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La Venezuela que no se debe ningunear


Abramos las puertas a otra Venezuela, que en realidad ya existe, pero con frecuencia se margina y se invisibiliza, se ningunea. Imgen IA Gemini
Abramos las puertas a otra Venezuela, que en realidad ya existe, pero con frecuencia se margina y se invisibiliza, se ningunea. Imgen IA Gemini

El 24 de junio de 2026, Venezuela sufrió dos de los terremotos más devastadores de su historia reciente, con un mayor número de víctimas mortales, lesionados y damnificados, así como cuantiosos daños materiales. Ante esta tragedia, la sociedad civil se ha movilizado con ejemplar actitud cívica. Gracias a su iniciativa, con el apoyo de brigadas de diversos países, se pudo hacer no solo los rescates iniciales, a pesar de la parálisis del aparato estatal y la actitud obstructiva de muchas autoridades, sino prestarles apoyo a los afectados.


Salvar vidas y atender a lesionados y damnificados ha sido el gran reto. Desde El Tigre (estado Anzoátegui) hemos recibido una gran lección de generosidad y bondad. Un grupo de donantes locales, animado por Graciela Briano, liderado por su hijo Celso Hernández, su nieto del mismo nombre, y Mauro Barrios, trasladaron a Caracas una gran cantidad de ayuda material (alimentos perecederos y no perecederos, artículos de limpieza, médico-sanitarios y de primera necesidad, herramientas, objetos útiles, medicinas, ropa, juguetes).


En Caracas, a este grupo se le unió otro, encabezado por Xavier Villegas Godoy, e integrado por su amable familia y algunos amigos, quienes ya habían iniciado su labor de apoyo con los damnificados recluidos en el Parque del Oeste, en Catia. Valga decir que Celso y Xavier habían vivido el terremoto de 7.8º, del 16 de abril de 2016, en Manta (Ecuador). Allí participaron activamente en labores de apoyo. Ante lo sucedido, sintieron la necesidad de ayudar en su propio país y hacer valer su experiencia. Entre todos cocinaron, prepararon paquetes y kits de emergencia con los donativos enviados desde El Tigre y algunos aportados por la familia.


Gracias a estos grupos de apoyo, pude visitar, junto con ellos, zonas muy afectadas, especialmente en La Guaira (Catia La Mar, Playa Grande, Macuto, La Llanada, Caraballeda y Tanaguarena) y, en Caracas, diversas zonas de Altamira y Los Palos Grandes, Catia, el centro de la ciudad y su alrededores. En La Guaira estuvimos en algunos campamentos de damnificados en Catia La Mar, como el estadio César Nieves, la misión vivienda de Ciudad Piar y los dos de la barriada de El Campito (I y II), a estos últimos fuimos guiados por el amigo

Juan Ramón Arteaga, vecino de Catia La Mar. También apoyamos a otros grupos de personas a través de emisarios, especialmente en zonas de gran afectación. En Caracas, además del Parque del Oeste, visitamos a los refugiados en la escuela Juan Antonio Pérez Bonalde, en el sector homónimo de Catia, y en el Nuevo Circo, así como algunos centros de acopio, especialmente el de Ángeles de la Carretera, en Altamira. La pobreza y la precariedad emergen como características comunes de los damnificados que contactamos.


Esas visitas, la conversación no solo con damnificados, sino también con rescatistas y colaboradores, me acercó, una vez más, a las realidades profundas de Venezuela, a los contrastes que informan nuestro país, sin olvidar, por supuesto, el dolor, el duelo, la tragedia misma en su dimensión humana, pero también en la material.


Consolar y reconstruir a Venezuela son dos tareas que, culminado el proceso de rescate de sobrevivientes y víctimas y de apoyo inmediato a los damnificados, han de implementarse como una nueva manera de refundar la República, basada en los principios, que deberían ser invulnerables, de la constitucionalidad y la legalidad para garantizar lo que se espera de un Estado de derecho. Ya Bolívar había destacado, como meta esencial de todo sistema político, el objetivo de proporcionar la máxima felicidad posible, entendida como el bienestar equitativo, sin injusticias, exclusiones, discriminaciones u odios sociales.


Palpar esa Venezuela nos permite entender la complejidad sociocultural del país y la necesidad irrenunciable de incluirla, de manera estructurante, en la construcción de los nuevos modelos y de la nueva legalidad que aguardan a Venezuela, tras los necesarios e impostergables cambios que deben hacerse. Bienvenida la verdadera Venezuela, que se debe entender a sí misma y no repetir los errores excluyentes o miopes del pasado: aquellos que separan, marginan y persiguen y aquellos otros que, en su enfoque, no logran precisar la

diversidad intrínseca del país. Abramos las puertas a otra Venezuela, que en realidad ya existe, pero con frecuencia se margina y se invisibiliza, se ningunea.


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