realidad, entonces, se expande mĆ”s allĆ” de lo perceptible. Y el ser humano aparece como habitante de solo una capa de ese todo. Un todo en el que lo visible y lo invisible conviven… sin separarse del todo. Desde una lectura contemporĆ”nea, estos relatos del CorĆ”n pueden interpretarse como descripciones de encuentros con inteligencias no humanas o fenómenos aĆ©reos no identificados y sugieren experiencias donde lo visible y lo invisible interactĆŗan de forma concreta y transformadora. Y de esta forma, lo que fue revelación en su tiempo… hoy tambiĆ©n puede leerse como parte del mismo enigma que la humanidad intenta asimilar.

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Budismo: mĆŗltiples planos de existencia

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En el Tripitaka, el Buda no estĆ” solo. InteractĆŗa con los devas, seres de otros planos que participan, observan y, en ocasiones, orientan. Desde una lectura contemporĆ”nea, pueden entenderse como formas de existencia no humanas en otros niveles de la realidad. La madre de Buda interactĆŗa con un elefante blanco que desciende del cielo e ingresa en ella, anunciando una presencia que trasciende lo humano. ĀæEs una imagen simbólica… o la forma en que se narró un contacto con lo trascendente? La cosmologĆ­a budista describe mundos superpuestos, habitados por distintas formas de existencia, organizadas en niveles de realidad. No se trata de episodios aislados ni de metĆ”foras dispersas. Es un sistema coherente del Universo… donde lo humano es solo una parte del todo. Y entonces, en el contexto de nuestro tiempo, estos relatos pueden ser leĆ­dos —sin afirmarlo— como posibles registros tempranos de encuentros con lo no identificado. Lo que hoy denominamos UAP podrĆ­a ser, en otra Ć©poca, la forma en que se narró la irrupción de lo desconocido en lo humano. No como prueba concluyente, sino como una constante histórica, la experiencia repetida de algo que desciende, aparece, interactĆŗa… y desaparece.

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TaoĆ­smo y China: inteligencia en la naturaleza

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El taoĆ­smoĀ es una tradición filosófica y espiritual originaria de China. Nace aproximadamente en el siglo VI a.C., asociado a figuras como Laozi, autor del Tao Te Ching. Es una de las grandes corrientes del pensamiento chino que convive e interactĆŗa históricamente con el confucianismo y el budismo y propone vivir en armonĆ­a con el Tao: el ā€œcaminoā€ o principio fundamental del Universo. El taoĆ­smo aporta una mirada distinta, no enfatiza tanto sobre otros ā€œseresā€ como en otras religiones, sino fuerzas, energĆ­as y equilibrios del Cosmos. Lo no humano no siempre aparece como entidad… sino como un orden invisible que sostiene la realidad. Si en otras tradiciones lo desconocido desciende como presencia, en el taoĆ­smo lo desconocido… fluye como principio. Y eso tambiĆ©n abre otra forma de pensar el mismo misterio. En el taoĆ­smo, la realidad se expresa de otra manera. Los inmortales trascienden lo humano y se desplazan entre los distintos planos. Los dragones no son solo criaturas, son fuerzas inteligentes del Cosmos. Y el I Ching actĆŗa como un sistema que responde, orienta, dialoga con quien pregunta.


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El Sintoísmo y Japón

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Es la tradición espiritual originaria de JapónĀ y estĆ” profundamente integrado en su cultura, historia y vida cotidiana. AĆŗn hoy se practica en miles de santuarios (jinja) en todo el paĆ­s. Convive con el budismo japonĆ©s y forma parte de rituales, festividades y la relación con la naturaleza. No es algo del pasado ya que es una presencia viva en la identidad japonesa. No es una religión ā€œdogmĆ”ticaā€ en el sentido occidental, sino una forma de entender el mundo basada en la presencia de los kami, que son entidades no humanas denominados espĆ­ritus o presencias y estĆ”n asociados a la naturaleza como montaƱas, rĆ­os, Ć”rboles, o el viento. TambiĆ©n se vinculan a los ancestros o a fuerzas invisibles. No son ā€œdiosesā€, sino manifestaciones no humanas de lo sagrado en el mundo. En el sintoĆ­smo lo visible y lo invisible no estĆ”n separados. Lo humano convive con lo espiritual y la naturaleza estĆ” habitada. No como un recurso inerte, sino como un tejido vivo de presencias. AsĆ­ cada Ć”rbol puede ser portador de un kami, de una fuerza que siente, responde y se manifiesta. El viento no es solo aire en movimiento: es trĆ”nsito, mensaje, energĆ­a en acción. Las piedras, los bosques, incluso ciertos objetos, pueden albergar memoria y sacralidad. En esta visión, el mundo no se observa desde fuera, se habita en relación con aquello que tambiĆ©n nos habita. Y asĆ­, lo invisible no estĆ” distante ni separado… estĆ” Ć­ntimamente entrelazado con todo lo que vemos y tocamos. El sintoĆ­smo aporta una idea muy potente como es que lo no humano no siempre se encuentra solo en el Universo sino como los humanos, ya estĆ”n aquĆ­, en todo lo que nos rodea y pueden ser portadores de una presencia. Si en otras tradiciones lo desconocido viene ā€œde arribaā€, en el sintoĆ­smo lo desconocido… habita en lo cotidiano. Y eso amplĆ­a aĆŗn mĆ”s la pregunta: ĀæEstamos buscando lo no humano en el cielo… cuando quizĆ”s tambiĆ©n estĆ” en la Tierra y en nosotros?

