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Durante milenios hemos observado a los UAP

El relato sobre “disco volador”, “ovnis”, “UAP”, “extraterrestres” o seres no humanos fue escrito por personas, pero en los libros sagrados… Ahora, la ciencia, las instituciones, los gobiernos, sus agencias espaciales, y sus fuerzas armadas comienzan a revelar la verdad…



Un viaje que registra todo… desde el comienzo

 

Hay preguntas que no nacen en la ciencia… nacen en la memoria. No en la evocación individual —esa que guarda nombres, rostros, fechas— sino en la memoria histórica de la humanidad desde las pinturas rupestres. La que primero se transmitió en la tradición oral, luego se grabó en piedra, más tarde se escribió en pergaminos, y que hoy —en pleno siglo 21— vuelve a interpelarnos con una fuerza inesperada. Hoy los llamamos UAP (Unidentified Aerial Phenomena). Anteriormente, simplemente… no sabíamos cómo llamarlos. O los figurábamos como los “carros de los dioses”, las “columnas de fuego”, las “luces en el cielo” o “presencias” que descendían desde lo alto. Y no es casual que en los orígenes de la humanidad —cuando el conocimiento científico era prácticamente inexistente— estas manifestaciones fueran interpretadas como deidades, ya que representaban fuerzas, inteligencias o tecnologías que superaban completamente la comprensión y la experiencia humana de la época, generando asombro, temor y necesidad de explicación trascendente. Y quizá ese sea el verdadero punto de partida. Los fenómenos aéreos no identificados (UAP) han existido desde los tiempos en que la escritura y las religiones nacieron y lo narraron… Lo que durante milenios fue relato, símbolo o experiencia espiritual, hoy comienza a ser también objeto de observación sistemática. En los últimos años, el tema ha dejado de pertenecer exclusivamente al ámbito de lo extraordinario, de lo religioso, o lo marginal, para ingresar —con cautela, pero de forma sostenida— en espacios institucionales y de ciencia de alto nivel. El propio Congreso de los Estados Unidos ha celebrado audiencias públicas sobre fenómenos aéreos no identificados. El Departamento de Guerra de los Estados Unidos ha creado oficinas específicas para su análisis. La Casa Blanca ha reconocido la necesidad de investigarlos con mayor rigor y ordenado la publicación de lo indagado. Además, creó un sitio Web para informar sobre esto. La NASA ha conformado equipos científicos para estudiar estos fenómenos desde una perspectiva abierta pero metodológica. A esto se suman iniciativas en otros países. El Ministerio de Defensa del Reino Unido ha desclasificado archivos históricos sobre avistamientos UAP. En Francia, el organismo estatal GEIPAN los estudia desde hace décadas. En Brasil y Chile existen comités oficiales de investigación aeronáutica, y en Japón, autoridades de defensa han reconocido protocolos ante posibles encuentros con objetos no identificados. No estamos, entonces, ante una afirmación concluyente… sino ante una apertura inédita de la pregunta: ¿Estamos comenzando, por primera vez, a investigar con herramientas científicas aquello que la humanidad ha venido narrando —con otros lenguajes— desde hace milenios? Así, la humanidad —ahora— en ese cruce —entre memoria antigua y observación contemporánea— comienza, quizás, una nueva etapa de comprensión de lo hasta ahora indescifrable… Y en ese intento de comprensión, también se amplía el horizonte de lo posible, donde lo “no humano” no necesariamente implica origen “extraterrestre” en el sentido clásico de otros planetas. La física contemporánea —especialmente en las teorías de cuerdas o de la gravedad cuántica— contempla la existencia de más dimensiones que las cuatro que percibimos los humanos (tres espaciales y el tiempo), proponiendo modelos de 10, 11 e incluso más dimensiones en las que podrían existir formas de realidad no accesibles a nuestra percepción directa. Desde esta perspectiva, algunas de estos seres o presencias de podrían corresponder a entidades inteligentes de otros niveles dimensionales aún desconocidos para nosotros. Otra hipótesis, igualmente discutida en ámbitos teóricos, sugiere la posibilidad de interacciones a través del espacio-tiempo, donde estas manifestaciones no serían “de afuera” de la Tierra, sino expresiones de una evolución futura de la propia humanidad, o de otras formas de conciencia vinculadas a nuestra misma línea temporal. No afirmamos ninguna de estas posibilidades, pero su sola consideración revela hasta qué punto el fenómeno UAP nos obliga a expandir no solo nuestras respuestas… sino las preguntas que estamos dispuestos a formular.


