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Monumento al Corrupto Desconocido


¿Y por qué no llevan a la cárcel a un corrupto archirreconocido? Imagen: Chetraruc, Pixabay

“El Bigote”, la “Primera Bigotona, “El Bigotico”. El hombre del mazo dando. Los “Hermanos Siniestros”. Los generalotes, Madrino, López González, Reverol, Ceballos, la Almiranta. Acabamos de presentarles, una vez más, a los corruptos, archirreconocidos.


Y a los corruptos de a pie, del día a día, a los que te asaltan a mano armada en cualquier oficina pública; a los que por reponer el servicio de CANTV o de Hidrocapital o de Corpoelec, en tu hogar, pretenden que les hipoteques, tu propio hogar ¿Quién les hace un reconocimiento público?


Los corruptos anónimos, son los verdaderos baluartes de la llamada RoboLución Bolivariana. Su subproducto mejor elaborado. Su ethos. La verdadera base de sustentación de tal narcotiranía militarista.


La historiadora, Carmen Gómez Rodríguez, nos recrea en su magnífica investigación, “Pedro Obregón: Política, corrupción y riqueza, Venezuela del Siglo XIX” ed. Contraloría General de Venezuela (1992), el episodio de un zagaletón que fue apresado, por hurtar dos huevos de un gallinero, en Punta de Mulatos, estado Vargas ¿Vargas? Creo que ahora lo llaman, estado Pedro Carujo, en oblación a un chavomadurista de aquel tiempo.


- ¿Me van a meter, a mi, en un calabozo, que me robé un par de huevos porque me estoy muriendo de hambre? ¿Y por qué no mandan a la cárcel a “don” Pedro Obregón? -reclamó, el paupérrimo, muy respondón.


No había TV, ni por cable, ni sin cable, celulares, ni Instagram. Aún así, desde entonces, en Venezuela, se sabe quién es quién y cómo se bate el cobre, o el cobro, mejor dicho, de las coimas tras las sombras del gobierno de turno.


Antes de Obregón, hubo casos de corrupción ¡Qué duda cabe! En la Primera, la Segunda, la Tercera, la Cuarta República. Antes y después del cacique Guaicaipuro. Pero, se trataba de agentes libres, individualidades semiartesanales. No una internacional del crimen, como lo es, el desgobierno de “El Bigote”.


“Don” Pedro, fue el verdadero iniciador de la industrialización a gran escala, con producción en cadena, de la corrupción en Venezuela. Administrador e interventor de la Aduana de La Guaira, su voracidad fue tal que, José Tadeo y José Gregorio Monagas, en particular, este último, lo ungió como testaferro oficial de la familia.


El empleadito actual de la jefatura civil, guapo y apoyado, insensible ante el dolor ajeno, que si no le pagan sobretasa en dólares no les expide la partida de defunción a los llorosos deudos y, con ello, les impide inhumar, oportunamente, al ser querido, la fatídica fecha inaugural del narcochavomadurismo, 23 de enero de 1999, era un niñito de diez años. Es el “Hombre Nuevo” de hoy, edición aumentada y depravada del felón mayor, en la actualidad en la Quinta Paila.


Si por algún error de cálculo, ese corrupto anónimo de la jefatura civil, no comparte los guisos con su superior jerárquico y, éste, a su vez, no lo hace con el suyo y así sucesivamente hasta llegar a alguno de los referidos al principio de la presente crónica, como aquél zagaletón de Punta de Mulatos, terminará por lamentarse:


-¿Y por qué en lugar de a mi, no llevan a la cárcel a un corrupto archirreconocido?


Los apresados en este momento, por el saqueo de Pdvsa, fueron degradados a la categoría de corruptos desconocidos, por no acatar tal regla básica del oficio.


Sea como fuere, la RoboLución, se encuentra en deuda con los corruptos caídos, manos en la masa. La narcotiranía existe para guisar y guisa para existir ¿No se honra al soldado anónimo, muerto en el frente? Tendrán que erigirle un monumento, un hito, un gran mojón -sinónimo de guardacantón conmemorativo no se piense mal- al Corrupto Desconocido.


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