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MCM: Entre la legitimidad y el cerco institucional

Escenarios clave trazan el futuro que marcarán el destino venezolano entre el liderazgo opositor y el poder oficial en este momento crítico… En medio de una geopolítica compleja se definirá el rumbo entre María Corina Machado y Delcy Rodríguez, oposición democrática y gobierno…



¿Ahora qué sigue?

 

Existen momentos en la vida política de una nación en los que una persona deja de representar únicamente una candidatura o una jefatura partidista y pasa a encarnar un fenómeno emocional, simbólico y —en determinadas circunstancias— organizado. María Corina Machado ocupa hoy ese espacio en Venezuela. Su liderazgo no se explica solo por su discurso ni por su trayectoria pública, sino por la necesidad colectiva de un referente ético en medio de un sistema que ha deteriorado la confianza institucional durante más de veinte años. Su fortaleza social, sin embargo, convive con un cerco institucional diseñado para impedir su participación electoral o su eventual acceso al poder. Esa tensión —entre legitimidad popular y bloqueo político— constituye el eje central que definirá los escenarios de los próximos meses y de los próximos dos años. A este cuadro se añade un componente externo determinante como son la posición del presidente Donald Trump, la actitud de los gobiernos europeos y la posibilidad de que, Machado pueda regresar al país. Incluso se asoma un escenario donde Trump requiera al gobierno de Delcy Rodríguez la participación de María Corina en el plan de estabilización, recuperación económica, de reconciliación nacional y en la transición y la normalización democrática.

 

Explorando caminos

 

Escenario 1: El presente inmediato (0–3 meses)

 

En el corto plazo, la estrategia del actual gobierno encargado, es tratar de impedir que Machado esté presente. La inhabilitación no constituye únicamente una decisión jurídica sino que representa un mensaje político. Se intenta neutralizar a la figura que concentra la mayor energía opositora. Pero la política no se reduce al control institucional. También se libra en el terreno de la percepción, la emoción y el relato público. Y en ese ámbito, Machado ha alcanzado algo inusual, como es convertirse en una referencia transversal capaz de articular frustraciones y expectativas en sectores heterogéneos del país. En este período inmediato, su desafío consiste en preservar la cohesión interna de su movimiento, evitar fracturas, sostener la presión internacional, y administrar la expectativa de millones de venezolanos dentro y fuera del territorio nacional.

 

La posición de Donald Trump: Afinidad ideológica y realismo estratégico


 

La política exterior de Estados Unidos hacia Venezuela ha variado según las administraciones. En el caso del presidente Donald Trump, su postura ha sido interpretada de maneras diversas por analistas y medios internacionales. Podemos afirmar tres elementos vigentes: Uno, existe —por ahora— una disposición a explorar negociaciones directas con los actores del actual poder venezolano. Dos, sectores cercanos al presidente estadounidense y miembros del Congreso de EEUU, han manifestado simpatía hacia liderazgos opositores con respaldo popular, entre ellos Machado. Y tres, la Casa Blanca suele combinar pragmatismo geopolítico con declaraciones de apoyo a la institucionalidad democrática venezolana, dependiendo del contexto estratégico. En consecuencia, la posición de Trump no es lineal. Oscila entre la búsqueda de acuerdos con Delcy y Jorge Rodríguez que resguarden los intereses estratégicos de Estados Unidos, y el reconocimiento del liderazgo opositor que encarna María Corina Machado.

 

La posición de Europa: Respaldo democrático y prudencia diplomática

 

Los gobiernos europeos han mostrado una postura relativamente homogénea. Reconocen la necesidad de elecciones competitivas y han cuestionado las inhabilitaciones políticas en Venezuela. Asimismo, observan en Machado una legitimidad derivada de su victoria simbólica en las elecciones presidenciales pasadas. No obstante, Europa actúa con la cautela que le caracteriza. Evita rupturas definitivas que clausuren los canales diplomáticos. Mantiene una política de presión moderada combinada con diálogo. Paralelamente, observa con inquietud cualquier posibilidad de escalada interna. Y su tendencia es respaldar el derecho de Machado a participar, sin romper completamente los puentes con quienes ejercen actualmente el poder.