 

¿Qué describieron los humanos en sus libros religiosos?

 

La Biblia: fuego, nubes y apariciones

 

En buena parte de los libros sagrados— lo desconocido se interpretó como manifestación de lo divino. Ante fenómenos que superaban su comprensión, el ser humano recurrió a categorías sagradas para darles sentido. Así, lo inexplicable no se negó… se elevó a la esfera de lo divino. Así, lo inexplicable no se negó… se elevó a la esfera de lo divino. En la Biblia, en el Antiguo Testamento, los relatos no son silenciosos ni abstractos. Son físicos, visibles, casi tangibles en el idioma que podía narrar un hombre de hace miles de años de acuerdo a sus conocimientos. En el libro de Ezequiel Cap.1 se describen naves suspendidas en el aire, acompañadas por seres con trajes espaciales en las cabinas: Vi cuatro cosas voladoras que parecían como bronce refulgente, y cada uno de ellos tenía dos alas en cada lado... esas cosas andaban, las ruedas andaban, y cuando se levantaban de la tierra, las ruedas se levantaban también... “Y oí el sonido de sus alas cuando volaban, como sonido de muchas aguas, como ruido de muchedumbre... Y sobre la expansión traslucida que había sobre sus cabezas se veía la figura de un trono y sentado en ese trono había una semejanza que parecía de hombre. Y se vestía como de algo refulgente”. Lo que nos explica Ezequiel es una estructura mecánica o nave conducidas por entidades no humanas de esa época. En 2 Reyes 2:11, Elías asciende en un “carro de fuego” al cielo y luego desciende. Evidencia de un vehículo aéreo desconocido que transporta a un humano. En Éxodo 13:21, en esos tiempos, una nave en forma tubular luminosa guía al pueblo judío entero en la oscuridad del desierto. Se entiende que un objeto luminoso con comportamiento inteligente guía al grupo humano. En Éxodo 19:16, el monte Sinaí se cubre de humo, fuego, y estruendo… como si una energía desconocida o un fenómeno tecnológico o energético de gran escala descendiera en la montaña. En 1 Reyes 8:10-11 una nave envuelta en una nube invade el templo hasta hacerlo inhabitable. Una clara presencia física o energética de origen no humano. En Génesis 6:1-4, seres llamados “hijos de Dios” se relacionan con humanos y engendran descendencia: “viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas, tomaron para sí a las mujeres” Lo que nos plantea una interacción genética entre humanos y entidades no humanas. En Génesis 18, tres visitantes llegan a ver Abraham con apariencia humana… pero su conocimiento trasciende lo humano. En Génesis 32:24-30 Jacob lucha toda una noche con una entidad que lo hiere y lo transforma. Se trata de una entidad física no identificada con capacidades superiores. En Mateo 2:1-12, un UAP u objeto aéreo inteligente más que estrella, guía con precisión a unos viajeros, deteniéndose en un punto exacto: Belén. En Mateo 17:1-9 Jesús mismo es descrito transformándose: “y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz”, ¿traje espacial? y luego elevándose hasta desaparecer en una nube ¿UAP?... Y en Hechos 1:9-11, “Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos (los apóstoles), fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos. Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas…” (astronautas). Más adelante, la narrativa se intensifica con no humanos, denominados ángeles en la Biblia que abren puertas sin tocarlas, luces que derriban hombres y les hablan, y figuras que aparecen y desaparecen. En Génesis 28:12, Jacob nos habla de una conexión que conecta el firmamento con la tierra, “y he aquí una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba en el cielo; y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella”. ¿Un “portal” entre planos o dimensiones? En Josué 5:13-15, una figura armada aparece de repente, se identifica como comandante de un ejército “príncipe del ejército de Jehová” no visible y exige reverencia. Una entidad con jerarquía y autoridad no humana. En 2 Reyes 19:35, “y aconteció que aquella misma noche salió el ángel de Jehová, y mató en el campamento de los asirios a ciento ochenta y cinco mil; y cuando se levantaron por la mañana, he aquí que todo era cuerpos de muertos”. En este caso una sola entidad no humana provoca una destrucción masiva durante la noche. Una intervención con capacidad destructiva instantánea de tecnológica o energética, no existente en la Tierra hace miles de años. En 1 Reyes 18:38, en el monte Carmelo, cae fuego del cielo y consume completamente el altar. Una descarga energética precisa, no explicada como fenómeno natural común sino como un arma de Jehová. En Daniel 10:5-6, leemos: he aquí un varón vestido de lino, y ceñidos sus lomos de oro de Ufaz. Su cuerpo era como de berilo, y su rostro parecía un relámpago, y sus ojos como antorchas de fuego, y sus brazos y sus pies como de color de bronce bruñido, y el sonido de sus palabras como el estruendo de una multitud. Una descripción de un ser con características físicas fuera de lo humano.

