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¿Por qué Trump escoge a Delsy y no a María Corina?

¿El destino de Venezuela por primera vez en manos de dos mujeres? Delcy Rodríguez y María Corina Machado marcarán el futuro del país...



En este momento crítico de la historia venezolana, el rumbo de la nación está siendo disputado —y definido— por estas dos figuras femeninas que representan proyectos muy distintos para los venezolanos. Delcy Rodríguez —exvicepresidenta chavista— asumió la presidencia interina del país. Por su parte, María Corina Machado, líder de la oposición democrática y laureada con el Premio Nobel de la Paz 2025, ha rechazado la legitimidad del nuevo gobierno interino, y ha prometido regresar a Venezuela para reclamar elecciones libres y transparentes. Machado sostiene que su movimiento ya fue electo por el pueblo venezolano en las elecciones de 2024.

 

Dos mujeres en una misma historia

 

Delcy Rodríguez encarna el continuismo institucional, y la gestión de una transición con el respaldo tácito de Washington para mantener la estabilidad y evitar el caos institucional, e incluso, un conflicto militar prolongado. Aunque no cuenta con legitimidad democrática en el sentido tradicional, ocupa formalmente el poder y controla los mecanismos del Estado.

María Corina Machado simboliza la aspiración democrática y de soberanía popular. Ha planteado que solo mediante elecciones libres Venezuela se podrá decidir realmente su destino político. Ha insistido en que nadie confía” en el nuevo gobierno interino por su pasado chavista y su cercanía con estructuras del régimen anterior.

 

¿Quién decidirá realmente el futuro de Venezuela?

 

En la historia venezolana moderna, pocas veces —si es que alguna vez— el destino político del país ha estado tan estrechamente vinculado a mujeres con perfiles tan distintos. Una, que detenta formalmente el poder de facto, y otra, que representa el reclamo por el poder de derecho. Las tensiones entre estos dos polos —estabilidad vs. democracia plena— definirán, en gran medida, si la transición venezolana se convierte en una reconstrucción inclusiva del pacto social o en un nuevo capítulo de disputa política prolongada. Por primera vez parte del destino inmediato de Venezuela descansa sobre figuras femeninas clave, Delsy, al mando del Ejecutivo interino, y la María Corina, simbolizando la resistencia y aspiración democrática. No obstante, el resultado final no depende solo de ellas, sino de la estabilidad del país, y de la confluencia de actores internos, actores internacionales, fuerzas armadas, sociedad civil y —sobre todo— del momento en que se puedan celebrar elecciones libres, verificables y creíbles que reflejen la voluntad popular.  

No obstante, no podemos ignorar que la presidencia provisional de Delsy Rodríguez depende y se fundamenta en el apoyo del poder militar que encabeza Vladimir Padrino y del poder policial y de inteligencia del ministro de relaciones interiores y de justicia Diosdado Cabello, y de que no se produzcan asonadas castrenses ni insurrecciones de grupos civiles armados descontentos con la extraña alianza Rubio-Rodríguez.

 

Venezuela en fases: poder, estabilidad y la promesa de democracia


 

Lo dicho hoy 7 de enero, por Marco Rubio no es un discurso improvisado ni una declaración emocional. Es una hoja de ruta de poder diseñada para administrar una crisis, no para celebrar una victoria y consta de tres fases: estabilidad, recuperación y luego transición. En sus palabras —recogidas por agencias internacionales y medios estadounidenses— se delineó un plan por fases para Venezuela, y debe ser ejecutado por un gobierno interino encabezado por Delcy Rodríguez, con la tutela estratégica de Estados Unidos. En la primera etapa, el objetivo es evitar el caos y controlar la situación inmediata en Venezuela. Probablemente como consecuencia de esto se comenzaran a excarcelar a parte de los presos políticos y dirigentes de la oposición.

