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Nunca es más oscuro que cuando va a amanecer

hace 4 horas
15 min de lectura

¿Puede el mundo pasar de la amenaza de una guerra múltiple o nuclear a una nueva era de verdadera paz?: Seis escenarios para la paz mundial… En febrero de 2025 anticipamos una posible cumbre entre Xi, Putin y Trump, semejante a la de Yalta. Hoy esa posibilidad vuelve al debate…



Como en los años 60 y 70 del siglo pasado, vivimos una época en la que las noticias parecen anunciar, día tras día, que la humanidad se acerca peligrosamente a una nueva guerra mundial. Rusia y Ucrania continúan enfrentadas. Europa invierte y fortalece sus defensas. Estados Unidos y China compiten por el liderazgo económico, tecnológico y estratégico del planeta. Oriente Medio permanece en un temor estremecedor, y las armas nucleares vuelven a ocupar un lugar inquietante en los discursos de seguridad de distintas naciones… La amenaza no es imaginaria. Según el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI), en enero de 2026 existían aproximadamente 12.187 ojivas nucleares en el mundo, de las cuales unas 2.100 a 2.200 estaban desplegadas en misiles en estado de alta alerta operativa. Las principales potencias continúan modernizando sus arsenales… Existe para algunos analistas de inteligencia escenarios donde Israel o Irán podrían usar en cualquier momento un arma nuclear en contra del otro. SIPRI incluye a Israel entre los nueve Estados poseedores de armas nucleares, aunque Israel mantiene oficialmente una política de ambigüedad sobre su arsenal atómico. Otro escenario peligroso en las relaciones internacionales es Corea del Norte que posee armas nucleares y mantiene antecedentes de cooperación militar con Irán, y pudiera proporcionar a Teherán tecnología nuclear o incluso un dispositivo atómico terminado. El especialista en proliferación nuclear Mark Fitzpatrick publicó el 4 de noviembre de 2025, en el International Institute for Strategic Studies, un análisis titulado ¿Podría Irán comprar armas nucleares a Corea del Norte?…

 

La psicología de la paz

 

¿Puede la humanidad superar la lógica del enemigo?... Durante nuestra historia, los seres humanos hemos desarrollado extraordinarias capacidades para cooperar y, simultáneamente, para destruirnos. Somos capaces de sentir compasión por una persona desconocida que sufre al otro lado del planeta. Pero también podemos deshumanizar a millones de personas cuando las consideramos miembros de un grupo enemigo. La psicología social ha mostrado cómo en las identidades grupales, los prejuicios, el miedo y la percepción de amenazas influyen sobre nuestras actitudes colectivas. Y las sociedades no están condenadas a permanecer prisioneras de esas dinámicas. La cooperación sostenida, las instituciones confiables, el contacto entre grupos bajo condiciones adecuadas y la existencia de objetivos compartidos pueden contribuir a reducir la hostilidad. En política internacional ocurre algo semejante. Si una nación define permanentemente su seguridad por la derrota de otra, corre el riesgo de quedar atrapada en una confrontación interminable. Pero si reconoce que ciertos problemas solamente pueden resolverse mediante la cooperación, aparece una posibilidad diferente. Pensemos en el cambio climático, las pandemias, la investigación científica, los océanos, los alimentos y la estabilidad económica. Ninguna potencia puede resolver por sí sola todos esos desafíos. Ni Estados Unidos, ni China, ni Rusia, ni Europa. La humanidad dispone de conocimientos científicos que habrían parecido milagrosos hace apenas un siglo. Hemos logrado observar galaxias remotas, explorar otros mundos y desarrollar tecnologías que empiezan a transformar nuestra propia inteligencia. Y, sin embargo, seguimos enfrentando una pregunta que nuestros antepasados también tuvieron que responder: ¿cómo podemos convivir sin destruirnos? El verdadero salto evolutivo que necesitamos no es solamente tecnológico. Se trata de aprender a utilizar nuestro conocimiento para ampliar la cooperación, contener nuestros impulsos destructivos y reconocer la humanidad de quienes piensan de manera diferente. Vivir en paz, pues…

 

Xi , Putin y Trump: ¿Pueden modificar el rumbo nuclear?

