Humanizar el trabajo en tiempos de inmediatez
- Eduardo Frontado Sánchez
- hace 13 minutos
- 2 Min. de lectura

Vivimos inmersos en un mundo marcado por la tecnologÃa y la inmediatez. Todo ocurre rápido, casi sin pausa. En medio de esa vorágine, resulta cada vez más difÃcil detenerse a pensar en el verdadero significado de conceptos tan esenciales como humanización y trabajo, en cómo estos aportan —o deberÃan aportar— al bien común por el que tanto necesitamos trabajar como sociedad.
Desde siempre he creÃdo que la palabra trabajo puede abordarse desde múltiples ángulos. Para algunos, representa únicamente una forma rentable de sobrevivir: una actividad que se realiza porque hay una retribución económica de por medio.
Para otros, en cambio, el trabajo es una oportunidad de crecimiento, un espacio para superarse y sacar la mejor versión de sà mismos. Sin embargo, en el mundo actual, para muchos lo urgente ha desplazado a lo importante. Ya no se reflexiona sobre la humanización ni sobre el trabajo como una vÃa para alcanzar objetivos más profundos; la prioridad parece ser, simplemente, sobrevivir.
Uno de los grandes retos de esta generación —que paradójicamente cuenta con tantas oportunidades— no es solo subsistir, sino comprender el verdadero significado de la humanización en toda su esencia. Entender que el trabajo puede ser, en sà mismo, una forma de humanizar desde la experiencia personal, desde las vivencias propias y compartidas.
Tener cualidades distintas y acceder a un puesto de trabajo ha significado para mà una oportunidad invaluable: demostrar, dentro del entorno empresarial, que es posible romper paradigmas y humanizar desde la conciencia. Todos venimos a este mundo a trabajar en pro del bien común y de la trascendencia, no solo de nosotros mismos, sino también de los otros.
Mostrarle al mundo los logros alcanzados —no desde la pedanterÃa, sino desde el esfuerzo colectivo— es otra manera de humanizar. Especialmente en una sociedad que suele ver el trabajo únicamente como un medio económico, un objetivo de corto plazo del que se obtiene beneficio mientras conviene, sin una visión de futuro ni de propósito.
A lo largo de mi carrera he podido observar cómo, en distintos entornos, la sola presencia de alguien trabajando con compromiso y preparación puede transformar perspectivas. Ver que una persona con cualidades distintas está entrenada y es productiva puede convertirla en un agente de cambio, no solo en lo laboral, sino también en lo personal. Ese impacto permite comprender el verdadero valor de humanizar e incluir, no desde el discurso vacÃo ni desde el lenguaje aprendido, sino desde la conciencia de la trascendencia.
Con este artÃculo no pretendo imponer un punto de vista, sino exponer reflexiones que, a mi juicio, representan uno de los mayores desafÃos de la sociedad actual y futura: abrazar la diferencia con conciencia y con el espacio necesario para entender que todos tenemos algo que aprender de los demás, y que el valor del otro es tan importante como el propio.
Entrenarse, ser productivo y trabajar teniendo cualidades distintas es, en sà mismo, una forma de humanizar. Porque trabajar no es solo ganar dinero: es vivir para servir, es humanizar desde la propia trinchera y desde la experiencia personal, recordando que lo humano nos identifica y que lo distinto, lejos de separarnos, nos une.


