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Terrorismo de Estado versus democracia participativa


El resultado extraordinario de la Primaria sorprendió al régimen, sacándolo de sus casillas. Imagen: Mohamed_hassan, Pixabay

La Primaria del 22 de octubre se acopló plenamente a la letra y espíritu de la Constitución cuando, en el Preámbulo, se refiere a la democracia participativa y protagónica, uno de los fines supremos de la "refundación" de la República planteada por el comandante Hugo

Chávez.


Fue ese un proceso autogestionado, organizado, financiado y ejecutado en todas sus fases por un amplio equipo en el que participaron partidos políticos, organizaciones civiles de distintos tipos y miles de ciudadanos independientes movidos por el deseo de colaborar con la iniciativa. La Comisión Nacional de Primaria estuvo integrada por personalidades del mundo civil que, ad honorem, intervinieron en el diseño y realización de la consulta. La ausencia del Consejo Nacional Electoral y del Plan República no fue óbice para que la cita se efectuara de forma exitosa. ¡Qué mejor ejemplo de esa democracia directa, solidaria, corresponsable y protagónica de la cual hablaba Chávez con orgullo, y que inspiró la Constituyente y la Carta de 1999, pocos meses después de que el teniente coronel llegara a Miraflores!


Probablemente, ese espíritu de independencia de la esfera civil estuvo presente en Barbados cuando Jorge Rodríguez, en nombre del Gobierno, firmó el Acuerdo Preliminar en el que se comprometía a respetar la realización de la consulta popular. En él, cada opción política tiene derecho a preguntarles a sus simpatizantes quién puede ser su candidato presidencial, aplicando el método que considere más conveniente. Rodríguez llegó a decir que ellos, el Gobierno, no podían ocuparse de "minucias" como esa, y que cada quien emprendiera el

camino de su preferencia. En otros términos, que águila no caza moscas.


Como los jerarcas del régimen son expertos en arrepentirse de sus propios compromisos y desconocerlos –no importa si se encuentran refrendados en la Constitución que ellos impusieron, o en un documento firmado en presencia de varios países que actuaron como testigos y garantes del Acuerdo- optaron por arremeter contra la Primaria. Resulta que la "minucia" a la que se refirió despectivamente Rodríguez en Barbados, se convirtió en una tromba marina incontenible. Millones de personas que sí creen de verdad en la participación y el protagonismo de la sociedad, acudieron al llamado de la Plataforma y de la Comisión para manifestar su apoyo a los candidatos y, en especial a María Corina Machado, quien capitalizó 92% de los votos.


Ese resultado extraordinario sorprendió al régimen, sacándolo de sus casillas. A Maduro y su gente les resultó inaceptable que un grupo al que habían subestimado, despreciado y amenazado, fuese capaz de coronar con éxito la asombrosa tarea de organizar una consulta nacional venciendo todos los contratiempos. También los asombró que el pueblo hubiese ignorado la coacción y los chantajes de los concejos comunales y los organismos de base del PSUV. No les sirvió de mucho que amenazasen con dejar de repartir las bolsas CLAP o las bombonas de gas en los barrios más pobres.


Colocado frente a estos resultados inesperados, Maduro optó por aplicar Terrorismo de Estado. Para eso posee el control de todas las instituciones. El ataque a la Primaria y a MCM ha ido in crescendo.


Primero las agresiones de Maduro, Cabello y Rodríguez. Luego, las acciones del fiscal Tarek W. Saab. Más tarde, el golpe definitivo: la sentencia de la Sala Electoral del TSJ, con la cual pretenden dar el golpe de gracia. El acoso a los miembros de la CNP, en especial a Jesús María Casal, forma parte de la campaña de terror montada por el régimen con la finalidad de pulverizar los efectos benéficos de la consulta del 22-O.


La sentencia del TSJ –o, en términos más precisos, la judicialización de la Primaria- busca desconocer los acuerdos alcanzados en Barbados y minimizar la importancia de la Plataforma Unitaria como interlocutor legítimo; anular el impacto popular de la votación masiva; derogar la candidatura de MCM de forma definitiva; crear frustración entre los electores y alimentar el abstencionismo; y promover divisiones entre la oposición, que se vería obligada a buscar otro método de elección de un nuevo candidato unitario.


Desde luego que esas constituyen metas ideales del régimen. Razones que movilizan su comportamiento. De ninguna manera significa que vaya a alcanzarlas. A la dirigencia opositora ahora le corresponde actuar a partir de la fortaleza que le dan los resultados de la

Primaria. Los dos millones y medio de venezolanos en el país y en el exterior que se movilizaron, representan una fuerza gigantesca. Hay que intentar evitar que el Gobierno la ignore.


Los mensajes enviados el 22-O señalan que la gente aspira a una salida democrática, electoral y constitucional de la crisis; el cambio de Gobierno debe producirse por esta vía; la gente quiere participar y ser protagonista de las transformaciones. MCM surgió como la figura

política que concita el mayor apoyo nacional. Esos mensajes no podrán ser opacados ni por la absurda campaña por el referendo sobre Guyana.


Maduro no debe refugiarse en la Fiscalía y en el TSJ para aplicar Terrorismo de Estado contra sus adversarios. La gente salió pacíficamente el 22-0 a expresar su opinión y a hacer valer las reglas del sistema democrático. Hay que exigirle que respete esa conducta.


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