Si reunimos estos y cientos de episodios similares aparece un patrón interesante: Luces intensas, sonidos poderosos, movimientos verticales de descenso y de ascenso de artefactos voladores, entidades inteligentes con apariencia no convencional, intervenciones sobre la materia y el entorno, y muestras de civilizaciones no humanas instruyendo a los humanos en distintas formas de comportamiento, además de las apariciones de seres no humanos a la mayoría de profetas, o de personas como los padres de Jesús de Nazareth, José (Lucas 1:26-38) o María (Mateo 1:18-25). Todo este conjunto de narraciones bíblicas ha llevado a algunos investigadores contemporáneos a reinterpretarlos bajo las categorías culturales y científicas actuales. En el libro final bíblico —el Apocalipsis de Juan— aparecen criaturas, luces, sonidos y objetos que desafían cualquier clasificación ordinaria. Seres híbridos, estruendos poderosos, objetos que descienden, figuras con poderes sobre la materia. Todo un lenguaje simbólico… o un intento de describir realidades incomprensibles para la época en que fueron descritas. No afirmamos lo que eran. Pero sí constatamos lo que se describe. Lo fascinante no es solo que estos relatos existan, sino que persisten en su capacidad de generar nuevas lecturas a medida que cambia nuestra mirada del mundo. Antes, el lenguaje era teológico. Hoy, algunos intentan leerlos en clave tecnológica. Pero tal vez —como puedes intuir apreciado lector— lo esencial no esté en decidir qué eran esas experiencias, sino en reconocer que el ser humano, desde hace milenios, ha sentido que no está solo frente al misterio del Universo. Y cada época traduce ese misterio… con las palabras que tiene disponibles.


 

India: los cielos habitados

 

En los textos de la tradición hindú, la escala cambia… pero el fenómeno persiste. En el Mahābhārata y el Rāmāyaṇa, los denominados Pushpak Vimana —hoy llamados UAP en forma de pirámide— surcan los cielos, mostrando —en el relato de estos textos sagrados para los hindúes— vehículos capaces de elevarse, desplazarse y emitir luz. Como lo explican los libros antiguos hindúes: “El Pushpaka Vimana… que puede ir a cualquier lugar a voluntad…se elevó en el aire…” En el Bhagavad Gītā, Krishna revela una forma cósmica con múltiples rostros, ojos innumerables, una luz que desborda la capacidad humana de percepción. En este libro, los devas, “seres luminosos” o “entidades radiantes” descienden, combaten, e interactúan con los humanos: “Indra… descendió con su poder… y lanzó su rayo desde el cielo…” Los devas son una de las nociones centrales de la tradición espiritual de la India, pero reducirlos a una sola definición sería empobrecer su alcance. No son simplemente “dioses” en el sentido occidental, ni tampoco meros símbolos, son una categoría intermedia, compleja y filosófica. En los textos más antiguos, los devas son fuerzas de la naturaleza personificadas como Indra, asociado al rayo y las tormentas. Agni: el fuego. Vayu: el viento y Surya: el sol. Así los devas representan las energías activas del Cosmos, no solo figuras mitológicas. Son en términos actuales entidades no humanas que conviven en dimensiones distintas a las de nosotros, los humanos. En Upanishads, textos sánscritos védicos tardíos de la filosofía hindú, la realidad se organiza en planos múltiples, habitados por distintas formas de existencia. Para los hindúes, el firmamento y el Cosmos no es vacío. Es un espacio activo. Con diferentes planos de existencia: “Existen mundos más allá… y en ellos habitan seres de otra naturaleza…” Estos textos obviamente no utilizan el término “UAP,” ni describen tecnología en sentido moderno. Las reseñas son producto de sus creencias cosmológicas y religiosas, propias de su contexto. Sin embargo, contienen elementos narrativos que hoy pueden ser leídos —desde otra mirada— como fenómenos aéreos, luminosos o entidades no humanas.  Los textos no conocían la palabra pero hablan de ella: tecnología… que describen movimiento en el cielo. No hablan de ciencia… pero narran sobre la luz, la energía y el, desplazamiento. Y lo hacen con una intensidad tal que, siglos después, seguimos intentando comprender qué fue lo que vieron… o lo que sintieron que vieron. Lo que emerge no es una prueba… pero tampoco es un vacío. Es un registro. Antiguo, persistente, repetido en distintas culturas, que hoy —en diálogo con la ciencia— vuelve a adquirir una dimensión nueva. Y quizá ahí reside su verdadero valor: no solo en lo que afirma… sino en lo que nos obliga a seguir preguntando.

