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¿Venezuela puede convertirse en una “China del Caribe”?

¿El acuerdo petrolero con Estados Unidos puede abrir una transición democrática o consolidar un chavismo capitalista inspirado en China?... Trump y Delcy pueden reconstruir la economía venezolana, pero la incógnita es si esa prosperidad traerá legitimidad democrática y libertad…



El petróleo, Trump, Delcy y los posibles escenarios

 

El punto es si —salvando todas las diferencias históricas, culturales, económicas y geopolíticas— Venezuela podría comenzar a recorrer una variante propia del camino chino, y abrir progresivamente la economía sin que, necesariamente al mismo ritmo, el poder político cambie. Es decir, permitir capital privado, inversión extranjera, mercados más libres y una creciente integración con Estados Unidos, mientras buena parte de la estructura política heredada del chavismo permanece intacta. Si esa fórmula produce crecimiento, empleo, estabilidad y una mejora visible en la vida cotidiana, podría generar además una nueva forma de legitimidad basada no tanto en la ideología como en los resultados. Y allí aparecería la verdadera incongruencia: que el capitalismo termine ayudando a prolongar en el poder a quienes llegaron a él proclamando precisamente la superación del capitalismo…

 

El caso chino

 

Se presentan situaciones en la historia de los países en los que una decisión económica termina modificando mucho más que la economía. Cambia las alianzas, se redistribuye el poder, se transforma las expectativas de la población y, en determinadas circunstancias, puede hasta alterar la naturaleza del régimen político. Venezuela podría encontrarse frente a uno de esos momentos. El gigantesco acuerdo petrolero anunciado entre el gobierno de Donald Trump y la administración interina de Delcy Rodríguez no debería analizarse únicamente preguntándonos cuántos barriles producirá Venezuela, cuánto dinero invertirán las compañías estadounidenses o cuánto petróleo llegará a las refinerías de Texas y Luisiana. La cuestión es otra: ¿Qué clase de Venezuela puede surgir si este acuerdo tiene éxito?... Porque existen dos transformaciones diferentes que no necesariamente ocurren al mismo tiempo. Una es económica y la otra es política… Además, la historia demuestra que un país puede cambiar profundamente la primera, sin cambiar la segunda. China constituye probablemente el caso contemporáneo más emblemático.

 

El experimento chino

 

Cuando Deng Xiaoping comenzó las reformas económicas a finales de la década de 1970, China seguía gobernada por el Partido Comunista. Y lo continúa haciendo medio siglo después. La diferencia es que su economía cambió extraordinariamente. China comenzó a abrirse al comercio internacional y a la inversión extranjera, permitió progresivamente una mayor actuación de las fuerzas del mercado, diversificó las formas de propiedad y desarrolló zonas económicas especiales. El Banco Mundial describe aquel proceso precisamente como una transición progresiva desde una economía planificada hacia una economía donde los mecanismos del mercado adquirieron una importancia creciente, mientras permanecía la continuidad política del Partido Comunista. No debemos cometer la simplificación de llamar a China simplemente una economía capitalista occidental. Beijing continúa definiendo su sistema como una “economía socialista de mercado”, mantiene poderosas empresas estatales y conserva una enorme capacidad gubernamental de intervención. Tampoco puede describirse aquella economía como el viejo comunismo de planificación central existente durante la época de Mao.


 

Deng introdujo una revolución pragmática. En esencia, el mensaje fue: no importa demasiado cómo llamemos al sistema mientras produzca crecimiento. Entonces la mano invisible del mercado comenzó a avanzar. Llegaron las inversiones. Una de las primeras: La Coca Cola. El acuerdo se cerró en diciembre de 1978 y Coca-Cola entró al mercado chino en enero de 1979. Se multiplicaron las empresas privadas. China se integró progresivamente a la economía mundial. Y, sin embargo, el Partido Comunista continuó gobernando. El Banco Mundial ha señalado precisamente que la continuidad política permitió a China concentrarse durante décadas en una transformación económica y social sin experimentar simultáneamente una transición política. La enorme pregunta venezolana es si, con todas las diferencias históricas, culturales, económicas y geopolíticas que existen entre ambos países, algo conceptualmente semejante podría comenzar a desarrollarse ahora en Venezuela. No una copia de China. Eso sería imposible. Pero sí una variante venezolana del principio que determina cambiar a fondo la economía para conservar, transformar y prolongar el actual poder político…

