El miedo
- Carolina Jaimes Branger
- hace 2 horas
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El miedo ha sido utilizado a lo largo de la historia para el control y la dominación de los pueblos. De hecho, es una de las herramientas más poderosas que hay a la hora de someter. Desde regímenes autoritarios hasta líderes carismáticos, la manipulación del miedo ha resultado un mecanismo efectivo para mantener el poder y suprimir la disidencia.
En el contexto social y político, el miedo puede ser definido como una emoción primaria que se activa ante una amenaza. Este miedo puede ser infligido deliberadamente para ejercer control sobre la población. La percepción del peligro, ya sea real o fabricado -y ahora más, con las herramientas de la inteligencia artificial- puede llevar a la conformidad y a la obediencia, siempre en detrimento de las libertades individuales.
Los regímenes autoritarios a menudo utilizan diversas formas de miedo para garantizar su control como la represión violenta, que no es otra cosa que el uso de la fuerza militar o policial para suprimir protestas y eliminar opositores. El objetivo es crear un ambiente de terror que disuade a las personas de desafiar la autoridad.
Goebbels fue un maestro en el manejo de la propaganda durante el régimen nazi en Alemania y sus enseñanzas han sido adoptadas y adaptadas en muchos otros lugares y contextos: se difunde información que exagera las amenazas existentes, ya sean internas o externas, que siembra el miedo en la población y justifica las medidas de “control”. Ahí tenemos al Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE por sus siglas en inglés) en los Estados Unidos, la versión moderna de las SA de Hitler en los años 30.
La deshumanización del adversario (porque muchas veces ni siquiera son enemigos), pero que lo presenta como un enemigo peligroso, no sólo aumenta el miedo, sino que también permite a los líderes justificarse al actuar contra ellos.
Por supuesto, el miedo tiene un impacto significativo en la psicología de los pueblos. Cuando una población vive bajo el constante temor de represalias, esto puede resultar en conformidad, porque la mayoría de las personas -por mero instinto de supervivencia- se inclina hacia la obediencia, para evitar el conflicto o la confrontación.
También fragmenta la sociedad, donde las comunidades no sólo se dividen entre leales y opositores, sino que el mecanismo va todavía más allá: los mismos miembros de la comunidad pueden volverse sospechosos entre sí. Ahí están, después de 68 años, los Comités de Defensa de la Revolución Cubana, sembrando terror sólo con asomarse a las puertas de sus casas.
Pero a pesar del uso del miedo como herramienta de dominación, los seres humanos también han dado ejemplos de resistencia. Hay pueblos que han demostrado una increíble capacidad para unirse y desafiar el miedo, y esto ha conducido a movimientos sociales y cambios significativos.
El miedo como arma de dominación plantea preguntas profundas sobre la naturaleza humana, la política y la sociedad. Aunque suene contradictorio, mientras puede por un lado servir a los intereses de quienes están en el poder, también puede ser un catalizador para la resistencia y el cambio. La historia enseña que, aunque el miedo puede ser eficaz a corto plazo, el deseo de libertad y justicia a menudo surge frente a la opresión, y los pueblos pueden encontrar formas de superar y trascender el miedo. En estos momentos que vive el mundo entero, mis votos son para que lo que se imponga sean los valores de libertad, igualdad ante la ley y, ¡ojalá!, fraternidad entre los ciudadanos.