 

Hace un año y medio, en febrero de 2025 previmos y nos preguntamos: ¿Regresamos al escenario de los años 40 cuando en Yalta Roosevelt, Stalin y Churchill se repartieron el mundo? ¿Jinping, Trump y Putin harán lo mismo? He aquí uno de los escenarios más audaces y a la vez políticamente determinantes. Ahora este escenario que previmos se está presentando. Estados Unidos, China y Rusia tienen profundas diferencias, pero comparten una responsabilidad decisiva en la prevención de una guerra entre potencias nucleares. Existe incluso una circunstancia contemporánea que merece atención: este 19 de octubre, Trump se mostró abierto a participar en una reunión trilateral con Xi y Putin, donde podría discutirse el control de armamentos nucleares. Una eventual reunión no garantiza resultados, pero revela que ese formato de conversación ya forma parte de las posibilidades diplomáticas consideradas públicamente. ¿Qué podría aportar cada uno?... Donald Trump podría intentar convertir la diplomacia directa en acuerdos concretos sobre Ucrania, armamentos, comercio y relaciones entre potencias. Su desafío sería transformar los entendimientos personales en compromisos institucionales duraderos, que puedan ser supervisados y respetados de forma independiente de quién ocupe posteriormente la Casa Blanca. Vladímir Putin tendría que decidir qué compromisos de seguridad y de resolución del conflicto ucraniano estaría dispuesto a aceptar. Una normalización sostenible con Europa y Estados Unidos dependería de actos verificables, especialmente del cese de las hostilidades y del respeto a los compromisos internacionales. Xi Jinping podría desempeñar una función particularmente importante por la influencia económica y diplomática de China y por sus relaciones con Rusia. Pekín también tiene intereses propios en la estabilidad del comercio mundial, la seguridad tecnológica y las cuestiones del Indo-Pacífico. A pesar de ello, una negociación entre los tres no sería sencilla. China no considera equivalente su arsenal nuclear al de Estados Unidos y Rusia y ha manifestado reservas ante determinados esquemas trilaterales de desarme. Además, las diferencias sobre Taiwán, comercio, tecnología y alianzas estratégicas seguirían existiendo. Por esto, un entendimiento global no requeriría que los tres gobiernos abandonaran sus diferencias ideológicas o geopolíticas. Podrían acordar algo fundamental como que ninguna rivalidad merece poner en peligro la supervivencia de la civilización. Una cumbre de estas dimensiones adquiriría verdadera trascendencia si comenzara por tres compromisos: uno, reducir el peligro nuclear. Dos, establecer mecanismos de prevención de enfrentamientos directos y tres, crear una agenda de cooperación económica y científica en áreas de interés común. A la par no debería convertirse en un directorio mundial de tres gobernantes. El planeta no pertenece a sus potencias. También a los pueblos que no tienen armas nucleares, grandes ejércitos ni capacidad de influir sobre las decisiones de esas capitales.

 

El espacio de paz aumenta

 

La historia humana está llena de momentos en los que la confrontación parecía irreversible y, sin embargo, terminó abriendo las puertas a nuevos acuerdos. La crisis de los misiles de Cuba, en 1962, acercó peligrosamente a Estados Unidos y la Unión Soviética a una guerra nuclear.


 

Pero también impulsó mecanismos de comunicación y control de armamentos que contribuyeron a evitar enfrentamientos posteriores comenzando por el teléfono rojo directo entre la casa Blanca y el Kremlin. La paz europea posterior a la Segunda Guerra Mundial comenzó entre naciones que habían sufrido y provocado destrucciones inimaginables. Y aun así, Francia y Alemania, enemigos durante generaciones, terminaron convirtiéndose en socios fundamentales de la integración europea. ¿Por qué habría de resultar imposible imaginar transformaciones semejantes entre adversarios actuales?... El miedo puede llevar a las personas a interpretar cualquier movimiento del otro como una amenaza. También sabemos que, cuando dos adversarios se consideran mutuamente peligrosos, pueden quedar atrapados en una espiral de desconfianza, por lo que cada uno aumenta sus defensas para sentirse seguro y el otro interpreta ese incremento como una preparación para atacar. En las relaciones internacionales, este fenómeno se conoce como dilema de seguridad. Pero existe otra posibilidad. Cuando las partes descubren intereses compartidos, reconocen los costos de continuar enfrentándose y establecen mecanismos verificables de confianza y pueden modificar la dinámica del conflicto.

 

La humanidad enfrenta hoy ambas posibilidades.