 

Un acuerdo mucho mayor de lo que parece

 

El trato anunciado por Trump y Delcy Rodríguez contempla el desarrollo de 17 campos petroleros que contienen alrededor de 64.000 a 65.000 millones de barriles de reservas. Según las autoridades venezolanas, requeriría inversiones superiores a 100.000 millones de dólares durante sus 25 años de duración y podría llevar la producción asociada a estos proyectos hasta alrededor de 1,5 millones de barriles diarios. No estamos hablando, por tanto, de otorgarle una licencia adicional a Chevron. Estamos viendo que se intentar rediseñar una parte considerable de la industria fundamental de Venezuela. Y a la sazón, aparece un personaje inesperado, Alejandro Betancourt, quien encabeza la compañía North American Blue Energy Partners —NABEP— actualmente controlada por este empresario venezolano, ha sido escogida como pieza central de la estructura que Washington pretende utilizar. NABEP recibiría 14 nuevos proyectos y, sumados a los que ya maneja, tendría participación en 17 proyectos petroleros venezolanos. Cinco de los nuevos campos habían estado asociados con compañías chinas y uno con una empresa rusa. Esto convierte a Betancourt en mucho más que un empresario petrolero. Lo coloca potencialmente como una bisagra entre PDVSA, Delcy Rodríguez, Washington y el capital estadounidense…

 

¿Por qué Betancourt y no Exxon?

 

Ésta es una de las interrogantes más interesantes… Porque si Estados Unidos pretende reconstruir la industria petrolera venezolana, parecería lógico imaginar inmediatamente a ExxonMobil, Chevron o ConocoPhillips. Porque Chevron sí mantiene una posición privilegiada. Ha permanecido en Venezuela durante años y se calcula que sus proyectos producirán alrededor de 280.000 barriles diarios en 2026. Igualmente se preparan nuevos acuerdos para ampliar considerablemente sus operaciones. Exxon representa otra historia. Después de haber salido del país tras las nacionalizaciones de 2007, su CEO Darren Woods llegó a decir en enero que Venezuela era prácticamente “no invertible” sin mayores garantías jurídicas. Sin embargo, la empresa envió posteriormente un equipo técnico para examinar oportunidades, y Trump declaró el 31 de agosto que Exxon se preparaba para entrar, aunque la compañía todavía no había confirmado públicamente una inversión definitiva. ConocoPhillips, por su parte, continúa arrastrando las consecuencias financieras y jurídicas de las antiguas expropiaciones y no se encuentra todavía en una situación comparable a Chevron como operador venezolano…

 

¿Por qué NABEP?

 

