La incertidumbre como posibilidad en un mundo deshumanizado
- Eduardo Frontado Sánchez
- hace 2 horas
- 2 Min. de lectura

Resulta paradójico que vivamos en un mundo cada vez más interconectado y, al mismo
tiempo, más deshumanizado, y que aun asà nos cueste tanto manejar una situación que
en el mundo actual se ha vuelto parte de nuestro dÃa a dÃa: la incertidumbre.
Siempre he pensado que todo lo que ocurre en nuestra vida puede observarse desde
múltiples ópticas y que, como seres humanos, según nuestras creencias, valores,
objetivos y metas, enfrentamos una misma situación de maneras muy distintas. En lo
personal, nunca he sido partidario de analizar los acontecimientos desde la tragedia o
desde lo negativo. Por el contrario, procuro identificar la parte positiva y la oportunidad de
crecimiento que cada experiencia trae consigo.
En esa búsqueda constante de transformar las dificultades en oportunidades —tanto para
mà como para mi entorno—, recientemente me encontré con algunos fragmentos del libro
La pared de los 80, del psicólogo japonés Hideki Wada. Aunque la obra está enfocada en
personas de la tercera edad en Asia, considero que muchos de sus planteamientos son
perfectamente aplicables al manejo de la incertidumbre y al crecimiento personal,
individual y colectivo.
Una de las ideas que más me llamó la atención es aquella que señala que, cuando
atravesamos momentos de incertidumbre, solemos paralizarnos, no saber qué hacer y
entrar en un estado de miedo que, lejos de ayudarnos, puede perjudicarnos. Sin embargo,
siempre he creÃdo que el hecho de no saber exactamente qué hacer o cómo enfrentar una
situación también abre nuevos caminos, nuevas perspectivas, y pone a prueba —y en
evidencia— nuestra capacidad de resiliencia.
El libro también plantea que realizar actividades que nos producen alegrÃa estimula la
creatividad cerebral. Afrontar un proceso de incertidumbre no es sencillo, porque no solo
implica comprender el entorno en el que nos encontramos, sino también aprender a
manejar nuestros propios miedos internos para que estos no terminen venciéndonos.
Hacer aquello que nos gusta nos permite transitar esos procesos de una manera más
amable y llevadera, no solo para nosotros como individuos, sino también para quienes
nos rodean.
Vivir procesos de incertidumbre y de cambio es inevitable; ambos son constantes en todo
lo que hacemos y en todas nuestras acciones. Lo que sà depende de nosotros es la
actitud con la que los enfrentamos: cómo asumimos la incertidumbre, cómo atravesamos
el cambio y cómo abrimos las puertas a la esperanza y al optimismo para seguir adelante,
siendo cada vez más creativos y humanos en tiempos tan conflictivos como los que vive
el mundo actual.
Dejarse abrumar por las circunstancias no elimina la incertidumbre. Lo único que
realmente calma el nerviosismo y la ansiedad cuando estamos ante una encrucijada es
seguir caminando con coherencia, de acuerdo con nuestros valores, metas y sueños. Al
final, conviene recordar que lo humano es lo que nos identifica y que, paradójicamente, es
lo distinto lo que nos une.