 

Rusia y Ucrania: ¿Puede terminar una guerra sin que desaparezcan sus causas? El primer escenario de paz comienza necesariamente con Ucrania. Desde la invasión rusa de febrero de 2022, millones de personas han visto transformadas sus vidas por el desplazamiento, la destrucción, la separación familiar y la muerte. Los enfrentamientos han deteriorado además las relaciones entre Rusia y Occidente. En octubre de 2026, existen nuevas señales diplomáticas, pero todavía no un acuerdo de paz. Washington impulsa conversaciones. Moscú ha manifestado disposición a retomarlas, y el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, ha expresado interés en negociaciones que permitan avanzar hacia una solución. Así que podemos imaginar tres alternativas. La primera sería un alto el fuego verificable, acompañado de intercambios de prisioneros, protección de infraestructura civil, mecanismos de supervisión internacional y garantías contra nuevas ofensivas. No resolvería inmediatamente todas las disputas territoriales, pero podría detener la destrucción y crear condiciones para negociaciones posteriores. La segunda sería un acuerdo político más amplio, que incluyera garantías de seguridad para Ucrania, compromisos de Rusia, decisiones sobre sanciones, reconstrucción y mecanismos internacionales de cumplimiento. Las disputas territoriales seguirían siendo particularmente difíciles porque ninguna solución duradera podría ignorar la soberanía ucraniana ni establecer que la fuerza militar concede automáticamente derechos territoriales. La tercera sería una congelación prolongada del conflicto, sin tratado definitivo. Disminuirían los combates, pero la desconfianza y la posibilidad de nuevas hostilidades continuarían presentes. No obstante: ¿basta con que los presidentes firmen un acuerdo para que dos pueblos recuperen la paz? Pues, no necesariamente. La paz exige también atender a quienes han perdido sus hogares, a los niños que han crecido bajo las alarmas, a los soldados traumatizados, a quienes buscan familiares desaparecidos y a las sociedades que tendrán que aprender nuevamente a convivir con la incertidumbre. La paz entre Rusia y Ucrania no será solamente un asunto de fronteras. Será también un complejo proceso de reconstrucción psicológica y moral.

Rusia y la OTAN: de la confrontación a una nueva arquitectura de seguridad europea. Una eventual solución en Ucrania no resolvería automáticamente el enfrentamiento entre Rusia y la Organización del Tratado del Atlántico Norte ya que Moscú considera determinadas actividades militares occidentales próximas a sus fronteras como amenazas a su seguridad. Por su parte, los miembros de la OTAN señalan las acciones militares rusas, particularmente la invasión de Ucrania, como razones para fortalecer sus capacidades defensivas. El 30 de septiembre de 2026, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, afirmó que no existía una amenaza militar rusa inminente contra territorio de la Alianza, aunque insistió en la necesidad de mantener la preparación defensiva…

 

¿Qué podría negociarse?...

 

Una futura arquitectura de seguridad europea podría incluir acuerdos de transparencia sobre maniobras militares, límites verificables al despliegue de determinados armamentos, comunicación permanente entre los mandos militares, mecanismos para prevenir incidentes y nuevos instrumentos de control nuclear. Pero habría una condición esencial, ningún entendimiento entre las grandes potencias debería privar a los demás países europeos de su derecho a decidir su propia seguridad. Europa no puede convertirse en una pieza que Washington y Moscú negocien sin consultar a quienes viven en ella. Y Rusia tampoco puede quedar excluida indefinidamente de cualquier conversación sobre el sistema de seguridad continental. El propósito inicial no tiene que ser construir amistad. Podría bastar con algo menos romántico y más urgente, aprender a coexistir sin prepararse permanentemente para una guerra.

 

Europa: ¿De espectadora de los acuerdos a protagonista de la paz?


 

Europa tiene una responsabilidad histórica singular. Fue el escenario de dos guerras mundiales y también de uno de los experimentos más importantes de reconciliación política del siglo XX, la integración europea. Hoy vuelve a debatirse entre la necesidad de reforzar su defensa y la posibilidad de participar en una nueva estructura de seguridad continental. En su reunión del 15 y 16 de octubre de 2026, el Consejo Europeo reiteró que cualquier paz en Ucrania debe contar con garantías sólidas de seguridad y que Europa tiene un papel fundamental en las negociaciones futuras.

