El Nazareno de Carrizal y la bandera de Venezuela: una reflexión sobre la Iglesia y la política
- Horacio Biord Castillo
- hace 7 horas
- 3 Min. de lectura

En la Semana Santa de 2026, en Carrizal, estado Miranda, las personas encargadas de preparar la imagen para la procesión del Miércoles Santo utilizaron una bandera de Venezuela como ajuar complementario de la túnica del Nazareno. Probablemente se quería simbolizar que Venezuela se entrega a la misericordia de Dios y acompaña a Jesús en su pasión. Además, servía para implorar al Nazareno la solución de tantos problemas, entre ellos los relativos al autoritarismo y las restricciones a la libertad, además de la pobreza y la
insuficiencia de servicios públicos. Creo recordar que no es la primera vez que se hace y creo también haberlo visto en diversas ocasiones y localidades.
En muchos pueblos venezolanos se acostumbraba que en la procesión del Nazareno se liberara a fieles que, por promesa o devoción, se ataban y voluntariamente se recluían por varias horas en las llamadas jefaturas o en estaciones de policía. Salían en libertad por el Nazareno en rememoración del juicio de Cristo. Tal vez algún detenido por faltas menores también era liberado.
La bandera de Venezuela en la túnica del Nazareno de Carrizal resaltaba junto a los arreglos florales y recordaba el alma nazarena de Venezuela. No en balde la procesión del Nazareno es una de las más concurridas y, como advocación de Cristo, una de las más populares en el país.
Al día siguiente una dama de la feligresía carrizaleña criticaba fuertemente el uso de la bandera venezolana en el traje del Nazareno. Su condena ignoraba o dejaba de lado, al menos, la reiterada manipulación de símbolos patrios, fechas y personajes históricos a lo largo de la historia de Venezuela y, en especial, durante los últimos años. La señora consideraba aquello como una falta de respeto y agregaba que, de haberlo visto o sabido, la alcaldesa no lo hubiera permitido. Dicha funcionaria es afín al oficialismo y fue electa por división de la oposición. No hace falta hacer más comentarios sobre la actitud de la buena
mujer y su crítica a la imagen.
Más allá de la anécdota, esta situación nos plantea una reflexión sobre cuán polarizada está la sociedad venezolana y muestra, una vez más, la manipulación de símbolos que ha ocurrido en uno y otro polo. Se ha hecho un uso político tanto de símbolos históricos como religiosos. Lo cuestionable es, sobre todo, la apropiación ideológica de los símbolos y su consecuente pérdida o reducción de sentido o significado.
El caso del Nazareno de Carrizal, decorado de manera espontánea por laicos sin la participación directa de los sacerdotes de la parroquia ni directrices de la jerarquía eclesiástica, nos recuerda que la Iglesia y sus ministros se encuentran en una posición muy delicada al momento de expresar posiciones institucionales, a veces requeridas por políticos y otros actores sociales. Al no ser una institución política sino espiritual, no puede excluir a ningún bando. Debe alertar sobre acciones cuestionables y condenar las injusticias o desafueros que se cometan de un lado o del otro, los abusos de poder, el encarcelamiento por motivos políticos o ideológicos y una larga lista de supuestos injustos, entre ellos el uso de lenguajes irrespetuosos que inciten al enfrentamiento y el odio social.
Yo sigo viendo y creyendo que Venezuela tiene verdaderamente un alma nazarena, como se puede constatar no solo en la basílica de Santa Teresa en Caracas o en la iglesia de Achaguas, sino en cada templo católico del país. Por ello, al ver algunos símbolos patrios venezolanos asociados a la misericordia divina, como la referida imagen del Nazareno, no hago más que invocar su protección y su ayuda en todo momento para superar las difíciles circunstancias actuales del país. La Iglesia es de todos y los creyentes podemos y debemos
implorar a Dios la solución de los problemas del país. Cada quien lo hará desde y a partir de su propio posicionamiento personal ante la compleja situación de Venezuela.