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  • El imperativo de la unidad de cara a las elecciones

    El proceso electoral debe volver a lo seguro y físicamente verificable: el voto manual. Superado el complejo periodo de estabilización y avanzado el de recuperación económica, Venezuela se encuentra en una encrucijada histórica que no admite más dilaciones ni atajos retóricos. El foco de la nación y de sus fuerzas vivas debe converger ahora en un objetivo único y superior: la transición institucional, que ineludiblemente debe desembocar en un proceso electoral con plenas garantías, transparencia absoluta y respeto total a la soberanía popular. En el análisis del escenario nacional, es fundamental comprender que el proceso político ha sido diseñado bajo una hoja de ruta de tres tiempos claramente definidos por la comunidad internacional y los actores estratégicos como los Estados Unidos: estabilización, recuperación y transición. Al observar el panorama actual, podemos afirmar que el primer peldaño ha sido superado. El periodo de estabilización, marcado por la ausencia de disturbios y una tensa calma social, ha dado paso a una etapa de recuperación que, aunque visible en ciertos indicadores macroeconómicos, se encuentra hoy estancada en un cuello de botella institucional que impide el progreso real de la familia venezolana. Estamos en pleno proceso de recuperación, pero es una recuperación incompleta, frágil y desigual. Si bien es cierto que hemos visto el regreso de algunas empresas transnacionales, especialmente en áreas estratégicas como la petrolera y la minera, este movimiento de capitales no ha permeado la economía real del ciudadano de a pie. La realidad que golpea las calles es innegable: las carencias económicas persisten y los reclamos salariales de nuestros médicos, profesores y trabajadores de todos los sectores no encuentran una respuesta sólida. ¿Por qué ocurre esto? La respuesta es clara: la falta de seguridad jurídica derivada de la ausencia de un gobierno legítimamente establecido. Es fundamental entender que si aspiramos a una recuperación económica fuerte, real y, sobre todo, sostenible en el tiempo, el país requiere con urgencia de esa seguridad jurídica que solo otorga la legitimidad. Los grandes inversores internacionales son pragmáticos; entienden que, mientras no exista en Venezuela un Ejecutivo nacido de la voluntad soberana del pueblo y reconocido por el mundo, cualquier inversión corre un riesgo sistémico. El capital de gran calado no fluye con fuerza hacia un país donde las instituciones son precarias o están cuestionadas. Para que esa seguridad jurídica exista, necesitamos un gobierno plenamente legitimado por el soberano, superando las carencias y la precariedad institucional que nos han dejado fórmulas como el interinato. Ahora bien, para que el voto recupere su valor sagrado como herramienta de cambio y paz social, todas las organizaciones políticas y sociales debemos articular una presión coherente, inteligente y firme sobre todos los actores en pugna. La arquitectura de este proceso debe sostenerse sobre pilares institucionales renovados, auditables y despartidizados. Es imperativo el nombramiento de nuevos rectores del Consejo Nacional Electoral (CNE) que gocen de probada imparcialidad y solvencia moral, alejados de las cuotas partidistas que históricamente han asfixiado la credibilidad del ente rector. Este nuevo arbitraje debe liderar una depuración profunda del Registro Electoral Permanente (REP). No podemos permitirnos ir a las urnas con un padrón viciado; es urgente desincorporar a los fallecidos e incorporar a los miles de nuevos votantes, especialmente a los jóvenes que ven hoy en el ejercicio del voto su única salida democrática. Especial atención y esfuerzo técnico merece nuestra diáspora. Garantizar el derecho al sufragio de los venezolanos en el exterior, permitiendo el cambio de domicilio expedito y el voto efectivo en todos los consulados alrededor del mundo, es una deuda de justicia elemental con quienes se vieron forzados a partir pero mantienen intacto su compromiso con el destino del país. Ignorar a esta fuerza electoral, que suma millones de voluntades, es mutilar la soberanía nacional y desconocer la realidad de nuestra nación extendida por el globo. La reconciliación nacional y la construcción de un clima de confianza ciudadana exigen, de manera innegociable, la liberación inmediata de todos los presos políticos. No podemos transitar hacia una democracia plena mientras existan ciudadanos privados de su libertad por sus convicciones o su labor política. La transición debe ser un espacio de libertad, donde la persecución sea sustituida por el debate de ideas, y donde cada venezolano sienta que su derecho a disentir está protegido por el Estado y no castigado por él. La normalización democrática requiere, además, la reactivación plena y sin condiciones de todos los partidos políticos , incluyendo la inmediata reversión de las judicializaciones que han secuestrado siglas, símbolos y sedes. El juego democrático solo es válido si las reglas son iguales para todos los competidores. Por ello, la activación de todos los candidatos, sin el peso de inhabilitaciones administrativas arbitrarias que solo sirven para cercenar la voluntad popular por vía de oficina, es un requisito sine qua non para cualquier proceso que pretenda ser reconocido como legítimo y competitivo. Sin embargo, la reforma no puede ni debe detenerse en el edificio electoral. La reinstitucionalización integral del Estado venezolano pasa necesariamente por la sustitución de los magistrados del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) y el nombramiento, bajo estrictos criterios de idoneidad, probidad y mérito, del Fiscal General, el Contralor General y el Defensor del Pueblo. Solo con poderes públicos independientes, que no actúen como apéndices sumisos del Ejecutivo de turno, podremos garantizar que los resultados electorales sean respetados y que la ley deje de ser utilizada como un arma de persecución política contra quien disiente o propone una ruta distinta. Una vez despejado este horizonte institucional y garantizada la verdadera separación de poderes, un gran acuerdo nacional debe definir el cronograma de acción definitiva. Mi postura, discutida con amplios sectores que anhelan un cambio de fondo y de forma, es clara: el país necesita una elección presidencial conjunta con la Asamblea Nacional. Esta fórmula permitirá relegitimar simultáneamente al Poder Ejecutivo y al Legislativo, brindando la gobernabilidad necesaria para enfrentar los inmensos retos económicos y sociales del futuro inmediato. Frente a este desafío, la soberanía popular señala un camino claro. María Corina Machado representa el mandato de transformación que la mayoría de los venezolanos ya ha validado con contundencia, consolidándose como la opción legítima para liderar la reconstrucción nacional. Debemos hablarle con claridad a los liderazgos políticos regionales. Sin recuperar la legitimidad del Poder Ejecutivo nacional y atraer la inversión masiva que estabilice el país, no habrá gobernación, alcaldía o consejo municipal que tenga capacidad real de maniobra o recursos para solucionar los problemas de la gente. Ir por separado o anteponer aspiraciones locales a la gran victoria nacional es caer en la trampa histórica de "dividir para perder". El chavismo, consciente de su debilidad, ya está en campaña y apuesta precisamente a esa fragmentación para tratar de imponerse con la poca estructura que le queda. Si logran dividir la votación de la alternativa democrática, les estaríamos regalando una oportunidad que no merecen. Por lo tanto, el compromiso debe ser actuar como un bloque monolítico que hoy apoya mayoritariamente a María Corina Machado. Para que este proceso sea irrebatible y no deje espacio a las sombras de la duda ni a las impugnaciones de oficio, el método debe volver a lo seguro y físicamente verificable: el voto manual. La transparencia se garantiza con el papel en la mano, con el conteo ciudadano en la mesa y con una observación internacional robusta, técnica y calificada que acompañe el proceso en todas sus fases críticas: antes, durante y después de la jornada. Esta observación no debe ser un simple acompañamiento protocolar de cortesía, sino una auditoría técnica estricta que certifique que cada voluntad expresada sea contada con exactitud. Solo después de consolidar este nuevo orden en el poder nacional, mediante la voluntad popular libremente expresada, podremos avanzar con paso firme hacia las elecciones municipales y regionales. La transición no es una transacción de cúpulas o de élites, es una necesidad vital para la supervivencia misma de la República. Es hora de que la política deje de ser el obstáculo que frena el progreso y se convierta finalmente en el puente hacia la Venezuela productiva, justa y democrática que todos, sin distinción de colores, merecemos construir. El compromiso es ahora, porque el tiempo de la gente es hoy y no espera para mañana. Noel Álvarez

  • Irán confirma la muerte de su jefe de Inteligencia en un ataque israelí

    La Guardia Revolucionaria ratificó la muerte del general Mayid Jadamí tras un bombardeo en Teherán, sumando una baja clave a la lista de altos mandos y figuras políticas eliminadas desde el inicio del conflicto en febrero. Foto: @ReporteYa La Guardia Revolucionaria iraní confirmó este lunes la muerte en un ataque de su jefe de Inteligencia, Mayid Jadamí , tal como había informado anteriormente Israel, en el más reciente asesinato de un alto cargo de la República Islámica en la guerra. "El destacado y respetado jefe de la Organización de Inteligencia de la Guardia Revolucionaria ha alcanzado el elevado honor del martirio (muerte)", informó el cuerpo militar de élite en un comunicado recogido por la agencia Tasnim. Jadamí, quien ostentaba el cargo de general de división, fue nombrado responsable de la Inteligencia de la Guardia Revolucionaria en junio de 2025, tras la muerte de su predecesor Mohamad Kazemi en el conflicto del año pasado con Israel. Poco antes de la confirmación iraní, el ministro de Defensa israelí, Israel Katz, había anunciado la muerte de Jadamí, en uno de sus ataques contra Teherán, asegurando que se trataba de "uno de los tres altos mandos de la organización”. Desde el comienzo de la guerra lanzada por Estados Unidos e Israel el 28 de febrero han sido asesinados numerosos altos cargos militares , entre ellos el comandante en jefe de la Guardia Revolucionaria, el general Mohammad Pakpur, y el jefe de Estado Mayor de las fuerzas armadas iraníes, el general Abdorrahim Musaví. También fue asesinado el líder supremo de Irán, Alí Jameneí, o figuras políticas como Alí Lariyani, entonces el secretario del poderoso Consejo de Seguridad Nacional de la República Islámica.  Con información de elnacional.com

