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Emiliano Martínez: el pibe que atajaba el tiempo


 La infancia del Dibu no necesitaba efectos especiales para ser extraordinaria. Ya lo era. Foto: Cortesía de Netflix
 La infancia del Dibu no necesitaba efectos especiales para ser extraordinaria. Ya lo era. Foto: Cortesía de Netflix

Hay historias que no esperan a que las cuenten. Reclaman su forma, cambian de piel, se resisten a quedarse quietas en un género. La historia de Emiliano "Dibu"Martínez es una de esas.


Damián Emiliano Martínez nació en Mar del Plata, creció en una familia humilde, y a los doce años tomó una decisión que pocos chicos de esa edad toman: irse solo a Avellaneda para formarse en las inferiores de Independiente. Dormía en la pensión del club, se levantaba a las seis de la mañana, iba al colegio, entrenaba, y después viajaba en colectivo hasta Ezeiza cuando lo convocaban para las selecciones juveniles. Todo eso antes de cumplir quince

años. Todo eso por una pelota.


En Independiente se ganó el apodo de Dibu porque sus pecas y su pelo rojizo recordaban a un popular dibujito animado de televisión. Era tan alto para su edad que levantaba sospechas en los rivales, y desde su club debían mostrar el documento para disipar dudas. El mismo arquero lo contó alguna vez con esa mezcla de gracia y orgullo que lo caracteriza:


"Cuando llegué era un poco coloradito con pecas y me empezaron a decir que me parecía al dibujito. Si buscas Dibu en Google, él es un poco pelirrojo, con algunas pecas en la cara y un poco de pelo largo. Así era exactamente como me veía cuando estaba en Independiente a los 12 años. Así fue como empezó."


Hay una ironía perfecta en todo esto: el chico que se volvió dibujo animado antes de ser leyenda terminó siendo, literalmente, un dibujo animado.


Porque esta historia también me toca de cerca.


En 2023, junto a la Comunidad Orsai, fui productor asociado de Emi On Off, el proyecto que daría origen a todo lo que vino después. La idea era simple y poderosa: contar la historia de un chico de nueve años de Mar del Plata que se pasa el tiempo entre la escuela y el fútbol —más específicamente atajando, volando de aquí para allá— y cuya vida cambia cuando descubre que tiene un superpoder: puede detener el mundo. No sabe bien cómo ni por qué, pero puede parar todo a su alrededor, un poder que tendrá a mano cada vez que se ponga los guantes y que lo convertirá en un deportista extraordinario.


El guión de esa historia animada fue escrito por Hernán Casciari y Cristian Basili. Los dibujos, de Ricardo "Liniers" Siri. Durante cinco meses, el Dibu, Liniers y Casciari se conectaron por Zoom para escribir y dibujar esa historia, a la vista de los socios productores del proyecto — los tres viviendo en distintas partes del mundo: Dibu en Inglaterra, Liniers en Vermont, Casciari en Buenos Aires. Era producción colaborativa en su forma más pura: los socios podían ver en Streaming cómo se construía el guión, cómo Liniers trazaba los primeros bocetos en vivo. En el primer encuentro, el propio Dibu mandó un video para

saludar y pidió expresamente que "lo dibujaran lindo."


El proyecto era parte del "Cinco Pelis" de Orsai, una apuesta de cinco producciones simultáneas con financiamiento colectivo. Lo que nadie sabía entonces era que Emi On Off tenía más vida de la que cualquier formato podía contener. Primero se pensó como serie animada. Después como película animada. Después el tiempo siguió corriendo — el Mundial de Qatar, la consagración del Dibu como héroe nacional, la cercanía de un nuevo ciclo

mundialista — y la historia encontró otra forma de existir.


Tras una etapa de desarrollo creativo dentro de la Comunidad Orsai, el guión fue adquirido por la productora PEGSA para darle vida a lo que finalmente se estrenó bajo el nombre de Dibu Martínez: el pibe que ataja el tiempo. El dibujo animado que habíamos construido colectivamente se convirtió en el hilo conductor de un documental de Netflix.


La película fue dirigida por Gustavo Cova —el mismo de Boogie y Mini Beat Power Rockers— y escrita por Hernán Casciari, con Andrés Emilio como showrunner. Rodada entre Argentina e Inglaterra durante 2025, es una producción de PEGSA liderada por Agustín Pichot, y llegó a Netflix el 28 de mayo de 2026.


La historia sigue al mismo niño de siempre: uno que descubre que puede detener el tiempo y que mantiene diálogos con una pelota que cobra vida — con la voz de Agustín Aristarán — quien lo guía y le recuerda los obstáculos que deberá superar para cumplir sus sueños. Las ilustraciones de Liniers, el material de archivo personal y las entrevistas con el círculo íntimo del arquero — amigos de la infancia, familiares, Lionel Messi, Scaloni y el mítico "Pepé"

Santoro — se combinan para reconstruir ese camino.



Santoro, que lo entrenó desde chico, lo recuerda así: "Tenía una enorme capacidad, pero necesitaba mucho trabajo de arquero. Trataba de copiar a los compañeros y, cuando no podía, lloraba. Esas lágrimas forjaron un espíritu inquebrantable."


Y hay una anécdota que resume todo. Una de sus maestras en Mar del Plata lo recuerda como "un alumno cumplidor y educado, pero con el fútbol en la cabeza." Y agrega: "Ni bien sonaba el timbre del recreo, bajaba la escalera haciendo un bollo de papel porque no permitíamos pelotas en el patio, y siempre era el último en entrar porque pedía 'un jueguito más'". El pibe que detiene el tiempo ya lo estaba haciendo antes de saber que podía.


Lo que más me gusta de esta historia — y de cómo terminó contándose — es que refleja algo que Casciari y los que estuvimos en Orsai intuíamos desde el principio: la infancia del Dibu no necesitaba efectos especiales para ser extraordinaria. Ya lo era. El superpoder era solo la metáfora más honesta de lo que pasa cuando un chico cree en algo con una convicción que el mundo adulto todavía no sabe cómo medir.



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