 

Escenario 2: El horizonte de 3 a 12 meses

 

Ruta A: La sustitución estratégica: Si se convocara una elección presidencial en este lapso, y Machado no pudiera participar, enfrentaría la decisión de transferir su capital político. Surgen nombres con trayectoria y reconocimiento como Juan Pablo Guanipa, recién liberado con la Ley de Amnistía —y si pueden regresar— Leopoldo López y Antonio Ledezma. Todos, entre otros, han sido figuras relevantes de la oposición y conservan redes internacionales significativas. Este escenario dependería de la aceptación de la base opositora, así como de la capacidad de estos líderes para generar cohesión, y de la percepción internacional sobre su viabilidad. No es una ruta sencilla, pero tampoco puede descartarse. La posición de la Casa Blanca será determinante, y muy probablemente apoyaría la participación de Machado como candidata presidencial.

 

Opción de un gobierno de concentración previo a unas elecciones: Si el gobierno interino de Delcy Rodríguez llama a un gobierno con participación de la oposición sin María Corina Machado, podría llamar a Edmundo González Urrutia, quien representa una política de equilibrio más que de movilización. No encarna la épica, sino la negociación. En un tablero donde Machado simboliza la fuerza social, Delcy Rodríguez el poder de hecho, Trump la presión geopolítica y Europa la legitimidad democrática, González Urrutia podría asumir el rol de puente transitorio hacia acuerdos posibles. A pesar de ello le sería necesario el apoyo claro de María Corina Machado y que ella aceptara la existencia del gobierno de concentración o de transición. Todo bajo la tutela de la secretaría de Estado de EEUU.


 

Ruta B: Negociación internacional: Una presión sostenida de Estados Unidos, Europa y países latinoamericanos podría abrir una ventana para habilitar a Machado o establecer un acuerdo político más amplio. Este escenario exige una convergencia de factores que hoy no están plenamente alineados, pero que podrían emerger ante una crisis económica o política interna de mayor magnitud.

 

Ruta C: El liderazgo moral: Si las rutas anteriores no se concretan, Machado podría consolidarse como líder moral y referente estratégico de la oposición. La historia demuestra que los liderazgos morales pueden trascender coyunturas institucionales. Así lo hicieron los premios Nobel de la Paz, Jimmy Carter y Nelson Mandela. Posición que hoy ejerce María Corina Machado. En determinados momentos, esta autoridad simbólica supera al cargo formal. En ese rol, lejos de ser menor, Machado puede convertirse en determinante para cualquier transición futura. Delcy Rodríguez debería comprender esto.

 

Escenario 3: De uno a dos años

 

Caso 1: Cambio dentro del marco electoral: Para que Machado llegue a la presidencia por vía electoral deberían alinearse múltiples factores como su habilitación. Garantías mínimas en el proceso electoral. Unidad opositora, y que el oficialismo no se recupere por las divisiones internas. Es un escenario posible, aunque complejo.

 

Caso 2: Reconfiguración del sistema político: Los sistemas políticos no siempre se transforman exclusivamente mediante elecciones. También cambian por fracturas en las élites, crisis económicas profundas, reacomodos militares, presiones internacionales o acuerdos políticos inesperados. En un proceso de reordenación, Machado podría emerger como figura de transición o de consenso opositor.

 

Escenario 4: Un escenario improbable


 

La política venezolana ha demostrado que lo improbable puede materializarse. Una crisis extrema podría conducir a la propuesta de que un gobierno de concentración nacional estuviera integrado por sectores del oficialismo, de la oposición, actores independientes y representantes de la sociedad civil. En ese contexto, Delcy Rodríguez podría invitar a Machado a participar en un acuerdo de gobernabilidad. Ello reconfiguraría el mapa político, aunque generaría tensiones en ambos bloques, pero podría abrir una transición pactada. También podría fracasar por desconfianza mutua. Las preguntas centrales serían: ¿Aceptarían Delcy y María Corina participar en un gobierno colegiado con cuotas de poder? ¿Respaldarían Estados Unidos y actores clave del Congreso estadounidense una fórmula de este tipo? Las respuestas dependerían del alcance real del acuerdo, de las garantías verificables y del respaldo internacional.