  • Los récords rotos por Artemis II en esta travesía hacia la Luna

    Desde su lanzamiento, marcó el inicio de una serie de hitos sin precedentes para la historia de la exploración espacial. Foto: Archivo El lanzamiento de Artemis II , la misión tripulada de la NASA que partió desde el Centro Espacial Kennedy, marcó el inicio de una serie de hitos sin precedentes para la exploración humana más allá de la órbita baja terrestre. Con una tripulación de cuatro astronautas — Reid Wiseman , Victor Glover , Christina Koch y Jeremy Hansen — la expedición no solo superó hasta ahora marcas de distancia y velocidad, sino que también integra avances científicos, técnicos y sociales que están redefiniendo los límites de la presencia humana en el espacio. La NASA estructuró la misión con pruebas críticas en la cápsula Orión antes de abandonar la cercanía de nuestro planeta. Desde el inicio, la nave alcanzó una órbita terrestre de casi 70.400 kilómetros de altura, una cifra inédita para vuelos tripulados. Poco después, la tripulación ejecutó la maniobra de inyección translunar, iniciando el trayecto hacia la Luna. El trayecto de Artemis II contempla una distancia máxima de 402.000 kilómetros desde la Tierra , cifra que supera el récord histórico de la misión Apolo 13, cuyo máximo fue de 400.171 kilómetros . La cápsula Orión completará así el viaje tripulado más lejano de la historia, llevando a Koch, Wiseman, Glover y Hansen a convertirse en los seres humanos que más lejos viajaron desde nuestro planeta. De acuerdo con el dossier oficial de la NASA, “durante esta trayectoria, la cápsula Orión alcanzará una distancia aproximada de 402.000 kilómetros desde la Tierra, superando el récord previo establecido por la misión Apolo 13 ”. El reingreso a la atmósfera terrestre establece otra marca: la velocidad de la cápsula Orión superará los 40.000 kilómetros por hora, incrementando el registro anterior de Apolo 10 (39.897 km/h) y convirtiendo a sus ocupantes en los seres humanos más rápidos de la historia. El retorno incluirá una desaceleración progresiva con la apertura de paracaídas principales y un amerizaje en el océano Pacífico, según describió la propia NASA en su cronograma oficial. Diversidad, inclusión y avances tecnológicos en la tripulación La composición de la tripulación de Artemis II marca una transformación en la historia de la exploración espacial. Victor Glover se convirtió en el primer astronauta afrodescendiente en viajar al entorno lunar, mientras que Christina Koch fue la primera mujer en alcanzar esa región del espacio . Por su parte, Jeremy Hansen se transformó en el primer no estadounidense en participar de una misión lunar tripulada , representando a la Agencia Espacial Canadiense. El comandante Reid Wiseman, con 50 años, superó el récord de Alan Shepard como el astronauta de mayor edad en aproximarse a la Luna . “Cuando ves este vehículo en la plataforma de lanzamiento, sabes que va a un solo lugar: va al espacio, y va a toda velocidad”, describió Wiseman al referirse al cohete SLS. La misión también estableció la mayor cantidad de personas en el espacio profundo de manera simultánea, superando el registro de Apolo 8. Con información de infobae.com

  • Venezuela en 2026: Una economía a dos velocidades

    La potencial recuperación económica de Venezuela se concentra casi exclusivamente en el sector primario y en los ingresos del Estado mientras  en la economía doméstica es mucho más lenta y limitada. Imagen IA Gemini El primer trimestre de 2026 ofrece una fotografía conocida para los venezolanos: un escenario donde ciertos indicadores macroeconómicos sugieren una reactivación, mientras la vida cotidiana sigue asfixiada por la inflación, el deterioro salarial y la precariedad de los servicios públicos. La economía parece transitar nuevamente por un camino ya recorrido en coyunturas anteriores: leves mejoras en el sector externo y petrolero, frente a una recuperación social que continúa siendo esquiva. La flexibilización de restricciones internacionales y las nuevas autorizaciones para operaciones vinculadas al crudo, así como el transporte de hidrocarburos, han alimentado la narrativa de un mayor flujo de divisas. Sin embargo, esta recuperación potencial se concentra casi exclusivamente en el sector primario y en los ingresos del Estado o de grandes operadores energéticos. En tal sentido, su impacto en la economía doméstica es mucho más lento y limitado. El entorno macroeconómico interno aún soporta fuertes desequilibrios , ya que la inflación, impulsada por la depreciación del bolívar y una escasez relativa de divisas en el mercado cambiario, afecta especialmente a los trabajadores públicos, pensionados y pequeños comerciantes. En consecuencia, el resultado es un deterioro continuo del poder adquisitivo; en términos sociales, la inflación persiste como el principal mecanismo de redistribución regresiva en el país . Otro rasgo crítico de este trimestre fue la brecha en el acceso a divisas : mientras las grandes Corporaciones cuentan con mecanismos oficiales o financiamiento externo, las pequeñas y medianas empresas (Pymes) enfrentan barreras para obtener los dólares necesarios para importar insumos o reponer inventarios. Ante esta asimetría, muchas Pymes han optado por indexar agresivamente sus precios o recurrir a herramientas financieras alternativas como las criptomonedas. Esta dinámica plantea una consecuencia preocupante: una economía donde la pequeña empresa no puede operar con estabilidad tiende a la concentración, perdiendo competitividad y capacidad para generar empleo formal. El deterioro del ingreso real fue el factor más visible de estos primeros meses, lo cual se expresó a través de diversos sectores laborales protagonizando protestas para exigir condiciones dignas, destacando el conflicto en el transporte urbano y extraurbano, donde se aplicaron incrementos de tarifa superiores a 50% para intentar cubrir los costos operativos. Esta brecha entre precios y salarios se ha convertido en el mayor detonante de presión social, agravado por la crisis de los servicios públicos. Durante marzo, el país enfrentó nuevamente planes de racionamiento eléctrico derivados de la disminución de niveles en los sistemas hidroeléctricos y las limitaciones estructurales del Sistema Eléctrico Nacional. Los cortes prolongados no solo afectan la vida doméstica, sino que actúan como un techo de cristal para la productividad. En una economía moderna, la estabilidad energética e internet no son lujos, sino condiciones básicas; sin ellas, cualquier intento de recuperación económica se vuelve profundamente frágil . El balance de este arranque de año sugiere que Venezuela entra en una etapa de apertura económica parcial impulsada por el petróleo. Sin embargo, los problemas de fondo -inflación, salarios deprimidos y servicios colapsados- siguen sin resolverse. La nación avanza, definitivamente, a dos velocidades: una vinculada al sector energético y otra, mucho más lenta y accidentada, que corresponde a la realidad cotidiana de la población . Si esta brecha persiste, el país podría cerrar 2026 con mejores cifras de exportación, pero con una recuperación social todavía muy distante. Venezuela sigue siendo estratégicamente importante para el mundo, pero profundamente frágil para quienes habitamos en ella. Omar Ávila

  • Shiloh, hija de Angelina Jolie y Brad Pitt, sorprende en su debut en un video de K-pop

    La joven fue identificada en el nuevo video de la cantante surcoreana Dayoung. Foto: shiloh_jolie_fitt_official El clip, de menos de 30 segundos y publicado por Starship Entertainment, acumuló rápidamente visualizaciones mientras los fans intentaban confirmar lo que parecía evidente. En redes, muchos destacaron el evidente parecido con su madre, evocando su imagen en etapas más tempranas de su carrera. La presencia de Shiloh iría más allá de un simple cameo. Según las imágenes difundidas, la joven de 19 años no solo comparte escena con otros participantes en un ambiente casual, sino que también forma parte de una secuencia coreográfica junto a la propia Dayoung y un grupo de bailarines. Aunque podría pensarse que Shiloh fue invitada por su apellido, las declaraciones de un representante de Starship Entertainment dibujan un panorama distinto. Según declaró un ejecutivo del sello surcoreano al medio Maeil Business Newspaper, la joven fue elegida junto a otros talentos para integrar el cuerpo de baile del video y el equipo no sabía que se trataba de la hija de una celebridad. “Realizamos una audición abierta en EE.UU. para seleccionar a los intérpretes del video musical de Dayoung. Entre los participantes había varios artistas afiliados a un crew de baile llamado Culture ”, explicó la fuente. “ Shiloh fue seleccionada en la ronda final y terminó uniéndose al video musical. Incluso después del rodaje, no sabíamos que era hija de Angelina Jolie y Brad Pitt ; lo descubrimos por casualidad recientemente”. Lejos de ser una incursión improvisada, el debut de Shiloh en el K-pop se conecta con un interés sostenido por la danza. En los últimos años, la joven ha entrenado en el reconocido Millennium Dance Complex , uno de los centros más prestigiosos de formación coreográfica en Estados Unidos. Videos virales difundidos desde 2022 muestran su evolución técnica. Entre esos clips destaca una presentación grupal con la canción “Vegas” de Doja Cat. Además, coreógrafos como Kolanie Marks han elogiado públicamente su disciplina. “Es alguien con quien he trabajado por un par de años. Mi estilo es difícil para mucha gente y ella se ha dedicado a entenderlo”, declaró Marks a People en 2024. “No solo entrena conmigo, lo hace con muchas otras personas. Sea lo que sea que el baile signifique para ella, está comprometida” . El revuelo generado por su aparición también responde al contraste entre su perfil mediático y su deseo declarado de mantenerse alejada del foco. Su madre, Angelina Jolie , ha señalado en distintas ocasiones que sus hijos no están interesados en la fama. “Realmente no les gusta nada de la parte de ser celebridad, especialmente a Shiloh, que la odia” , comentó la actriz durante un panel en 2025. Sin embargo, también reconoció que varios de ellos tienen inclinaciones artísticas, incluida la danza. La independencia de Shiloh en el arte también se enmarca en cambios importantes en su identidad. Al cumplir 18 años, eliminó legalmente el apellido “Pitt” y pasó a llamarse Shiloh Nouvel Jolie . Además, comenzó a utilizar el nombre “Shi Jolie” en contextos artísticos, como en un evento de moda en Los Ángeles en 2025. El videoclip completo de “What’s a Girl to Do” se estrenará el 7 de abril, cuando se podrá ver la coreografía completa. La artista detrás del lanzamiento es Dayoung , una solista surcoreana que debutó en 2016 con el grupo femenino WJSN . Su carrera en solitario comenzó en 2025 con el sencillo “Body”, que llegó a ser un tema viral en Corea del Sur por su challenge de baile en TikTok. Con infomación de infobae.com

  • Cuando nací el mundo juró no volver al horror… ¿y ahora?

