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Los docentes y la sordera ministerial



El principal problema del sistema escolar es la falta de maestros certificados, Foto: Twitter @JeanCRodriguez_

Con empeño revolucionario, la actual encargada de la cartera de educación marchó a Nueva York en septiembre de 2022 para asistir a la Cumbre de Naciones Unidas (ONU) sobre la Transformación de la Educación, a dar cuenta del plan "Por Amor a mi Maestro", cuyo objetivo no sería otro que atender directamente a docentes activos y jubilados en jornadas de repartición de algunos bienes y servicios, al mejor estilo populista.

Mientras en Nueva York se alardeaba de un presunto aumento salarial de 835% para el personal docente, en las calles de Caracas y muchas otras ciudades del interior de la república, los docentes contradecían tales afirmaciones y protestaban por los bajísimos sueldos y pensiones, por la carencia de atención en salud, por el incumplimiento de los convenios colectivos. Mismas razones por las que también han ido a las calles jubilados y trabajadores del sector público.

Al margen de cualquier retórica, revisemos cifras. El 15 de marzo de 2022, el régimen unilateralmente aumentó el salario mínimo mensual a Bs. 130 (hoy el más bajo de América Latina), una cantidad irrisoria equivalente entonces a US$ 30,66, que requería multiplicarse 15,36 veces para comprar la canasta básica familiar. Un año más tarde, el salario mínimo sigue siendo Bs. 130, aunque el bolívar se ha devaluado de forma tal que hoy equivalen a US$ 5,38, suma ridícula que hay que multiplicar por 90,33 para cubrir el costo de la canasta básica mensual, valorada en US$ 487. Además, las tablas por escalafón nos indican que el sueldo más alto para un docente apenas remonta los Bs. 600, es decir, US$ 24,83, diecinueve veces menor que el costo de la canasta básica.


Ante esta dramática situación y frente a la tozudez de la ministra para negarse a una nueva contratación colectiva, la secretaria general de la Federación Venezolana de Maestros (FVM), Leyla Escobar, aseguró que el magisterio seguirá reclamando su "derecho a vivir con dignidad y tener salarios dignos para poder trabajar y alimentarse".


Carlos Calatrava, director de la Escuela de Educación de la Universidad Católica Andrés Bellos (UCAB), ha hecho hincapié en el deliberado olvido por parte de patronos y sindicatos a mejorar el salario y las condiciones de trabajo de los docentes, a quienes se niega respeto, motivación y respaldo, en un contexto marcado por la emergencia humanitaria compleja. A esto se suma el ingente trabajo de recuperar las escuelas existentes, las que según el Cluster de Educación 2022-2023-Unicef-Venezuela tienen una carencia aguda de servicios básicos, entre las que destacan la falta de agua (56%), electricidad (69%) e internet (85%). Además, se requiere construir nuevas escuelas, para pasar de las 27.000 actuales a casi 45.000, de acuerdo a la población escolar proyectada para Venezuela, con un costo cercano a 11 mil millones de dólares, sólo en planta física.


Menciona la Unicef que el principal problema del sistema escolar es la falta de maestros certificados, provocado por la caída de los salarios y la precariedad laboral, precisamente el motivo de las movilizaciones actuales. Según Unicef, de 669 mil docentes registrados hace 3 años, hoy se estima en no más de 500 mil, una reducción del 24% para este periodo, muchos por migración y otros por deserción. De los que quedan, pocos han recibido formación continua, por lo que se requiere especial énfasis en actualizar competencias pedagógicas y de enseñanza, como estímulo para apoyar su permanencia y condiciones de trabajo.


La Cumbre motivo del viaje ministerial generó el documento «Reimaginar juntos nuestros futuros: Un nuevo contrato social para la educación», enmarcado en el objetivo 4 (Educación de Calidad) de la Agenda para el Desarrollo Sostenible 2030 y suscrito por más de 130 países, entre ellos Venezuela: «Los profesores […] necesitan una mejor formación, mejores condiciones de trabajo y mejores salarios». Nada de eso lo garantiza el régimen, por mucho que firme compromisos internacionales a nombre de la república, que al final son letra muerta a los ojos de todos.


Y allí, los docentes bien remunerados, revalorizados, respetados y formados tienen la palabra. Apoyemos en sus justos reclamos contractuales a nuestros maestros y por extensión, a los jubilados y trabajadores de esta Venezuela doliente.


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