Probablemente porque ofrece algo que las gigantes petroleras no pueden proporcionar con la misma rapidez, la presencia previa en Venezuela, relaciones dentro del sistema, conocimiento de PDVSA, mayor tolerancia al riesgo y capacidad para actuar como intermediario entre Caracas y Washington. Asimismo, Washington estudia una estructura mediante la cual el gobierno estadounidense incluido el Pentágono podría obtener alrededor de 35 % de participación pasiva en NABEP, junto a derechos preferenciales sobre aproximadamente 20 % de la producción de los campos petroleros. La fórmula exacta continúa siendo objeto de discusiones jurídicas, particularmente por las limitaciones existentes para que organismos vinculados al Pentágono posean directamente participaciones empresariales para costear parte de los armamentos de EEUU. La diferencia es enorme. Exxon seguiría siendo Exxon. Chevron seguiría siendo Chevron. Pero NABEP podría convertirse en algo mucho más funcional para Washington, un vehículo empresarial privado sobre el cual Estados Unidos tendría una participación o influencia estratégica extraordinaria. Lo que busca Trump, las petroleras, el complejo industrial y el Pentágono. El petróleo es solamente una parte. Washington parece perseguir al menos cinco objetivos. Primero, incrementar la seguridad energética estadounidense... Segundo, enviar crecientes volúmenes de petróleo venezolano hacia las refinerías estadounidenses del Golfo de… ¿America?... Tercero, aprovechar eventualmente parte de esa producción en el contexto de una Reserva Estratégica de Petróleo que se encuentra en niveles extraordinariamente bajos, aunque existen obstáculos técnicos para utilizar directamente determinados crudos pesados venezolanos en esas instalaciones. Cuarto, desplazar progresivamente a China y Rusia de posiciones estratégicas que adquirieron durante los años de confrontación entre Caracas y Washington bajo el “chavismo”. Y quinto, el objetivo más importante desde el punto de vista geopolítico, volver a insertar Venezuela dentro de la esfera económica y estratégica de Estados Unidos. Un funcionario estadounidense explicó que uno de los objetivos consiste precisamente en abrir el mercado estadounidense para petróleo que anteriormente terminaba principalmente en China. Eso significa que debajo de los pozos existe otra disputa. No solamente se está decidiendo quién extraerá el petróleo venezolano. Más bien, hacia dónde mirará Venezuela durante las próximas décadas. Durante años Caracas construyó una relación privilegiada con: China, Rusia e Irán. La nueva Venezuela podría desplazarse hacia: Estados Unidos, inversión occidental y mercados norteamericanos… como fue en China. El petróleo se convierte nuevamente en geopolítica…

 

¿Y qué obtiene Delcy Rodríguez?

 

Algo igualmente poderoso: viabilidad y tiempo a su mandato. Un gobierno puede sobrevivir durante algún tiempo gracias al control político. Pero para mantenerse necesita finalmente producir resultados. Necesita empleos. Necesita inversión. Electricidad, infraestructura, estabilidad monetaria. Requiere que los supermercados tengan mercancías y que el salario permita comprar algunas de ellas, que las personas vuelvan a imaginar un futuro dentro de su propio país. Desde la psicología política existe algo que pudiéramos llamar legitimidad por resultados. Un gobierno que enfrenta cuestionamientos sobre su origen puede intentar construir una legitimidad diferente basada en una afirmación muy sencilla: “Ahora ustedes viven mejor.” Ése podría convertirse en el proyecto político de Delcy Rodríguez. Y precisamente aquí aparece el precedente chino…

 

¿Un chavismo capitalista?

 

Imaginemos por un momento que el acuerdo funciona. Llegan decenas de miles de millones de dólares. Chevron incrementa la producción. NABEP desarrolla sus campos. Exxon finalmente entra. Otras empresas internacionales regresan. Se recuperan instalaciones. Aumentan las exportaciones. Entran divisas. Crece el empleo. Disminuye gradualmente la inflación. Mejora el abastecimiento. Comienzan algunas obras públicas. Los venezolanos empiezan a percibir después de tantos años de deterioro que el país vuelve a funcionar. ¿Qué ocurriría políticamente?... Bueno, aquí aparece uno de los escenarios que hasta hace poco parecía improbable y que ahora debemos estudiar seriamente, como es que el chavismo abandone gran parte de su economía socialista sin dejar inmediatamente el poder político. Sería una especie del socialismo de mercado chino. No el chavismo de Hugo Chávez. Mucho menos el modelo económico de Nicolás Maduro. Una nueva versión. PDVSA continuaría existiendo. El Estado mantendría formalmente la soberanía sobre los hidrocarburos. El PSUV seguiría siendo una fuerza política en recuperación. Parte de la burocracia y de la estructura militar permanecerían. A la par, habría inversión extranjera masiva, empresas privadas explotando campos, exportación directa, comercialización internacional, capital estadounidense y creciente utilización de mecanismos de mercado. Las modificaciones recientes de la legislación petrolera ya conceden a empresas extranjeras mayor flexibilidad para operar campos, exportar petróleo y administrar ingresos provenientes de las ventas. En pocas palabras: podría desaparecer buena parte del socialismo económico sin desaparecer simultáneamente el chavismo político. Esto fue, salvando enormes distancias, lo que ocurrió en China. Deng no eliminó al Partido Comunista para introducir mercados. Introdujo mercados para intentar hacer viable al sistema dirigido por el Partido Comunista.


