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Para que Venezuela pueda renacer verdaderamente


Legitimar los poderes públicos mediante lo previsto en la Constitución: elecciones universales y libres será la única manera de que Venezuela pueda renacer. Imagen: IA Gemini
Legitimar los poderes públicos mediante lo previsto en la Constitución: elecciones universales y libres será la única manera de que Venezuela pueda renacer. Imagen: IA Gemini

El 24 de junio de 2026, día de san Juan Bautista y de la batalla de Carabobo, que selló la independencia, Venezuela, especialmente en la región costera y centro-norte, fue azotada por dos potentes terremotos. El doblete sísmico, como se le denomina, ha dejado una estela de destrucción muy grande. Hasta ahora, hay más de 5.100 fallecidos, miles de heridos y damnificados, hogares destruidos, inmuebles completamente devastados, templos y muchas edificaciones con daños severos, probablemente irrecuperables. Los terremotos del día de San Juan han enlutado a Venezuela toda.


Con una velocidad que contrasta con la del inicio de las labores de socorro y rescate de las víctimas, el gobierno ha iniciado una campaña de propaganda con la intención de animar a la población, tan golpeada por la tragedia. Grandes vallas y pinturas empiezan a aparecer por el país y medios de comunicación y redes sociales se hacen eco de los mensajes. Uno de los

lemas más utilizados es Venezuela renace o Renace Venezuela. Se ha creado, asimismo, una gran misión homónima para coordinar las labores de reconstrucción.


En el preámbulo de la Constitución de 1999 se utilizó precisamente la idea de la refundación del país. Ahora, tras los terribles terremotos que han enlutado al país, se habla de que Venezuela renace, se renueva, se prepara para un nuevo momento, no exento de profundo dolor y frustración. Sin embargo, esa frustración va más allá de los terremotos, que sin duda la han aumentado. La tragedia del 24 de junio se sumó al sentimiento generalizado de una situación estancada, de un juego trancado en lo que se refiere a las dimensiones política y económica.


En la década de 1970, y con gran popularidad en las dos siguientes, en pleno auge de los movimientos de la Nueva Era, surgieron muchas terapias, consideradas alternativas, que buscaban equilibrar y confortar psicológicamente a las personas. Una de ellas fue la del renacimiento. Las terapias de renacimiento intentaban, mediante técnicas inducidas

principalmente por la respiración, hacer que el paciente regresara al momento del nacimiento para tratar de identificar el origen de posibles traumas o causas de diversos procesos psíquicos que aquejan a las personas.


Las técnicas debían ser aplicadas por terapeutas (“renacedores”) o facilitadores con la debida capacitación. Por lo general, las terapias tenían un costo bastante elevado. Entre los beneficios que se le atribuyen, estaba el de poder equilibrar los recuerdos de la infancia y la superación de situaciones traumáticas que dejaban huellas inconscientes que debían ser superadas.


Por supuesto, esas terapias generaron también muchas críticas. Algunas se referían a aspectos físicos, por basarse en técnicas de respiración que podían causar efectos como hiperventilación y mareos, entre otros. Otras críticas se enfocaban en la inducción y manejo inadecuado de recuerdos, reales o supuestos, que necesitaban de un debido manejo para evitar que terminaran por generar mayores desequilibrios.


Ahora, el gobierno venezolano habla de un renacimiento del país. Resulta indispensable detenerse en la idea de la refundación de Venezuela. No sé si realmente el país se logró refundar. Lamentablemente, esa idea constituyente se perdió, desvió y desnaturalizó en demasiados conflictos y odios social. Ese ambiente de creciente conflictividad y polarización impidió el logro de acuerdos mínimos que permitieran un pacto colectivo duradero.


En nuestro país, se generó odio social con la supuesta intención de combatirlo; se persiguió y restringió la libertad con la excusa de profundizarla; se habló de paz y amor, de "revolución bonita”, para disimular el autoritarismo, la coerción y las imposiciones. Sobre esas dudosas bases será realmente difícil que renazca el país.


Si recurrimos a una analogía orgánica, una planta requiere ser podada, trasplantada, abonada para que renazca y pueda, finalmente, retoñar, florecer o prosperar, según el caso. Así, pues, para que Venezuela verdaderamente renazca todos necesitamos hacernos un examen de conciencia.


El renacer de Venezuela no puede ser una mera consigna gubernamental, ni un plan implementado desde las instancias oficiales y la institucionalidad del Estado. Debe ser un proyecto colectivo. Se deberá apelar a la verdad y a la memoria y, por supuesto, a la reconciliación. No se trata de hacer borrón y cuenta nueva, sino de convocar al país y lograr, mantener y consolidar consensos duraderos en distintas materias y, sobre todo, en los modos

democráticos de gobernar, sin presos políticos o de conciencia, sin prohibiciones ni persecuciones, sin censura.


La construcción de un nuevo proyecto colectivo debe ser el punto de partida y, en especial, la garantía de un proceso auditable de renacimiento de Venezuela, la verdadera refundación del país. Sin esa garantía, será solo demagogia.


La tragedia generada por los terremotos no nos puede ni hacer olvidar ni posponer, más allá de lo racional, prudente y viable, la necesidad de legitimar los poderes públicos mediante lo previsto en la Constitución: elecciones universales y libres.


Será la única manera de que Venezuela pueda renacer.


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