 

El Consejo de la Unión Europea

 

El Consejo de la UE, que es el lugar en el que se reúnen los ministros de cada país de la UE para negociar y adoptar los actos legislativos de la Unión tendría que responder ¿qué ocurriría si Europa, sin renunciar a su defensa ni a sus compromisos democráticos, si se planteara una gran conferencia internacional de seguridad y cooperación? Una conferencia donde participaran Rusia, Ucrania, Estados Unidos, las instituciones europeas y los demás países directamente afectados. Sus propósitos podrían extenderse más allá del cese de hostilidades. Podrían incluir la reconstrucción de Ucrania, nuevas normas de seguridad, cooperación energética, intercambios científicos y acuerdos comerciales sujetos al cumplimiento de las obligaciones internacionales… La experiencia europea de posguerra enseña algo fundamental, como es que los antiguos enemigos terminaron encontrando beneficios concretos en la cooperación y nos advierte que la reconciliación necesita instituciones, memoria histórica, respeto a los derechos humanos y compromisos verificables. No basta con que desaparezcan las amenazas. Es necesario construir razones para no volver a formularlas.

 

Los BRICS: ¿Un contrapeso o un puente entre las potencias?

 

Los BRICS constituyen otra pieza fundamental del escenario que estamos explorando.

En septiembre de 2026, durante la cumbre de Nueva Delhi, sus integrantes reafirmaron su interés en un sistema internacional más representativo, la cooperación económica, el desarrollo sostenible y la solución diplomática de controversias. El grupo ampliado reúne a economías tan distintas como China, India, Rusia, Brasil, Sudáfrica, Egipto, Etiopía, Indonesia y países de Oriente Medio. Los BRICS podrían convertirse en una plataforma que complemente las instituciones internacionales existentes y contribuya a acercar posiciones entre países de intereses diferentes. Sin embargo, no constituyen una alianza homogénea. Sus miembros tienen sistemas políticos, relaciones militares, prioridades económicas y vínculos internacionales muy distintos. De hecho, Brasil no tiene los mismos intereses estratégicos que Rusia, India desarrolla relaciones complejas tanto con China como con Estados Unidos, y los países de Oriente Medio enfrentan desafíos particulares… Imaginemos que los BRICS, la Unión Europea, Estados Unidos y otros actores internacionales acuerdan una agenda común en asuntos donde sus intereses coincidan en seguridad alimentaria, infraestructura, transición energética, salud, tecnología y financiación para el desarrollo. La paz adquiriría entonces un contenido económico y social. Porque el propósito de un acuerdo mundial no debería consistir solamente en distribuir zonas de influencia entre las potencias. Debería abrir oportunidades para todos.

 

África y América Latina

 

El mundo no termina en Washington, Moscú y Pekín. Existe una tendencia histórica a contar los acontecimientos internacionales desde las capitales de las grandes potencias. Pero África reúne a más de cincuenta Estados, numerosas economías emergentes y sociedades jóvenes con un enorme potencial humano. América Latina y el Caribe poseen recursos naturales, diversidad productiva, capacidades científicas y una experiencia propia de cooperación e integración regional. ¿Por qué habrían de limitarse a observar las decisiones de otros? América Latina enfrenta desafíos distintos, pero relacionados como son la desigualdad, baja productividad, criminalidad organizada, debilidad institucional, problemas educativos y dificultades para transformar sus recursos en prosperidad sostenible. Una nueva cooperación internacional podría favorecer acuerdos de infraestructura, transferencia tecnológica, salud, universidades, agricultura sostenible y acceso a mercados. Las dos regiones tendrían también que asumir responsabilidades propias como fortalecer el Estado de derecho, combatir la corrupción, mejorar la seguridad jurídica y garantizar que las inversiones beneficien a sus ciudadanos. En este contexto, América Latina y África podrían convertirse en protagonistas de un nuevo equilibrio mundial basado en la cooperación, la soberanía y el desarrollo. Nosotros nos planteamos: ¿Puede existir paz mientras millones de seres humanos permanecen atrapados en la pobreza?, porque así como la guerra destruye ciudades, viviendas, hospitales y escuelas, la pobreza estructural también destruye posibilidades humanas, aunque sus víctimas no siempre aparezcan en la primera plana.

