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Ser nombradas en igualdad: la deuda del masculino genérico

hace 3 horas
5 min de lectura

Debemos intentar que el lenguaje nos incluya a todos, pero sin convertirlo en algo artificial o difícil de entender. Imagen: IA ChatGPT
Debemos intentar que el lenguaje nos incluya a todos, pero sin convertirlo en algo artificial o difícil de entender. Imagen: IA ChatGPT

"Lo que no se nombra, no existe". Esta frase, aparentemente simple, encierra una discusión aún por resolver: ¿incluye realmente el lenguaje que usamos cada día a todas las personas? O, más importante aún, ¿a quién estamos excluyendo sin darnos cuenta?


Mercedes Bengoechea Bartolomé, catedrática de Filología Inglesa en la Universidad de Alcalá y referente en estudios sobre lenguaje y género, lo dejaba claro ya en 2003: "La mujer tiene el derecho a existir como mujer en la lengua y a ser nombrada en igualdad de condiciones que el hombre. No se trata de una exigencia insignificante: supone un paso fundamental hacia su liberación".


Veinte años después, el debate sigue vivo. Y los testimonios de mujeres de diferentes ámbitos profesionales revelan una realidad compleja: mientras algunas se sienten perfectamente representadas por el masculino genérico, otras cargan con la sensación de ser invisibles en su propio idioma.


La escuela: donde todo comienza


Sara Rodríguez Jaular, licenciada en Comunicación Audiovisual por la Universidad de Burgos, recuerda una reunión escolar reciente: "Dos tutores y una tutora. Éramos más madres que padres, y hablaban de 'los alumnos' y 'los profesores'. En ningún momento se refirieron a las alumnas. A mí me sienta mal. Mi hija también está apuntada a este colegio. Ante esto, la respuesta habitual es: 'Pero si el masculino incluye a todos, es por economía del lenguaje'".


Sara lo tiene claro: "Pues di estudiante o alumnado. No digas alumnos. Si no te nombran... lo que no se nombra, no existe".


Sara Aparicio, graduada en Pedagogía y especializada en Psicopedagogía y Necesidades Educativas Especiales, Orientación Educativa y Atención Temprana, va más allá: "Desde pequeñitas tenemos que aprender a entender cuándo se nos está incluyendo y cuándo no. ¿Por qué tengo que hacer yo el esfuerzo de entender si me incluyen, y el niño no?".


La ciencia que olvidó a la mitad de la humanidad


Uno de los argumentos más contundentes surge cuando Sara Aparicio habla de medicina:

"Cuando hablan de cáncer o incluso de una apendicitis, sientes que deberías sentirte incluida. Hablan en masculino genérico, pero es que vas más allá y resulta que esos estudios se realizaron solo en hombres". La realidad es demoledora: "Ahora que se investiga más, se dan cuenta de que la apendicitis no duele igual en hombres que en mujeres. Entonces, ¿me tenía que sentir incluida? No lo estaba".


Andrea Zanoguera, fisioterapeuta y docente, coincide: "El lenguaje es masculino, eso es un hecho. Y la ciencia ha sido contada por hombres desde una perspectiva masculina".

Recientemente, para dar una noticia sobre menopausia y nutrición se entrevistaba... ¡a hombres! "Eso ha sido un completo disparate", sentencia Andrea.


No es solo gramática, es mentalidad


Ruth Herrero, licenciada en Economía por la Universidad de Salamanca y docente, ha encontrado soluciones prácticas:


-Cuando redacto mis cursos, intento hablar de "personas", "estudiantes", "alumnado", "personal". Muchas veces no hace falta especificar y se puede utilizar una palabra que englobe a todo el mundo de manera natural.


Su enfoque es pragmático: "Si doy una clase con diez mujeres y un hombre, no tengo ningún problema en decir vamos a hacer este ejercicio todas. Al fin y al cabo, las mujeres hemos vivido siendo incluidas dentro del masculino genérico. Entiendo que gramaticalmente pueda usarse así, pero también creo que es legítimo preguntarnos si siempre tenemos que hacerlo".


Ruth recuerda un ejemplo revelador: "En una clase se dijo: los niños hoy van a leer un libro y algunas niñas entendieron que ellas no estaban incluidas. Puede parecer una tontería, pero demuestra que la forma en que usamos el lenguaje influye en cómo nos sentimos representados".


Inclusivo no significa incomprensible


Sin embargo, Ruth traza una línea roja:


-No estoy de acuerdo con fórmulas como "todes", "algunes", la arroba o la "x". No me gusta como quedan y pueden hacer el lenguaje menos comprensible. Además, hay una cuestión de accesibilidad: determinadas formas plantean problemas a personas que usan lectores de pantalla.


Para ella, el lenguaje no sexista "no significa poner e, @ o x en todas partes. Significa ser consciente de cómo hablamos y buscar alternativas cuando las haya: utilizar términos colectivos, reformular una frase, utilizar el femenino cuando el grupo es mayoritariamente femenino".


La carga peyorativa del femenino


No todas las mujeres comparten esta perspectiva. Begoña Marcos, con estudios en Relaciones Laborales, se siente "perfectamente incluida con el lenguaje genérico". Para ella, "diferenciar tanto me parece poner más distancia entre géneros".


Sin embargo, Begoña señala: "Lo que sí me ofende son las palabras que en femenino tienen significado especialmente peyorativo y en masculino no. Por ejemplo, zorra-zorro. O "este chico es un cualquiera" versus "esta chica es una cualquiera". 


Este es, quizás, el verdadero núcleo del problema: no se trata solo de gramática, sino de cómo el lenguaje refleja y perpetúa desigualdades históricas.


Construyendo un lenguaje que incluya de verdad


El Manual de lenguaje no sexista de la Universidad Politécnica de Madrid lo deja claro: "A través del lenguaje, representamos el mundo en el que vivimos, razonamos, transmitimos ideas, sentimientos, pensamientos. El lenguaje construye el pensamiento, la ideología, la historia de la sociedad. Si el lenguaje solo habla en masculino, es un lenguaje sexista". Pero también matiza: "El lenguaje como tal no es sexista, ya que dispone de masculino y femenino, de abstractos, de genéricos, de múltiples recursos para nombrar a todas las personas. Pero son las personas las que, con el uso que hacen del lenguaje, lo convierten en sexista o no".


Andrea Zanoguera lo resume con una reflexión cotidiana: "En grupos de solo mujeres, aunque haya un solo hombre, ya se generaliza y se habla de todos y no de todas. Parece que siempre estamos hablando para una mayoría masculina. Tenemos un lenguaje muy diverso y podemos estudiar, mejorar y hablar bien".


El camino por recorrer


La conclusión no es simple ni única. Como señalé en mi artículo publicado en Informe21 el 28 de mayo de 2025, en el que di voz a mujeres que sí se sienten incluidas en el lenguaje genérico: “Mi trabajo no estará completo hasta que escuche también a aquellas otras personas que no se sienten representadas”, las que desean decir: "Aquí estoy, existo y merezco ser nombrada".


Quizás la respuesta no esté en imponer una forma única de hablar, sino en desarrollar la sensibilidad para saber cuándo y cómo usar los múltiples recursos que nuestro idioma nos ofrece. Como dice Ruth Herrero: "Creo que debemos intentar que el lenguaje nos incluya a todos, pero sin convertirlo en algo artificial o difícil de entender. Se puede hacer perfectamente utilizando los recursos que ya nos ofrece el propio idioma".






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