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Liberar y refundar a Venezuela


Sin refundación sólo habrá otro intermedio de la tragedia que se ha venido repitiendo durante dos siglos. Imagen: PaliGraficas, Pixabay

Reconozcamos nosotros mismos que Venezuela es un fracaso político, que venimos padeciendo como nuestra desgracia. Lo prueba el solo hecho que dos siglos después de habernos independizado de España perdimos hasta la independencia desde hace 24 años, para nuestra mayor vergüenza no ante un gran imperio o una gran potencia económica y militar, sino ante una isla en la miseria, símbolo de la ruina material y moral que trae el comunismo. Y, para mayor indignidad, no fue a consecuencia de la derrota en una guerra librada con heroísmo, sino sin haber disparado un tiro para siquiera salvar la honra. Todo por lo más repugnante que pudo sucedernos: la traición a la patria de políticos civiles y jefes militares que debieron defenderla. Y así tenemos 24 años sometidos a Cuba, la mayor deshonra ante el mundo que podíamos sufrir.


La dimensión de este fracaso político se mide por el hecho de que somos el único país de América bajo el dominio de otro país y para mayor humillación arrodillado ante uno de los más pobres y miserables, lo cual demuestra que hemos descendido a lo más bajo que puede descender una sociedad políticamente. Lavar esta deshonra exige un escarmiento que se recuerde por los siglos de los siglos. Pero además, para que no se repita, hay que hacer el cambio radical y profundo que no hicieron los políticos de la República Civil que gobernaron durante 40 años.


Precisamente, por no haber hecho ese cambio radical y profundo, el fracaso político que venía arrastrando el país desde la fundación de la República en 1811 ha culminado en la tiranía de los peores: la narcotiranía de la delincuencia organizada (criminales, ladrones, narcotraficantes y terroristas). No se trata sólo de una tiranía, por cuanto esta vez a la humillación por la Gran Traición se le agrega la vergüenza de ser gobernados por una tiranía doblemente infamante: títere de Cuba y además de la delincuencia organizada.


¿Cómo llegamos a este horror? Es la pregunta obligada, que debemos responder haciéndonos esta reflexión: los errores en política se pagan caro. Si hemos llegado a este desastre es por los errores del pasado. Y los errores del pasado son haber insistido terca y reiteradamente en el error de continuar con el mismo sistema político de las tiranías, no refundando el país sobre un cambio radical y profundo de ese sistema. El fracaso político de Venezuela es el fracaso de los políticos civiles de todas las generaciones anteriores porque, a consecuencia de no haber hecho el cambio radical y profundo que debieron hacer, hemos descendido a los infiernos. No tenemos siquiera patria libre.


Hagamos de este fracaso estruendoso, sin parangón en América, el aprendizaje para convertir a Venezuela en un éxito político, económico, social y cultural que nos reivindique ante la comunidad internacional y nos devuelva la tranquilidad a nuestra conciencia. Lo bueno de la situación actual es que, estando todo destruido, bastará llegado el momento con barrer y limpiar el terreno, botando toda la basura montada por la narcotiranía, para construir un país maravilloso sobre bases sólidas.


Pero para limpiar el terreno tenemos que tomar posesión del mismo expulsando a los invasores cubanos y sus títeres o fantoches. Es la tarea ineludible de LIBERACIÓN NACIONAL, verdadero objetivo del CONTRAGOLPE CONSTITUCIONAL, por donde comenzará la REFUNDACIÓN DE VENEZUELA a la medida de nuestros sueños. Sin LIBERACIÓN no habrá REFUNDACIÓN y sin REFUNDACIÓN sólo habrá otro intermedio de la tragedia que se ha venido repitiendo durante dos siglos y cuya culminación es la mayor deshonra y sufrimiento que estamos viviendo.



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