 

La paz es una solución

 

¿Qué ocurriría si una parte de los recursos económicos, científicos y tecnológicos que hoy alimentan las rivalidades y las guerras internacionales se destinara a una gran iniciativa mundial para el desarrollo humano?... Un acuerdo internacional de paz y desarrollo podría concentrarse en cinco compromisos: Alivio y reestructuración responsable de deudas para liberar recursos asignándolos a servicios básicos e inversiones productivas, junto con transparencia y sostenibilidad fiscal. Educación universal y cooperación científica, facilitar universidades, formación técnica, investigación e intercambio de conocimientos. Invertir en salud, nutrición y agua potable, fortalecer sistemas sanitarios y prevenir enfermedades evitables. Desarrollar energía, infraestructura y desarrollo tecnológico al promover inversiones que permitan industrializar las economías menos desarrolladas. Y Ahora algo determinante, el acceso equitativo a la inteligencia artificial para evitar que la revolución tecnológica amplíe todavía más la distancia entre países ricos y pobres y en incremento no sostenible de una inmigración a los países más desarrollados huyendo de la hambruna, enfermedades y la miseria.

 

La pobreza no produce inevitablemente violencia

 

Las personas pobres no son más propensas por naturaleza a los conflictos. Pero la exclusión persistente, la falta de oportunidades y la debilidad institucional pueden alimentar tensiones sociales y facilitar que movimientos violentos exploten frustraciones colectivas. Por tanto, promover el desarrollo también significa fortalecer las condiciones sociales de una paz mundial sostenible.

 

La inteligencia artificial

 

Se trata de una herramienta para la paz o para la destrucción. La IA está transformando la economía, la ciencia, la comunicación y los sistemas militares. Puede contribuir a identificar riesgos de escalada, analizar propuestas de negociación, facilitar traducciones diplomáticas, mejorar la vigilancia de acuerdos internacionales y acelerar investigaciones médicas y ambientales. A la vez puede amplificar la desinformación, facilitar ciberataques y acelerar procesos de decisión militar que deberían permanecer bajo control humano significativo. Imaginemos que las grandes potencias llegaran a un acuerdo básico, ninguna decisión sobre el empleo de armas nucleares debería quedar delegada a sistemas autónomos o agentes de inteligencia artificial. Sería un compromiso limitado, pero de enorme trascendencia. Podría acompañarse de normas sobre verificación humana, seguridad de sistemas estratégicos, prevención de errores y prohibición de utilizar herramientas automatizadas para provocar deliberadamente crisis entre países. La IA puede terminar convirtiéndose en uno de los asuntos donde las potencias comprendan que su supervivencia depende más de la cooperación que de la rivalidad. Porque una tecnología poderosa sin suficiente prudencia humana puede aumentar los peligros que pretendía resolver…

 

Los seis escenarios de la paz mundial


 

Después de examinar a los protagonistas, podemos construir seis escenarios. Son posibilidades que permiten comprender decisiones, obstáculos y consecuencias.

La paz limitada: Rusia y Ucrania alcanzan un alto el fuego supervisado, pero continúan las disputas territoriales y la tensión entre Rusia y la OTAN. Se reducen las muertes y la destrucción y la paz sigue siendo frágil.

La distensión entre las grandes potencias: Estados Unidos, Rusia y China establecen mecanismos de control nuclear, comunicación militar y acuerdos económicos específicos. Disminuye el riesgo de enfrentamiento directo, aunque persisten rivalidades estratégicas.

Una nueva seguridad europea: Europa participa, junto con Rusia, Ucrania y Estados Unidos, en un sistema de compromisos de seguridad y verificación. Se crea una estructura más estable, condicionada al cumplimiento de los acuerdos.

La cooperación entre bloques: Los BRICS, Unión Europea, Estados Unidos, Unión Africana y organizaciones latinoamericanas encuentran áreas de cooperación. La competencia internacional continúa, pero deja espacio para proyectos compartidos.

Un gran pacto mundial de paz y desarrollo: Los acuerdos de seguridad se amplían hacia el financiamiento del desarrollo, la reducción de la pobreza, la ciencia y la IA. La paz pasa a medirse también por mejoras verificables en la vida de las personas.