 

Los escenarios

 

Primer escenario, una transición negociada y gradual: Con una probabilidad de hasta el 40 %. Delcy Rodríguez permanece durante una etapa de estabilización. Estados Unidos garantiza inversiones, mercados y apoyo económico. El gobierno continúa negociando con sectores de la oposición. Se reconstruyen progresivamente mecanismos electorales e institucionales. Y finalmente se celebran elecciones competitivas que permiten una verdadera alternabilidad. Ya existen conversaciones respaldadas por Washington entre el gobierno interino y una representación opositora encaminadas, según publicaciones, a reformar el sistema político antes de futuras elecciones. De hecho, senadores estadounidenses de ambos partidos han reclamado elecciones libres, liberación de presos políticos y avances democráticos. En este escenario Delcy no sería necesariamente el destino final. Sería el puente. Y el acuerdo petrolero que fortalezca su gobierno durante los próximos meses podría crear posteriormente las condiciones económicas para que pueda entregar democráticamente el poder…

 

Segundo escenario, el modelo chino venezolano: Con una probabilidad de menos del 30 %. Pero éste podría convertirse en el escenario dominante si el éxito económico es considerable. Delcy lograría crecimiento. El petróleo vuelve a producir riqueza. La población experimenta una mejoría palpable. El chavismo abandona progresivamente su viejo discurso económico y se transforma. Acepta capital privado. Convive con Estados Unidos. Reduce su dependencia de Rusia, China e Irán. Pero conserva buena parte de las instituciones políticas y de las estructuras de poder construidas durante las últimas décadas. Entonces surgiría algo que hace apenas unos años habría parecido una contradicción: un gobierno heredero del chavismo administrando una economía claramente capitalista. La nueva legitimidad ya no sería: “Somos la revolución.” Ahora diría: “Nosotros recuperamos Venezuela.” Psicológicamente, eso puede resultar extraordinariamente poderoso. Los pueblos agotados después de largos períodos de crisis suelen valorar intensamente la estabilidad. Cuando una persona ha vivido años entre inflación, inseguridad, emigración familiar, deterioro de servicios y desesperanza, la recuperación cotidiana puede adquirir más importancia inmediata que las abstracciones institucionales. Allí reside precisamente el peligro democrático. El bienestar económico puede generar tolerancia frente a un sistema políticamente incompleto. China lo demostró durante décadas.

 

Tercer escenario: transición democrática acelerada: Probabilidad de menos del 15 por ciento. Existe otra posibilidad. Washington utiliza deliberadamente el extraordinario poder económico derivado del acuerdo para exigir cambios institucionales. La fórmula sería: petróleo e inversión a cambio de democracia y seguridad jurídica. Se reconstruye un poder electoral confiable. Se garantiza participación política. Se liberan definitivamente los presos políticos. Se restablecen contrapesos institucionales. Se acuerdan garantías para sectores militares y antiguos dirigentes chavistas. Así las cosas Venezuela celebra elecciones competitivas verificables internacionalmente. Sería probablemente el escenario políticamente más deseable. Pero implica la dificultad fundamental de todas las transiciones, quienes poseen el poder deben aceptar que pueden perderlo y esto puede llevar a que la posibilidad de que este escenario se apague.

