Entre el Tajo y la burbuja europea
- Máximo Rondón Aguirre

- 15 dic 2025
- 2 Min. de lectura

Donde el Tajo se pierde en su inmensidad y el puente Vasco da Gama domina el paisaje con su majestuosa estampa, caigo en las contradicciones de una Europa a veces ilusionante y otras, ingenua.
Lisboa exhibe con orgullo sus tranvías pintorescos, símbolo de una ciudad que combina tradición y modernidad. Su estructura urbana parece tambalearse, pero se adapta perfectamente a la integración de cámaras de seguridad y lectores de tarjetas de transporte, como si fuera una mimética fusión entre lo antiguo y lo contemporáneo.

La ciudad sabe lo que tiene y cobra por ello: ya no es la ciudad de los precios bajos. Hoy, sus costes turísticos son equivalentes a los de Madrid, e incluso superiores en algunos aspectos. El lisboeta medio, con un salario mínimo inferior al de España, puede verse cada vez más excluido de las atracciones turísticas y experiencias gastronómicas locales. En realidad, cualquier trabajador del sur de Europa se va quedando al margen de capitales que apuntan al lujo de los turistas, aquellos que sí pueden permitírselo.
El proyecto europeo fue ilusionante: un continente unido, pacifista, próspero y centrado en el comercio. Pero la realidad parece indicar que Europa se queda atrás frente a una China ambiciosa, a un Estados Unidos autoritario y a una Rusia expansionista. Europa aparece desnuda, rezagada, cada vez más dependiente de la defensa de su socio americano y sin
ejércitos propios.
Es 10 de junio, Día de Portugal, de Camões y de las Comunidades Portuguesas. El tráfico se corta en Lisboa para dejar paso a las comparsas que se apoderan de la Rúa Augusta. El ambiente es alegre y colorido. Sin embargo, desde la pandemia siento que el bienestar que aún disfrutamos tiene los días contados. Vivo esta frágil tranquilidad con la conciencia de que es una burbuja que tarde o temprano estallará. Las desigualdades crecen, nuestra capacidad de reacción ante China es mínima y el espíritu reivindicativo parece ausente en una juventud que, en su memoria más profunda, carga con los horrores de la guerra de las generaciones anteriores y que no está dispuesta a revivirlos.






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