Emilita Dago vive tranquila y sin nervios a sus 92 años en Miami
- Aquilino José Mata

- 14 nov 2025
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 15 nov 2025

La guarachera cubana Emilita Dago acaba de cumplir 92 años y desde su apacible retiro en Miami nos habla del agradecimiento que siente hacia Venezuela.
Considera a nuestro país como su segunda patria, pues aquí la recibieron con los brazos abiertos cuando, recién salida al exilio, llegó contratada como cantante de Los Melódicos, orquesta con la que desarrolló una muy exitosa carrera. Sale de Cuba en 1960, huyendo del comunismo castrista. Vino con una visa de trabajo gestionada por el empresario Guillermo Arenas.
Con la orquesta de Renato Capriles impactó entre nosotros desde un primer momento y el éxito no se hizo esperar. Esta historia, y muchas otras, la cuenta en su libro autobiográfico Entre tambores y castañuelas, que editó en 2019 y cuya versión digital puede adquirirse a través de Amazon.com.
La simpática artista, nacida en La Habana el 12 de noviembre de 1933, repitió en Venezuela el mismo suceso que ya había logrado en su tierra, donde debutó a la temprana edad de cuatro años en el popular programa radial de aficionados La corte suprema del arte, cantando la música española que sus padres, nativos de la madre patria, le habían enseñado.
Su adolescencia transcurre actuando como vocalista en los centros culturales españoles y en logias masónicas (a las cuales pertenecía su padre). La zarzuela y la comedia no tuvieron secretos para ella. A los 16 años debuta como actriz en el cine, alternando con la pareja cómica de Garrido y Piñero en Cuando las mujeres mandan. Posteriormente hace otro filme con ellos, Misión al norte de Seúl. Ambas películas fueron éxitos de taquilla y constituyeron el
trampolín a través del cual dio el gran salto a la televisión.
A la pequeña pantalla entra por la puerta grande, vía CMQ TV, la legendaria cadena cubana de los años anteriores a la revolución, la más adelantada de su tiempo en Latinoamérica y la primera que transmitió en color. Allí compartió con Germán Pinelli la animación del programa meridiano El Show de las 12, de enorme sintonía en la Cuba de entonces. Lo hizo tan bien, que la contratan para conducir, ya en horario nocturno, el Álbum Phillips, en el que también canta. Ya consolidada en el ámbito artístico cubano, complementa su actividad como vocalista y actriz, tanto cómica como dramática, con la de locutora de comerciales.
Incursiona también en espectáculos teatrales de revista, algunos de ellos bajo la producción del legendario músico Ernesto Lecuona. Su siguiente meta fue el disco.
Tras la fiebre creada por la película española El último cuplé, graba varias canciones de este género con la orquesta de Gerardo Timor.
Renacer en Venezuela
En 1952 actuó en Venezuela y ya había quedado prendada con nuestro país. Cuando regresó para quedarse en 1960, cosechó aquí grandes afectos, entre ellos el tenor Alfredo Sadel -al que había conocido en Cuba, donde él era un ídolo-, con quien cultivó una larga y estrecha amistad. Fueron casi cinco años los que estuvo con Los Melódicos, pero su paso por la orquesta resultó tan contundente, que aún hoy se le recuerda. Los programas radiales especializados constantemente colocan sus éxitos, temas emblemáticos de su repertorio como Canuto, Que gente averiguá, Por un maní, El ladrón, El catre, La vida es chiquita y El veneno de los hombres (a dúo con el gran Manolo Monterrey), entre muchos otros.
Después de su feliz paso por Los Melódicos organiza en 1965 su propia agrupación, Emilita Dago y su Combo Gigante, hasta que en 1970 se retira para radicarse, primero en Nueva York, y desde 1974 definitivamente en Miami. Hace un breve regreso en la década de los ochenta para reverdecer sus triunfos a través de La Grande, otra orquesta de Renato Capriles, hasta que hace un alto definitivo en sus actividades musicales para regresar a Miami y dedicarse a otros menesteres, como ejecutiva de una compañía encuestadora, hasta su retiro laboral.
Estrella polifacética

Emilita Dago no sólo destacó como cantante en Venezuela. En rol de animadora, junto con el Musiú Lacavalerie, condujo en Venevisión el popular espacio de concursos Compre la orquesta, que se mantuvo varios años en el aire. También tuvo su propio programa de comedias, Emilita busca un novio, en el cual debutó, en el rol de su hermanito menor, un niño actor que con los años se convertiría en una gran estrella: Orlando Urdaneta.
Hoy a sus 92 años, y con la confianza de que vendrán tiempos mejores para Venezuela (“Esta funesta dictadura está en su etapa agónica”, dice), aspira a venir para reencontrarse con sus numerosos afectos. “Deseo volver para manifestarle mi eterno agradecimiento al país que me acogió en un momento crítico de mi vida y que me trató como una venezolana más, con cariñosa generosidad”.
Y nosotros esperamos que ese deseo se le cumpla a Emilita más temprano que tarde. Ojalá.






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