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Gisela Romero le dio forma y color a las emociones de los migrantes


Gisela Romero comenzó en las artes visuales cuando era niña rayando paredes y escritorios. Foto: Hannah Miller

Gisela Romero es uno de los muchos talentos venezolanos que se luce y es apreciada fuera de las fronteras. Nació en Caracas, Venezuela y reside y trabaja en Orlando. Aparte de su maleta, llevó consigo una maestría en Bellas Artes del Pratt Institute, Nueva York y una licenciatura en Bellas Artes con honores del California College of Arts, Oakland, CA.


Se convirtió en inmigrante en el 2017, quizás el año más crítico de la historia reciente de Venezuela que ha quedado registrado en crónicas y películas como Simón, de Diego Vicentini.


Gisela recuerda que "ese año parecía que todo estaba destruido y había que pensar en otra salida... yo estuve en las protestas, no me lo tienen que contar... De Venezuela se ha ido mucha gente talentosa. En el campo de las artes visuales, tengo por lo menos 50 colegas que están en Miami, que se vinieron en la misma época... Hay otros en España, pero en Florida hay muchos. Es muy triste que estemos regados por el mundo."


Como profesional de las artes visuales, Gisela tiene más de 30 años, pero los primeros trazos los hizo cuando era una niña que comenzaba a caminar.


-Recuerdo que destruí un escritorio de mi hermano mayor porque dibujé encima con unas marcas muy grandes... yo he tenido ese camino muy claro desde siempre y desde muy pequeña mis padres estimularon mi inclinación. Me metieron en clases de pintura siendo muy niña y como consideraban que el arte es multidisciplinario, me inscribieron en clases de música. También bailé, pero siempre la inclinación fue hacia las artes visuales.


-Dibujo sobre cualquier superficie, en cualquier tamaño con cualquier material y utilizo todos los recursos. Todo lo aprendido en todas las artes en las que he incursionado. Una de las críticas dice que hago creación de lo ya creado. Se refiere a una exposición en la que tomé muchas formas de la naturaleza y la transformé. Tomé algo de la creación para crear algo distinto.


¿Piensas en imágenes o en palabras?


-...creo que en las dos. Una trae a la otra... en el caso particular del cuerpo de trabajo que estoy haciendo, se inició con el único objeto que traje de mi casa cuando me vine. Cuando le comenté eso al señor Dan L. Hess, curador de la parte conceptual de la próxima exposición, él me dijo que ahondara más en eso. ¿¨Por qué me lo había traído? No solo porque era fácil transportar sino porque representaba algo que estaba en la mesa de mi casa. Mesa que era muy importante porque, como muchas familias venezolanas, hacemos mucha vida alrededor de la mesa. Entonces comencé a imaginar historias que hice con caminos de mesa que me traje o que otras personas me dieron. Imaginaba palabras y las palabras me daban las imágenes y así sucesivamente. Por eso es que esta exposición es combinación de historias con imágenes. ¿Cuál es más importante?; ambas son importantes.


Gisela se refiere a la exposición que presentará del 26 de enero al 15 de abril del próximo año en el Art and History Museums of Maitland, Florida, Condado de Orange, que llevará por nombre A constant goodbye (Un adiós constante)


-Es la historia de lo que dejan las personas que migran. Y es que uno dice adió a muchas cosas y cuando llegan al nuevo lugar también dices adiós. Las personas que conoces desaparecen de repente... todo el tiempo estamos diciendo adiós porque no hay raíz, porque tus raíces están en otra parte. Y es muy difícil, cuando se emigra sacar de nuevo esas raíces. Se necesita muchos años y arraigo. Cuando hice el resumen para la exposición, el curador se dio cuenta de esa frase porque yo puse a un padre afirmando... yo me la paso diciendo adiós... y es que se comienza dejando a la familia, a los amigos y después comienzas a pensar en objetos, en tus libros, en tu casa, las relaciones con los vecinos... es la vida entera. Especialmente después de cierta edad porque es comenzar de cero. Cuando yo llegué a Orlando, con mi maleta, no sabía a quién contactar y me hice voluntaria en un lugar cerca de mi casa, donde cuidan a personas con demencia y fue interesante por lo mucho que aprendí y así fui haciendo contactos con gente de mi área. Es difícil y triste; hay una mezcla de rabia, nostalgia, culpa...


Hasta ese momento, Gisela Romero vivía fascinada con las formas de la naturaleza pero la migración y la mezcla de emociones le cambiaron la mirada y se hizo más introspectiva: "El enfoque de la exposición no es político, económico ni geográfico. Es emotivo y espero que se entienda de esa manera porque lo que nos pasó en Venezuela es durísimo, es inconcebible y no termino de procesarlo."


Todo el Museo para Gisela


Gisela se refiere al Art and History Museums of Maitland como "un lugar mágico que tiene mucha historia, fundado en 1939". El Museo abrió la posibilidad de aplicar para exponer y la propuesta de Gisela tuvo el visto bueno que se consolidó cuando conversó con el curador conceptual.

En cuatro salas se sentirán las s emociones de los migrantes. Foto: Héctor Pérez-Segnini

Afirma que están trabajando desde abril en el montaje de esta exhibición:


- Se lleva tiempo porque es necesario hacer un conjunto de piezas coherentes que cuenten una historia. Después hay detalles como la curaduría y el registro que se lleva mucho tiempo.


En esta exposición serán exhibidas cerca de 40 piezas de distintos formatos. El Museo tiene 4 salas y las cuatros serán ocupadas por obras de esta venezolana migrante. "


-La primera será la historia personal, la segunda, la historia compartida, es cuando todos estamos en el mismo sitio, aunque seamos desconocidos vamos por el mismo camino. La tercera es la página en blanco. Es donde estamos todos, mezclados en esa página en blanco en la que aspiramos construir una nueva vida. Es la aceptación porque en todo el proceso hay quienes se quieren ir, otros se quieren quedar. Es una pelea muy emotiva, no solo de venezolanos porque entre los migrantes hay muchas culturas...hasta que llega el momento que uno dice: esto me tocó, tengo que hacer lo mejor que pueda y ese es el momento de la aceptación. Es como un libro. Tiene un principio y un final.


De esa forma, Gisela Romero le puso forma y color a las emociones de los inmigrantes. Ella espera "que de esa forma se entienda que muchos de nosotros -no solo los venezolanos- no nos vinimos porque quisimos, sino porque las circunstancias nos obligaron".







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