 

El Corán: lo invisible como presencia

 

En el Corán, la frontera entre lo visible y lo invisible se vuelve explícita. El profeta recibe revelaciones a través de una entidad no humana —Jibril— que transmite conocimiento. Y en el viaje nocturno (Isra y Mi'raj), el relato describe un desplazamiento que no es solo geográfico. El profeta es llevado ¡desde la tierra hacia los cielos!, atravesando niveles de realidad que no pertenecen a la experiencia ordinaria. Cada “cielo” aparece como un ámbito distinto, con presencia, orden y significado propio. No es un tránsito abstracto, sino una experiencia narrada como encuentro y ascenso. El movimiento es vertical, progresivo, como si existiera una estructura del Universo más allá de lo visible.Y en ese recorrido, la realidad se revela como estratificada… no única ni accesible. En el Ascenso a los cielos se encuentra con otras realidades, en un tránsito entre planos o dimensiones. Los jinn o genios son descritos como seres reales no humanos, creados de “fuego sin humo”, con voluntad propia, coexistiendo con los humanos. Aquí, lo no humano no es una hipótesis. Es parte del orden del mundo. No se trata de metáforas aisladas, sino de una arquitectura coherente de lo invisible. Los jinn no solo existen: escuchan, responden, eligen, creen o niegan. El texto los sitúa en una cercanía inquietante: no están lejos… están aquí, aunque en otro plano. También está presente Jibril que es el mensajero que transmite la revelación divina a los profetas. Es quien comunica el Corán al profeta Mahoma. Actúa como intermediario entre lo divino y lo humano. No es una figura simbólica: en el Islam es una entidad real, consciente y activa. Jibril no es una voz interior, sino una presencia que irrumpe y transforma. La revelación no ocurre en abstracción, sino en encuentro. El viaje nocturno no es un sueño cualquiera, es descrito como tránsito, como desplazamiento… una geografía de lo que no vemos. La realidad, entonces, se expande más allá de lo perceptible. Y el ser humano aparece como habitante de solo una capa de ese todo. Un todo en el que lo visible y lo invisible conviven… sin separarse del todo. Desde una lectura contemporánea, estos relatos del Corán pueden interpretarse como descripciones de encuentros con inteligencias no humanas o fenómenos aéreos no identificados y sugieren experiencias donde lo visible y lo invisible interactúan de forma concreta y transformadora. Y de esta forma, lo que fue revelación en su tiempo… hoy también puede leerse como parte del mismo enigma que la humanidad intenta asimilar.

