El miedo también merece ser escuchado
- Eduardo Frontado Sánchez

- 10 jul
- 2 min de lectura

Resulta paradójico que, en un mundo tan interconectado como el actual, hablar de
nuestras emociones continúe siendo un tema complejo. Tenemos más herramientas para
comunicarnos que nunca, pero seguimos encontrando dificultades para expresar aquello
que sentimos, especialmente cuando se trata del miedo.
Durante mucho tiempo se nos enseñó que sentir miedo era una señal de debilidad,
cuando en realidad es una de las emociones más humanas que existen. El miedo no es el
problema; el verdadero riesgo aparece cuando permitimos que nos paralice y condicione
nuestras decisiones. Sentirlo es natural. Aprender a convivir con él es parte del
crecimiento.
La Organización Mundial de la Salud estima que cientos de millones de personas en el
mundo conviven con trastornos relacionados con la ansiedad y el miedo. Más allá de las
cifras, este dato nos invita a reflexionar sobre la necesidad de dejar de ver la salud mental
como un tema individual o privado para comenzar a asumirla como un desafío colectivo.
Vivimos rodeados de cambios, incertidumbre y conflictos. Cada uno de ellos nos obliga a
salir de nuestra zona de confort y a replantearnos aquello que creíamos seguro. Aunque
estos procesos suelen generar temor, también representan oportunidades para
transformarnos como personas desde el punto de vista emocional, mental e incluso
espiritual.
Hablar de nuestras emociones no nos hace más débiles; nos hace más
humanos. No somos máquinas diseñadas para soportarlo todo en silencio. Somos seres
humanos que sienten, que dudan y que, en ocasiones, necesitan ser escuchados.
Los acontecimientos vividos en Venezuela el pasado 24 de junio dejaron una huella
emocional en miles de personas. Es comprensible que el miedo permanezca después de
una experiencia de esa magnitud. Sin embargo, también es cierto que las adversidades
nos ofrecen la posibilidad de descubrir nuevas formas de resiliencia y solidaridad. No se
trata de olvidar lo vivido, sino de evitar que el miedo se convierta en el protagonista de
nuestro futuro.
Como sociedad, tenemos el reto de construir espacios donde hablar de salud mental deje
de ser un tabú. Necesitamos comprender que cuidar nuestro bienestar emocional también
implica cuidar el de quienes nos rodean. La empatía, la escucha activa y el
acompañamiento pueden convertirse en herramientas tan valiosas como cualquier
tratamiento profesional.
El miedo a la vulnerabilidad probablemente siempre existirá. La diferencia está en
aprender a gestionarlo en lugar de negarlo. Cuando entendemos nuestras emociones y
les damos un lugar, descubrimos que pueden convertirse en aliadas para tomar mejores
decisiones y afrontar los desafíos con mayor equilibrio.
Nadie dijo que vivir sería sencillo. Sin embargo, cada experiencia, incluso aquellas que
despiertan temor, representa una oportunidad para aprender, crecer y encontrar un nuevo
propósito. Hablar de nuestras emociones no nos hace más débiles; nos hace más
humanos.
Tal vez el verdadero cambio que necesitamos como sociedad no sea dejar de sentir
miedo, sino dejar de esconderlo. Solo cuando normalicemos las conversaciones sobre
salud mental podremos construir comunidades más empáticas, transparentes y capaces
de acompañarse mutuamente en los momentos más difíciles.



The first few minutes of 99 Nights may seem relaxing, but gathering materials, protecting the camp, and surviving each night slowly create an addictive gameplay loop.