 

El tiempo político no es lineal

 

María Corina Machado se encuentra en un punto singular porque es la figura con mayor fuerza política dentro de la oposición y del país, pero también la más bloqueada institucionalmente. Su futuro dependerá menos de su voluntad y más de la dinámica interna del poder, de la presión internacional, de la cohesión de la oposición y de la evolución de la crisis venezolana. En la política, los calendarios no los marca el reloj, sino la historia. Y la historia venezolana, aunque lenta, siempre termina moviéndose. Cuando los nombres, los escenarios y las estrategias parecen ocuparlo todo, conviene recordar algo esencial, que Venezuela no es una ecuación política. Es un país herido, de luto, que sigue respirando. Un país que ha visto partir a más de un tercio de su población, una diáspora que supera la de naciones devastadas por guerras declaradas. Una sociedad donde las despedidas en los aeropuertos se volvieron rituales de dolor. Un Estado donde las abuelas aprenden a hacer videollamadas y chats para ver crecer a sus nietos y compartir con ellos en la distancia. Una nación donde los padres guardan en el teléfono —como oro— la última foto familiar completa, tomada antes de que la vida se fragmentara en distintas fronteras. Y sin embargo —y esto es lo más extraordinario— Venezuela —a pesar del duelo— sigue de pie… porque hay millones que no se rinden. Sigue de pie porque hay un país entero que, incluso en la oscuridad, conserva una luz interna que no ha podido ser apagada y que, en medio de todo, la mayoría de los venezolanos siguen creyendo en la posibilidad de volver a encontrarse familiarmente. Por eso, cuando hablamos de María Corina Machado, de Edmundo González Urrutia, de Delcy Rodríguez, de Jorge Rodríguez, de Juan Pablo Guanipa, de Leopoldo López, de Antonio Ledezma, de Donald Trump, de Europa, de negociaciones, de habilitaciones o de vetos, en realidad estamos hablando de algo más intenso, de la necesidad urgente de que Venezuela vuelva a ser un hogar y no una despedida. Y ese destino no lo decidirá un solo líder. Ni un solo partido. Ni un solo bloque. Ni una sola ideología. Lo decidirá la capacidad de todos —oficialistas y opositores— de ceder lo que tengan que ceder para salvar a un país que se está desangrando en silencio. La verdadera grandeza política no está en vencer al adversario, sino en vencer el miedo a cambiar. No está en imponer, sino en construir. No está en ganar una elección, sino en lograr un futuro compartido. Hoy Venezuela necesita algo más que un presidente. Necesita un gesto histórico. Un acto de madurez colectiva. Un acuerdo que no humille a nadie, pero que sí libere a todos. Requiere de un segundo proceso de pacificación. Un pacto que permita que los hijos regresen, que los abuelos vuelvan a escuchar risas en la casa, que las familias se reúnan sin contar kilómetros ni visas. Mi esposa María Mercedes nos alienta: "ese compromiso de paz —ese milagro civil— solo será posible si quienes hoy tienen poder y quienes hoy lo disputan comprenden que ningún proyecto político vale más que la vida de un país entero. Venezuela está esperando que sus líderes estén a la altura de su pueblo y que la historia deje de repetirse: ¡Basta! Es tiempo de reconstruir..."

Y cuando ese día llegue —porque llegará— los venezolanos que hoy están en Lima, en Madrid, en Santiago, en Buenos Aires, en Miami, en Bogotá, en Panamá, en São Paulo, en Ciudad de México, o en cualquier rincón del mundo, sentirán un llamado casi biológico, casi espiritual como es el deseo de volver a casa. Ese es el objetivo cierto, el verdadero proyecto, el país que aún se puede recuperar. Y quizás, solo tal vez, la historia nos esté dando esta crítica oportunidad para alcanzarlo… Si desea darnos su opinión o contactarnos puede hacerlo en psicologosgessen@hotmail.com... Que la Suprema Providencia Universal nos acompañe a todos…

 




 

Puede publicar este artículo o parte de él, siempre que cite la fuente del autor y el link correspondiente de Informe 21. Gracias. © Fotos e Imágenes Gessen&Gessen

 

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