La recuperación incluye el control y la explotación de los recursos petroleros. La administración de los ingresos dependerá de la presidencia de Venezuela, pero con la promesa oficial de que estos se usarán para “beneficiar al pueblo venezolano”, evitando que los recursos alimenten la corrupción o sean capturados por actores del régimen anterior. Rubio presentó esta fase como esencial para mantener el orden y asegurar que Venezuela no caiga en un caos o un vacío estatal o institucional que desate una violencia generalizada. Luego, vendría un período de transición, para procurar unas elecciones libres —y bajo supervisión internacional y por parte de Estados Unidos— y donde probablemente pudiera ser electa María Corina Machado. o la candidatura de Delsy Rodríguez si llegara aspirara a ser candidata.


La ¿inesperada? decisión de Trump y su lógica estratégica

 

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tomó una decisión que ha desconcertado a muchos venezolanos y analistas internacionales. En lugar de respaldar a la oposición democrática venezolana liderada por María Corina Machado, optó por trabajar con Delcy Rodríguez, la exvicepresidenta chavista ahora designada como presidenta interina y aceptada por Trump al seguir una recomendación de la CIA de entregar el poder a Delcy Rodríguez por riesgo de que Machado no podría controlar a las fuerzas armadas.

 

Los motivos oficiales y pragmáticos expuestos por la Casa Blanca

 

En primer lugar, por la estabilidad y el control institucional inmediato, Trump y su equipo, apoyándose en análisis de inteligencia —incluida la evaluación de la CIA—, concluyeron que figuras del chavismo leales al régimen de Maduro —con Delsy Rodríguez a la cabeza— serían más capaces de mantener el control del aparato estatal y militar, en un momento de transición crítica, donde una desintegración del poder cívico-militar podría conducir a la anarquía.  De segundo, encontramos la percepción de incapacidad de Machado para gobernar en la crisis y en el complejo contexto venezolano, lo que habría hecho casi imposible consolidar una transición sin enormes fricciones.

Mientras, Marco Rubio señalaba que EEUU no está en guerra con Venezuela, y Maduro comparecía ante un tribunal de Nueva York, el presidente estadounidense igualmente afirmó públicamente que María Corina “no tiene el apoyo ni el respeto suficientes dentro del país” e indicaba que EEUU está trabajando con Delsy Rodríguez reconociendo que es la presidente encargada de Venezuela. Adicionalmente dijo que ella gobernará Venezuela temporalmente, mientras advirtió que "no teme volver con tropas en el terreno" si es necesario. 

En tercer motivo de la decision de Rubio fue evitar un enfrentamiento militar prolongado con el ejército venezolano. Respaldar a la oposición —sin control real de las fuerzas armadas— habría requerido prolongar la intervención militar norteamericana o garantizar fuerzas de ocupación más amplias, algo políticamente costoso para Trump. El momento y lo que ahora viene es la parte difícil, como es asegurar el futuro democrático de Venezuela, lo cual de acuerdo a una buena parte de los analistas está comprometido alcanzarlo.

 

Otros motivos personales y simbólicos menos explícitos

 

Algunas informaciones reflejan dimensiones más subjetivas del rechazo de Trump a Machado como la adjudicación del Nobel de la Paz. El hecho de que María Corina Machado haya recibido en 2025 el Premio Nobel de la Paz, reconocimiento que Trump mismo aspiraba obtener, habría generado tensiones personales internas y debilitado su respaldo.

 

¿Quién es Delcy Rodríguez y por qué fue considerada viable?


 

Delcy Rodríguez es una figura profundamente arraigada en el chavismo: diplomática, excanciller y vicepresidenta durante gran parte del gobierno de Maduro. Aunque controvertida por su papel en la política interna venezolana, su perfil ofrece varias ventajas tácticas desde la perspectiva de la CIA y del Departamento de Estado. Una es el conocimiento de la estructura de poder de la presidenta ya que conoce el funcionamiento del Estado y de las élites militares y las políticas del chavismo. La segunda, es la relación pragmática que ha mantenido con actores internacionales. Lo que ya ha mostrado —o al menos ha intentado mostrar después del ataque— con un tono más negociador tras los primeros choques con la Casa Blanca, factor que puede haber jugado a su favor, al adoptar un tono conciliador con EEUU tras la advertencia de Trump. La tercera ventaja es su capacidad de interlocución y de conciliación junto a su hermano el presidente de la Asamblea Jorge Rodríguez que ya las élites militares y los sectores del chavismo consideran como menos polarizante para tratar entre ellos y los otros factores de la oposición. Este cálculo realista —si bien profundamente criticado por opositores, y por amplios sectores de la comunidad internacional— busca una transición “estable más que una transición inmediata a la democracia plural.

