Venezuela sufre inflación y deflación al mismo tiempo
- Pedro Elías Hernández

- 11 feb
- 3 Min. de lectura

El economista inglés John Maynard Keynes escribió dos libros que me encantan, Tratado de reforma monetaria, de 1923, en donde analiza con agudeza la inflación alemana de la primera posguerra y Las consecuencias económica de la paz, de 1919, un texto brillante y premonitorio en el cual de manera profética señala el advenimiento de la Segunda Guerra Mundial como resultado del Tratado de Versalles y los términos de las onerosas reparaciones
que Alemania debía pagar a las potencias ganadoras de la Primera Guerra.
A propósito de los 34 años del 4 de febrero de 1992, sería interesante escribir ahora un ensayo parafraseando el libro de Keynes: Las Consecuencias económicas del chavismo. Claro, ya no sería un trabajo con carácter premonitorio, sino simplemente como una “profecía sobre el pasado”.
El populismo de izquierda, bajo el nombre de “socialismo del siglo” XXI, arraigó en la sociedad venezolana de forma intensa. Durante los tiempos de Chávez, de acuerdo a cifras del BCV, Banco Mundial, FMI y fuentes independientes, el consumo por habitante aumentó 4 veces más que la producción por habitante. Eso quiere decir que los venezolanos consumíamos 4 veces más que lo que producíamos. Desde luego, si yo produzco 1 y recibo 4, con seguridad voy a estar bastante contento, lo que explica la inmensa popularidad en vida del Comandante Presidente.
¿De qué forma se compensaba la amplia diferencia entre lo consumido y lo producido? Pues bien, con renta externa petrolera y endeudamiento público masivo. Cuando los precios y la producción petrolera bajaron y dejó de fluir el crédito internacional, se recurrió a la emisión de dinero inflacionario por parte del BCV. Por cierto, tal fórmula es cuarta republicana al extremo. La revolución bolivariana ha sido más de lo mismo a la quinta potencia.
De acuerdo a datos proporcionados por fuentes diversas y a “ojo de buen cubero”, desde 2013 a 2020 se destruyó entre 75 y 77% de la riqueza nacional y salieron del país en busca de oportunidades económicas no menos de 7 millones de compatriotas. El populismo de izquierda. en su versión de “socialismo del siglo XXI”. se encargó de hacer lo que siempre
hace, en todo tiempo y lugar: reducir de manera sostenida la propiedad privada, la economía privada en general y destruir el sistema de precios.
Venezuela sufre una crisis inflacionaria en materia monetaria. Los precios de los bienes y servicios suben incesantemente. La moneda pierde valor, capacidad de compra. Pero los precios no suben todos al mismo tiempo ni es un fenómeno neutral. La inflación es un
fenómeno donde hay ganadores y perdedores. El gobierno emite dinero, lo que hace que los precios suban, pero recibe ese dinero nuevo y malo primero que más nadie -al igual que las grandes corporaciones privadas- antes que el efecto inflacionario se expanda plenamente por toda la cadena comercial. De tal forma se beneficia de los precios anteriores al impacto de la ola inflacionaria provocada por la expansión monetaria. Esta operación se repite una
y otra vez luego de cada emisión de dinero. Es el llamado efecto Cantillon.
Muchos precios suben, pero el último que sube es el precio de la fuerza de trabajo, es decir, los salarios o los ingresos laborales. Al subir en tiempos diferentes la mayoría de los precios y los ingresos detrás de ellos, entonces bajan los ingresos reales ya que éstos se hacen más baratos en comparación a los otros precios. Y los ingresos reales forman parte de los costos del Estado y del sector privado, por lo que la inflación hace que los costos laborales del
gobierno y empresarios disminuyan al compararlos con otros costos y así pueda ayudarse para cuadrar sus cuentas.
La inflación es una trasferencia de riqueza desde los asalariados a los empleadores, desde los deudores a los acreedores. El patrono, público o privado, es el deudor de la fuerza de trabajo y el trabajador es su acreedor ya que el sector laboral le expide un crédito al empleador por su esfuerzo ya que el empleado trabaja ahora y le pagan después. La inflación destruye el valor del dinero en el tiempo.
Pero en nuestro país también hay una crisis deflacionaria en materia productiva. Bajan las rentas de la sociedad en general, bajan los ingresos de las personas, bajan los ingresos laborales reales, baja la generación de empleos, bajan las cuotas de mercado de las empresas, etc. Nuestro problema va más allá de la carestía.



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