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El mejor aumento es la no inflación


El venezolano de a pie no vive de estadísticas, vive de lo que puede comprar, de lo que le alcanza o no le alcanza; vive de si puede pagar comida, transporte, medicinas, educación, servicios y vivienda. Imagen: Geralt, Pixabay
El venezolano de a pie no vive de estadísticas, vive de lo que puede comprar, de lo que le alcanza o no le alcanza; vive de si puede pagar comida, transporte, medicinas, educación, servicios y vivienda. Imagen: Geralt, Pixabay

Venezuela no puede seguir hablando de recuperación económica mientras el trabajador no pueda vivir dignamente de su salario; si el país crece, si entran más divisas, si hay mayores ingresos petroleros y si el propio Estado afirma que la economía muestra signos de expansión, entonces es legítimo preguntarse: ¿por qué esa “recuperación” no llega al bolsillo de los trabajadores?


La reciente corrección del ingreso mínimo anunciada el pasado 30 de abril debe ser evaluada con responsabilidad, ya que todo ajuste que alivie parcialmente la situación de los trabajadores puede representar un paso necesario, pero no puede verse como una solución efectiva. El problema venezolano no es únicamente el monto del ingreso mensual; el problema es que el salario como institución laboral ha sido destruido y sustituido progresivamente por bonos que alivian, pero no restituyen derechos.


Salario real es poder adquisitivo, estabilidad, incidencia en prestaciones sociales, vacaciones, utilidades, jubilaciones y pensiones. Significa entre otras cosas que el esfuerzo diario de un trabajador tenga correspondencia con la posibilidad de sostener a su familia, en pocas palabras, trabajar debe tener sentido.


El país debe reconstruir la confianza rota entre esfuerzo y futuro, lo cual implica que una persona pueda volver a creer que sus años de trabajo sirven para algo: para vivir con dignidad, proteger a su familia, ahorrar, descansar, viajar, envejecer con tranquilidad y no verse obligada a reinventarse por pura supervivencia cuando ya debería estar recogiendo los frutos de su esfuerzo.


Desde Unidad Visión Venezuela lo hemos dicho con claridad: hay que cumplirle a los trabajadores, porque no se puede prosperar con el rezago salarial que existe hoy en el país. Durante años se han anunciado aumentos que terminan pulverizados por la inflación, hemos tenido decenas de ajustes nominales que no han resuelto el problema de fondo, porque no han reconstruido el poder real del salario ni la confianza en la economía.


Pero también debemos ser responsables: la solución no consiste simplemente en decretar una cifra mayor sin explicar cómo será sostenible, porque los venezolanos ya conocen las consecuencias de los aumentos que se evaporan; en consecuencia, el mejor aumento es la no inflación: un salario que sube hoy y pierde valor mañana no protege al trabajador; apenas posterga su angustia.


Por eso la discusión debe ser más seria, en cuanto se afirma el crecimiento del PIB, si hay ingresos petroleros, si están entrando divisas y si hay sectores de la economía que muestran señales de recuperación, entonces el argumento de que “no hay recursos” no puede usarse para cerrar el debate salarial. La verdadera discusión debe ser otra: cómo se transparentan esos recursos, cómo se distribuyen, cómo se priorizan y cómo se convierten en salario real para quienes sostienen al país con su trabajo.


Enfatizamos que el venezolano de a pie no vive de estadísticas, vive de lo que puede comprar, de lo que le alcanza o no le alcanza; vive de si puede pagar comida, transporte, medicinas, educación, servicios y vivienda. Si el crecimiento económico no mejora esa realidad concreta, entonces estamos ante una recuperación incompleta, desigual y todavía lejana para la mayoría.


También hay que decirlo con equilibrio: esta crisis no golpea solo al trabajador, golpea también al empleador formal, especialmente a pequeñas y medianas empresas que enfrentan tributos elevados, servicios deficientes, costos dolarizados, baja capacidad de consumo y una enorme incertidumbre jurídica. No habrá recuperación salarial sostenible si se destruye la capacidad de producir y generar empleo formal.


Por eso, el debate no debe plantearse como una guerra entre trabajadores y patronos, ya que entendemos perfectamente que el país necesita una fórmula que proteja al trabajador sin asfixiar al empleador; que mejore el ingreso sin disparar la inflación; que recupere el salario sin quebrar al sector formal; que permita producir, contratar, invertir y trabajar para vivir con dignidad.


La presencia de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en el quinto Foro de Diálogo Social debe servir para avanzar en esa dirección; no como un evento simbólico, sino como una oportunidad para construir una hoja de ruta verificable, con participación real de trabajadores, empleadores y Estado.


En Unidad Visión Venezuela, proponemos avanzar hacia una política salarial integral basada en cinco principios:


  • Primero: Transparencia sobre los ingresos nacionales, especialmente los petroleros y fiscales: si el país está recibiendo más recursos, los venezolanos tienen derecho a saber cómo se administran y por qué no se traducen en bienestar.


  • Segundo: Recuperación gradual del salario base, con incidencia laboral, para que el ingreso no siga siendo una suma de bonos sin efectos reales sobre prestaciones y pensiones.


  • Tercero: Control de la inflación, porque ningún salario será suficiente si los precios siguen devorando el poder de compra.


  • Cuarto: Alivio tributario y estímulos para la formalización, de modo que las empresas puedan mejorar remuneraciones sin ser castigadas por producir y contratar.


  • Quinto: Negociación social auténtica, con trabajadores (sindicatos y mesas sectoriales), empleadores y Estado, respetando la libertad sindical, la autonomía de las organizaciones y la pluralidad política del país.


Urge rescatar el valor del trabajo. Y ese rescate no puede depender de la ideología de cada trabajador ni de la conveniencia política del momento. La unidad de los trabajadores es fundamental para defender sus derechos, pero esa unidad debe encontrarse con un país dispuesto a construir soluciones viables, no promesas que se disuelven en la inflación.



 

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