 

La situación actual y el futuro de María Corina Machado


 

Por los momentos, María Corina Machado —líder histórica de la oposición venezolana y ganadora del Nobel de la Paz— ha quedado fuera de la escena de poder inmediato en Venezuela. Aunque actualmente se encuentra fuera del país y ha rechazado tajantemente la legitimidad de Delsy Rodríguez. Ella también ha anunciado su intención de regresar a Venezuela y convocar a nuevas elecciones libres, manteniendo que su movimiento y su candidato Edmundo González Urrutia ganaron las elecciones de 2024, aunque fueron anuladas por Maduro. Machado, hoy en el exilio, y en ausencia física del país, está limitada su capacidad de influir directamente en los acontecimientos políticos y se le dificulta su liderazgo sobre las fuerzas opositoras internas. Además, existen al menos sospechas de colusión interna para excluirla con hipótesis circulantes —no completamente verificadas— de que sectores del régimen podrían haber exigido eliminar a Machado de cualquier proceso transicional como condición para el acuerdo. Su imagen y figura es altamente emblemática entre los sectores democráticos, pero también polarizante en la sociedad venezolana, lo que genera en estos tiempos de confrontación, tanto apoyo ferviente como rechazo, dependiendo de la narrativa interna.

 

Escenarios posibles a corto o mediano plazo

 

1. Retorno con presión internacional: Machado podría regresar si se logra una presión internacional fuerte —especialmente ante posibles negociaciones sobre elecciones libres y observación internacional— y si el régimen de transición se ve forzado a aceptar condiciones democráticas.

2. Liderazgo desde la diáspora: En ausencia de condiciones seguras para su retorno, es probable que continúe liderando desde el exilio, favorecida por la titularidad del Premio Nobel de la Paz, consolidando el activismo internacional, y articulando alianzas con gobiernos democráticos.

3. Elecciones posteriores a una transición lenta: Diversos analistas sitúan la posibilidad de elecciones libres reales dentro de uno a dos años, siempre que se desmonte primero la estructura autoritaria chavista y se creen condiciones institucionales mínimas.

4. Asonada: En el tiempo del gobierno de transición puede eventualmente irrumpir un golpe de estado provocado por alguna parte del poder militar junto a otros lideres del chavismo, movimientos guerrilleros, clanes civiles radicales y armados, y grupos que explotan oro o diamantes, o bandas irregulares o mafias narcotraficantes. Este escenario es poco probable pero quienes trabajan para la transición a la democracia no deben ignorarlo.

 

Realismo geopolítico vs. disputa ideológica

 

La decisión de Trump y Rubio de apostar por Delcy Rodríguez en lugar de María Corina Machado responde a una combinación de realpolitik estratégica, cálculo sobre estabilidad institucional inmediata, control militar y presiones económicas, más que a alineamientos ideológicos simples. Esta decisión ha generado un nuevo tablero en la política venezolana y sitúa a Machado en un papel de figura opositora clave, pero desafiante, que ahora debe navegar entre el exilio, la articulación internacional y la presión por elecciones libres en un país profundamente fracturado.


 

