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Tramas truculentas


Queremos y creemos que la acción política debe retornar a su senda primigenia. Imagen: 7706992, Pixabay

Uno comienza el año, tranquilo, pausado, amodorrado podría decirse y en mi caso griposo, pero de repente: Salto de mi chinchorro, para proclamar:


Que un estremecimiento de rabia recorre mi cuerpo, desde el dedo gordo del pie, hasta la cabeza, pero como soy una persona prudente y alejada de proferir expresiones vulgares, aunque reconozco que situaciones como la que les voy a narrar, ameritan ser retratadas por palabras altisonantes, que llevan “erres” intermedias y que me cauteriza la garganta, el no poder expresarlas en esta ocasión.


Por ahora, para guardar las formas, solo voy a decir que me causa “IRRITACIÓN” el affaire escenificado por algunos partidos políticos y sus dirigentes, dizque de oposición, con el programa llamado defensa de la democracia y su componente, de clientelismo político, puro y duro, que se concreta con la entrega de recursos a través de la plataforma de pagos electrónicos AIRTM. Desde finales del año pasado, se llenan las redes sociales de dimes y diretes, de insultos y contra insultos de quienes se sienten estafados y de quienes se consideran ofendidos, por la falta de entrega o por el cuido de las presuntas asignaciones.


Por un lado, como venezolano, siento vergüenza por la trama que se ha creado alrededor de este caso, en donde algunos se aprovechan de las carencias económicas por las que atraviesan actualmente los venezolanos, para lucrarse impunemente. Por otra parte, reconozco que hacer política en Venezuela, en medio de estas circunstancias, pierde su sentido original que debe ser: perseguir el poder, no como un fin, sino como un medio para resolver los problemas de la gente, es decir, para servir, no para servirse del poder.


Necesario es, aclarar que en nuestro caso no priva la muy manida premisa que dice: las tramas son muy malas, pero peor es estar fuera de ellas. Queremos y creemos que la acción política debe retornar a su senda primigenia, en donde, los militantes ingresaban a los partidos por afinidad con los postulados ideológicos y doctrinarios de la organización, contribuyendo económicamente y no percibiendo remuneración alguna, en la mayoría de los casos.


Por último, debo concluir estas disquisiciones de inicio de año, parafraseando a la religiosa mexicana, sor Juana Inés de la Cruz, que en el siglo 17 dijo que, ¿A cuál es más de culpar, /aunque cualquiera mal haga:/ el que peca por la paga, /o el que paga por pecar?.


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