La paz frustrada: Fracasan las negociaciones, continúa la carrera armamentista y se multiplican las crisis regionales. Aumentan los riesgos de errores de cálculo, enfrentamientos directos y escalada nuclear… Estos escenarios no son necesariamente excluyentes. Una tregua en Ucrania podría facilitar un acuerdo de seguridad europeo, este, a su vez, podría impulsar conversaciones sobre control nuclear, y esas negociaciones podrían abrir espacios para una agenda global de desarrollo. La paz no se demuestra con declaraciones. Se manifiesta con vidas que dejan de perderse y con compromisos que efectivamente se cumplen.

 

Al final…

 

… Nunca es más oscuro que cuando va a amanecer. La frase nos conmueve porque expresa una esperanza muy humana, que después del sufrimiento puede llegar el alivio, después del miedo puede regresar la confianza y después de la destrucción puede comenzar la reconstrucción. Pero la historia también nos enseña que no todos los amaneceres llegan por sí solos. La oscuridad puede prolongarse cuando quienes tienen el poder de encender una luz prefieren continuar alimentando las llamas. Hoy tres hombres, Xi Jinping, Vladímir Putin y Donald Trump, ejercen una influencia extraordinaria sobre el destino internacional. Sus decisiones pueden contribuir a reducir peligros o aumentarlos. Sin embargo, sería un error depositar el porvenir de la humanidad exclusivamente en sus manos. Europa, India, África, América Latina y el resto del mundo tienen responsabilidades propias. Las Naciones Unidas, las instituciones científicas, las universidades y las sociedades civiles también cuentan.

“Y debemos recordar —me apunta mi esposa María Mercedes Gessen— que la paz no es solamente un asunto de presidentes y generales. Es el deseo de una familia que espera que uno de ellos regrese de la guerra. Es el sueño de cualquier apellido ucraniano que desea reconstruir su casa. Es la esperanza de un niño africano que quiere asistir a una escuela. Es la aspiración de los jóvenes latinoamericanos que desean desarrollar su talento sin tener que abandonar su país. Es la vida cotidiana de millones de seres humanos que no quieren conquistar territorios, imponer ideologías ni acumular poder sobre otros. Solamente desean comer, curarse si enferman, estudiar, trabajar, vivir. Así de simple pero contundente porque una buena parte de la humanidad no puede hacerlo...


 

Desde nuestra perspectiva psicológica y humanista, creemos que una de las mayores conquistas de la civilización será comprender que la grandeza de una nación no necesita construirse sobre la humillación de otra. Que negociar no siempre significa rendirse. Que comprender los temores ajenos no implica justificar sus agresiones. Y que defender la propia seguridad puede ser compatible con reconocer la dignidad de los demás. Estamos frente a una oportunidad histórica. No estamos al tanto si los actuales dirigentes tendrán la voluntad de aprovecharla. Tampoco sabemos si sus sociedades estarán preparadas para aceptar los compromisos que toda paz exige. Lo que sí creemos es que la humanidad posee recursos científicos, económicos y tecnológicos que generaciones anteriores nunca imaginaron. Y que sería una contradicción trágica utilizar tanta inteligencia para perfeccionar los instrumentos de nuestra propia destrucción. El verdadero amanecer de la humanidad comienza el día en que comprendamos que no necesitamos vencer a otros pueblos para construir un mundo en el que todos podamos vivir. La pregunta definitiva no será quién consiguió dominar el planeta. Será si fuimos capaces de aprender a compartirlo…

Por último, observo que en las redes sociales y en diversos medios de comunicación, intelectuales, científicos y físicos se plantean una pregunta trascendente, ¿cómo podríamos comunicarnos con otras inteligencias del Universo, si llegáramos a descubrir su existencia?... Es una interrogante legítima, que merece toda nuestra atención. Sin embargo, hay una reflexión que considero aún más urgente, la humanidad ha dedicado siglos a perfeccionar el arte de la guerra, y ha llegado el momento de dedicarnos más bien a construir el arte de la paz. Porque, antes de preguntarnos cómo establecer un contacto pacífico con posibles civilizaciones de otros mundos, por ahora, nuestro primer gran desafío es demostrar que hemos aprendido a comunicarnos y convivir en paz entre nosotros... Hasta la próxima y que la Divina Providencia Universal nos acompañe, apreciado lector… Si desea darnos su opinión o contactarnos puede hacerlo en psicologosgessen@hotmail.com...





 

Puede publicar este artículo o parte de él, siempre que cite la fuente del autor y el link correspondiente de Informe 21. Gracias. © Fotos e Imágenes Gessen&Gessen


 

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