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Los adultos pueden ayudar a los niños a transformar el miedo


Cuando un niño siente que puede expresar lo que ocurre dentro de él, también comienza a descubrir que tiene la capacidad de recuperarse. Foto: freepik imagenes.
Cuando un niño siente que puede expresar lo que ocurre dentro de él, también comienza a descubrir que tiene la capacidad de recuperarse. Foto: freepik imagenes.

Hay experiencias que no terminan cuando la tierra deja de moverse. En los adultos permanecen los recuerdos. En los niños, muchas veces, permanecen las emociones.

Después del reciente terremoto vivido en Venezuela, muchas familias han comenzado a notar cambios en el comportamiento de sus hijos. Algunos no quieren dormir solos. Otros preguntan constantemente si volverá a temblar. Algunos lloran con facilidad, se sobresaltan con cualquier ruido o buscan permanecer cerca de sus padres durante todo el día. Y es normal.


Los niños no viven los acontecimientos como los adultos. Ellos interpretan el mundo a través de los ojos de quienes más aman. Cuando observan tranquilidad, aprenden seguridad. Cuando perciben miedo permanente, también pueden aprender que el peligro nunca desaparece.


No porque alguien se los enseñe con palabras. Sino porque los niños aprenden, principalmente, observando.


Desde la Programación Neurolingüística comprendemos que gran parte de nuestras primeras formas de interpretar la realidad nacen del entorno donde crecemos. La familia se convierte en el primer modelo para aprender cómo reaccionar frente a la incertidumbre, al dolor y también frente a la esperanza.


Por eso, después de una experiencia tan inesperada como un terremoto, más que intentar convencer a un niño de que "no pasó nada" vale la pena preguntarnos cómo podemos ayudarlo a sentirse seguro nuevamente.


Porque una frase puede tranquilizar por unos minutos. Pero una actitud serena puede acompañarlo durante toda la vida. Muchos adultos, con la mejor intención, dicen frases como "deja de llorar", "ya eso pasó", "no tengas miedo" o "tienes que ser fuerte". Sin darse cuenta, pueden estar enseñando que sentir miedo es algo incorrecto. Y no lo es.


Todas las emociones tienen una función.


  •  El miedo protege.

  •  La tristeza ayuda a comprender lo vivido.

  •  La confusión forma parte del proceso de adaptación.


La necesidad de estar cerca de quienes amamos también es una forma de buscar seguridad.


Por eso ninguna emoción debería minimizarse. Ni en los adultos. Ni mucho menos en los niños. Gestionar las emociones no significa impedir que aparezcan. Significa acompañarlas hasta que pierdan intensidad.


  • Escuchar sin interrumpir.

  •  Abrazar sin apresurar.

  •  Responder con calma.

  • Permitir que un niño haga preguntas las veces que lo necesite.


Porque cuando un niño siente que puede expresar lo que ocurre dentro de él, también comienza a descubrir que tiene la capacidad de recuperarse. Los especialistas coinciden en que recuperar las rutinas también ayuda a reconstruir la sensación de seguridad.


Volver a compartir las comidas en familia, leer un cuento antes de dormir, jugar, conversar y reír cuando vuelva a surgir una sonrisa.


Son pequeños gestos que le recuerdan al cerebro infantil que la vida continúa. Y que, aunque hubo un momento difícil, sigue existiendo un lugar seguro al que puede regresar. Quizá el mayor aprendizaje para los adultos sea comprender que los niños no necesitan padres perfectos. Necesitan adultos emocionalmente disponibles.


  •  Que los escuchen.

  •  Que validen lo que sienten.

  •  Que respondan con honestidad.


Y que les transmitan, con palabras y con acciones, que no están solos.


Porque cuando un niño se siente acompañado, descubre algo mucho más poderoso que la ausencia de miedo. Descubre que siempre habrá alguien dispuesto a sostener su mano mientras vuelve a sentirse seguro.


Especialista en Programación Neurolingüística

1 comentario


Brandon
Brandon
04 ago

Un artículo muy valioso que recuerda la importancia de acompañar a los niños con comprensión y empatía cuando enfrentan sus miedos. Suelo tomar notas a mano sobre temas de educación y bienestar, y un lector de escritura manuscrita me ayuda a revisar y organizar esas notas con mayor facilidad.

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