El secreto de Diosdado

Actualizado: 23 ago

9 September 2012

Quizás cuando Hugo Chávez pensaba en abandonar la campaña y habló con Fidel al respecto, es cuando se le ocurrió a ambos que debían prepararse para lo peor. En un principio, el comandante planeó tomar medidas drásticas para mantener la revolución a cualquier costo, y para ello proyectó sacar de los cargos claves del gobierno a los líderes civiles del PSUV.

Recordemos que nombró a Nicolás Maduro como candidato a la gobernación de Carabobo, a Tarek El Aissami, candidato de Táchira y al Vicepresidente Elías Jaua lo envió a la gobernación de Miranda. Mientras tanto en su alto mando militar colocó a los más duros y más “patria o muerte” de su logia castrense. Diosdado Cabello, el hombre que le devolvió la banda presidencial a Chávez, cuando perdió el mando en abril del 2002, luego de haber sido el presidente por algunas horas, regresó hace unos meses a las alturas del poder. Chávez siempre le ha temido a Diosdado. A lo mejor porque, en las chiquiticas en los sucesos de abril, fue quien asumió la presidencia de la República. Si Chávez no hubiese retornado, Diosdado Cabello habría sido el presidente y comandante en jefe de las fuerzas armadas. Cuando Chávez se enfrenta a su enfermedad se percata a su buen entender que otra vez –en las chiquiticas- el único líder cívico militar que puede mantener la revolución es Diosdado. Entonces al hombre que sacó del poder, del gabinete, al que mandó a Miranda y le quitó el apoyo para quemarlo, lo coloca en el PSUV como el supremo jefe político después de Chávez. Diosdado es el primer vicepresidente y los vicepresidentes regionales o de área quedaron a su orden. O sea, en el partido PSUV, Nicolás Maduro, Tarek, Jaua, Jorge Rodríguez, Aristóbulo, y demás dirigentes, son subordinados a Diosdado. Además, lo nombra presidente de la Asamblea Nacional. Cargo que ostenta el más alto rango institucional después del presidente. El número 2 del país.

Sin embargo, hace unas semanas, y en la medida que se acerca el 7 de octubre, Chávez ha tomado confianza en una salida democrática. Debe haber adquirido conciencia que es imposible que las fuerzas armadas le acompañen en un autogolpe, o en un desconocimiento de las elecciones, si llegara a perder ante Henrique Capriles. Tampoco lo secundarían en Mercosur ni en Unasur. La OEA lo condenaría y sería el principio del fin. Nadie quiere una Libia, un Egipto o una Siria en Venezuela.

Por ello, ahora volvió a bajar de rango a Diosdado. En principio, ya lo mandó de candidato a gobernador de Monagas, allá, bien lejos del centro del poder. Obviamente tendrá que dejar la presidencia de la Asamblea para ocuparse del estado oriental. En el ínterin rescató a Nicolás Maduro de Carabobo y su nombre será clave en la vicepresidencia de la República, una vez que pase el 7 de octubre. Todo indica que es el principal nominado –por ahora- para suceder al comandante en caso de una ausencia temporal o permanente.

Por todo esto y entretanto, Diosdado no dice nada de su candidatura en el estado Monagas y como que también espera por los resultados del 7 de octubre. Diosdado guarda un prudente silencio sin revelar sus planes y su secreto para mantenerse siempre a flote aunque lo hundan hasta el fondo. Como un corcho, pues.









Vladimir Gessen

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