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Grecia y Roma: dioses entre los hombres

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En la mitologĆ­a clĆ”sica, los dioses no estĆ”n lejos. el dios Zeus desciende, interviene, transforma su representación. Otros dioses aparecen, conversan, influyen, incluso engendran descendencia con humanos. Son descritos como humanos… pero no lo son, son deidades no humanas.

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Zoroastrismo: inteligencias en conflicto

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En el Avesta, la colección principal de textos del zoroastrismo, la realidad aparece organizada por entidades luminosas que no solo existen, sino que actĆŗan. Ahura Mazda —es el principio supremo de sabidurĆ­a y luz— y los Amesha Spentas —sus emanaciones o aspectos— que participan activamente en el orden del mundo. No son figuras distantes ya que representan cualidades operativas como la verdad, el orden, la devoción o la plenitud, que influyen en la existencia humana. Frente a ellas, se alzan fuerzas opuestas asociadas a la oscuridad, la confusión y la negación del orden, en una tensión constante. La vida humana se sitĆŗa en ese campo de interacción, donde cada decisión tiene resonancia en un equilibrio mayor. El Universo no es estĆ”tico ni neutral: es un escenario de participación, donde lo visible y lo invisible se entrelazan. No se trata solo de una estructura conceptual, sino de un sistema en movimiento, con direcciones, influencias y consecuencias. El tiempo mismo adquiere sentido como proceso, como desarrollo de ese conflicto hacia una resolución. Y en ese marco, el ser humano no es espectador, sino parte implicada en esa dinĆ”mica. No es solo metafĆ­sica. Es real.

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El Popol Vuh

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Esta texto no describe a ā€œseres del cieloā€ en el sentido moderno o tecnológico, pero sĆ­ presenta entidades creadoras y fuerzas que provienen de Ć”mbitos superiores o no humanos. El texto habla de deidades y entidades primordiales, entre ellas: Corazón del Cielo (HuracĆ”n). Gucumatz (serpiente emplumada), y Tepeu, que existen antes del ser humano. ā€œTodo estaba en suspenso, todo en calma, en silencio… solo el cielo existĆ­a… y el Corazón del Cielo estaba allĆ­ā€¦ā€Ā Estos dioses participan en la creación del mundo y actĆŗan desde un plano superior al humano. La clave es que el ā€œcieloā€ en el Popol VuhĀ es mĆ”s cosmológico que fĆ­sico porque representa un plano de origen, de creación, de conciencia. No es un cielo ā€œatmosfĆ©ricoā€ como el que vemos, sino el Ć”mbito de donde surge la existencia. No describe naves ni descensos visibles como en otros textos. Pero sĆ­ plantea que la inteligencia creadora no es humana y la realidad nace desde un plano superior. El Popol VuhĀ no habla de que la humanidad, desde sus orĆ­genes, ha sentido que su origen no estĆ” solo en la Tierra. Y eso —desde otro punto de vista— se conecta con la vida no humana y la vida en otros planos del Universo.

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Otros eventos UAP

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Existen mĆŗltiples registros desde la prehistoria, medievales y temprano modernos —crónicas, panfletos, narraciones y relatos— que describen fenómenos en el cielo y en la Tierra que hoy, y con cautela, algunos vinculan a lo que llamarĆ­amos UAP. No son ā€œpruebasā€ en sentido moderno, pero sĆ­ documentos o hechos históricos verificables que muestran cómo esas experiencias fueron interpretadas en su tiempo.


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Luces y ā€œbatallasā€ en el cielo medieval: El fenómeno celeste de NĆŗremberg el 14 de abril de 1561, en una publicación ilustrada por Hans Glaser titulado ciudadanos de NĆŗremberg reportaron ver en el cieloĀ se observan esferas, cruces y cilindros que parecĆ­an luchar entre sí… El documento describe objetos que se movĆ­an, colisionaban y descendĆ­an. En la interpretación en su Ć©poca se comentó que era una seƱal divina o advertencia de Dios. Hoy dirĆ­amos que fue un fenómeno atmosfĆ©rico, simbólico… o algo no identificado como UAP.

