Enrique Mendoza: gestión pública con identidad local
- Omar Ávila
- hace 3 horas
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En el mes aniversario de Petare la memoria colectiva no solo celebra calles, tradiciones o paisajes urbanos, también evoca liderazgos que marcaron etapas de su desarrollo. En este contexto, desde Unidad Visión Venezuela, queremos rendir un modesto homenaje a un ciudadano emblemático: Enrique Mendoza, (11-8-1945 / 3-4-2023) exgobernador del estado Bolivariano de Miranda y figura política vinculada estrechamente con la dinámica social y administrativa de nuestro municipio Sucre.
Hablar de su legado no es un ejercicio de nostalgia política, es una oportunidad para reflexionar sobre qué significa gobernar con identidad territorial y qué lecciones deja una gestión cuando se analiza sin sesgos ideológicos o partidistas.
Uno de los rasgos que muchos ciudadanos asocian con Mendoza es el énfasis en la gestión visible: infraestructura vial, mantenimiento urbano, presencia institucional en comunidades populares y desarrollo de espacios públicos. En Petare -donde la densidad poblacional, la informalidad urbana y la desigualdad estructural imponen retos permanentes- la gestión concreta suele pesar más que el discurso.
Las políticas públicas locales, cuando son efectivas, no se sienten abstractas, se traducen en iluminación que funciona, vialidad transitable, escuelas operativas, servicios que responden, porque ese tipo de gobernanza deja huella al impactar directamente la vida cotidiana. Más allá de simpatías o críticas políticas, es innegable que durante su administración se consolidó una visión donde la autoridad municipal asumía protagonismo operativo en el territorio.
Otro elemento relevante de su legado fue la defensa de la descentralización como principio político, ya que esta, no es solo una distribución administrativa del poder, sino una filosofía de gestión que acerca las decisiones a la realidad concreta de las comunidades.
En un país donde el centralismo ha marcado buena parte de la historia republicana, la defensa de competencias regionales y locales tiene implicaciones cívicas profundas: fomenta corresponsabilidad, supervisión ciudadana y rendición de cuentas más directa; por lo tanto, los ciudadanos perciben que pueden evaluar a sus autoridades por resultados tangibles, lo cual fortalece la cultura democrática.
La trayectoria de este líder histórico (EM), también estuvo atravesada por momentos de alta tensión política nacional, lo cual nos invita a otra reflexión: ¿cómo se ejerce liderazgo en escenarios polarizados?
Quienes tuvimos el honor de conocerlo muy de cerca, tenemos claro que el liderazgo político debe actuar más allá de las posiciones ideológicas, ya que él supo sostener la institucionalidad para preservar espacios de diálogo, sin perder el foco en la gestión pública, aun en medio de los conflictos.
Petare, como territorio complejo y simbólicamente potente, siempre ha sido un termómetro político, gobernar allí implica comprender su diversidad social, sus desafíos estructurales y su enorme capital humano. Tal vez el aspecto más significativo del legado de cualquier figura pública no sea la obra física, sino la comparación histórica que deja instalada en la conciencia ciudadana.
Las comunidades recuerdan cómo estaban las calles, cómo funcionaban los servicios y la presencia o ausencia del Estado. Esa memoria comparativa es saludable para la democracia, porque permite evaluar ciclos de gestión y eleva el estándar de exigencia ciudadana. Cuando una sociedad recuerda que algo funcionó mejor, no necesariamente idealiza el pasado; simplemente establece parámetros de desempeño.
En el mes aniversario de Petare, reflexionar sobre figuras como Enrique Mendoza no debe convertirse en un acto de militancia, sino en una invitación a pensar el tipo de liderazgo que necesitan hoy las comunidades; ya que los aniversarios no solo celebran historia, también invitan a proyectar futuro. Petare sigue siendo resiliencia, trabajo y organización comunitaria, su fuerza principal siempre ha sido su gente; pero las comunidades fuertes también necesitan gestión pública eficaz.
El legado de Enrique Mendoza se inserta en una historia mucho más amplia que la de un solo liderazgo. Petare -con su casco histórico, su tradición cultural, sus músicos populares, sus educadores y líderes comunitarios- ha sido cuna de una identidad vibrante que trasciende coyunturas políticas, desde sus fundadores, el Capitán Pedro Gutiérrez y el Padre Gabriel de Mendoza, José Félix Ribas -aunque no es de Petare- como Prócer de la Independencia, en su honor el Barrio más grande de Latinoamérica lleva su nombre. El pintor naif Bárbaro Rivas con reconocimiento internacional y el conocido "Tenor favorito de Venezuela" Alfredo Sadel, (ambos nacidos en Petare), así como Simón Diaz, que no es de Petare, era mirandino, pero estuvo muy vinculado a la localidad.
Más que nombres aislados, lo que define a la parroquia Petare y al municipio Sucre en su totalidad, es la fuerza de su tejido social: comerciantes que sostienen la economía local, docentes que forman generaciones y vecinos que, aun en medio de dificultades, preservan sentido de comunidad. Esa es la verdadera herencia que cualquier autoridad debe honrar: una ciudadanía activa, exigente y profundamente arraigada a su territorio.
Omar Ávila