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Inteligencia artificial vs. brutalidad natural


Un gobierno de los más inteligentes artificiales, por lógica, se apegará a los principios de pluralismo y alternabilidad. Foto: tmeier1964, Pixabay

Geoffrey Hinton, el científico informático con el ganado título de “padrino de la inteligencia artificial, IA”, acaba de expresar serias reservas, sobre el resultado de sus investigaciones.


Hinton, ayudó a crear las tecnologías de IA que han sido determinantes para la nueva generación de chatbots, como es el caso del Chat GPT.


Pero en recientes entrevistas, confesó que renunció a un lucrativo cargo en Google, para compartir sin ataduras, sus inquietudes con respecto al desarrollo irrestricto de lo que, desde hace poco, considera un peligro para la humanidad.


“Repentinamente he cambiado mis puntos de vista sobre si estas cosas serán más inteligentes que los humanos”, le declaró a la Massachusetts Institute of Technology Review: “Creo que están ahora muy cerca de serlo y que en el futuro, si son mucho más inteligentes que nosotros... ¿cómo vamos a sobrevivir?”.


No somos enemigos del progreso. Además, de nada vale oponerse a sus avances. Pero cada vez que se anuncian ciertas tecnologías nos invade el desasosiego. Uno de nuestros temores se confirma con la casi segura rebelión de los hombres-máquina en un futuro que vislumbramos cercano.

Hablamos de mecanismos que, tal como lo expresa el doctor Hinton, serán cada vez más sabios, con mayor fuerza física, pero sobre todo, más constantes que sus predecesores de carne y hueso, en materia de valores morales. Se adueñarán de la Tierra. Harán valer su superioridad para sojuzgar a sus inventores si no es que deciden, en un dos por tres, borrarnos del mapa, en particular, a quienes nos hemos atrevido a demandar ¡Ya! la supresión de aparatos tan infernales.


Sin embargo la inferioridad humana parece indetenible. En particular, en determinados sectores. Un gobernante-máquina, por ejemplo, jamás pecaría por guisador. Ni se le ocurriría dar la orden de disparar contra una manifestación, pacífica, formada por mujeres, niños y después exhibirse como supuesto bailarín de salsa. Mucho menos, depredar el medio ambiente, salvo que se le queme un chip en cuyo caso, no habría necesidad de convocar referendo revocatorio, enjuiciarlo por vendepatria, ni de colgarlo de un poste –colgarlo por las antenas- porque tampoco se piense que fomentamos el capamiento de humano o humanoide alguno. Bastaría acudir a la ferretería más cercana para reemplazarle el repuesto dañado. Además, quedaría la posibilidad de demandar judicialmente por daños y perjuicios a la empresa que lo fabricó. Por el contrario ¿A quién vamos a exigirle resarcimiento los ciudadanos de un país, si tenemos la desgracia de tener al frente de nuestros destinos a un narcotirano, común, corriente y pestilente, usurpador, de mala uva, corrupto, desvergonzado, made in Nicaragua, Cuba o Cúcuta y, por si fuese poco -en este último caso- con la compulsión de hacer el payaso, nacional e internacionalmente?


Los ministros tenedores de criptomonedas para ocultar el dinero sucio, serán cosa del pasado y los televidentes no sufriremos más el bochorno de mirar a un generalote nacido humano y criado en Caracas, pero comportándose, el muy Madrino, cual androide chino con testosterona de silicón.

Los costos de mantenimiento atentan contra la supervivencia burocrática del desacreditado homo sapiens. Lavado, engrase, cambio de aceite del robot y sanseacabó. Hasta 2053.

Un gobierno de los más inteligentes artificiales, por lógica, se apegará a los principios de pluralismo y alternabilidad. Por las buenas, sin necesidad de convocar una Cumbre en Colombia, ni en ninguna otra parte, ni de la mediación de un robot-bribón, a tiempo completo o tiempo convencional, que se lucre como pretendida paloma de la paz. Cada período constitucional, las fuerzas de oposición se aglutinarán alrededor de los modelos con sensores de última generación que reciban y transmitan con el solo pensamiento el sentir del Pueblo con acción efectiva. Así, los potenciales compradores –o votantes, como cada cual prefiera llamarlos- evaluarán las mejores opciones y aparte de los adelantos técnicos, prevalecerán aquellos con garantía de fábrica, pagaderos con credit cards. ¿Qué gobernante de inteligencia artificial va a dejar vivos a electores de brutalidad natural?


En cuanto a los mortales alérgicos a la política, pasaremos a la clandestinidad. Hasta que el futuro nos alcance, en un hotelillo de sábanas calientes amancebados con una mujer de hojalata. Que nadie se ría, que el asunto es en serio.


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