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Defensa de la diferencia


En un embarazo ella será la afectada en su profesión; él no. Foto: Pexels, Pixabay

En los últimos años hemos visto un gran auge de los movimientos feministas como críticos de

la diferencia entre hombres y mujeres, alegando que las diferencias son mero resultado de

decisiones políticas o construcciones sociales. Para estos críticos el establecimiento de leyes a favor del hombre o la mujer son decisiones del grupo de poder que este al mando. Es un hecho que hace muchos años la participación de la mujer en el ámbito político era limitada. Basta ver las fechas de la aprobación del voto femenino: en España en 1933, Francia 1944, México 1947, Venezuela 1946, Colombia 1954, Argentina 1951, Japón 1945. Todos con menos de un siglo. Sin embargo, otros países ya tienen más de 100 años de la aprobación del voto

femenino: Alemania 1918, Noruega 1913, Dinamarca 1915.


Hoy en día, por lo menos en términos jurídicos, quedan pocos espacios en la cultura occidental donde la mujer es excluida formal y abiertamente. Sólo lo encontramos en aquellas sociedades no occidentales y que sorprendentemente muchos occidentales defienden. Es curioso que muchos de los que defienden los derechos de la mujer, como los movimientos estudiantiles norteamericanos, sean precisamente los que protegen los recortes de la mujer en sociedades que ponen dificultades al voto, la educación, derechos civiles, como el derecho a manejar automóviles. A pesar de que en términos de participación política y social la mujer tiene las mismas posibilidades que el hombre creo que quedan algunos matices a ser revisados, los cuales expongo en este escrito a modo de reflexión. La política posmoderna no es tan clara como los modernos hubieran pretendido.


Tomemos como ejemplo, si realmente los movimientos feministas reclaman un trato igualitario deberían solicitar al gobierno que las mujeres puedan jubilarse a la misma edad que los hombres. Recordemos que en países como Venezuela y algunos otros latinoamericanos la edad de retiro de los hombres es superior al de las mujeres. Por tanto, si la defensa de las mujeres fuera por principios, la igualdad debería valer para la jubilación. Más cuando la supervivencia de los varones es diez años menos que las mujeres, lo que demuestra mayor desgaste en la existencia del sexo masculino. Si somos iguales olvídense del: mujeres y niños primero, y sálvese quien pueda.


Dediquemos algunas reflexiones al ámbito de la formación y educación. Reconocemos que en algunas épocas la mujer recibía una educación dirigida a las actividades propias del ámbito interno del hogar, mientras que el hombre era formado para actividades en el ámbito exterior.


Durante la época donde la vida dependía del cultivo y la cacería, los hombres desarrollaron

habilidades que le permitían mantener su subsistencia y la de sus seres cercanos, por tanto, los hombres iban a la búsqueda del sustento y las mujeres administraban el hogar. Pues, era

imposible que ambos se dedicaran al mismo tiempo al mismo ámbito. Sin olvidar que la

cacería en algunas zonas del mundo se llevaba a cabo bajo fuertes condiciones climáticas.

Con los años y por diversas causas la mujer logró acceder al mismo sistema de educación y

formación que recibía el hombre, situación que sigue vigente. Gracias a los avances

tecnológicos y científicos mujeres y hombres pudieron ampliar su ámbito de educación,

pudieron abordar otros terrenos educativos, políticos, artísticos…y el voto. De esta manera, el

acceso al voto por parte de mujeres y hombres tiene una fuerte dependencia con el desarrollo tecno-científico. Cuando se dependía del trabajo manual se aceptaba la esclavitud, cuando la tecnología avanzó los menos favorecidos optaron por luchar por el voto y la participación social.


Sin embargo, si bien debemos defender que la formación entre mujeres y hombres debe ser

igualitaria, en ámbitos como las matemáticas, las ciencias, las humanidades; hay una

formación que difiere en tanto se es mujer. En este sentido, considero que estamos

desatendiendo la relación que la mujer establece con su cuerpo, pues a través de él no sólo nos paramos en el mundo sino que nos mostramos al hombre. Y este mostrarse es diferente al mostrarse del hombre. Tomemos por caso a la mujer y el hombre adolescente. La mujer

adolescente corre el riesgo de experimentar uno de los grandes problemas de las sociedades menos desarrolladas, que es el embarazo precoz, el cual trae dificultades no sólo personales sino sociales. Si bien se pudiese objetar que el varón tiene una cuota de responsabilidad en el problema es innegable que la consecuencia directa recae en la mujer. Supongamos, dos adolescentes, mujer y hombre, cada uno realizando alguna actividad deportiva, gimnasia y futbol, son responsables de un embarazo precoz, la gestación sólo afectará directamente las actividades de la mujer, quien deberá retirarse del deporte. Otro punto de la relación de la mujer con su cuerpo es el riesgo de sufrir violencias como la violación. El cuerpo femenino por su propia naturaleza es susceptible de ser apropiado por el hombre en contra de su voluntad. A lo largo de toda la historia uno de los crímenes más deleznables ha sido la violación, como un aura protectora de lo femenino. Lo femenino ha sido causa de la ofensa y causa de la protección mágica que lo rodea.


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