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El evento de Basilea (1566)


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Se trata del fenómeno celeste de Basilea, Suiza de 1566: Las crónicas de la Ć©poca lo describenĀ comoĀ ā€œesferas negras que se movĆ­an rĆ”pidamente en el cieloā€¦ā€ en lo que parecĆ­a una lucha entre fuerzas celestiales, cuando no habĆ­a drones…

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Un patrón que atraviesa milenios

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Si reunimos todos estos relatos —de culturas, creencias y religiones que nunca se conocieron entre sí— aparece una recurrencia de hechos que hoy los clasificamos como fenómenos de presencias extraterrestres o no humanas con artefactos lumĆ­nicos voladores, denominados antes, desde vimanasĀ hasta ovnis y ahora UAP,Ā que se mueven en el espacio, en la atmosfera, bajo el agua, en volcanes y en tierras no habitadas. Que pueden o no comunicarse con humanos, o entrar en contacto. Se estima que son de conocimiento superior al humano. Lo cual aĆŗn desconocemos ni existen prueba de su existencia. Aun asĆ­, para la humanidad no es una tradición: Son muchas. No es una Ć©poca. Son milenios. Y hoy, en pleno siglo 21, el tema regresa, se mantiene aunque el tĆ©rmino ha cambiado por el de UAP. Gobiernos, instituciones cientĆ­ficas y organismos militares han reconocido la existencia de fenómenos aĆ©reos no identificados. No explicados. No clasificados. No comprendidos en su totalidad. No afirmamos quĆ© son. Pero sĆ­ algo mĆ”s importante: La pregunta ha regresado. Y no desde la fe… sino desde la observación racional de la ciencia.


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Al final…

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…quizĆ” no estamos ante un fenómeno nuevo. Estamos ante una memoria que regresa.

Porque cuando un relato se repite —en continentes que nunca se hablaron, en lenguas que nunca se tocaron, en culturas que nunca se conocieron— y en diferentes tiempos, deja de ser solo creencia… y comienza a parecerse a una huella. Durante milenios, la humanidad miró al cielo y narró lo que no podĆ­a explicar. Lo llamó dioses, Ć”ngeles, devas, jinn, kami… Hoy lo llama UAP. Cambia el lenguaje. Pero no la experiencia. Y entonces, la pregunta ya no es solo quĆ© estamos viendo ahora… sino quĆ© hemos estado viendo siempre… Porque si algo atraviesa toda esta historia —desde las cavernas hasta los congresos, desde los templos hasta los radares— es una intuición persistente, casi obstinada: Que no estamos solos frente al misterio del Universo. Pero la experiencia —esa sensación de que algo nos observa, nos guĆ­a o nos supera— permanece. Y entonces, la pregunta final no es si estamos ante algo nuevo… sino si, por primera vez, estamos comenzando a mirar con otros ojos lo que siempre estuvo ahĆ­. Por ello, es necesario ampliar el marco de lo posible. Como seƱalamos, los fenómenos UAP no necesariamente deben interpretarse Ćŗnicamente como objetos provenientes de otros planetas. Diversas aproximaciones del presente —desde la fĆ­sica teórica hasta la reflexión filosófica— abren la posibilidad de que estos acontecimientos puedan estar asociados a seres, entidadesĀ o presencias no humanas que operen desde otras dimensiones aĆŗn no accesibles a nuestra percepción, desde otros espacios-tiempo o incluso desde Ć”mbitos desconocidos del propio planeta Tierra. No se trata de afirmaciones concluyentes, sino de hipótesis que emergen cuando el fenómeno excede nuestras categorĆ­as tradicionales de anĆ”lisis y nos obliga a pensar mĆ”s allĆ” de lo evidente. Reconocemos algo que, como psicólogos y como observadores de lo humano, no podemos ignorar: La humanidad no inventa, durante miles de aƱos, la misma experiencia… sin que algo la origine. Tal vez estemos frente a un umbral. Uno en el que la ciencia comienza a mirar con instrumentos… lo que antes solo se miraba con asombro. Todo apunta a que el gobierno de Estados Unidos podrĆ­a pronunciarse nuevamente en breve sobre los UAP, en un contexto de creciente presión institucional y mediĆ”tica. El propio Donald Trump anunció recientemente su intención de ordenar la desclasificación de archivos relacionados con ovnis, vida extraterrestre y fenómenos UAP, instruyendo a agencias federales a iniciar ese proceso de apertura informativa. Este anuncio de la Casa BlancaĀ se suma a declaraciones posteriores en las que aseguró que se publicarĆ”n documentos ā€œmuy interesantesā€Ā en el corto plazo, lo que sugiere una nueva fase de transparencia oficial. En paralelo, informes al Congreso de Estados UnidosĀ y programas del Departamento de Guerra de EEUU consolidan que el fenómeno estĆ” vigente y en atención permanente… Y en ese encuentro entre lo medible y lo inexplicable, entre la razón y la memoria, y entre el dato y el sĆ­mbolo, podrĆ­a estar naciendo una nueva forma de comprender. No solo el fenómeno. Sino a nosotros mismos. Porque si alguna vez logramos entender quĆ© es lo que vemos… tambiĆ©n tendremos que preguntarnos algo mĆ”s: ĀæQuĆ© somos nosotros… en medio de todo esto?... y ĀæCómo nos ven ā€œellosā€ a nosotros?...

Por favor, si desea hacernos un comentario o una consulta escrĆ­banos a: psicologosgessen@hotmail.com. Hasta la próxima entrega… Que la Divina Providencia del Universo nos acompaƱe a todos…

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Puede publicar este artículo o parte de él, siempre que cite la fuente de los autores y el link correspondiente de Informe 21. Gracias. © Fotos e ImÔgenes Gessen&Gessen

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