top of page

Celebrar a Miranda para cavilar el paĆ­s: ajedrez quijotesco


En La Carraca, Miranda mirarƭa, con el alma y tal vez con los ojos, el ocƩano y pensarƭa mil veces la tragedia americana y no solo la suya propia y final desventura. Imagen IA Gemini
En La Carraca, Miranda mirarƭa, con el alma y tal vez con los ojos, el ocƩano y pensarƭa mil veces la tragedia americana y no solo la suya propia y final desventura. Imagen IA Gemini

Miranda, el generalísimo SebastiÔn Francisco de Miranda, tenido por la posteridad como precursor de la independencia venezolana, debió meditar mucho en los años de su presidio gaditano, afortunadamente no tan largos. Nacido en Caracas el 28 de marzo de 1750 y fallecido el 14 de julio de 1816, en "la negra Carraca" como reza el himno del estado que lleva su glorioso nombre, Miranda llevó una vida un tanto azarosa que le deparó grandes oportunidades de entender la condición humana y la variedad no solo de climas y terrenos, sino de costumbres, ideas, imaginarios y sistemas políticos, todo ello mediante vivencias

profundas y serenas lecturas.


En La Carraca, Miranda miraría, con el alma y tal vez con los ojos, el océano y pensaría mil veces la tragedia americana y no solo la suya propia y final desventura. QuizÔ se detendría en las eventuales aristas futuras de lo que llegó a ver como un verdadero bochinche y, probablemente, recordase un posible consejo de Don Quijote a su escudero: "No dejes de mirar los gestos de la duquesa. En ellos verÔs sin mengua el porvenir". Sancho, empero, quizÔ solo se fijó en las metoposcopias y oculomancias sobre su gobierno por venir y no en la

complejidad del dicho de su seƱor don Alonso Quijano.


Miranda, estimulado por aires y olores marinos, intentaría reconstruir los gestos de cada uno de los que aplaudieron su frenética lucha por Venezuela y los ojos entornados de la traición. No dejaría de ver la estela del mar al partir para cruzar de nuevo el AtlÔntico, esa vez sin retorno, esa vez con el solo placer de los recuerdos.


No es fƔcil escudriƱar el presente y tratar de ver el futuro de Venezuela. Es tarea de titanes, de titanes del silencio y la prudencia, de titanes de los detalles y la complejidad del laberƭntico tablero de ajedrez que es el paƭs, que ha sido el paƭs. Ni las torres ya casi en ruinas situadas en los extremos, ni los caballos ni sus palafreneros, ni los alfiles con sus rostros paquidƩrmicos, ni los reyes, ni sus muy listas reinas, han podido, del todo, entender el embrollo que pisan y a cuya sombra duermen, que no descansan en rigor, aunque parezcan como sonreƭr jactanciosos. No alcanzan siquiera a entender a los peones, quienes, a su vez,

tampoco ven mƔs allƔ de los cuadrados dibujos del tablero.


Pensar en el país desde el destierro físico o intelectual, desde el silencio y la prudencia, es una tarea que muchos venezolanos ejecutan hoy en día y otros muchos también han emprendido en el pasado, como tantísimos latinoamericanos en el dolor inmenso del destierro y la impotencia interna. "No es posible cambiar las cosas a nuestro antojo o razón, pero sí en nuestros sueños, Sancho. Con ellos toparemos algún día y sabremos si hemos o no arado en el mar, como majaderos impenitentes que somos algunos. Usar armas para imponer sueños quizÔ sea inútil, porque al final no sabes contra quién luchas". Un aire de

flauta se siente en la lejanĆ­a.



21

”Gracias por suscribirte!

Suscríbete a nuestro boletín gratuito de noticias

Únete a nuestras redes y comparte la información

  • X
  • White Facebook Icon
  • LinkedIn

© 2022 Informe21

bottom of page