    Una vida en medio de un frágil equilibrio nuclear, intentos de convivencia y la persistente pregunta sobre si hemos aprendido lo suficiente… Más de Setenta años de miedo nuclear y esperanzas de paz. Así fue el mundo en nuestra generación desde Hiroshima a la incertidumbre actual… Recuerdos de mi vida… Nací en 1949, en un mundo que aún respiraba el humo y la radiación de la guerra. Ese mismo año, en abril, se creó la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Esta alianza entre Estados Unidos, Canadá y varias democracias europeas, fue concebida para contener la expansión soviética. Con el tiempo se convertiría en la estructura militar más poderosa del mundo y en uno de los pilares del sistema internacional de la Guerra Fría, aunque ahora no tanto. Ese mismo año, Mao Zedong proclamó en Beijing la creación de la República Popular China —tras derrotar al gobierno nacionalista del general Chiang Kai-shek— y casi una cuarta parte de la humanidad pasaba a estar gobernada por un régimen “maoísta”, y además aliado en principio a la Unión Soviética de Stalin. En 1949 también se consolidó la división en dos submundos de Alemania, símbolo dual del nuevo orden global. En el oeste, nació la Alemania integrada al bloque democrático occidental y en el este se estableció la Alemania comunista. Berlín se convirtió en el epicentro visible de la Guerra Fría. Este mismo año la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) detonó su primer artefacto nuclear, rompiendo el monopolio atómico estadounidense. A partir de ese momento el mundo entró en la era del equilibrio nuclear: una tensión permanente basada en la disuasión de destrucción mutua. En agosto de 1949, se firmaron los Convenios de Ginebra que ampliaron las normas del derecho humanitario internacional para proteger a civiles, prisioneros de guerra y heridos en los conflictos armados. En pocas palabras: 1949 fue el año en que se consolidaron los dos bloques de Guerra que nos atormentaron durante el siglo veinte mientras se establecieron nuevas normas para intentar “humanizar” a los humanos. La de los ’60: Una generación entre dos mundos Comenzaba en 1945 —tras el estremecimiento definitivo de la Segunda Guerra Mundial— una nueva etapa de la historia, la era de una generación que no pertenecería del todo ni al pasado ni al futuro, sino al delicado umbral que los une. Una generación bisagra. Hasta entonces, la humanidad había avanzado —con altibajos— a un ritmo relativamente lento, casi orgánico, donde las transformaciones se sedimentaban a lo largo de siglos. Pero, a partir de ese momento, el mundo comenzó a moverse con una velocidad inusitada. La ciencia y la tecnología dejaron de ser fuerzas acumulativas para convertirse en un torbellino transformador, capaz de redefinir en tiempo récord lo que antes tomaba generaciones enteras. Quienes nacimos o crecimos entre 1945 y los años setenta heredamos un mundo devastado, pero también abierto como nunca antes a la posibilidad de reconstrucción. El trauma global de las guerras, el impacto moral de los bombardeos atómicos, el inicio de la Guerra Fría, la reorganización económica y política del planeta, y la creación de la Organización de las Naciones Unidas marcaron profundamente la conciencia colectiva. Pero más allá de los hechos, lo decisivo fue el clima psicológico de la época. Esta generación vino al mundo entre ruinas físicas, pero creció enfrentando interrogantes existenciales de una densidad pocas veces vista en la historia humana con interrogantes como estas: ¿cómo evitar otra catástrofe global? ¿qué significa realmente el progreso? ¿qué es el ser humano después de Auschwitz, del Holocausto y de Hiroshima y de sus traumas? ¿hacia dónde vamos como civilización?... En ese contexto, emergió una de las mayores sacudidas culturales del mundo contemporáneo. Movimientos por los derechos civiles, los hippies, las protestas contra las guerras —donde Vietnam fue su símbolo— más la revolución sexual, el cuestionamiento de las normas tradicionales, y el auge de un pensamiento crítico, existencialista y contracultural cambiaron no solo a las instituciones, sino a la forma misma de entender la vida. Fue entonces cuando se produjo un giro silencioso pero radical y se comenzó a transitar del deber impuesto al sentido personal construido, del rol heredado a la identidad elegida, de la obediencia a la autoconciencia. Y, de manera masiva, el individuo dejó de preguntarse únicamente cómo encajar en el mundo, para comenzar a preguntarse quién era en realidad. La siguiente pregunta —tan simple en apariencia como revolucionaria en su fondo— marcó a esta generación y, de algún modo, sigue definiéndonos hoy: ¿Quién soy… más allá de lo que me dijeron que debía ser?... Cuestionamiento que sigue resonando hasta el presente. Y quizás allí reside su mayor legado. No en los cambios visibles que impulsó, sino en la inquietud profunda que sembró. Porque desde entonces, la humanidad no solo avanza… también se interroga. Un siglo XX peligroso En 1945, las ciudades de Europa estaban en ruinas, millones de familias habían desaparecido, y arrojar dos bombas nucleares a cientos de miles de civiles en japón, habían cambiado para siempre la historia de la humanidad. Aquellas detonaciones no solo pusieron fin a la II Guerra Mundial, sino que inauguraron la era más peligrosa de nuestra civilización, la era en la que el ser humano adquirió la capacidad de destruirse a sí mismo como civilización. Un año en que aprendimos que la palabra extinción podría alcanzar a nuestra especie. A pesar de ello, he vivido lo suficiente para ver cómo el mundo pasó de las cenizas de aquella guerra, a un período de extraordinario progreso económico, científico y tecnológico. En mi caso viví el momento en que apareció la televisión en Venezuela: la Televisora Nacional (TVN, Canal 5), comenzó su programación en 1953 bajo la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez. Luego Televisa (1953), que daría origen a Venevisión, y Radio Caracas Televisión (1953). Posteriormente, durante los ‘50, traigo a la memoria a Amador Bendayan, a Renny Ottolina, y a Amado Pernía, uno de los pioneros de la información en pantalla, quien fue el presentador del noticiero El Observador Creole, transmitido por Radio Caracas TV, considerado el primer gran informativo televisivo del país. Más tarde, contemplé junto a toda la humanidad, al hombre llegar a la Luna y para mí lo más importante: No solo llegamos al satélite terrestre sino que ¡lo pudimos ver y escuchar!... Desde allí, no paramos de ver la revolución tecnológica, el desarrollo de la informática, del internet y muy recientemente la inteligencia artificial. He visto crecer ciudades gigantescas donde antes había pueblos silenciosos, y economías aisladas. Pero también he sido testigo de otra realidad menos favorable: Siendo apenas un niño, conocí el miedo en su forma más íntima, el de mi padre y el de dos de mis tíos, que conspiraban en secreto contra la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Recuerdo —como se rememoran los días que marcan una vida— el intento de golpe del 1° de enero de 1958 y, poco después, la insurrección del 23 de enero, cuando el país entero pareció despertar de un largo silencio y de una tiranía. Viví luego el período democrático, con sus virtudes y sus fracturas, hasta 1998. Ese año, el pueblo venezolano —cansado, esperanzado, vulnerable— eligió a Hugo Chávez con la promesa de una transformación profunda. No fue un voto ingenuo, fue un voto cargado de anhelo. A pesar de que ya entonces, Chávez expresaba su admiración por el modelo cubano, llegando a afirmar —según declaraciones de la época— que Venezuela avanzaría “hacia un mar de felicidad como el de Cuba”. Y, en efecto, cumplió… porque lo que se fue construyendo no fue un paraíso, sino las bases de un sistema progresivamente cerrado, donde el poder se concentró, las instituciones se debilitaron y la disidencia comenzó a pagar un precio cada vez más alto, como en Cuba. Un modelo que, con el paso del tiempo, derivó en un régimen autocrático que ha registrado —según múltiples informes de organizaciones como Human Rights Watch, Amnistía Internacional y el Foro Penal— más presos de conciencia que varias de las dictaduras militares que Venezuela había conocido en el siglo XX. Y todo ello, sin contar las graves denuncias de violaciones de derechos humanos y posibles crímenes de lesa humanidad que hoy forman parte de investigaciones en instancias como la Corte Penal Internacional y los mecanismos de derechos humanos de la Organización de las Naciones Unidas, que han documentado patrones sistemáticos de represión, persecución y abuso de poder. He visitado 54 países, vivido en cinco naciones, y visto muros levantarse y derrumbarse. He observado a líderes capaces de evitar guerras que parecían inevitables, y también dirigentes dispuestos a arriesgar el destino del mundo por poder, ideología o miedo… y hasta por razones psiquiátricas. He visto cómo la humanidad puede alcanzar lo sublime —la ciencia, el arte, la cura de enfermedades, el incremento de las expectativas de vida, la cooperación, la tecnología al servicio de todos— aunque también, cómo puede acercarse peligrosamente al abismo. Porque la historia de mi generación, la de los sesenta, es en realidad, la historia de más de ochenta años que hemos vivido entre dos fuerzas opuestas, el deseo de convivir en paz… y la tenaz tentación de algunos sátrapas de volver atrás, y dominar —o destruir— por la fuerza. Esto también lo viví… Poco antes de nacer, en febrero de 1946, tres hombres, reunidos alrededor de una mesa, terminan influyendo en el destino de millones. La Conferencia de Yalta, en la península de Crimea en Ucrania, hoy ocupada por Rusia, fue uno de esos episodios decisivos. Allí se encontraron tres figuras que representaban el poder del mundo en guerra, el presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt, el primer ministro británico Winston Churchill y el jefe del régimen comunista Joseph Stalin. La II Guerra Mundial estaba prácticamente decidida, pero el futuro aún era una incógnita. Alemania estaba a punto de caer, Japón resistía en Asia, y Europa era un continente devastado. En ese contexto, Yalta se convirtió en el laboratorio político donde se intentó diseñar el orden del mundo que vendría después de la guerra. Sin embargo, aquel intento de construir la paz también sembró las semillas de una división profunda que marcaría toda la segunda mitad del siglo XX. El fin de un imperio y el nacimiento de otro La II Guerra Mundial no solo fue el conflicto más devastador de la historia humana, también significó una transformación radical en la estructura del poder mundial. Gran Bretaña, que durante más de un siglo había sido el centro del sistema internacional, salió victoriosa pero agotada. La guerra aceleró el declive del Imperio Británico. Sus colonias comenzaron a reclamar independencia, su economía estaba debilitada y su capacidad militar ya no podía sostener la hegemonía global que había ejercido desde el siglo XIX. El final mismo de la guerra simbolizó de manera dramática ese cambio histórico. En agosto de 1945, Estados Unidos lanzó las bombas atómicas sobre seres humanos, un hecho que precipitó la rendición del Japón y marcó el cierre definitivo del conflicto mundial. De esta forma una nación demostraba poseer una capacidad tecnológica capaz de alterar el equilibrio global en cuestión de horas. Así emergía una potencia distinta, Estados Unidos. Con su territorio intacto, su economía en expansión y su capacidad industrial sin precedentes, el país comenzó a ocupar el lugar de liderazgo que antes había pertenecido a Londres. No se trataba de un imperio colonial clásico, sino de un neoimperio basado en la influencia económica, tecnológica, cultural y militar. La suma del desarrollo industrial, la fortaleza militar y el avance científico convirtió a esta nación en la potencia más poderosa que la humanidad haya conocido hasta entonces. Pautó lo que muchos historiadores denominarían el siglo americano. Después del caos de la guerra Tras la destrucción bélica, surgió también la idea de una cooperación global. En 1945, se creó la Organización de las Naciones Unidas, concebida como un espacio donde las naciones pudieran dialogar, prevenir conflictos y construir mecanismos de convivencia internacional. Tres años más tarde, en 1948, la comunidad internacional aprobó la Declaración Universal de los Derechos Humanos, un documento histórico que proclamó principios fundamentales como la dignidad de toda persona, la libertad de pensamiento, la igualdad ante la ley y el derecho de los pueblos a vivir sin persecución ni tiranía. Aquella declaración representó uno de los intentos más ambiciosos de la humanidad por establecer normas éticas universales después de haber presenciado los horrores de la guerra. En paralelo, un sinnúmero de países adoptó constituciones democráticas, sistemas parlamentarios y modelos económicos abiertos. En Europa occidental, las democracias se reconstruyeron y comenzaron a integrarse progresivamente, un proceso que décadas después conduciría a la Unión Europea. Durante aproximadamente dos décadas —desde mediados de los años cuarenta hasta comienzos de los sesenta— el mundo occidental vivió una etapa de prosperidad sin precedentes. Impulsado por programas de reconstrucción económica como el Plan Marshall, por la expansión del comercio internacional y por el extraordinario dinamismo tecnológico de la posguerra. Europa y Estados Unidos experimentaron un crecimiento económico sostenido, el surgimiento de amplias clases medias y la consolidación de sociedades más abiertas. Fue la época de la reconstrucción de ciudades devastadas, del nacimiento del Estado de bienestar en varios países europeos, del acceso masivo a la educación universitaria y de avances científicos que transformarían la vida cotidiana, como la televisión, la aviación comercial, la industria farmacéutica moderna, la expansión de las autopistas y la exploración espacial. Aquella generación llegó a creer que la historia había encontrado finalmente una senda de estabilidad basada en la democracia liberal y el progreso económico. Se creyó, al menos durante un momento, que la humanidad estaba decidida a enterrar para siempre las dictaduras y las conflagraciones que habían llevado al mundo al desastre. El otro camino: la expansión del autoritarismo Pero la historia raramente avanza de manera uniforme. Mientras Occidente intentaba consolidar un orden liberal, el otro gran vencedor de la II guerra, la Unión Soviética, siguió un camino completamente distinto. Bajo el control férreo de Joseph Stalin, Moscú consolidó su dominio sobre Europa del