Apropiación y enajenación del pasado
- Horacio Biord Castillo
- hace 1 hora
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La manipulación del pasado es algo muy antiguo. Basta recordar la evidencia de supresión de nombres y sucesos en monumentos del Antiguo Egipto y Roma, asà como en estelas mayas de Mesoamérica. Borrar nombres, alterar la sucesión de gobernantes, ocultar acontecimientos y alusiones a ellos, invisibilizar a unos y engrandecer a otros, en cambio, ha sido una constante en la historia de la humanidad.
En la actualidad, llama la atención la manera tan evidente como se manipula el pasado y se usa con fines polĆticos. En Venezuela se ha hecho una exaltación de hĆ©roes, algunos tenidos tradicionalmente como tales y otros sacados ad hoc de la mochila de la conveniencia. Se ha llegado al extremo de mezclar la realidad y la fantasĆa, como, por ejemplo, con la estatua de UrquĆa en la autopista antes llamada Francisco Fajardo, en Caracas, y ahora Gran Cacique Guaicaipuro. Es loable honrar nuestro pasado amerindio, como obligante es apoyar a los pueblos indĆgenas actuales; pero quienes mandaron a erigir el monumento olvidaron o ignoraban que UrquĆa, soƱada como una aguerrida combatiente que quizĆ” poco tendrĆa que ver etnogrĆ”ficamente con una esposa indĆgena real, es un personaje de ficción, creado por Rafael BolĆvar Coronado. Nada, pues, la conecta con la realidad histórica, aunque pueda servir de sĆmbolo.
En los Ćŗltimos dĆas hemos visto revivir la tensión entre MĆ©xico y EspaƱa con la reciente visita a MĆ©xico de Isabel DĆaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, ideológicamente muy distante de los gobiernos mexicano e incluso espaƱol. La funcionaria ha defendido y alabado la herencia y la obra de HernĆ”n CortĆ©s, el principal conquistador espaƱol de MĆ©xico. Esto ha reavivado la anterior polĆ©mica, iniciada por el expresidente AndrĆ©s Manuel López Obrador, de exigir al rey de EspaƱa una carta de disculpa por los abusos cometidos durante la conquista. Las posiciones en torno a ello, en favor o en contra, han generado diversas reacciones dentro del espectro ideológico y polĆtico, no solo de ambos paĆses, sino del mundo hispanoamericano.
En EspaƱa, las leyes sobre memoria histórica y democrĆ”tica y lo que se ha hecho para, digĆ”moslo asĆ, reubicar los hĆ©roes y las heroicidades del bando republicano evidencian formas de oponerse a las versiones oficiales y de los vencedores y, en definitiva,Ā de reescribir la historia reciente. La manipulación del pasado genera legitimación polĆtica e ideológica y, por ello, gobernantes de diversa orientación recurren a tal estrategia. Ciertos regĆmenes polĆticos requieren, como condición sine qua non, un enraizamiento de sus proyectos en el pasado, sobre todo aquel tenido como glorioso y fundador de un paĆs, como sucede en HispanoamĆ©rica con la Independencia.
Las polémicas como las que han ocurrido con las visiones contrapuestas del pasado colonial entre México y España también ponen de manifiesto que el pasado es fundamentalmente la visión que de él construimos en el presente. Apropiarnos del pasado de manera sesgada y utilitaria puede robarnos el futuro al privarnos de un conocimiento exhaustivo y fundante de las realidades sociales, de sus complejidades y contradicciones. No tenemos que irnos al pasado en forma acomodaticia, sino traerlo a nosotros mediante estudios y la adecuada
comprensión de su influjo en las sociedades. Proyectar nuestras filias y fobias hacia tiempos pretĆ©ritos resulta anacrónico. BolĆvar no fue socialista y Jesucristo mucho menos.