 

Budismo: múltiples planos de existencia

 

En el Tripitaka, el Buda no está solo. Interactúa con los devas, seres de otros planos que participan, observan y, en ocasiones, orientan. Desde una lectura contemporánea, pueden entenderse como formas de existencia no humanas en otros niveles de la realidad. La madre de Buda interactúa con un elefante blanco que desciende del cielo e ingresa en ella, anunciando una presencia que trasciende lo humano. ¿Es una imagen simbólica… o la forma en que se narró un contacto con lo trascendente? La cosmología budista describe mundos superpuestos, habitados por distintas formas de existencia, organizadas en niveles de realidad. No se trata de episodios aislados ni de metáforas dispersas. Es un sistema coherente del Universo… donde lo humano es solo una parte del todo. Y entonces, en el contexto de nuestro tiempo, estos relatos pueden ser leídos —sin afirmarlo— como posibles registros tempranos de encuentros con lo no identificado. Lo que hoy denominamos UAP podría ser, en otra época, la forma en que se narró la irrupción de lo desconocido en lo humano. No como prueba concluyente, sino como una constante histórica, la experiencia repetida de algo que desciende, aparece, interactúa… y desaparece.

 

Taoísmo y China: inteligencia en la naturaleza

 

El taoísmo es una tradición filosófica y espiritual originaria de China. Nace aproximadamente en el siglo VI a.C., asociado a figuras como Laozi, autor del Tao Te Ching. Es una de las grandes corrientes del pensamiento chino que convive e interactúa históricamente con el confucianismo y el budismo y propone vivir en armonía con el Tao: el “camino” o principio fundamental del Universo. El taoísmo aporta una mirada distinta, no enfatiza tanto sobre otros “seres” como en otras religiones, sino fuerzas, energías y equilibrios del Cosmos. Lo no humano no siempre aparece como entidad… sino como un orden invisible que sostiene la realidad. Si en otras tradiciones lo desconocido desciende como presencia, en el taoísmo lo desconocido… fluye como principio. Y eso también abre otra forma de pensar el mismo misterio. En el taoísmo, la realidad se expresa de otra manera. Los inmortales trascienden lo humano y se desplazan entre los distintos planos. Los dragones no son solo criaturas, son fuerzas inteligentes del Cosmos. Y el I Ching actúa como un sistema que responde, orienta, dialoga con quien pregunta.


 

El Sintoísmo y Japón

 

Es la tradición espiritual originaria de Japón y está profundamente integrado en su cultura, historia y vida cotidiana. Aún hoy se practica en miles de santuarios (jinja) en todo el país. Convive con el budismo japonés y forma parte de rituales, festividades y la relación con la naturaleza. No es algo del pasado ya que es una presencia viva en la identidad japonesa. No es una religión “dogmática” en el sentido occidental, sino una forma de entender el mundo basada en la presencia de los kami, que son entidades no humanas denominados espíritus o presencias y están asociados a la naturaleza como montañas, ríos, árboles, o el viento. También se vinculan a los ancestros o a fuerzas invisibles. No son “dioses”, sino manifestaciones no humanas de lo sagrado en el mundo. En el sintoísmo lo visible y lo invisible no están separados. Lo humano convive con lo espiritual y la naturaleza está habitada. No como un recurso inerte, sino como un tejido vivo de presencias. Así cada árbol puede ser portador de un kami, de una fuerza que siente, responde y se manifiesta. El viento no es solo aire en movimiento: es tránsito, mensaje, energía en acción. Las piedras, los bosques, incluso ciertos objetos, pueden albergar memoria y sacralidad. En esta visión, el mundo no se observa desde fuera, se habita en relación con aquello que también nos habita. Y así, lo invisible no está distante ni separado… está íntimamente entrelazado con todo lo que vemos y tocamos. El sintoísmo aporta una idea muy potente como es que lo no humano no siempre se encuentra solo en el Universo sino como los humanos, ya están aquí, en todo lo que nos rodea y pueden ser portadores de una presencia. Si en otras tradiciones lo desconocido viene “de arriba”, en el sintoísmo lo desconocido… habita en lo cotidiano. Y eso amplía aún más la pregunta: ¿Estamos buscando lo no humano en el cielo… cuando quizás también está en la Tierra y en nosotros?

 

Grecia y Roma: dioses entre los hombres

 

En la mitología clásica, los dioses no están lejos. el dios Zeus desciende, interviene, transforma su representación. Otros dioses aparecen, conversan, influyen, incluso engendran descendencia con humanos. Son descritos como humanos… pero no lo son, son deidades no humanas.