Este. Polonia, Hungría, Checoslovaquia, Rumania, Bulgaria y Alemania Oriental y otros países quedaron dentro de la esfera de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, la URSS, donde se instalaron regímenes comunistas alineados con el Kremlin. El resultado fue la creación de un bloque político y militar basado en el control estatal, la represión política y la ausencia de libertades democráticas y economías controladas. A la vez, en Asia, antes del acuerdo con Estados Unidos, la revolución comunista liderada por Mao Zedong tomó el poder en 1949 y crea la República Popular China. Con más de quinientos millones de habitantes bajo un sistema autoritario de partido único, y así el equilibrio mundial cambió radicalmente. El mundo quedaba dividido entre dos grandes modelos políticos, el modelo del libre mercado y el régimen comunista. La guerra fría… Pero la paz de la posguerra estaba construida sobre una tensión permanente. La cual alcanzó su punto más peligroso en octubre de 1962 durante la Crisis de los misiles de Cuba, cuando el mundo estuvo a escasos pasos de una guerra nuclear entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Durante trece días, el orbe observó con temor cómo las superpotencias se enfrentaban en torno a la instalación de misiles soviéticos con armas nucleares en la isla caribeña. Fue el momento en que la Guerra Fría reveló su rostro más inquietante, la posibilidad real de una destrucción mutua. Aquella crisis cerró simbólicamente la primera etapa de la posguerra. La ilusión de seguridad absoluta desapareció, y quedó claro que el sistema internacional necesitaba nuevas formas de diálogo y de equilibrio. Y, una vez más, la historia cambió gracias a decisiones audaces de algunos líderes. A comienzos de la década de 1970, el presidente estadounidense Richard Nixon y su asesor de seguridad nacional, el diplomático Henry Kissinger, iniciaron un proceso secreto de acercamiento con la China comunista de Mao Zedong. Todo comenzó con un gesto simbólico conocido como la Diplomacia del ping‑pong, cuando delegaciones deportivas de ambos países se visitaron mutuamente, abriendo un inesperado canal político entre las dos potencias que durante décadas se habían considerado enemigas. Lo que parecía un simple intercambio deportivo terminó convirtiéndose en uno de los movimientos estratégicos más importantes del siglo XX. La apertura de China al diálogo con Estados Unidos alteró profundamente el equilibrio global. Para Washington, significaba debilitar el bloque comunista al introducir una distancia estratégica entre Moscú y Pekín. Para China, representaba la oportunidad de romper su aislamiento internacional y acceder gradualmente a los mercados, la tecnología y el comercio global. Las consecuencias de ese acercamiento fueron notorias. En el plano político, ayudó a estabilizar el sistema internacional al reducir la posibilidad de un enfrentamiento simultáneo entre tres grandes potencias nucleares. En el plano diplomático, abrió una etapa de mayor pragmatismo en las relaciones internacionales, donde la cooperación estratégica podía imponerse sobre la rigidez ideológica. Pero quizás el impacto más duradero se produciría en el plano económico. Décadas después, la gradual apertura china al comercio internacional transformaría al país en una de las economías más dinámicas y en un actor central de la globalización. El intercambio comercial entre China y Estados Unido lo cambió todo. El comercio entre Oriente y Occidente se multiplicó, millones de personas salieron de la pobreza en Asia y se configuró una red de interdependencia económica que redefiniría el siglo XXI. De manera que, lo que comenzó como una maniobra diplomática en medio de la Guerra Fría terminó influyendo en la estructura misma de la economía mundial. La historia volvía a demostrar una de sus paradojas más recurrentes, incluso en los momentos de mayor confrontación, un gesto de diálogo entre líderes puede cambiar el rumbo del mundo. La Guerra Fría fue un período de confrontación permanente caracterizado por la carrera armamentista, el espionaje global, los conflictos indirectos y la amenaza constante de una guerra nuclear. Durante décadas, la humanidad vivió bajo la sombra de esa tensión. Paradójicamente, la paz mundial dependía del equilibrio del terror, donde cada bloque poseía suficiente poder nuclear para destruir al otro, lo que hacía que cualquier confrontación directa fuera potencialmente suicida. El ideal que no logró imponerse En cierto sentido, el proyecto original que habían imaginado Franklin D. Roosevelt y Winston Churchill quedó incompleto. Su visión aspiraba a un mundo donde la cooperación internacional, las organizaciones multilaterales y la democracia política se convirtieran en la norma global. Pero la realidad geopolítica demostró que las potencias vencedoras no compartían la misma idea de libertad ni de orden internacional. El resultado fue un sistema híbrido, una mitad del mundo avanzaba hacia sociedades abiertas y democráticas, mientras la otra quedaba atrapada bajo estructuras autoritarias profundamente centralizadas. Ese equilibrio inestable definiría la política mundial durante casi medio siglo. Dos sistemas ideológicos, dos modelos económicos y dos alianzas militares se observaban con desconfianza, acumulando armamentos nucleares capaces de destruir varias veces a la civilización humana. No obstante, como ha ocurrido otras veces en la historia, el rumbo comenzó a cambiar cuando aparecieron líderes capaces de comprender que el conflicto permanente llevaba al mundo hacia un callejón sin salida. En la década de 1980, el presidente estadounidense Ronald Reagan y el líder soviético Mikhail Gorbachev iniciaron un proceso de diálogo que terminaría alterando el curso de la Guerra Fría. Reagan, que había llegado al poder con un discurso duro frente a la Unión Soviética, comprendió gradualmente que el peligro nuclear exigía una nueva etapa de entendimiento. Gorbachev, por su parte, compartió este criterio y señaló que el sistema soviético necesitaba contundentes reformas para sobrevivir y que la confrontación permanente con Occidente era insostenible. Entre ambos presidentes se abrió un canal de diálogo que dio lugar a acuerdos históricos de reducción de armas nucleares, y a una distensión progresiva entre las superpotencias. Reagan solía expresar, en un tono que combinaba reflexión y advertencia, una idea que resumía bien la fragilidad de aquella división del mundo. En la 47° Asamblea General de Naciones Unidas (ONU) planteó algo sencillo pero revelador: “a menudo olvidamos todo lo que une a los seres humanos, quizás necesitamos una amenaza externa y universal para reconocer ese lazo común, a veces pienso en lo rápido que desaparecerían nuestras diferencias globales si nos enfrentásemos a una amenaza extraterrestre de fuera de este mundo”. En ese caso —decía Reagan— los seres humanos comprenderían que pertenecen a una misma civilización. Aquella observación, aparentemente inocente, encerraba una intuición profunda, como era el que las rivalidades ideológicas de la Guerra Fría eran pequeñas frente al destino común de la humanidad. El tiempo terminó dándole la razón en parte. A finales de los años ochenta, las reformas impulsadas por Gorbachev —la perestroika y la glasnost— debilitaron el rígido sistema soviético y abrieron la puerta a transformaciones que parecían impensables pocos años antes. En 1989, cayó el Muro de Berlín, el telón de acero o cortina de hierro y símbolo visible de la división de Europa. Poco después los regímenes comunistas de Europa del Este comenzaron a desaparecer uno tras otro. En 1991, la propia Unión Soviética dejó de existir. Con ello terminaba formalmente la Guerra Fría. El mundo entró entonces en una etapa diferente. Europa oriental inició procesos de democratización, muchos países se incorporaron gradualmente a economías de mercado, y el comercio internacional comenzó a expandirse con una velocidad impresionante. Al mismo tiempo, el acercamiento iniciado años antes entre Estados Unidos y China —tras la apertura diplomática entre Nixon y Mao— continuó evolucionando. China empezó a integrarse cada vez más en la economía mundial, convirtiéndose con el tiempo en uno de los motores principales de la globalización. Durante un periodo que muchos recuerdan como una especie de interludio optimista de la historia contemporánea —los años noventa y comienzos del siglo XXI— en todas partes se experimentó una expansión notable del comercio, de la tecnología digital, de la cooperación científica y de la interdependencia económica. Parecía que, después de medio siglo de confrontación ideológica, el mundo estaba entrando finalmente en una etapa donde el diálogo, el intercambio y el progreso compartido podían prevalecer sobre la lógica de los bloques enfrentados. Por un tiempo, la humanidad pareció acercarse —aunque nunca de forma perfecta— a aquel ideal que Roosevelt y Churchill habían imaginado al final de la guerra, donde las grandes potencias entendieran que la estabilidad y la prosperidad dependen más de la cooperación que de la confrontación. La oportunidad que pudo cambiar la historia Tras el final de la Guerra Fría, el mundo entró en un momento singular de apertura estratégica. La Unión Soviética había desaparecido y muchos pensaban que comenzaba una etapa en la que Rusia podría integrarse gradualmente en el sistema político y económico europeo. Durante los años noventa, esa posibilidad no era una simple especulación académica, ya que formaba parte de conversaciones reales entre líderes. El presidente estadounidense Bill Clinton y el entonces presidente ruso Vladimir Putin mantuvieron diversos diálogos sobre el lugar que Rusia debía ocupar en el nuevo orden internacional. Según varios testimonios posteriores, Putin llegó a plantear en conversaciones privadas la posibilidad de que Rusia se integrara de manera plena en las estructuras occidentales. En una de esas discusiones —recordada años después por Clinton— Putin preguntó “consideremos una opción en la que Rusia pueda unirse a la OTAN'"... Clinton respondió: '¿Por qué no?' , y que, en principio, no veía razones conceptuales para descartarla. Sin embargo, con el paso del tiempo la propuesta no fue aceptada. Las profundas diferencias históricas, las desconfianzas estratégicas acumuladas durante décadas y las tensiones internas tanto en Rusia como en Occidente hicieron que esa posibilidad quedara relegada. Mientras tanto, el sistema de seguridad europeo siguió evolucionando alrededor de la OTAN, y comenzó a incorporar a varios países que anteriormente habían pertenecido al bloque soviético o al Pacto de Varsovia. Polonia, Hungría, la República Checa y posteriormente otros Estados de Europa oriental ingresaron en la alianza atlántica. Desde la perspectiva occidental, este proceso era una ampliación natural del espacio democrático europeo. Pero, desde Moscú, en cambio, muchos lo percibieron como una expansión estratégica que reducía su zona de influencia histórica. Aquí aparece una de las grandes preguntas complejas de la historia reciente. ¿Qué habría ocurrido si Rusia hubiera sido integrada gradualmente en el sistema europeo en lugar de permanecer fuera de él? Algunos analistas sostienen que, de haberse producido una integración política y económica más profunda —mediante una relación institucional estrecha con la Unión Europea y una arquitectura de seguridad compartida— el continente habría evolucionado hacia un sistema de cooperación mucho más amplio. En ese escenario hipotético, la propia OTAN podría haber perdido su razón de ser histórica como alianza militar concebida para contener a la extinta Unión Soviética. Europa habría pasado de ser un espacio dividido entre bloques a convertirse en una comunidad estratégica que incluyera también a Rusia. Si algo así hubiese acontecido, es posible que muchas de las tensiones que hoy marcan la relación entre Rusia y Occidente —incluido el conflicto en Ucrania— hubieran seguido un camino distinto. Por supuesto, la historia rara vez sigue las trayectorias que parecen más racionales con el paso del tiempo. Las decisiones políticas están condicionadas por percepciones, creencias, religiones, temores, intereses nacionales y memorias históricas que no siempre permiten ver las oportunidades de integración cuando aún existen. Lo cierto es que, a comienzos del siglo XXI, el mundo estuvo por un breve momento ante la posibilidad de construir un sistema de seguridad europeo verdaderamente inclusivo. Esa posibilidad no se concretó. Y como suele ocurrir en el tiempo, cuando una puerta estratégica se cierra, otras se abren… pero no siempre conducen hacia la misma dirección porque cuando se cancela la paz, la guerra puede tener un chance… Es el momento de recordar una advertencia que sigue resonando con fuerza en nuestra época. Al término de la presidencia en 1961, el general de cinco estrellas y comandante supremo de las fuerzas aliadas durante la II guerra mundial, y posteriormente presidente de EEUU, Dwight D. Eisenhower pronunció un discurso de despedida que se volvió histórico. Allí alertó sobre el creciente poder de la industria militar, y su estrecha relación con la fuerza militar y los centros de decisión política de Estados Unidos: “debemos protegernos contra la adquisición de influencia injustificada ya sea buscada o no por el complejo industrial militar, ya que el desastroso momento para el poder fuera de lugar existe y persistirá. Nunca debemos dejar que el peso de esta combinación ponga en peligro nuestras libertades y proceso democrático, es una alerta”. El presidente Eisenhower sabía mejor que nadie el peso de la guerra. Por eso advirtió que una sociedad democrática debía vigilar cuidadosamente esa estructura de poder empresarial industrial militar, porque si no, llegaría a influir de manera desproporcionada en las decisiones del Estado. Su mensaje fue claro, la seguridad nacional es necesaria, pero cuando la lógica del armamentismo domina la política, el riesgo es que la guerra termine convirtiéndose en una tentación permanente. ¿La guerra permanente? No puedo olvidar que desde el final de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos ha estado involucrado casi de manera continua en conflictos armados, intervenciones militares o guerras indirectas, aunque no siempre en guerras declaradas formalmente por el Congreso. Entre 1950 y 1953 Estados Unidos intervino en la guerra de Corea bajo mandato de las Naciones Unidas para defender a Corea del Sur frente a la invasión de Corea del Norte apoyada por China y la Unión Soviética. Entre 1955 y 1975, estuvo la guerra de Vietnam, uno de los conflictos más largos y traumáticos para Estados Unidos, sus fuerzas