 

Cuarto escenario: fractura del chavismo y crisis de gobernabilidad: Con una probabilidad de menos del 10 %. No todos los sectores del chavismo necesariamente aceptarán esta metamorfosis. Pensemos en la dimensión psicológica del cambio. Durante años se presentó a Estados Unidos como enemigo imperial. China, Rusia e Irán fueron aliados estratégicos. Las empresas petroleras estadounidenses representaban simbólicamente aquello contra lo cual supuestamente luchaba la revolución. Y ahora podría ocurrir exactamente lo contrario: Estados Unidos entra. Capital estadounidense se hace presente. Empresas privadas operan petróleo. Campos petroleros chinos y rusos pasan a estructuras respaldadas por Washington. Caracas negocia con la oposición. El viejo enemigo comienza a convertirse en socio. Para sectores ideologizados, burocráticos, militares o económicamente beneficiados por el antiguo sistema, esto podría experimentarse no como una reforma sino como una traición. Podrían entonces aparecer luchas internas, sabotajes, divisiones militares o resistencia política… En el caso de China, antes de que Deng Xiaoping pudiera transformar la economía china, el país tuvo que resolver una feroz lucha interna por el poder. Tras la muerte de Mao, la “Banda de los Cuatro” —entre cuyos miembros se encontraba Jiang Qing, la propia viuda de Mao— fueron arrestados en octubre de 1976 por la nueva dirección encabezada por Hua Guofeng. La ruptura con el maoísmo radical no fue menor: dos integrantes de la Banda, incluida la viuda de Mao, fueron condenados a muerte —penas luego conmutadas— y otro recibió cadena perpetua y el cuarto veinte años de prisión. Aquella derrota del ala radical de la Revolución Cultural abrió el espacio político que permitiría posteriormente el regreso de Deng y, desde 1978, el inicio de una transformación económica que habría resultado prácticamente imposible mientras aquella facción conservara el poder.

 

Quinto escenario: el gigantesco proyecto tropieza con la realidad: Con menos del 5 % de probabilidad. También puede ocurrir que estemos contemplando un anuncio mucho más espectacular que viable. Extraer el petróleo pesado venezolano es costoso.

Hay que reconstruir pozos, oleoductos, mejoradores, electricidad e infraestructura. Se necesitan diluyentes. Se necesitan barcos y capital abundante durante décadas. Y, sobre todo, se necesita algo que Venezuela perdió hace muchísimo tiempo: confianza jurídica. La prensa ha recogido severas críticas sobre la ausencia de una licitación competitiva, la falta de transparencia de los contratos y las dudas acerca de la arquitectura legal de un acuerdo de semejante magnitud. Para que entren los 100.000 millones de dólares Venezuela necesita instituciones confiables. Pero si los contratos gigantescos se realizan sin suficiente transparencia, podrían debilitar precisamente las instituciones cuya reconstrucción necesita el país. Alejandro Betancourt ocupa en este panorama una posición excepcional. No porque posea más recursos que Exxon. No porque su empresa sea tecnológicamente superior a Chevron. Sino porque controla una organización situada justamente en el lugar donde convergen varios poderes como PDVSA, NABEP/Betancourt y Washington. Y ahora además NABEP podría asumir campos anteriormente relacionados con operadores chinos y rusos. Un empresario colocado en esa posición puede transformarse inevitablemente en un actor político, aunque formalmente no ocupe ningún cargo público. Por ello no se trata de prejuzgar su actuación ni de convertir las controversias que han rodeado anteriormente su trayectoria empresarial en condenas que no existen. Se trata de aplicar una regla democrática elemental, como es que cuanto mayor sea el poder económico concentrado, mayor debe ser la transparencia institucional que lo rodee. Y eso vale para Betancourt, para Chevron, para Exxon, para PDVSA y también para los propios gobiernos de Estados Unidos y Venezuela.

