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¿Reconoces de quién es este perfil psicológico?

Cuando alguien es famoso su comportamiento nos revela más de lo que imaginamos: es cuando la caricatura y la realidad comienzan a parecerse… Pero, ¿Qué ocurre cuando ese arquetipo deja de ser una parodia y empieza a reconocerse en la vida pública contemporánea?...



Tengamos una experiencia juntos, apreciado lector: Vamos a describir el perfil psicológico de un personaje ampliamente conocido. Es malhumorado, ególatra, incapaz de regular sus rabias, obsesionado con acumular riqueza, incluso cuando ya lo tiene todo. Posee un sentimiento de identificación selectiva y una tendencia constante a culpar a los demás de sus propios fracasos. No diremos su nombre. No hablaremos de episodios específicos. No mencionaremos cargos ni profesiones. Solo observaremos conductas. También te pedimos algo más, que mientras lees, no pienses en personas reales de forma temprana. Limítate a ver el retrato psicológico. Permite que tu mente haga las asociaciones que quiera hacer. Al final, volveremos sobre una pregunta sencilla, pero reveladora: ¿de quién se está hablando en este perfil?...

 

Perfil psicológico del relevante protagonista

 

Nos encontramos ante un sujeto de edad avanzada, rígido en su estructura emocional y cognitiva, con una marcada dificultad para la empatía espontánea. Su estado afectivo predominante es el mal humor crónico, no como reacción puntual al entorno, sino como forma estable de relacionarse con el mundo que le rodea. La irritabilidad aparece ante cualquier estímulo que perciba como amenaza a su control, a su orden o —especialmente— a su fortuna. Presenta un egocentrismo defensivo ya que cuando aparece, todo gira en torno a sí mismo, no por amor propio saludable, sino por una profunda desconfianza hacia los demás, incluyendo a su familia. Para este personaje las demás protagonistas son vistos como potenciales usurpadores, aprovechados o incompetentes. Este rasgo se traduce en un egoísmo estructural, donde compartir no es una virtud sino una pérdida, y donde la acumulación de riqueza se convierte en sustituto de la seguridad emocional. Las rabietas constantes, desproporcionadas para la situación que las provoca, revelan una pobre regulación emocional. El personaje reacciona como si cada contratiempo fuera una catástrofe personal. Lo que sugiere una personalidad frágil que necesita reafirmarse constantemente mediante el dominio, el dinero o la imposición de su voluntad. Uno de los rasgos más llamativos es su deseo permanente de ser más rico, aun cuando ya posee más de lo que cualquier necesidad racional justificaría. Y no hablamos de ambición normal, sino de una compulsión acumulativa. El dinero no es un medio para él, es un fin en sí mismo, casi un objeto de apego. Su relación con la riqueza es emocional, no económica. Poseerla, le calma, pero perder patrimonio, le desorganiza psíquicamente. Se observa también una marcada avidez moral selectiva porque exige honestidad, esfuerzo y sacrificio a los demás, pero justifica en sí mismo conductas mezquinas, trampas o abusos cuando sirven a sus intereses. Este doble estándar refuerza su sensación de superioridad y alimenta una narrativa interna donde siempre tiene la razón. A nivel vincular, mantiene relaciones instrumentales. El afecto aparece condicionado al rendimiento, a la utilidad o a la obediencia. La ternura, cuando surge, lo hace de manera torpe, breve y casi vergonzante, como si conectarse emocionalmente fuera un riesgo mayor que cualquier crisis financiera. En el fondo —y esto es clave— no estamos ante una celebridad simple, sino ante una figura extremadamente temerosa, con miedo a la pérdida, al caos, a la dependencia, a la vulnerabilidad. Su dureza no es fortaleza, más bien es su coraza. Su riqueza no es abundancia, es anestesia. Este perfil, llevado al extremo y envuelto en humor, ha logrado algo notable, permitir que multitudes se rían de sus rasgos humanos que, fuera de la ficción, resultan socialmente destructivos… Y ahora, la pregunta inicial y a la vez final es inevitable:


 

¿Sabes quién es este personaje?

 

Muy probablemente has pensado en alguien relevante —como la mayoría determinante y significativa de las personas encuestadas al leer este perfil— pero no es quién crees. Sin embargo, muy acertadamente ese notable sujeto que te vino a la mente —por ello— sí se parece al perfil que hemos descrito del famosísimo Rico McPato (nombre original Scrooge McDuck), una figura que partiendo de las descripciones oficiales de Disney y del trabajo de su creador, Carl Barks, puede interpretarse que fue concebido como una exageración humorística de un magnate cuya identidad queda absorbida por la riqueza.

 

"Scrooge McDuck"

 

Con su nombre en inglés, fue diseñado para mostrar cómo la riqueza, cuando se convierte en identidad, puede aislar emocionalmente incluso al más exitoso. Su nombre está inspirado en Ebenezer Scrooge, otro personaje de ficción del libro Un Cuento de Navidad, de Charles Dickens. A Rico McPato, todos lo percibimos como un avaro, acumulador de dinero y riquezas, hasta el exceso. Gruñón, irritable y malhumorado, especialmente cuando siente que alguien amenaza su riqueza. Desconfiado por naturaleza, convencido de que el mundo siempre intenta aprovecharse de él. Tenaz, perseverante y resistente, incluso en la vejez. Orgulloso de su éxito, al que considera fruto exclusivo de su trabajo y sacrificio, y emocionalmente rígido. Barks —el autor del personaje Rico McPato— explicó en múltiples entrevistas que el personaje era una sátira del capitalismo extremo, una exageración deliberada de la avaricia, un estudio humorístico del carácter humano llevado al límite. Dijo que “nunca se pretendió que fuera adorable por su dinero, sino por lo absurda que era su relación con ello”. En materiales oficiales (Disney Pixar Character Encyclopedia): Disney define a Rico McPato como: "extremadamente rico... notoriamente tacaño... gruñón, testarudo y a menudo emocionalmente distante... profundamente apegado a su bóveda de dinero".