militares combatieron “para evitar la expansión comunista” en Vietnam del Sur, sin olvidar Laos y Camboya . En el período de 1950 hasta 1990, incluyeron operaciones militares o apoyo armado estadounidense en lugares como República Dominicana (1965), Granada (1983) y Panamá cuando en diciembre de 1989, Estados Unidos lanzó una operación militar (Operación Causa Justa) cuyo objetivo fue detener al gobernante panameño general Manuel Noriega, acusado en Estados Unidos de narcotráfico y de amenazar la estabilidad regional. La operación involucró más de 20.000 soldados estadounidenses y culminó con la captura de Noriega, quien posteriormente fue trasladado a Estados Unidos para ser juzgado. Otro caso clave fue el conflicto en Nicaragua durante los años 80. Después de que el movimiento revolucionario liderado por el Frente Sandinista de Liberación Nacional tomara el poder en 1979, Estados Unidos consideró que el nuevo gobierno estaba alineado con Cuba y la Unión Soviética, y durante la presidencia de Ronald Reagan, Washington apoyó a grupos armados conocidos como los “Contras”, que combatían al gobierno sandinista. El apoyo incluyó financiamiento, entrenamiento y asistencia logística. Este episodio derivó en el escándalo conocido como Iran–Contra affair, cuando se reveló que funcionarios estadounidenses habían financiado a los Contras mediante la venta secreta de armas a Irán. En 1991, en la guerra del Golfo, una coalición liderada por Estados Unidos expulsó a Irak de Kuwait tras la invasión ordenada por Saddam Hussein. Entre 2001 y 2021, estuvimos en la Guerra de Afganistán, tras los atentados del 11 de septiembre. Estados Unidos lanzó esta guerra contra el régimen talibán y los grupos terroristas. Durante 2003 al 2011 vino la Guerra de Irak cuando la invasión estadounidense derrocó al régimen de Saddam Hussein y desencadenó años de conflicto interno en Irak. Las operaciones militares incluyen acciones contra grupos terroristas o intervenciones limitadas en Siria, Libia, Yemen y distintas operaciones contra el Estado Islámico de ISIS en Medio Oriente. Mas reciente, en junio de 2025, Estados Unidos lanzó ataques contra instalaciones nucleares iraníes como Fordow, Natanz e Isfahán, utilizando bombarderos B-2 y misiles de crucero. El objetivo declarado era debilitar la capacidad de enriquecimiento de uranio de Irán. Estos ataques formaron parte de la escalada del conflicto regional entre Israel, Irán y sus aliados. Desde la invasión rusa de 2022 a Ucrania, Estados Unidos ha proporcionado a Ucrania ayuda militar masiva —armas, inteligencia, financiamiento y entrenamiento— aunque sin desplegar tropas estadounidenses en combate directo contra Rusia. Estados Unidos es el principal aliado estratégico de Israel y ha respaldado militar y diplomáticamente a ese país durante el conflicto con Hamas en Gaza desde 2023, incluyendo el suministro de armas y municiones, la defensa antimisiles y el respaldo bélico sin limitaciones. En el caso del ataque a Venezuela, Estados Unidos ha capturado o detenidos a funcionarios venezolanos fuera de ese país, y llevó a cabo la operación —conocida como “Operación Resolución Absoluta”— la cual implicó ataques aéreos y el despliegue de fuerzas especiales estadounidenses en Caracas. Participaron más de 150 aeronaves, incluidos cazas, bombarderos y drones. Entre los objetivos principales estuvieron Fuerte Tiuna, la base aérea La Carlota, instalaciones en La Guaira, Higuerote y otros puntos militares estratégicos. Tras los bombardeos, comandos de fuerzas especiales ingresaron en helicópteros y capturaron a quien fungía como presidente Nicolás Maduro y a su esposa Cilia Flores, quienes fueron trasladados a Estados Unidos donde se le sigue un proceso judicial. Historiadores sostienen que, desde 1945, Estados Unidos ha pasado largos periodos participando en algún conflicto, intervención militar, derrocamiento de gobiernos, o apoyo armado a aliados, y señalan que el país ha vivido en una especie de guerra permanente de baja o media intensidad. Esto se explica por su papel como principal potencia militar global y garante de múltiples alianzas y compromisos de seguridad en distintas regiones del mundo. Todo ello sin contar que durante la guerra fría, en el Congo en 1960 y 1961, tras la independencia del país de Bélgica, el primer ministro Patrice Lumumba fue derrocado y posteriormente asesinado. Investigaciones posteriores indicaron que agencias occidentales de inteligencia estratégica apoyaron movimientos políticos contrarios a Lumumba en el contexto de la rivalidad con la Unión Soviética. Informes desclasificados describen operaciones clandestinas en Brasil, Chile, Guayana Británica, Haití, Italia, entre otros países objetivo. Otro caso similar se desarrolló en África, el de Angola, donde durante la guerra civil entre 1975 y 2002 Estados Unidos apoyó militar y financieramente a movimientos anticomunistas que combatían al gobierno respaldado por Cuba y la Unión Soviética. En Libia, décadas más tarde, Estados Unidos también participó en acciones militares contra el régimen de Muammar Gaddafi, especialmente en bombardeos en 1986 y en la intervención internacional de 2011 que terminó con la caída del gobierno libio. Otro de los episodios más debatidos de la Guerra Fría en América Latina fue el golpe de Estado de 1973 en Chile contra el presidente Salvador Allende. Documentos desclasificados décadas después mostraron que el gobierno de Estados Unidos había apoyado esfuerzos para debilitar al gobierno de Allende y favorecer su reemplazo. El golpe marcó el inicio de una dictadura militar que duró 17 años en Chile. Y ahora, en este mismo instante, la historia parece recordarnos —con inquietante insistencia— que las guerras continúan frente a nosotros. Hoy, Estados Unidos vuelve a encontrarse en guerra con Irán, en un conflicto que no solo reaviva tensiones geopolíticas a nivel mundial, sino que expone la fragilidad de la paz: Ataques, represalias, y escenarios estratégicos de amenazas nucleares. Además siempre perenne las guerras por el control energético que nos devuelven, con otro lenguaje y otras tecnologías, a los dilemas esenciales del siglo pasado. Al igual, que entonces, la humanidad se enfrenta a la misma encrucijada, avanzar hacia una cooperación más consciente o repetir, bajo nuevas formas, los ciclos de confrontación. Y en este espejo histórico, la pregunta que nació con la generación bisagra vuelve a emerger con fuerza renovada: ¿hemos aprendido lo suficiente… o seguimos girando sobre los mismos temores, ahora amplificados por el poder de nuestras propias creaciones bélicas? Cada tumba es una historia que se detuvo demasiado pronto. Honrar a los caídos no es celebrar la guerra, sino recordar que el verdadero tributo a su memoria es impedir que las nuevas generaciones tengan que ocupar su lugar. La interrogante sigue abierta El siglo XXI nos obliga a volver a mirar todo lo anterior. Las democracias liberales continúan siendo una fuerza poderosa, pero las autocracias también han demostrado una sorprendente capacidad de adaptación. China se ha convertido en una potencia económica global, Rusia mantiene un papel geopolítico decisivo y en muchas regiones del mundo resurgen tendencias autoritarias. La interrogante, entonces, sigue siendo la misma que quedó suspendida en Yalta en 1945… ¿Era aquella división del mundo una solución provisional… o el inicio de un conflicto histórico mucho más largo entre la libertad y el poder absoluto? Porque, a casi ocho décadas de aquel encuentro en Crimea, territorio ahora en poder de Rusia, el debate sigue vigente. La historia aún no ha terminado de responderlo. Al final… … Cuando uno ha vivido lo suficiente, entiende que la historia no es una línea recta. Es una tensión permanente entre el miedo y la esperanza. Durante mi vida pude ver y veo al mundo temblar ante la posibilidad de una guerra nuclear. Y sin embargo, después de tantos años observando la política, sigo creyendo que la humanidad posee algo más fuerte que sus conflictos, como es la capacidad de reflexionar y rectificar. Pude ver cómo, en medio de épocas de violencia, algunos enseñaron que el camino de la humanidad no debía coexistir con el odio sino el amor. Entre ellos destacan Siddhartha Gautama, más conocido como Buda, quien hace más de dos mil quinientos años enseñó que el sufrimiento humano solo puede superarse mediante la compasión, la sabiduría y el dominio de las pasiones que conducen a la violencia. También un joven judío, Jesús de Nazaret, cuya enseñanza central fue el amor al prójimo e incluso al enemigo: una idea revolucionaria que colocó el perdón y la misericordia en el corazón y en la razón de ser de la ética humana. Siglos más tarde, vi a líderes como Mahatma Gandhi, Martin Luther King Jr., y Nelson Mandela, cuando nos recordaron en la práctica política que la grandeza de una civilización no se mide por las guerras que libra, sino por su capacidad de reconciliarse y construir la paz. Porque, al final, todas estas voces —espirituales o políticas— convergen en una misma intuición: la de la que la supervivencia y la dignidad de la humanidad dependen más de la convivencia con tolerancia, del amor y la amistad que del odio. Más de la conversaciones y negociaciones que de la fuerza. Así, vi cómo el diálogo ayudó a cerrar la Guerra Fría. Vi cómo la cooperación entre Estados Unidos, Europa y China transformó la economía global y sacó a miles de millones de personas de la pobreza. La historia demuestra que los líderes pueden empujar al mundo hacia el conflicto… o apartarlo del abismo. Hoy, otra vez, la humanidad parece encontrarse ante un cruce de caminos… Tres hombres autocráticos concentran hoy una influencia extraordinaria sobre nuestro destino: Xi Jinping, Vladimir Putin y Donald Trump. Entre los tres conducen a las mayores potencias militares, nucleares y económicas de la Tierra, y las decisiones que tomen —o dejen de tomar— pueden inclinar el rumbo de la historia. Putin invadió Ucrania y mantiene la guerra a pesar de las sanciones y de la presión internacional. Trump ha ordenado ataques y bombardeos contra Irán, alterando de manera drástica el equilibrio regional y sorprendiendo incluso a varios aliados europeos. Xi, por su parte, incrementa la presión sobre Taiwán mientras despliega maniobras navales cada vez más intensas en el Mar de China Meridional, en una demostración de poder que mantiene en vilo a Asia y al mundo. Los tres podrían optar por repetir el viejo libreto de las confrontaciones entre las grandes potencias que como sabemos, en la última guerra mundial, culminó con dos ataques atómicos, ese camino que tantas veces ha colocado a la humanidad al borde del abismo. Pero también podrían intentar algo mucho más difícil —y, precisamente por ello, infinitamente más grande— como sería sentarse como lo hicieron en su momento los líderes en la Conferencia de Yalta, no para repartirse el mundo, sino para imaginar un acuerdo histórico capaz de reducir los riesgos de guerra, abrir una nueva etapa de cooperación internacional y permitir que la humanidad concentre su energía en los verdaderos desafíos de nuestro tiempo. Se trata del desarrollo, la reducción de la pobreza, la salud global, la revolución tecnológica y la preservación de la vida. Si no lo hacen quizás tendremos que esperar a que nuevos liderazgos aparezcan en estas naciones para recuperar la esperanza —si es que no surge a partir de la guerra en Irán y el Medio Oriente, el exterminio nuclear que temen los miembros del Boletín de la Junta de Ciencia y Seguridad de los Científicos Atómicos en el “Doomsday Clock”, o Reloj del Juicio Final. Por ello, el tiempo, a diferencia de la historia, no es infinito. Después de más de siete décadas observando al ser humano —sus grandezas y sus errores— sigo creyendo que la inteligencia, la prudencia y la cooperación pueden imponerse sobre el miedo. Porque definitivamente, más allá de ideologías, banderas o sistemas políticos, todos compartimos el mismo hogar en la Tierra —ajeno al ruido de nuestras disputas— viajando silenciosamente por el Cosmos. Desde esa distancia infinita del Universo, nuestras fronteras desaparecen, nuestras rivalidades se vuelven diminutas y nuestras guerras resultan incomprensibles. Somos una sola especie, navegando juntos en la misma nave frágil. Y sería una tragedia inmensa que, después de haber aprendido tanto —después de haber visto ciudades desaparecer bajo las bombas, a pueblos enteros sufrir el odio, y a diferentes generaciones pagar el precio de la violencia— la humanidad no aprendiera la lección más importante de todas: que la paz no es debilidad. Que es, en realidad, la forma más elevada de inteligencia colectiva que una civilización puede alcanzar. Después de todo lo vivido, uno comprende algo simple y profundo, que la humanidad siempre ha estado a un paso del desastre… y a un paso de la sabiduría. La diferencia entre uno y otro camino nunca ha sido la tecnología, ni los ejércitos, ni el poder. La diferencia siempre ha sido la conciencia humana. Y por eso la pregunta sigue siendo la misma durante toda nuestra historia: ¿Elegiremos el miedo que separa… o el coraje que reconcilia?... Como suele decir mi esposa, María Mercedes Gessen, con esa mezcla de sensibilidad psicológica y lucidez humana que tantas veces ilumina nuestras conversaciones: “La historia no cambia cuando los poderosos levantan la voz, cambia cuando la mayoría descubre que el futuro es demasiado valioso para seguir repitiendo los errores del pasado” … Y tal vez esto sea la verdadera esperanza de nuestro tiempo. La paz comienza también en los gestos cotidianos, en la palabra que evita el odio, en la mano que se extiende en lugar de cerrarse en puño, en cada ser humano que decide no alimentar la violencia. Tal vez ninguno de nosotros pueda cambiar el mundo entero. Pero cada uno puede impedir que el odio gane un pequeño espacio más en nuestra casa, en nuestra comunidad, y en nuestro país y en el mundo… Y quizá —si millones de personas toman esa decisión al mismo tiempo— la humanidad descubra finalmente que el camino hacia el futuro siempre estuvo allí, esperando, el camino de la paz y de la convivencia… Quizás la pregunta más importante no es qué mundo estamos defendiendo hoy, sino qué mundo estamos dejando a quienes mañana mirarán la Tierra desde la distancia y si se la entregaremos en paz o en ruinas… Si desea darnos su opinión o contactarnos puede hacerlo en psicologosgessen@hotmail.com... Que la Suprema Providencia Universal nos acompañe a todos… Vladimir Gessen. Psicólogo Puede publicar este artículo o parte de él, siempre que cite la fuente del autor y el link correspondiente a Informe 21. Gracias. © Fotos e Imágenes Gessen&Gessen