La historia política venezolana del 23 de enero de 1958 ofrece un paralelo elocuente con los dilemas presentes. Después de casi una década de dictadura bajo el general Marcos Pérez Jiménez, la protesta social y la insurrección cívico-militar obligaron al dictador a huir del país, y en el vacío inmediato de poder fue el vicealmirante Wolfgang Larrazábal, entonces comandante supremo de la Marina y oficial de mayor rango, quien asumió la jefatura de una Junta Militar de Gobierno el 23 de enero de 1958, tras la caída del régimen. Larrazábal un militar que fue designado por el propio gobierno de Pérez Jiménez como comandante naval, y según algunas narrativas, incluso mantenía vínculos personales con los jerarcas de ese gobierno. Sin embargo, ante el colapso del poder y la presión de la movilización popular, Larrazábal fue aceptado por las fuerzas sociales y por las principales organizaciones políticas de la época como presidente de transición, con el compromiso de restablecer la normalidad y dirigir y conducir el país hacia elecciones libres con el respaldo militar. Durante ese período, los líderes civiles como Rómulo Betancourt, Jóvito Villalba y Rafael Caldera coincidieron en la necesidad de aceptar la figura del almirante Larrazábal como garante de la transición a pesar de su pasado militar con la dictadura, y de su vínculo con el Tirano. Bajo esa coordinación entre el alto mando militar y los partidos políticos, se acordó un cronograma que incluyó la firma del Pacto de Punto Fijo y la convocatoria a elecciones generales para el 7 de diciembre de 1958, en las cuales resultó elegido Rómulo Betancourt como presidente, seguido posteriormente por la elección de Rafael Caldera en 1963. Este episodio histórico —donde sectores civiles y militares lograron un acuerdo sobre un liderazgo transicional que no era perfectamente ideal ni moralmente inobjetable— muestra cómo, en momentos de crisis profunda, actores de distinta procedencia pueden coincidir en una transición política pragmática hacia la democracia. Esa lección histórica sigue siendo pertinente hoy, cuando la sociedad venezolana se encuentra nuevamente en un cruce de caminos, la consideración de figuras que puedan articular estabilidad y apertura democrática será clave para que la nación avance hacia un sistema político legítimo y participativo.

 

Cuando la historia parece cerrarse, Venezuela vuelve a abrirla

 

Hoy muchos venezolanos sienten que el destino volvió a decidirse lejos de sus casas, en oficinas donde se habla de estabilidad, de control y de riesgos, pero no de colas, de hospitales vacíos ni de familias separadas. Parece, una vez más, que el poder eligió el atajo y no el camino largo de la democracia. Y duele. Duele porque revive una herida antigua, el de la sensación de que la voluntad popular puede ser administrada, postergada o sacrificada en nombre de un “mal menor”. Pero la historia venezolana —y la historia humana— enseña algo esencial, que ninguna transición basada solo en el control es sostenible, y ningún país puede reconstruirse sin legitimidad moral. La estabilidad impuesta puede ordenar el presente, pero no crea futuro. El futuro solo nace cuando una sociedad se reconoce a sí misma como autora de su destino.

María Corina Machado, hoy fuera del poder y fuera del país, no representa únicamente a una dirigente política. Representa una idea que no puede ser arrestada ni exiliada, que Venezuela merece elegir sin miedo, hablar sin susurros y vivir sin pedir permiso. Las ideas, cuando arraigan en la conciencia colectiva, sobreviven a los cálculos geopolíticos y al paso del tiempo.

Delcy Rodríguez podrá administrar una transición, pero no podrá clausurar la pregunta fundamental que recorre al país: ¿cuándo volveremos a decidir nosotros? Esa pregunta no se responde con decretos ni con avales internacionales, se responde con urnas limpias, instituciones confiables, y una reconciliación real con la verdad.


 

Este no es el final de la historia venezolana. Es, apenas, un capítulo incómodo, tenso y contradictorio. Los capítulos difíciles no anuncian necesariamente una derrota, Muchas veces son el preludio de una transformación más profunda. Venezuela ha demostrado una y otra vez que puede caer, pero también que sabe levantarse.

Tal vez hoy la democracia parezca lejana. Pero sigue viva en la memoria, en la diáspora, en los jóvenes que no se resignan y en millones que, aun cansados, no han renunciado a la esperanza. Y cuando un pueblo no renuncia, ningún cálculo externo logra cerrarle el futuro. Porque al final —y la historia es implacable en esto— ningún país se reconstruye sin su gente, ni ninguna nación sana sin verdad, dignidad y libertad. Venezuela aún no ha dicho su última palabra. Y cuando la diga, no será en voz baja… Si desea darnos su opinión o contactarnos puede hacerlo en psicologosgessen@hotmail.com... Que la Suprema Providencia Universal nos acompañe a todos…

 




 

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