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¿Libres o encadenados?


Varias situaciones nos plantea una interrogante: ¿Hay libertad en Venezuela? Imagen: Mohamed_hassan, Pixabay

Los candidatos y representantes políticos en sus recurrentes discursos siempre tienen una

bandera como justificativo de su actuar: supuestamente luchan por la igualdad, la justicia, la

libertad. Todas estas palabras generan emotividad en los ciudadanos. Cuántas veces no hemos escuchado en un mitin político gritar que alcanzaremos la libertad, que seremos una sociedad más libre y justa. Sin embargo, esas palabras han servido tanto para orientar el camino que debe tomar una sociedad como para someterla. Esto último es posible en tanto que los dirigentes, con aires totalitarios, asumen estas palabras emblemáticas para generar sentimentalismo, buscan afectar la fibra emocional pero no racional de sus oyentes, con el fin de conseguir un apoyo incondicional pero no justificado. Pero por otra parte, esto sucede porque los ciudadanos desconocemos las connotaciones de estas palabras, mayormente no se tiene una idea clara de lo que ellas deben significar y lo que implican. Y con estos dos factores, estas palabras que son fundamentales para entender el orden social, se presentan como la expresión latina flatus vocis, aire por la boca…palabra vacía. Lo que implica que cualquier gobernante puede hacernos reos de su poder mientras grita con gran brío librarnos de un sometimiento, como los nazis escribían en el campo de concentración: el trabajo os hará libres.


Y la historia lo ha demostrado. Así, algunos gobiernos han matado pueblos enteros de hambre mientras luchaban por la igualdad, caso China de Mao. Otro caso son aquellos países que afirman que sus ciudadanos son libres de viajar a cualquier lugar del mundo pero no tienen la posibilidad de conseguir un pasaporte, caso cuba y Venezuela con salarios oficiales que no permiten ni siquiera hacer turismo nacional. También se dice que somos libres de leer lo que deseamos, pero editoriales y periódicos perdieron la posibilidad de acceder al papel, bien podría objetárseme que estamos en tiempos virtuales y ya todos leemos ediciones digitales, a lo que se puede responder: cuántas personas tienen un equipo para acceder a la información, cuando ni siquiera se cuenta con servicio de electricidad o internet regularmente.


Si como ciudadanos no conocemos ni exigimos que estos conceptos sean puestos en tierra, es decir, que tengan un contenido que nos permita medir los grados de libertad que estamos

viviendo, no podremos defendernos ante cualquier atrocidad impuesta por el gobierno o poder.


Examinemos un poco y de manera general algunas perspectivas básicas de la noción de

libertad. Si iniciamos considerando a todos los seres de la naturaleza vemos que el hombre es el único que no está condicionado a realizar una tarea específica prefijada. Por el contrario, el hombre al no tener una condición especializada, como poder ver a cientos de metros de distancia o no tener la velocidad de un guepardo para escapar, requiere desarrollar su capacidad creativa y productora. El hombre con la dotación tanto racional y emocional con la cual está configurado puede pensar y crear espacios diferentes a los que vive en la actualidad.


Y en esto radica la riqueza de la esencia humana: superar las condiciones y situaciones en las

que se encuentra, demostrando de esta manera que posee cierta libertad que le permite

repensarse. Por ende, es la acción como creadora y modificadora lo que nos hace ser humanos, y para ello requerimos de cierto grado de libertad.


La capacidad de creación y acción de los individuos requiere mínimo de dos condiciones: La

no coerción externa y la posibilidad de llevar acabo la acción. Respecto a la primera, conocida como la libertad negativa, somos libres cuando las coerciones externas no limitan nuestras acciones y decisiones, nuestro actuar no debería estar determinado por una imposición que nos es ajena. Una acción libre se caracteriza por ser un acto voluntario y reflexionado. Esto no significa que en las sociedades no existan regulaciones, pero éstas deben ser consensuadas por sus ciudadanos tanto en su alcance como en el control de su ejecución, según el modo o mecanismo de cada sociedad. Por su parte, la posibilidad apunta a las condiciones que nos permitan llevar a cabo nuestras aspiraciones. Si las condiciones para actuar y elegir son mínimas o nulas no podemos hablar de libertad.


Para ensayar un poco esta noción de libertad, revisemos algunos aconteceres de este mes. Cese de transmisión de la emisora RCR (28 de junio), inhabilitación de candidata presidencial y precio oficial del dólar. Por un lado, el gobierno ha suspendido a más de un centenar de emisoras de radio, la última RCR, la más antigua del país, su cierre se debe a que paulatinamente ha perdido los servicios necesarios para desarrollar su trabajo (líneas telefónicas y servicio eléctrico).


Este mes también se anunció la inhabilitación de la candidata presidencial María Corina

Machado (30 de junio), siendo una versión de lo sucedido en Nicaragua, de lo cual hemos sido testigos.


Repentinamente el gobierno anuncia que la candidata no puede participar durante los

próximos 15 años en algún proceso electoral, lo que ocasionó el pronunciamiento de varios

países en el seno de la cumbre del MERCOSUR. Entonces ¿un venezolano puede postularse

como candidato a un cargo de elección popular sólo si se somete a la visión política de los que están en el poder?


Por último, un elemento fundamental para que los individuos sean capaces de crear escenarios y aspiraciones de vida diferente es tener buenas condiciones materiales, es decir, capacidad de satisfacer sus necesidades. No tener buenas condiciones materiales nos conduce a ser dependientes de otros, especialmente, de los que quieren someternos. Si recordamos, en Venezuela no rigen las leyes del mercado, por lo que los ciudadanos no sabemos cómo se establece la cotización del dólar, y por qué pasó de 22 bolívares en enero a 30 bolívares en julio, teniendo como consecuencia la limitación en la posibilidad de satisfacer nuestras necesidades materiales.


Estos casos nos lleva a preguntarnos: ¿Somos libres los venezolanos de acceder a la información que deseamos? ¿Somos libres de escoger nuestros candidatos o nos los impone el gobierno? ¿Somos libres de determinar el monto de nuestros salarios y la inversión de nuestro dinero o debemos regirnos por la cotización que impone el gobierno de la moneda fuerte.


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