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El Oscar de Hollywood, de una modesta cena al esplendor de hoy

Al principio, la premiación del Oscar eran unas cenas de gala que tenían lugar en el hotel Biltmore de Los Ángeles. Foto: Archivo AJM
Al principio, la premiación del Oscar eran unas cenas de gala que tenían lugar en el hotel Biltmore de Los Ángeles. Foto: Archivo AJM

Hollywood llega a una nueva ceremonia de los Oscars, el más popular de los galardones del cine. Su edición número 96 será este domingo 15 de marzo, en el teatro Dolby de Los Ángeles. Imaginamos que, como suele ocurrir casi siempre, el espectáculo  estará salpicado de  momentos icónicos, emotivos discursos y una que otra sorpresa de especial e inolvidable rango, entre las que destacan históricamente episodios como la resonante victoria como mejor película de la comedia surcoreana Parásitos (2020), la selfie viral de Ellen DeGeneres rodeada de un grupo de aclamadas estrellas en el patio de butacas  (2014) y la clamorosa ovación a Charlie Chaplin al recibir la estatuilla honoraria por sus importantes contribuciones al arte cinematográfico.


Vale destacar que la gala de los Academy Awards no se parece en nada a lo que fue en un principio. En las primeras entregas no había la pompa, el glamour ni los vestidos rutilantes que ostentan las luminarias de hoy. Eran, simplemente, unas cenas de gala que tenían lugar en el hotel Biltmore de Los Ángeles, con la concurrencia de los miembros de la Academia (unos 200 en aquella época) y un privilegiado grupo de invitados especiales. Llegados los postres, el presidente pronunciaba un breve discurso y, en menos de cinco minutos, entregaba los siete premios de entonces: mejor película, director, actor, actriz, argumento, fotografía y escenografía.


Con el tiempo todo aquello fue cambiando progresivamente. Se incorporaron cada vez más rubros en las premiaciones (partitura musical, actor y actriz secundarios, diseño de producción y efectos especiales, entre otros); luego, la gala se trasladó al mítico Grauman Chinese Theatre y se convirtió en un gigantesco show de proporciones descomunales. Los miembros de la Academia no iban ya a reunirse en una poco menos que discreta cena de gala, sino a contemplar una brillante puesta en escena dirigida por un auténtico equipo de profesionales. Y como la guinda que coronó tan suculento show,  en los años cincuenta llegó la televisión a retransmitir la ceremonia, que a partir de 2002 se emite desde el Teatro Dolby, su sede permanente, con la única excepción de la gala de 2021, que se trasladó a la ferroviaria Union Station, debido a la pandemia del COVID-19.


Lo que empezó siendo una reunión de unos cuantos cineastas, es actualmente el acontecimiento más relevante del año en el séptimo arte: una mezcla de promoción, marketing y ensueño; un cúmulo de intereses comerciales que tiene defensores acérrimos y enfurecidos detractores; un conjunto de eficaces técnicas de mercadotecnia y parafernalia comercial; en fin, una gigantesca ilusión que mantiene viva cada año la llama del interés por el cine.


También ha corrido bastante agua desde aquel 11 de ma­yo de 1927, cuando nacía oficialmente la Academia de Artes y Ciencias Cinematográfi­cas, la institución propulsora de este galardón. La formaban 36 miembros, entre los que se encontraban actores como Mary Pickford, Harold Lloyd y Douglas Fairbanks -que sería el primer presidente-, di­rectores como Cecil B. DeMille, Henry King Raoul Walsh y productores de la estatura profesional de Louis B. Meyer, Jack Warner Irving Thal­berg. También figuraron al­gunos técnicos, entre ellos Cedric Gibbons, uno de los más destacados direc­tores artísticos de Hollywood, precisamente el diseñador de la estatuilla que representa al premio más deseado del cine.


Janet Geynor fue la primera actriz en ser premiada con el Oscar.
Janet Geynor fue la primera actriz en ser premiada con el Oscar.

La designación del nombre de “Aca­de­mia” para la nueva organización es evidencia del interés por legitimar intelectualmente una ac­­tividad artística que para muchos no pasaba de ser un vulgar espectácu­lo de fe­ria. Por otra parte, la diversidad de las ramas a las que per­te­necían sus miembros, demuestra la conciencia cla­ra que ya por entonces tenían aque­llos pioneros de que el cine es ante todo un ar­te colectivo y es preciso que cada profesional rea­li­ce de la mejor manera su cometido para poder sa­car adelante una película, de allí la necesidad posterior de crear un reconocimiento que, como el Oscar de Hollywood, premiara a los más destacados anualmente en cada rama.

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