El abuso del rey
- Horacio Biord Castillo

- hace 4 días
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Recientemente su majestad el rey Felipe VI ha reconocido que “hubo mucho abuso” durante el proceso de conquista y colonización española de América. Tal afirmación pudiera parecer una perogrullada, un lugar común, o algo innecesario porque es cosa sabida y establecida que efectivamente fue así, como suele serlo en todos los procesos de conquista e imposición de un poder por otro. Sucedió incluso entre las poblaciones indígenas americanas, al imponerse sociedades sobre otras, como en el caso del Tahuantinsuyo o de Mesoamérica, para no mencionar otros casos, como las sociedades mediterráneas.
El contexto de estas declaraciones del rey de España, en una visita a una exposición museística en Madrid, es la tensión entre México y España por la petición del presidente Andrés Manuel López Obrador, reiterada por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, de que el rey de España pidiera perdón por la violencia de la conquista. Esto tensó las relaciones entre México y España en los últimos años. El rey, de manera discreta y políticamente correcta, si se quiere, ha tenido un gesto de acercamiento, no valorado de igual manera por diversos comentaristas.
Toda esta polémica se enmarca en otra más amplia de peticiones de perdón, como las que realizó, por ejemplo, el papa san Juan Pablo II al conmemorarse los 500 años de la llegada de los europeos a América y el inicio del proceso de evangelización en el continente. Otros pontífices también han hecho lo mismo de diversas maneras, en especial el papa Francisco. De igual forma, España lo ha efectuado con hechos, que a veces valen más que las palabras, sobre todo cuando estas resultan afectadas, vacías o demasiado escuetas y evasivas. Evidencia de ello es que, en diversos momentos, ha acentuado su colaboración en Hispanoamérica como una manera de reafirmar los vínculos indelebles del mundo
hispanohablante, lo cual en el caso del continente americano va más allá de los países que tienen el español bien como su idioma oficial o bien como su lengua mayoritaria e incluye, al menos, también a los Estados Unidos, país construido por migrantes mediante encuentros culturales, diversidades y multiplicidades.
En los últimos años se ha hablado de resarcir o compensar daños ocasionados a distintas poblaciones, como a los afrodescendientes o afroamericanos. Sin embargo, este es un tema complejo que muestra muchos grises, en especial por tratarse de un casos distintos y de sujetos colectivos y derechos difusos. En todo caso, los gestos simbólicos siempre ayudan a solventar, minimizar o ralentizar conflictos sociales, patentes o latentes. En lo tocante a los pueblos indígenas, por tratarse de sociedades anteriores a la formación de los estados nacionales y, al mismo tiempo, afectadas por los procesos coloniales y neocoloniales, los Estados deben desarrollar políticas y proyectos preferenciales para su atención. Con las
adecuaciones necesarias es el caso también de los afroamericanos, descendientes de poblaciones africanas esclavizadas.
Las palabras del rey constituyen un gesto valiente que debe ser valorado en este intento de reubicar héroes, como diría Germán Carrera Damas, para comprender mejor la historia de América y las sociedades americanas, anteriores y posteriores al contacto, y las nuevas que fueron traídas o surgieron como consecuencia de las dinámicas socioculturales.




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