  • Dirigentes adecos proponen unificar partidos judicializados en un proceso electoral primario

    Lomagno Flores: Sin partidos políticos autónomos no habrá democratización de la sociedad venezolana. Foto: Cortesía Un grupo de dirigentes de Acción Democrática (AD) presentó una hoja de ruta que propone reunificar, legitimar y designar nuevas autoridades en los partidos políticos judicializados mediante un único proceso electoral primario y simultáneo. La iniciativa será discutida el próximo sábado 11 de abril durante una asamblea zonal de AD en Barquisimeto, con la participación de militantes de los estados Lara, Caracas, Zulia, Carabobo, Yaracuy, Portuguesa, Cojedes, Trujillo, Barinas y Falcón. El abogado en derecho internacional Leomagno Flores, presidente honorario emérito de AD, explicó que la propuesta busca reunificar a las organizaciones políticas intervenidas por el Tribunal Supremo de Justicia. “Presentamos a todos los partidos venezolanos, incluso aquellos en gestación, una hoja de ruta para recuperar la identidad partidista, permitiendo la actualización, legitimación y cambio de autoridades internas, en un solo proceso de elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO)”. Propuso realizar el evento previo a sufragios generales, coordinado por un órgano ad hoc independiente y supervisado por organismos internacionales como la OEA, ONU y Centro Carter. Además, la designación de una comisión de expertos electorales independientes que se encargue de los detalles técnicos. Flores advirtió que sin partidos políticos autónomos no habrá democratización de la sociedad venezolana , y que resultará imposible recuperar la institucionalidad republicana. Durante la asamblea de Barquisimeto se designará una comisión especial encargada de contactar a todas las organizaciones políticas para presentar formalmente la propuesta. Agregó que la lucha por restaurar la vida social y política del país debe priorizar una agenda colectiva, cuyo primer paso es la actualización inmediata de los partidos políticos. Varios partidos políticos en Venezuela, tanto de oposición como aliados históricos del chavismo, han sido intervenidos por el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), imponiendo directivas ad hoc cercanas al gobierno de Nicolás Maduro. Las organizaciones más prominentes judicializadas incluyen a Acción Democrática (AD), Primero Justicia (PJ), Voluntad Popular (VP) y el Partido Comunista de Venezuela (PCV). Acción Democrática fue ntervenida en junio de 2020 y la directiva fue entregada a Bernabé Gutiérrez. En las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024, 13 de los 37 partidos postulantes, habían sido intervenidos por el TSJ Con información de Dick E. Torres

