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La verdadera lucha en Venezuela


No respetar las minorías crea equilibrios inestables. Foto: Majonews1, Pixabay

El proyecto de la V República prometió una atractiva y pertinente regeneración republicana, pero nos metió de contrabando una visión ideologizada del ideario bolivariano, con contenido tercermundista y de clara inclinación autoritaria.


A mi juicio, los venezolanos en 2024 estaremos encarando dos escenarios electorales. Por un lado, todavía le quedará aliento al dilema oficialismo versus oposición, pero éste

tendrá a su lado otra oferta de mayor aliento, que invitará a los ciudadanos a elegir entre la continuidad del proyecto revolucionario bolivariano, versus su reemplazo por una versión de democracia verdaderamente plural, que fomente el bienestar material y sobre todo de carácter republicano.


Habrá un cambio cualitativo en las motivaciones de los votantes que aspiran un cambio en Venezuela. La consideración utilitarista que apunta a la economía del voto conservará un importante espacio, pero aparecerán otras consideraciones más orientadas a calibrar los contenidos de las ofertas políticas disponibles. Tal circunstancia puede que circunstancialmente beneficie a los intereses del oficialismo, pero permitirá que gane terreno electoral una oferta diferente que sintonice con una demanda política hasta ahora insatisfecha en materias de mucho arraigo entre los ciudadanos y que suelen ser olvidadas por aquellos que insisten en la premisa según la cual la gente mayoritariamente apoyará a quien sea con tal de salir del actual gobierno.


Ese incentivo electoral que prevaleció hasta ahora en la formulación del discurso político por parte de la oposición venezolana y que se había sobregirado en el tiempo, da claras señales de agotamiento. En el desarrollo de este fenómeno se asientan las cuentas de ahorro de la

posibilidad de cambio en el país.


Lo que está en juego en nuestro país es la permanencia de nuestro legado histórico como República, en su sentido literal o etimológico, es decir, aquel que nos remite a la noción de la cosa pública como concepto que corresponde a la esfera de los comunes y que por derecho natural compete a todos los ciudadanos.


La democracia debe ser entendida básicamente como un sistema de gobierno republicano. Esta idea da contexto y fundamento a las instituciones democráticas que a propósito de ella y sobre ella se edifican. Los venezolanos debemos preservar los valores asociados a una

democracia de contenido republicano, la cual no sólo se sustenta en el libre ejercicio del sufragio, sino en la separación y autonomía de las ramas del poder público, la libertad, la igualdad ante la Ley, la alternancia en el poder, gobierno limitado y la subordinación de las armas a la autoridad civil. Todo esto ha sido muy maltratado durante la V República y aspiramos su regeneración.


Los políticos siempre van a expresar las ideas que demanda la gente, ya que por naturaleza son cazadores de votos. Pero las ideas en el seno del pueblo cambian y entonces hacen cambiar las ideas de los políticos. Esto está empezando a ocurrir en Venezuela.


La política sirve para cambiar las cosas, pero antes las ideas cambian la política. El régimen chavista no cambia si no cambian antes las ideas Esa es la dimensión del desafío.


No hemos entendido cabalmente que la lucha en Venezuela no es sólo por el poder sino también por las ideas que deben instalarse para conducir el país en los próximos 20 años. Y tal convicción debe estar constante en el discurso político. Creo que de allí depende la conexión popular de cualquier oferta opositora.


Otra cosa importante a mi juicio es la calidad del sistema político que aspiramos. La democracia se define como una solución aritmética a los conflictos que surgen en una sociedad. El que suma más votos gobierna. Pero es un error aritmético pretender que 50 más 1 es igual a 100 y que 49 es igual a cero. Recogiendo el espíritu de una frase del gran escritor Jorge Luis Borges, la democracia no puede ser un abuso de la estadística. No respetar las

minorías crea equilibrios inestables. Ese en muchos sentidos es el caso de nuestro país.


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