 

El escenario que más debería preocuparnos

 

Existe una posibilidad que no encaja perfectamente dentro de las categorías tradicionales. Venezuela podría dejar atrás el socialismo autoritario pero no llegar inmediatamente a la democracia. Podría aparecer en su lugar un capitalismo oligárquico petrolero. Un reducido número de empresarios controla grandes concesiones. El Estado conserva poder político. Las grandes compañías reciben rentabilidad. Washington obtiene energía y seguridad geopolítica. El gobierno venezolano obtiene recursos. La economía mejora. Pero las instituciones continúan siendo débiles. Entonces habríamos cambiado el modelo económico sin resolver el verdadero problema venezolano: ¿quién controla a quienes tienen el poder? Porque el capitalismo necesita democracia y Estado de derecho tanto como necesita inversión. De lo contrario, la riqueza puede cambiar de manos sin que cambie la relación entre el ciudadano y quienes gobiernan...

 

Trump y Delcy se necesitan

 

Ésta puede ser finalmente el quid del asunto. Trump necesita a Delcy Rodríguez. No necesariamente porque desee que gobierne Venezuela indefinidamente, sino porque requiere de alguien que pueda mantener suficiente cohesión interna mientras se reconstruye la industria petrolera, y se redefine la relación estratégica con Washington. Por lo mismo, Delcy necesita a Trump. No porque se haya convertido ideológicamente en una dirigente pro estadounidense, sino porque sin capital, tecnología, mercados y reconocimiento internacional resulta extraordinariamente difícil reconstruir la economía venezolana. Podría establecerse así una relación de dependencia mutua: Trump requiere estabilidad venezolana para obtener petróleo. Delcy necesita la inversión en petróleo estadounidense para obtener estabilidad. Y en medio se encuentra Venezuela… Hasta publicar este análisis el 1° de septiembre de 2026, María Corina Machado no se ha pronunciado...

 

Al final…

 

… la gran pregunta venezolana ya no es si el chavismo sobrevivirá. Es: ¿En qué se transformará para sobrevivir? China descubrió hace casi medio siglo que un partido nacido bajo una economía comunista podía permitir mercados, inversiones, propiedad privada y capitalismo empresarial sin abandonar necesariamente el monopolio político. Venezuela podría estar comenzando, con enormes diferencias y características propias, un experimento semejante. Delcy Rodríguez podría intentar construir legitimidad económica allí donde existe una profunda controversia sobre la legitimidad política. Trump podría aceptar temporalmente esa fórmula porque obtiene petróleo, estabilidad y una Venezuela nuevamente alineada con Estados Unidos, mientras China, Rusia e Irán pierden influencia. Al leer este artículo mi esposa María Mercedes Gessen me dijo: “Pienso que se puede dar el caso en que una población agotada podría aceptar durante algún tiempo menos democracia a cambio de más prosperidad. Ésa sería psicológicamente una tentación comprensible, aunque también históricamente peligrosa. Porque la prosperidad no sustituye a la libertad, de la misma manera que la libertad política difícilmente puede consolidarse sobre una sociedad condenada permanentemente a la miseria. Venezuela necesita ambas”.


 

Yo agregaría que el petróleo pueda proporcionar los recursos para reconstruir el país. Que Estados Unidos pueda contribuir con capital y tecnología. Que el chavismo pueda transformarse y la oposición pueda incorporarse a una transición pactada. Que Delcy Rodríguez pueda convertirse en un puente entre dos épocas… El éxito verdadero del acuerdo Trump–Delcy no podrá medirse solamente preguntando cuántos millones de barriles salieron de la Faja del Orinoco. Habrá que responder si ¿sirvió el petróleo para que Venezuela recuperara solamente su riqueza… o también para que recuperara sus instituciones, su pluralismo, su democracia y su libertad? Porque si dentro de algunos años los venezolanos tienen una economía capitalista próspera pero continúan sin poder decidir libremente quién los gobierna, habremos transformado el modelo económico. Pero todavía no habremos terminado la transición, como le ocurrió a China durante medio siglo y continúa... Que la Divina Providencia Universal nos acompañe, apreciado lector… Si desea darnos su opinión o contactarnos puede hacerlo en psicologosgessen@hotmail.com...







 

Puede publicar este artículo o parte de él, siempre que cite la fuente del autor. Gracias.

© Fotos e Imágenes Gessen&Gessen


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