Reflexiones sobre lo bueno y lo bello
- Noel Álvarez
- hace 3 horas
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Lao-Tsé fue un influyente filósofo y sabio de la antigua China, a quien se le reconoce como el autor del libro Tao Te King y fundador del taoísmo, una corriente espiritual y filosófica que ha moldeado la cultura oriental por más de 2000 años. Decía este filosofo: "Cuando todos en el mundo reconocen lo bello como bello, eso en sí mismo es fealdad; cuando todos reconocen lo bueno como bueno, eso en sí mismo es maldad". A simple vista, parece una contradicción, pero cuando uno ha caminado los pasillos del poder y las celdas del olvido, entiende que la unanimidad suele ser el disfraz preferido de la hipocresía. Definir algo como "absolutamente bueno" o "absolutamente bello" implica crear, por descarte, un enemigo o una fealdad que perseguir. En la política, esto se traduce en grupos que, bajo la bandera de un supuesto "bien común", terminan cometiendo bajezas y persecuciones contra quienes no se ajustan a su molde. La maldad se oculta precisamente allí, en la soberbia de creerse dueños de la verdad y en la fealdad de destruir al prójimo en nombre de una pureza imaginaria.
Esta enseñanza filosófica nos advierte que las apariencias son engañosas y que los opuestos se necesitan para existir. El éxito rotundo de una idea o de un liderazgo, cuando es aplaudido por todos, suele despertar simultáneamente los instintos más bajos en aquellos que habitan en la mediocridad. Lo que para unos es un acto de justicia y humanidad, para otros es una amenaza a sus pequeños feudos de poder. Por eso, el sabio no se deja encandilar por el brillo del reconocimiento masivo ni se deja amargar por la sombra de la calumnia. Entiende que, si su labor es señalada como "buena" por las víctimas y los olvidados, inevitablemente será señalada como "mala" por los opuestos que se benefician del silencio. La verdadera belleza de una acción no reside en el consenso de las masas, sino en la coherencia de quien la ejecuta, aceptando que la luz y la sombra son parte del mismo camino.
Al final del día, lo que define a una persona no es la etiqueta que le pongan sus detractores ni el pedestal donde lo ubiquen sus seguidores, sino su capacidad de mantenerse firme en el centro de esa tormenta. Por eso, si hoy nuestra voz genera eco y molesta a quienes prefieren la oscuridad de la intriga, es porque estamos tocando una fibra de verdad que ellos no pueden procesar. Nunca perseguiré la unanimidad que advierte Lao-Tsé, esa que se vuelve maldad por su propia rigidez. Me siento más cómodo con la imperfección de una lucha honesta, donde lo "malo" de las pruebas superadas se transforma en lo "bueno" de una mano tendida. Estoy convencido de que, en el equilibrio, donde la fealdad de la traición es vencida por la belleza de la solidaridad, es donde realmente se forja el carácter y se construye un liderazgo que no depende de las modas, sino de una integridad innegociable.