 

Zoroastrismo: inteligencias en conflicto

 

En el Avesta, la colección principal de textos del zoroastrismo, la realidad aparece organizada por entidades luminosas que no solo existen, sino que actúan. Ahura Mazda —es el principio supremo de sabiduría y luz— y los Amesha Spentas —sus emanaciones o aspectos— que participan activamente en el orden del mundo. No son figuras distantes ya que representan cualidades operativas como la verdad, el orden, la devoción o la plenitud, que influyen en la existencia humana. Frente a ellas, se alzan fuerzas opuestas asociadas a la oscuridad, la confusión y la negación del orden, en una tensión constante. La vida humana se sitúa en ese campo de interacción, donde cada decisión tiene resonancia en un equilibrio mayor. El Universo no es estático ni neutral: es un escenario de participación, donde lo visible y lo invisible se entrelazan. No se trata solo de una estructura conceptual, sino de un sistema en movimiento, con direcciones, influencias y consecuencias. El tiempo mismo adquiere sentido como proceso, como desarrollo de ese conflicto hacia una resolución. Y en ese marco, el ser humano no es espectador, sino parte implicada en esa dinámica. No es solo metafísica. Es real.

 

El Popol Vuh

 

Esta texto no describe a “seres del cielo” en el sentido moderno o tecnológico, pero sí presenta entidades creadoras y fuerzas que provienen de ámbitos superiores o no humanos. El texto habla de deidades y entidades primordiales, entre ellas: Corazón del Cielo (Huracán). Gucumatz (serpiente emplumada), y Tepeu, que existen antes del ser humano. “Todo estaba en suspenso, todo en calma, en silencio… solo el cielo existía… y el Corazón del Cielo estaba allí…” Estos dioses participan en la creación del mundo y actúan desde un plano superior al humano. La clave es que el “cielo” en el Popol Vuh es más cosmológico que físico porque representa un plano de origen, de creación, de conciencia. No es un cielo “atmosférico” como el que vemos, sino el ámbito de donde surge la existencia. No describe naves ni descensos visibles como en otros textos. Pero sí plantea que la inteligencia creadora no es humana y la realidad nace desde un plano superior. El Popol Vuh no habla de que la humanidad, desde sus orígenes, ha sentido que su origen no está solo en la Tierra. Y eso —desde otro punto de vista— se conecta con la vida no humana y la vida en otros planos del Universo.

 

Otros eventos UAP

 

Existen múltiples registros desde la prehistoria, medievales y temprano modernos —crónicas, panfletos, narraciones y relatos— que describen fenómenos en el cielo y en la Tierra que hoy, y con cautela, algunos vinculan a lo que llamaríamos UAP. No son “pruebas” en sentido moderno, pero sí documentos o hechos históricos verificables que muestran cómo esas experiencias fueron interpretadas en su tiempo.


 

Luces y “batallas” en el cielo medieval: El fenómeno celeste de Núremberg el 14 de abril de 1561, en una publicación ilustrada por Hans Glaser titulado ciudadanos de Núremberg reportaron ver en el cielo se observan esferas, cruces y cilindros que parecían luchar entre sí… El documento describe objetos que se movían, colisionaban y descendían. En la interpretación en su época se comentó que era una señal divina o advertencia de Dios. Hoy diríamos que fue un fenómeno atmosférico, simbólico… o algo no identificado como UAP.

 

El evento de Basilea (1566)


 

Se trata del fenómeno celeste de Basilea, Suiza de 1566: Las crónicas de la época lo describen como “esferas negras que se movían rápidamente en el cielo…” en lo que parecía una lucha entre fuerzas celestiales, cuando no había drones…

 

Un patrón que atraviesa milenios

 

Si reunimos todos estos relatos —de culturas, creencias y religiones que nunca se conocieron entre sí— aparece una recurrencia de hechos que hoy los clasificamos como fenómenos de presencias extraterrestres o no humanas con artefactos lumínicos voladores, denominados antes, desde vimanas hasta ovnis y ahora UAP, que se mueven en el espacio, en la atmosfera, bajo el agua, en volcanes y en tierras no habitadas. Que pueden o no comunicarse con humanos, o entrar en contacto. Se estima que son de conocimiento superior al humano. Lo cual aún desconocemos ni existen prueba de su existencia. Aun así, para la humanidad no es una tradición: Son muchas. No es una época. Son milenios. Y hoy, en pleno siglo 21, el tema regresa, se mantiene aunque el término ha cambiado por el de UAP. Gobiernos, instituciones científicas y organismos militares han reconocido la existencia de fenómenos aéreos no identificados. No explicados. No clasificados. No comprendidos en su totalidad. No afirmamos qué son. Pero sí algo más importante: La pregunta ha regresado. Y no desde la fe… sino desde la observación racional de la ciencia.