 

¿Por qué es importante este ejercicio?

 

Porque el perfil fue construido pensando en un personaje de ficción: Rico McPato. Nunca se mencionó a un personaje real entre quienes participaron en la elaboración del perfil. Se trabajó en un arquetipo exagerado, caricaturesco, diseñado para que el espectador identificara —y sonriera— ante ciertos rasgos humanos llevados al extremo. Pero luego encontramos otro sentido, porque aunque McPato fue concebido precisamente como una sátira del magnate moderno, del capitalismo sin freno, de un ego centrado en la acumulación, del carácter irritable que confunde poder con valor personal, cuando damos a leer ese perfil, y preguntamos quién es, para ver si el perfil era correcto al identificarlo por los lectores, resuena inevitablemente con alguna figura real del poder contemporáneo. Por eso, desde la psicología, esto es interesante ya que no es que el personaje “sea” quien el lector piensa en lugar de la caricatura de McPato, sino que esa persona —que se supuso era la del perfil— encaje con notable facilidad en este arquetipo psicológico que Disney dibujó hace décadas. Pareciera que el arte, a veces, se anticipa a la realidad mejor que la política o la sociología. Estimado lector no pensaste en un humano en particular por casualidad. Imaginaste que era él porque los arquetipos no envejecen, solo cambian de escenario. Y ahí está la verdadera reflexión incómoda —y fascinante— de este perfil de una caricatura…

 

¿Qué ocurrió —y aquí está lo interesante— en esta experiencia

 

Estructuramos un perfil clínico-arquetípico de un personaje de caricatura. En el momento en que fue leído, quienes lo hicieron, en su gran mayoría, se hizo evidente que encajaba sin esfuerzo en una figura real contemporánea. Esto no es intuición, mística, ni lectura de intención previa. Es algo más sobrio y más inquietante, porque cuando un líder real encarna un arquetipo psicológico como el de una caricatura, la superposición es inevitable. Por eso tú imaginaste a esa persona que escogiste antes de que se revelara el personaje. Y muchos otros lectores llegaron a la misma asociación. En términos psicológicos, diría que Rico McPato es una caricatura de advertencia. Quien tu escogiste, si no fue la caricatura de Disney, es sencillamente una encarnación histórica de ese mismo patrón de referencia. Fue un reconocimiento del patrón de conducta que nos dio el perfil. Quienes participaron en la realización del perfil no tenían en mente sino a Rico McPato.


 

Al final…

 

A nivel psicológico, el perfil no depende del contexto político, social, cultural del aquí y ahora, sino de rasgos estructurales como la avidez, el narcisismo defensivo, pobre regulación emocional, externalización de la culpa, relación fetichizada con el dinero y el poder. Cuando esos rasgos están presentes, el “personaje” emerge solo, sin necesidad de nombrarlo. Para nosotros, Rico McPato.

A nivel narrativo y cultural Rico McPato fue diseñado como advertencia humorística. No obstante, en la actualidad alguien aparece como versión no ficticia de ese mismo molde. Que ambos perfiles se superpongan no es una casualidad, es la prueba de que la cultura popular —el inconsciente colectivo diría Jung— suele detectar antes, los asuntos eventualmente peligrosos del futuro.

A nivel epistemológico (el más atrayente) es que al escribir el perfil no mencionamos a la persona en la cual pensaste, hasta que describimos a Rico McPato, y aun así una celebridad humana real apareció en tu mente como lector. Mi esposa Maria Mercedes sentencia: Eso valida una verdad potente: cuando la realidad se parece demasiado a la caricatura, el problema no es la caricatura...”

Dicho de otro modo, lo que hiciste al leer este artículo no fue una analogía forzada, sino que tuviste una experiencia psicológica implícita, ya que eliminaste el nombre propio y dejaste hablar al patrón de comportamiento. El resultado fue predecible… y precisamente por eso contundente, porque has demostrado que la persona en la que pensaste no necesita ser nombrado para ser reconocido. El problema es que cuando un ser humano verdadero puede describirse con las exageradas categorías de una caricatura de Disney, y si en esa persona descansan decisiones críticas, en lo político, económico, en lo militar, o en lo social, el asunto ya no es solo diversión, sino psicológico, cultural y con implicaciones eventualmente trascendentales para todos que no deberían subestimarse… Por el otro lado, y gracias a Walt Disney, afortunadamente, Rico McPato no usa armas… Si desea darnos su opinión o contactarnos puede hacerlo en psicologosgessen@hotmail.com... Que la Suprema Providencia Universal nos acompañe a todos…

 




 

Puede publicar este artículo o parte de él, siempre que cite la fuente del autor o el link correspondiente de Informe 21. Gracias. © Fotos e Imágenes Gessen&Gessen

 

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