  • Irán responde a Trump anunciando represalias "devastadoras"

    Amenazas va y amenazas vienen en una guerra que parece no tener un final cercano. Imagen IA Gemini Irán lanzó este lunes 6 de abril nuevos ataques contra Israel y los países del Golfo y advirtió de represalias "devastadoras" si el presidente estadounidense, Donald Trump, cumple su amenaza de destruir infraestructuras civiles. Más de un mes después del inicio de la guerra de Medio Oriente, que ha causado miles de muertos y ha sacudido la economía mundial, Teherán volvió a lanzar misiles y drones contra Israel, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos. En Israel, los bomberos indicaron haber hallado a dos personas muertas bajo los escombros de un edificio alcanzado por un misil iraní la víspera en Haifa, en el norte del país. Otras dos personas están desaparecidas. El Ejército israelí, por su parte, dijo haber llevado a cabo una nueva serie de ataques contra Teherán. Los Guardianes de la Revolución, el ejército ideológico de Irán, anunciaron el lunes la muerte de su jefe de inteligencia en un bombardeo al amanecer. "El general Majid Jademi (...) murió como mártir en el ataque terrorista criminal del enemigo estadounidense-sionista", afirmaron en su canal de Telegram. En la capital iraní, una instalación de gas resultó dañada por un ataque, lo que privó de suministro a una parte de la ciudad, según la televisión estatal Irib. La universidad adyacente también sufrió daños. Según los medios iraníes, también se produjeron varios ataques en barrios residenciales de Teherán , donde ocho hospitales tuvieron que ser evacuados. Y en Qom, en el centro del país, cinco personas murieron en un ataque contra un barrio residencial, indicó la agencia Tasnim. Tras las amenazas del presidente Donald Trump de atacar infraestructuras civiles, el viceministro de Relaciones Exteriores iraní, Kazem Gharibabadim, denunció posibles "crímenes de guerra". Por su parte, el mando militar iraní advirtió en un comunicado que "si los ataques contra objetivos civiles continúan, las próximas fases de nuestras operaciones ofensivas y de represalia serán mucho más devastadoras y extensas". El conflicto, desencadenado el 28 de febrero por un ataque conjunto de Estados Unidos e Israel contra Irán, no muestra signos de desescalada, con ataques a diario y amenazas constantes de ambas partes. "Abran el jodido estrecho, locos bastardos, o vivirán en el infierno. ¡YA LO VERÁN!", escribió el domingo Trump en su plataforma Truth Social, fijando para el miércoles a las 00H00 GMT un nuevo ultimátum para que reabra el estrecho de Ormuz. Esta vía es crucial para el transporte de hidrocarburos y su cierre, desde que empezó la guerra, ha disparado el precio del petróleo y desestabiliza la economía mundial. Sin embargo, la fuerza naval de los Guardianes de la Revolución afirmó el lunes que está preparando un "nuevo orden" en el Golfo y que las condiciones en el estrecho de Ormuz "nunca volverán a su anterior estatus, sobre todo para Estados Unidos e Israel". Petróleo a 110 dólares Trump considera haber alcanzado los objetivos militares en Irán y amenaza ahora con atacar infraestructuras civiles, como puentes y centrales eléctricas, si el Irán no reabre Ormuz. "Toda nuestra región arderá porque insisten en seguir las órdenes de [Benjamin] Netanyahu", el primer ministro israelí, señaló el presidente del Parlamento iraní, Mohamad Baqer Qalibaf. Las amenazas continúan agitando los mercados y tanto el precio del barril de Brent como el de WTI, las dos principales variedades de oro negro, oscilaban el lunes en torno a los 110 dólares por barril. Por su parte, Rusia, Arabia Saudita y otros seis miembros del cartel petrolero OPEP+ decidieron aumentar de nuevo sus cuotas de producción a partir de mayo. El aumento de los precios de la energía tiene repercusiones en todo el mundo, como en Egipto, que ha impuesto un toque de queda comercial a las 21H00 los días laborables y a las 22H00 los fines de semana. Con información de elnacional.com

  • Cuando un amigo se va

    In Memoriam, Eduardo Blank Montoya   El papá de mis hijas, George Greaves Núñez, conoció a Eduardo Blank Montoya cuando ambos entraron a Cornell University. Se hicieron más que amigos: eran panas, curruñas, compañeros, confidentes... Cuando nosotros nos casamos, Eduardo fue testigo de nuestro matrimonio civil. Y años más tarde fue el padrino de mi hija Irene. Hubo un hecho que recuerdo como si hubiera pasado ayer: Eduardo se había casado antes que nosotros con Ana Teresa López de Ceballos, a quien yo ya conocía del colegio. Tenían tres niñitas, la pequeña, apenas una bebé recién nacida. Las otras dos tendrían 7 y 5 años. Nosotros no teníamos hijas todavía. Estábamos saliendo de la casa de ellos en La Victoria, Estado Aragua, porque íbamos a almorzar en el Hotel El Recreo. No habíamos recorrido ni una cuadra, cuando una de sus niñitas gritó desde la parte de atrás de la camioneta: “¡se me quedó la Barbie!” . Eduardo, que iba manejando, de inmediato frenó, metió retroceso, dio la vuelta en un garaje que estaba abierto y se devolvió para su casa. George estaba atónito: “¿Qué pasó?”, preguntó. Y añadió:  “¿qué es una Barbie?”. Eduardo le respondió mientras Ana se bajaba con la niñita a buscar la muñeca: “Eso lo vas a aprender muy pronto, si tienes una hija: la Barbie es como la American Express, nunca salgas sin ella”.  Yo solté la carcajada. Eduardo tenía esas salidas divertidas y agudas. Con ellos compartimos muchísimo, sobre todo los años que nosotros vivimos en Maracay. Por eso hoy escribo esto con los ojos llenos de lágrimas, porque hay despedidas que no caben en la palabra “adiós”. Y es que no son finales, sino una especie de pausas cargadas de memoria, afecto y gratitud. Eduardo, compadre querido: hoy no te digo adiós, te digo “gracias”. Gracias por la lealtad sin condiciones, por los paseos en Cariaprima, por las conversaciones en las que queríamos arreglar el mundo —o al menos hacerlo más llevadero—, por esa risa tuya que, sin pedir permiso, se volvía contagiosa y necesaria. Hay amistades que se eligen, y hay otras —como la nuestra— que se sienten destinadas. Porque son esas que resisten silencios, distancias y hasta las vueltas caprichosas de la vida. De esas que no necesitan explicaciones porque se sostienen en algo más profundo: el cariño genuino. Me quedo con lo vivido, con lo compartido, con todo lo que, de una forma u otra, sigue estando. Porque cuando la amistad es verdadera, no entiende de despedidas definitivas. Así que no cierro esta página, Eduardo. Solo la dejo en pausa, con la certeza de que los afectos sinceros siempre encuentran, de alguna manera, el camino de regreso. A Ana, Ana Cristina, Mimi, Caro, sus esposos y sus niñitos, van dedicadas estas palabras. Adiós, querido compadre. Nos quedó un abrazo pendiente. Carolina Jaimes Branger

  • Trump le dio un ultimatum a Irán hasta el martes para reabrir el estrecho de Ormuz