 

Al final…

 

…quizá no estamos ante un fenómeno nuevo. Estamos ante una memoria que regresa.

Porque cuando un relato se repite —en continentes que nunca se hablaron, en lenguas que nunca se tocaron, en culturas que nunca se conocieron— y en diferentes tiempos, deja de ser solo creencia… y comienza a parecerse a una huella. Durante milenios, la humanidad miró al cielo y narró lo que no podía explicar. Lo llamó dioses, ángeles, devas, jinn, kami… Hoy lo llama UAP. Cambia el lenguaje. Pero no la experiencia. Y entonces, la pregunta ya no es solo qué estamos viendo ahora… sino qué hemos estado viendo siempre… Porque si algo atraviesa toda esta historia —desde las cavernas hasta los congresos, desde los templos hasta los radares— es una intuición persistente, casi obstinada: Que no estamos solos frente al misterio del Universo. Pero la experiencia —esa sensación de que algo nos observa, nos guía o nos supera— permanece. Y entonces, la pregunta final no es si estamos ante algo nuevo… sino si, por primera vez, estamos comenzando a mirar con otros ojos lo que siempre estuvo ahí. Por ello, es necesario ampliar el marco de lo posible. Como señalamos, los fenómenos UAP no necesariamente deben interpretarse únicamente como objetos provenientes de otros planetas. Diversas aproximaciones del presente —desde la física teórica hasta la reflexión filosófica— abren la posibilidad de que estos acontecimientos puedan estar asociados a seres, entidades o presencias no humanas que operen desde otras dimensiones aún no accesibles a nuestra percepción, desde otros espacios-tiempo o incluso desde ámbitos desconocidos del propio planeta Tierra. No se trata de afirmaciones concluyentes, sino de hipótesis que emergen cuando el fenómeno excede nuestras categorías tradicionales de análisis y nos obliga a pensar más allá de lo evidente. Reconocemos algo que, como psicólogos y como observadores de lo humano, no podemos ignorar: La humanidad no inventa, durante miles de años, la misma experiencia… sin que algo la origine. Tal vez estemos frente a un umbral. Uno en el que la ciencia comienza a mirar con instrumentos… lo que antes solo se miraba con asombro. Todo apunta a que el gobierno de Estados Unidos podría pronunciarse nuevamente en breve sobre los UAP, en un contexto de creciente presión institucional y mediática. El propio Donald Trump anunció recientemente su intención de ordenar la desclasificación de archivos relacionados con ovnis, vida extraterrestre y fenómenos UAP, instruyendo a agencias federales a iniciar ese proceso de apertura informativa. Este anuncio de la Casa Blanca se suma a declaraciones posteriores en las que aseguró que se publicarán documentos “muy interesantes” en el corto plazo, lo que sugiere una nueva fase de transparencia oficial. En paralelo, informes al Congreso de Estados Unidos y programas del Departamento de Guerra de EEUU consolidan que el fenómeno está vigente y en atención permanente… Y en ese encuentro entre lo medible y lo inexplicable, entre la razón y la memoria, y entre el dato y el símbolo, podría estar naciendo una nueva forma de comprender. No solo el fenómeno. Sino a nosotros mismos. Porque si alguna vez logramos entender qué es lo que vemos… también tendremos que preguntarnos algo más: ¿Qué somos nosotros… en medio de todo esto?... y ¿Cómo nos ven “ellos” a nosotros?...

Por favor, si desea hacernos un comentario o una consulta escríbanos a: psicologosgessen@hotmail.com. Hasta la próxima entrega… Que la Divina Providencia del Universo nos acompañe a todos…

 


 

 

Puede publicar este artículo o parte de él, siempre que cite la fuente de los autores y el link correspondiente de Informe 21. Gracias. © Fotos e Imágenes Gessen&Gessen

 

 

 

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