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Votar o no votar


El próximo líder debe mostrar la posibilidad real de un cambio definitivo en Venezuela. Imagen: Mohamed_hassan, Pixabay

Los procesos electorales en Venezuela han sido utilizados para distintos objetivos más allá de del claramente establecido, que es escoger un representante. Han sido causantes de efectos colaterales, los cuales han afectado el espíritu y ánimo de los individuos. Veamos un recuento rápido y general de las elecciones en las últimas décadas. Al inicio de esta revolución se prometió al país que el poder era para el pueblo y que todas las decisiones serían tomadas por éste, y comenzó una cadena de procesos electorales, en donde curiosamente los candidatos eran escogidos por el Presidente y no por los partidos ni mucho menos por los votantes. Esta situación le daba un matiz de aparente democracia al gobierno, tanto para el discurso interno como a nivel internacional porque estábamos en elecciones frecuentemente. Posteriormente, esos procesos electorales dejaron de ser tan constantes porque comenzaban a mostrar que no todo lo propuesto por el gobierno era aceptado y mucho menos cumplido. Recordemos que el oficialismo perdió el referéndum constitucional (2007), la alcaldía de Caracas (2008), las elecciones parlamentarias del 2010, donde la diferencia en votos no llegó a 1%. Ante esta situación se empezaron a generar nuevas estrategias, como sustituir e invalidar a los candidatos opositores que logren ganar algún espacio. Esto se inició con la introducción de nuevas figuras administrativas en los organismos gubernamentales, como lo es el Jefe de Gobierno del Distrito Capital, y en otros casos reemplazan las autoridades elegidas por los protectores estatales, beneficiados de los recursos asignados. Esta situación hace pensar al venezolano que votar no tiene sentido, porque el candidato electo no tendrá posibilidades de acción, de cambio.


Por si esto fuera poco, a partir de las elecciones Maduro-Capriles (2013) empezó un aire de desconfianza respecto al organismo encargado del proceso electoral, pero que lamentablemente el candidato opositor no se propuso develar. Nuevamente estas elecciones

causaron desánimo en la población pero ahora por culpa del candidato opositor. Sin embargo, en las elecciones parlamentarias del 2015 los venezolanos vivimos una nueva expectativa, la cual fue aniquilada por la fatal combinación de acciones férreas por parte del gobierno, como lo fue la decisión del Tribunal Supremo de Justicia de suspender la proclamación de tres candidatos opositores, más las poco atinadas decisiones de la oposición para su defensa. El triunfo de la oposición en la Asamblea Nacional hizo que el gobierno tomara medidas respecto a elecciones futuras, tendientes a distorsionar los resultados adversos de cualquier venidero evento electoral. Un punto que demarca esta situación fue las declaraciones de la empresa Smartmatic, la misma que estuvo a cargo durante largo tiempo de los procesos electorales, que discrepó en relación a los resultados oficiales en el 2017.


La suma de estas irregularidades ha generado ciertas actitudes en la población votante, las

cuales considero se pueden sintetizar en dos. Uno, el venezolano piensa que el proceso

electoral, por estar dirigido y controlado por representantes del gobierno, es imposible que un candidato opositor logre ganar. Dos, tampoco el triunfo en una elección es garantía de que el candidato pueda ejercer sus funciones, por lo que he mencionado en párrafos anteriores. En este sentido, los procesos electorales en Venezuela se han convertido en un mecanismo de quiebre psicológico en los individuos. Esta situación trae como resultado la desmotivación e indiferencia por parte de la ciudadanía.


Si bien reconozco que en los últimos procesos electorales estuve en desacuerdo con promover la participación ciudadana, considero que en este momento el rol de las elecciones primarias tiene una función más allá de conseguir un candidato para las elecciones presidenciales. Este rol es la aparición de un líder, que tiene como responsabilidad no simplemente poner su foto para aglutinar votos para unas próximas elecciones, sino levantar nuevamente el ánimo de los ciudadanos para la participación y búsqueda de un cambio. En otras palabras, las primarias servirán para establecer un nuevo liderazgo y mostrar al gobierno que no estamos totalmente entregados, que el estado de apatía que les beneficia no es definitivo. Además, los que aún permanecemos en el país debemos pensar que estamos en una situación como la del derribo de una piñata tradicional, debemos darle palos por todos los lados hasta que se abra. Nunca se sabe cuál es el punto más débil de la piñata hasta que lo encuentras, ni tampoco debemos olvidar que las piñatas no caen solas. En ocasiones, en el ámbito político suceden acontecimientos, es decir, ciertas situaciones impredecibles lógicamente que pueden hacer girar el timón en otra dirección, pero estas situaciones no vienen por azar tenemos que ayudar a que sucedan. Por otra parte, las primarias servirían de depuración de la oposición, los ciudadanos determinarán cuales candidatos, si aún tiene un poco de vergüenza, deben retirarse del campo político. Por tanto, el líder opositor para levantar el ánimo y compromiso de los venezolanos debe diseñar un plan de acción más allá de la simple recolección de votos o de las simples propuestas teóricas que sorprenden por su belleza pero que fracasan por su falta de aplicación práctica. En resumen, este panorama nos ofrece dos interpretaciones. Por un lado, las elecciones abren la esperanza de un cambio. Por otro, parece que todos los caminos para ese cambio están cerrados.


Es innegable que la situación venezolana es insostenible sin mayor sufrimiento para los

venezolanos, por lo que el próximo líder debe levantar el ánimo en los ciudadanos y mostrar la posibilidad real de un cambio definitivo.


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