    "Abran el jodido estrecho, bastardos locos, o vivirán en el infierno" dijo Trump precisando que el plazo se vence el próximo martes 7 de abril. Foto: Pixabay El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, amenazó este domingo (5-4-2026) en una publicación en redes sociales con atacar las centrales eléctricas y los puentes de Irán si el estrecho de Ormuz no es reabierto. Tras un ultimátum de 48 horas que lanzó este sábado, Trump dijo en su plataforma Truth Social que "el martes será el día de las centrales eléctricas y el día de los puentes, todo junto en uno, en Irán. No habrá nada igual". El 26 de marzo, Donald Trump emitió un ultimátum de 10 días a Teherán para reabrir el estrecho de Ormuz, una ruta marítima crucial para la economía global que ha estado bloqueada por Irán desde el comienzo de los ataques de EE. UU. e Israel. El ultimátum estaba fijado para el "lunes 6 de abril a las 8:00 p. m., hora de Washington". En caso de que no se reabriera el estrecho, el presidente estadounidense había amenazado con destruir centrales eléctricas en Irán. Sin embargo, este viernes Trump había asegurado qu e Estados Unidos podría "abrir" de nuevo el estrecho de Ormuz y "tomar el petróleo" con "un poco más de tiempo". En su mensaje, publicado en su plataforma Truth Social, Trump no explicó cómo podría Estados Unidos poner fin al control iraní sobre la vía marítima de Ormuz ni a qué petróleo se refería. "Con un poco más de tiempo, podemos abrir fácilmente el estrecho de ormuz, tomar el petróleo y hacer una fortuna. ¿sería un 'manantial' para el mundo?", publicó Trump. Cabe señalar que el estrecho de Ormuz es un corredor marítimo clave situado entre Irán y Omán. Esta vía enlaza el golfo Pérsico con el golfo de Omán y el mar Arábigo . Por allí circula aproximadamente una quinta parte del petróleo que se comercializa en el mundo, además de un volumen significativo de gas licuado, lo que lo convierte en uno de los enclaves geopolíticos más estratégicos del planeta. Con información de ntn24.com

  • Menú espacial, duración del viaje y más datos que sorprenden de la misión lunar

    Una vivencia de 10 días con inusuales maneras de convivie dentro de un cohete. Foto: nasa_es La misión Artemis II despegó este miércoles, 1 de abril, desde Cabo Cañaveral (Florida) bajo condiciones meteorológicas favorables, iniciando un viaje que busca llevar nuevamente a seres humanos a la órbita lunar después de más de medio siglo.   El lanzamiento ocurrió a las 6:35 de la tarde hora local, apenas 11 minutos después de lo previsto, y reavivó el interés global por la exploración espacial.   Aunque la misión no contempla un alunizaje, sí representa un paso decisivo para validar los sistemas que permitirán futuras expediciones tripuladas a la superficie lunar.  Tripulación   El equipo de Artemis II está conformado por cuatro astronautas seleccionados por su trayectoria técnica y operativa. Reid Wiseman, comandante de la misión, aporta su experiencia en la Estación Espacial Internacional.   Victor Glover, piloto, suma su formación en operaciones legislativas e historial de vuelos espaciales. Christina Koch , especialista de misión, es reconocida por su récord de permanencia en órbita y ser la primera mujer en acercarse a la luna.   Y, finalmente, Jeremy Hansen, de la Agencia Espacial Canadiense, quien hace historia como el primer canadiense en orbitar la Luna.  La misión Artemis II despegó este miércoles, 1 de abril, desde Cabo Cañaveral (Florida) bajo condiciones meteorológicas favorables, iniciando un viaje que busca llevar nuevamente a seres humanos a la órbita lunar después de más de medio siglo.   Duración del viaje Como se señaló, la duración total del viaje será de 10 días, divididos en fases que incluyen órbitas iniciales alrededor de la Tierra, maniobra de inyección translunar y el sobrevuelo de la cara oculta de la Luna.   Durante este tiempo, la tripulación realizará experimentos científicos y verificará el desempeño de los sistemas de soporte vital, navegación y comunicaciones de la nave Orion.   o que se detalló, es que estas pruebas son esenciales para garantizar la seguridad de futuras misiones que sí buscarán alunizar.  Lo que se detalló, es que estas pruebas son esenciales para garantizar futuras misiones que si uscarán alunizar. Objetivo de la misión Artemis II es el primer vuelo tripulado del programa y se apoya en el éxito de Artemis I, que en 2022 demostró la capacidad del cohete SLS y la nave Orion sin tripulación.   En esta ocasión, la nave alcanzará una órbita terrestre alta de más de 71.000 kilómetros antes de dirigirse hacia la Luna.   Además, la tripulación ejecutará una maniobra manual de aproximación, un ensayo clave para futuros encuentros y acoplamientos en misiones más complejas.  Comida de los astronautas La alimentación a bordo es una de las curiosidades más comentadas.  Orion no cuenta con refrigeración ni posibilidad de reabastecimiento, por lo que todos los alimentos son no perecederos y están diseñados para evitar migas o partículas peligrosas en microgravedad.   La dieta incluye productos listos para consumir, rehidratables, termoestabilizados o irradiados. Por ejemplo, las tortillas reemplazan al pan tradicional, y los astronautas disponen de un dispensador de agua y calentador portátil para preparar sus comidas cuando las condiciones lo permiten.  De acuerdo con la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés): "La irradiación no hace que los alimentos sean radiactivos, no compromete la calidad nutricional ni cambia notablemente el sabor, la textura o la apariencia".  En total, la misión lleva 189 ítems únicos y más de diez tipos de bebidas. El menú abarca granola con arándanos, huevos revueltos, salchichas, quiche de verduras, brisket de res, macarrones con queso, brócoli gratinado, ensalada de mango, couscous con nueces y coliflor con calabaza butternut.   Las bebidas, limitadas por el peso y espacio, incluyen café, té verde, limonada, cacao, sidra de manzana y smoothies de mango-durazno y piña.   Cada astronauta, puede elegir hasta dos bebidas saborizadas al día.  La lista de untables y condimentos contempla cinco tipos de salsas picantes, jarabe de arce, mantequilla de maní, miel, mostaza picante, canela, mermelada de fresa y mantequilla de almendra. Para el postre, el menú ofrece chocolates, galletas, budín, torta, cobbler y almendras caramelizadas.  Asimismo, la NASA incorporó una novedad nutricional: el amaranto, un pseudocereal rico en proteínas y sin gluten.  El conocido neurogastrónomo Merlin Gessen en su cuenta de instagram nos cuenta la importancia de la percpeción de los olores y sabores para que una comida en el espacio, no solo sea consumida con la finalidad de mantener la salud, sino también sea significativa para la estabilidad emocional y social de los astronautas. Detalles de aseo personal Los astronautas de la misión Artemis II usarán el Universal Waste Management System (UWMS) en la nave Orion, un inodoro compacto con succión de aire para microgravedad. La higiene incluye toallitas húmedas, champú sin enjuague y jabón , ya que no hay duchas. El sistema, ruidoso y privado, maneja residuos sólidos y líquidos por separado, con urinarios de respaldo. Gestión de residuos: El UWMS, o "hygiene bay", es un baño diseñado para hombres y mujeres que usa succión de aire para dirigir los desechos en lugar de agua. Privacidad: El inodoro cuenta con una puerta dedicada, lo que ofrece un momento de privacidad en el reducido espacio de la nave Orion. Higiene corporal: Sin posibilidad de ducharse, los astronautas utilizan esponjas, toallitas húmedas y jabón especializado que no requiere enjuague. Aseo diario: Los kits de higiene personal incluyen cepillos de dientes, pasta de dientes, cepillos para el pelo y artículos de afeitado. Contingencia: En caso de avería del sistema principal, existen urinarios de respaldo diseñados para recoger orina y permitir el correcto funcionamiento de la misión. Ruido: El sistema de inodoro es bastante ruidoso, por lo que la tripulación utiliza protección auditiva durante su uso. El sistema de la nave Orion es una evolución significativa respecto a las misiones Apolo, enfocado en la comodidad y la eficiencia para el viaje lunar. Regreso a la tierra El retorno a la Tierra se realizará mediante una reentrada balística. Se trata de un procedimiento que utiliza la gravedad lunar y terrestre para guiar la cápsula Orion sin necesidad de propulsión adicional.   Tras rodear la cara oculta de la Luna, la nave seguirá una trayectoria de bajo consumo energético hasta amerizar en el océano Pacífico.   Allí, la Armada de Estados Unidos llevará a cabo la recuperación, aplicando protocolos optimizados a partir de la experiencia de Artemis I. Con información de caraotadigital.net

  • Joven Venezolana gana oro en competencia de robótica en Turquía

    Angelina Ferrer Romero orientó sus esfuerzos hacia la búsqueda de soluciones tecnológicas para desafíos globales como el cambio climático. La tecnología venezolana alcanzó una nueva cima en territorio internacional gracias al ingenio de Angelina Ferrer Romero. Con apenas 16 años, la joven tachirense obtuvo la medalla de oro en una competencia de robótica celebrada en Turquía, donde superó a competidores de diversas latitudes. La ministra de Ciencia y Tecnología, Gabriela Jiménez, celebró este hito y vinculó el éxito de Ferrer con el programa nacional Semilleros Científicos. Esta iniciativa capta y forma el talento técnico desde las etapas escolares para convertir la curiosidad en logros de impacto mundial. “Ha conquistado un sueño que muchos creían inalcanzable: alzarse con la medalla de oro en robótica, llevando el nombre de Venezuela hasta lo más alto . Formada en los Semilleros Científicos, esta muchacha tachirense de apenas 16 años demostró que la pasión y la disciplina pueden abrir caminos extraordinarios”, expresó la ministra a través de su canal de Telegram. Robótica con conciencia climática Durante el certamen, Angelina Ferrer lideró al equipo “Robotic Dreamers” y exhibió una capacidad técnica superior. Más allá de la mecánica y la programación, la joven imprimió un enfoque social a su participación, orientando sus esfuerzos hacia la búsqueda de soluciones tecnológicas para desafíos globales como el cambio climático. La titular de la cartera científica subrayó que el proyecto de Angelina no solo buscaba la victoria, sino que portaba un mensaje de esperanza para el planeta. “Angelina viajó con una misión clara, casi luminosa: probar que desde Venezuela se pueden crear soluciones robóticas capaces de enfrentar la crisis climática global (…) su logro inspira, emociona y reafirma que el talento venezolano no conoce límites cuando se le brinda la oportunidad de florecer”, añadió Jiménez en su mensaje. Vanguardia juvenil en la escena global Este triunfo consolida a la juventud venezolana como un referente en la innovación tecnológica internacional. El oro de Angelina Ferrer reafirma el impacto positivo de los programas de formación científica, los cuales permiten que las nuevas generaciones de innovadores transformen sus ideas en herramientas reales para el progreso de la humanidad, agregó la ministra Jiménez. Con información de elnacional.com

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