Inteligencia artificial: debates sobre ética, geopolítica y economía social
- Horacio Biord Castillo

- hace 2 horas
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La inteligencia artificial ha sido recibida por muchos sectores con gran entusiasmo, a la vez que ha generado preocupaciones y suspicacias en otros muchos. Sin duda, constituye uno de los avances más significativos de la humanidad y está llamada a proporcionar grandes beneficios y, probablemente, retos y consecuencias no deseables. Como todo cambio, su uso progresivo generará un período de transición y adaptaciones, cuya duración será muy difícil de estimar.
El uso de la inteligencia artificial, entre otros, acarrea un problema ético y un problema socioeconómico. El problema ético ha sido quizá sintetizado de manera extraordinaria, junto a importantísimas alusiones a las consecuencias socioeconómicas, en la reciente encíclica “Magnifica humanitas” del papa León XIV.
Los asuntos éticos constituyen un tema que debe convocar a todos los sectores sociales. La inteligencia artificial apenas ha empezado a concretarse y proyectarse. Cabe esperar desarrollos tecnológicos cada vez más sofisticados. Es natural que inciten la imaginación sobre sus posibilidades y, como todo asunto de gran relevancia social, una preocupación que debe cristalizar en reflexiones sistemáticas.
Nadie medianamente educado podrá decir que nunca la ha empleado o que la dejaría de emplearla en el futuro inmediato. Negarse a hacer uso de ella sería como rehusarse a utilizar la electricidad, la banca electrónica o, sobre todo en casos desesperados, las vacunas o los antibióticos. Incluso algún día la inteligencia artificial será una herramienta fundamental como la rueda, por ejemplo.
Ahora bien, entre los múltiples problemas que nos puede plantear esta nueva tecnología en su fase inicial, sobresalen dos: el problema ético y un problema geopolítico y, a la vez, socioeconómico.
El dilema ético, en parte, ha sido planteado con líneas maestras por el papa León XIV. Debe seguir siendo objeto de gran reflexión. Al comienzo de la conquista de América se debatieron ideas filosóficas, centradas en la condición humana de los amerindios. De esa discusión se derivó una serie de parámetros éticos que se incorporaron en el espíritu de algunas leyes y normas. Sin embargo, en la práctica los resultados fueron muy diversos. En todo caso, esto nos debe alertar. Ideas muy brillantes pueden contrastar con la realidad.
El otro problema planteado involucra variantes geopolíticas y socioeconómicas de gran importancia. La inteligencia artificial se insertará en un mundo de grandes desigualdades. Los países ricos o del Norte lograrán un mayor acceso a los usos de la inteligencia artificial y los países pobres o del Sur lo tendrán más limitado. Sin embargo, tanto en los países del Norte como el Sur, determinados grupos sociales poseen una mayor capacidad económica para utilizar de manera más amplia y eficiente la inteligencia artificial. Esto pudiera generar un acceso diferencial de la inteligencia artificial: quienes pueden emplearla de manera provechosa y adecuada y quienes no pueden hacerlo, incluidas regulaciones de uso.
El acceso diferencial nos debe llamar la atención porque pudiera sumarse a grandes injusticias y a la desigual distribución de la riqueza que ocurre en nuestro planeta y dentro de cada país, en particular. Así pues, además de los problemas éticos que nunca han de descuidarse, la problemática geopolítica y socioeconómica debe alertar a los gobiernos de los distintos países, a las organizaciones internacionales y no gubernamentales, a la academia y a todos quienes se sientan interesados por el tema. Estamos en una coyuntura y los próximos pasos, para no decir el siguiente camino, están marcados, a la vez, por el crecimiento de la inteligencia artificial, el aumento de sus costos, las cuestiones éticas sobre su uso y una gran incertidumbre sobre el futuro.


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