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Mi Mujer Maravilla y su Liderazgo Inteligente


A su lado me he convertido en un hombre independiente y me ha permitido descubrir el lado amable y bonito de la vida.
A su lado me he convertido en un hombre independiente y me ha permitido descubrir el lado amable y bonito de la vida.

El Día de la Madre probablemente sea una de las fechas más importantes en el calendario para homenajear a esas mujeres que han dado todo de manera incondicional. Debo confesar que nunca he estado de acuerdo con la comercialización de algunos días especiales, pero creo que el amor por una madre lo justifica, se hace necesario, no tiene fecha de caducidad y que podría celebrarse todo el año.


En mi caso, Dios me premió con La Mujer Maravilla: Teresa Sánchez González. La encargada de hacer de mí un hombre de bien, haciéndome sentir el privilegio de tenerla a mi lado y caminar junto a ella.


La palabra “madre” no la comprendo como un sinónimo de dependencia, la entiendo como un amor absoluto, y adicionalmente como un término que también define nuestra relación: liderazgo inteligente. A su lado me he convertido en un hombre independiente, pero también me ha permitido descubrir el lado amable y bonito de la vida.


Creo que nuestra sana relación, ha sido además de mi mayor tesoro, un privilegio. Un constante proceso de evolución y aprendizaje. Ella refleja esa capacidad de retar desde la

inteligencia, sin ofensas, construyendo seguridad. Me ha enseñado que el crecimiento

personal sí existe. Con su ejemplo, me ha demostrado que para ser líder se requiere de

firmeza, claridad y un poder único para movilizar positivamente los talentos del otro, más

cuando se tiene un hijo con cualidades distintas.



¡Gracias por tanto, Mujer Maravilla! Gracias por estar y por amarme de manera tan incondicional
¡Gracias por tanto, Mujer Maravilla! Gracias por estar y por amarme de manera tan incondicional

Ha sido increíble poder encontrarnos como profesionales, aunque nuestras profesiones

sean tan distintas. Yo la admiro y respeto como esa mujer capaz de enseñarme y retarme en temas de liderazgo empresarial, pero sobre todo de recordarme constantemente que no puedo abandonar mi esencia ni dejar de ser quien soy.


Sé que ella reúne condiciones excepcionales de liderazgo, por su paciencia, dulzura y por no darse por vencida. Siempre la he visto como un ser superior, desde ese amor absoluto

y hasta egoísta que un hijo puede sentir hacia su madre. Quizás lo más valioso es que nunca la he visto como una figura que genera dependencia, sino como alguien de quien debo aprender constantemente para continuar viviendo y no simplemente sobreviviendo.


Mi mayor tributo hacia esa mujer es levantarme cada mañana intentando crecer como ser humano y como profesional, dando lo mejor de mí para construir un mundo más humano y libre de etiquetas.


Ella me ha enseñado que un propósito no se construye de la noche a la mañana y que las buenas luchas siempre se ganan luchando con perseverancia.


La palabra “gracias”, siempre se queda corta. Ha sido la persona más retadora que he tenido el privilegio de disfrutar a lo largo de mis 39 años de vida. Y precisamente esos retos, que muchas veces no logro entender en el momento, son los que me permiten comprender el verdadero significado que tiene la labor de una madre en la vida de un hijo.


¡Gracias por tanto, Mujer Maravilla! Gracias por estar, por amarme de manera tan incondicional y, sobre todo, por enseñarme siempre el lado bonito de la vida y recordarme

que, a pesar de todo, siempre vale la pena vivir con alegría.




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